“EL MAXIMO DON QUE PODRIA MORTAL ANHELAR” (Sobre la Verdad y algunas imitaciones alternativas)

Historia

 

“El máximo don que podría mortal anhelar”

(Sobre la Verdad y algunas imitaciones alternativas)

Por Mario R. Montani

 

“Groussac me comunicó la confianza moral de que la religión de la verdad, aunque fea y desagradable, es siempre un bien infinitamente mayor que la piadosa mentira”

Ezequiel Martínez Estrada (Autorreportaje)

 

Como ya la mayoría de los miembros de la Iglesia habrá detectado, el título de este ensayo proviene de una estrofa de nuestro querido himno “¿Qué es la Verdad?” (Nº 177 en los himnarios en español) que le otorga, además, importantes características, como ser “principio y fin y sin límites”, “joya sin igual”, “el tesoro más grande” y “la mira más noble que hay”. En otros posts de este blog, refiriéndonos a la Historia, hemos hablado sobre la cita del Salvador de que únicamente la verdad “puede hacernos libres” y sobre la definición canónica de que “es el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como han de ser”, tal vez la mejor respuesta que tenemos a la pregunta neotestamentaria de Pilatos: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38)

Ya Aristóteles había enunciado: “Decir que lo que es no es y que lo que no es es, es falso; mientras que decir que lo que es es y que lo que no es no es, es verdadero”.

Mucho más adelante, la teoría de la correspondencia diría: “La verdad es una correspondencia de los enunciados con los hechos, y un hecho es una afirmación que creemos cierta”. Pero tanto “correspondencia” como “hechos” se han prestado a diferentes interpretaciones. Además, la teoría nos dice lo que entendemos por una frase verdadera pero no cómo decidir si una frase es verdadera o no.

Charles Pierce, a comienzos del siglo XX, agregaría que “verdad significa la aprobación satisfactoria de cualquiera de las comprobaciones que apoyan la correspondencia de la afirmación con la realidad”, dando inicio a la escuela del “pragmatismo”. Más adelante, William James agregaría otro concepto: Si una creencia satisface un deseo humano, y no tiene evidencias en sentido contrario, eso puede considerarse una consecuencia práctica (pragmática), y transformarse en una base legítima para decir que ciertas creencias son verdaderas. James llamó “super-creencias” metafísicas o teológicas a aquellas creencias que no pueden establecerse por la razón o la ciencia pero no necesariamente entran en conflicto con ellas y tienen un valor sicológico para el creyente. Si la teología católica hace a los católicos más felices, entonces, en cierto sentido, es “verdadera”. Lo mismo puede decirse de los musulmanes, presbiterianos, mormones o judíos. Pero deberemos reconocer que tal es una interpretación relativa de la verdad. La idea de verdad absoluta, con implicancias morales, es algo un poco distinto.

Quizás es posible acercarnos un poco más al concepto analizando el opuesto de la verdad que sería la mentira. Mentir es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa con el propósito de engañar. Inducir a error.” Es notable que a Satanás se lo identifique como “el padre de las mentiras” o “el gran engañador”, dando idea del enfrentamiento directo con Dios que presupone faltar a la verdad. Por supuesto, cuando trasladamos una mentira creyendo que se trata de una verdad, no se nos computará moralmente como mentira aunque técnicamente siga siéndolo.

Desde el Antiguo Testamento (“Seis cosas aborrece Jehová y aún siete abomina su alma: los ojos altivos, la lengua mentirosa…” Proverbios 6: 16-17) hasta nuestras más recientes escrituras (“Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos…” Artículo de fe Nº 13) recibimos el consejo de apegarnos a la verdad y alejarnos de su opuesto.

¿Debemos siempre decir la verdad?

Para complejizar un poco las cosas, vayamos a un ejemplo clásico. Imaginemos que somos una familia holandesa durante la ocupación nazi de ese país en la Segunda Guerra Mundial. Imaginemos también que hemos dado asilo a algunos vecinos judíos para evitar que sean llevados a un campo de concentración. La Gestapo golpea a nuestra puerta y pregunta si alojamos a hebreos. La respuesta positiva (que sería una verdad) hará que se lleven a los vecinos, destruyendo el motivo altruista original y conduciéndolos a una muerte segura. Además provocará la detención y castigo de nuestra propia familia. La respuesta negativa (que sería una mentira) tal vez evite esas dos consecuencias. Creo que casi todos optaríamos por la negación para evitar un mal mayor…

Cambiemos un poco el escenario y trasladémonos a Salt Lake City en los últimos decenios del Siglo XIX. Somos una familia mormona, no polígama, pero varios de nuestros vecinos sí cumplen con el llamado Principio. Oficiales del Gobierno Central golpean a nuestra puerta para indagar sobre los hábitos familiares de nuestros convecinos. Sabemos que confirmar la poligamia pondrá al esposo en la cárcel, provocará una multa económica y dejará a varias familias sin el trabajador que les da sustento por quién sabe cuánto tiempo. Además, no tenemos dudas de que se están inmiscuyendo con nuestra forma de adoración y nuestros derechos constitucionales… Nuevamente ¿qué respondemos?… Personalmente, no soy demasiado condenatorio con aquellos que contestaron negativamente, aunque no pueda minimizar las consecuencias históricas de admitir que sí, los miembros de la Iglesia de ese momento ocultaron y negaron la práctica ante el mundo exterior para evitar mayores consecuencias sobre ellos y la institución que protegían.

¿Está la Iglesia habilitada para mentir?

Permítanme compartir una experiencia personal de Roger Terry (a quién ya conocemos en este blog por su maravilloso “Eterno Inadaptado”): “Hace muchos años tenía un vecino que era enfermero especializado en traumas en el LDS Hospital. Había cumplido una misión, era esposo, padre y miembro activo de nuestro Barrio. Uno de sus pacientes en ese momento era el Presidente Ezra Taft Benson, quien había sufrido un severo ataque cerebral. Un vocero de la Iglesia emitió un comunicado sobre la condición del Presidente Benson que molestó a mi vecino. Tal comunicado aseguraba al público que el Presidente Benson estaba respondiendo bien al tratamiento y había conversado con su esposa.  (Mi vecino) me dijo: ‘Cuando has tenido dos hemorragias cerebrales masivas, eres casi un vegetal. El Presidente Benson no puede reconocer a su esposa y menos hablar con nadie’. Cuando me preguntó por qué la Iglesia estaba contando mentiras no tenía una buena respuesta para darle…” (Roger Terry, Why the Church cannot be Perfect?, Dialogue 46 Nº 1, pag 95-96).

Sería fácil echarle la culpa de la falsedad al vocero, pero, habiendo trabajado en el programa de Asuntos Públicos, sé que esos comunicados no se filtran inadvertidamente. ¿Cuáles serían algunas de las posibles causas para justificar una información falsa? Ante la falta de una respuesta oficial, me permito especular…1) Aliviar la tensión de los miembros en el mundo entero por la salud del Profeta. De hecho, hacía casi dos años que el Presidente Benson no aparecía en público. Había pasado por ataques al corazón, episodios de demencia senil y finalmente, derrames cerebrales. Los asuntos de la Iglesia, obviamente no estaban ya en sus manos, aunque se quisiera dar la imagen de que seguía al frente. 2) Un grupo de miembros ultra ortodoxos insiste en la comunicación permanente y constante de Dios con su Profeta. Si el receptor oficial está inhabilitado pues es casi un vegetal ¿a dónde están llegando los comunicados diarios de los Cielos? … Como dije, las presentes son meras especulaciones, pero no me cabe duda que algunas de estas ideologías estaban presentes cuando el comunicado salió a luz.

¿Debemos optar entre lealtad y honestidad?

En un reportaje durante la campaña presidencial de Mitt Romney, el periodista Jamie Reno citó a un empleado de la Iglesia declarando: “Todo mormón crece con la idea de que no está mal mentir si es por una causa mayor”. Yo me niego a aceptar la declaración y creo que está bastante lejana a la realidad, pero analicemos algunas actitudes. En el pasado se ha negado la existencia de matrimonios plurales cuando sí existían, luego se aseguró que habían cesado cuando en realidad continuaban produciéndose. Se afirmó también que la limitación del Sacerdocio a la gente de color no tenía nada que ver con la segregación, mientras que hoy se acepta, a regañadientes, que tenía bastante que ver. De vez en cuando, las estadísticas y porcentajes se alteran sin base real. El ataque en Mountain Meadows fue realizado por indígenas con algunos blancos renegados, hasta que las pruebas históricas muestran que fue llevado a cabo por muchos blancos mormones que involucraron adrede a  algunos indios renegados. La pregunta moral a realizarnos es: ¿Pidió el Señor que esas mentiras fuesen dichas o son métodos institucionales evasivos para evitar consecuencias indeseadas?

En la Doctrina y Convenios, después de la definición de Verdad que ya mencionamos, se nos dice: “y lo que sea más o menos que esto es el espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio” (DyC 93:25)

Robert J. Matthews en la Ensign de Octubre de 1994: “Aún compartir la verdad puede tener el efecto de la mentira cuando decimos verdades a medias que no muestran el panorama completo. También podemos ser culpables de falso testimonio si no decimos nada, en particular si permitimos a otro llegar a una conclusión equivocada mientras nos guardamos información que le hubiera permitido una percepción más apropiada. En esos casos es como si la mentira se hubiese pronunciado. Mentir y representar inadecuadamente algo está mal en todas sus formas, no importa cómo se lo racionalice, y aquellos que silenciosamente permiten que ocurra también están haciendo mal” (Robert J. Matthews “Thou Shalt Not Bear False Witness”)

Marvin J. Ashton: “Una mentira es cualquier comunicación dada a otro con la intención de engañar. Una mentira se puede comunicar eficazmente aún sin palabras. En ocasiones un asentimiento de la cabeza o un silencio. Es una tragedia ser víctima de mentiras…” (Marvin J. Ashton, “This is no Harm”, Ensign, 2000)

¿Será posible que estas recomendaciones rijan para los miembros de la Iglesia pero la Institución esté liberada de su cumplimiento?

Se cuenta que cuando Albert Einstein debía descender de nivel intelectual para explicarle a alguien su Teoría de la Relatividad y recibía como respuesta: “Ah, ahora sí la entiendo!!”, el sabio contestaba: “Me alegro, la lástima es que ahora ya no es más la Teoría de la Relatividad”. Todos nos hemos encontrado en situaciones en las que debemos dar explicaciones sobre nuestras creencias de modo breve y conciso. Si alguien nos consulta por qué hacemos investigación genealógica, no debemos darle una conferencia sobre la Preexistencia, los Grados de Gloria, los convenios del Templo y la rotación de Kolob…Es cierto que nunca podrá entender cabalmente el propósito de esa obra si primero no entiende varias otras de nuestras creencias, pero me parece importante que tanto los miembros como las Autoridades entendamos los límites dentro de los cuales movernos.  Toda explicación parcial o provisoria debería ser un “acercamiento” a la verdad y no un “alejamiento” de ella.

Joanna Brooks es una profesora de literatura comparativa, miembro de la Iglesia, que escribe extensamente sobre el mormonismo, y es consultada por prestigiosos periódicos y revistas. Administra un blog denominado “Ask Mormon Girl” y en 2012 ha publicado “The Book of Mormon Girl: Stories from an American Faith”. The Huffington Post la ha descripto: “Brooks se especializa en explicar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días a no mormones y en presentar un modo diferente de ser mormón del de aquellos arraigados en la ortodoxia”. Permítanme introducirla en nuestro blog:

“Por supuesto, no hay nada raro en que un grupo minoritario desarrolle su modo peculiar de hablar con los extraños. Pero en algunos círculos mormones uno escucha amargas acusaciones sobre “mentir por el Señor”, y, en ocasiones, uno es testigo, entre nuestra gente, del remanente de la sensación profundamente establecida de que contar la historia completa no siempre es bueno para los intereses Santos de los Ultimos Días… El doble discurso sobre la poligamia continúa. Yo misma debo enfrentarlo cuando me veo obligada a hablar en público sobre el tema… El hecho es que la actual política de la Iglesia permite a un varón vivo ser sellado (casado por la eternidad) a más de una mujer. Por ejemplo, a un viudo o un divorciado que ha elegido acabar con su matrimonio civil pero no con el casamiento en el templo, se le permite unirse a otra mujer en un templo SUD con la seguridad de que ambos matrimonios, el primero y el segundo, serán eternos. La misma situación no es posible, bajo las actuales políticas, para una mujer SUD viva que sea viuda o se haya divorciado civilmente. Esto podrá parecer un tecnicismo. Pero cuando se lo combina con el hecho de que la Iglesia nunca  ha renunciado a la poligamia como principio doctrinal, y que aún permanece en la Doctrina y Convenios, una de las escrituras SUD, estimula la creencia en muchos miembros de la corriente principal de que los matrimonios polígamos serán un hecho en la vida venidera. Algunos fieles mormones obedientemente anticipan una poligamia en los cielos. Otros adoptan un punto de vista agnóstico sobre el tema. Pero muchos más albergan callados sentimientos de pena, enojo y preocupación. Yo misma he experimentado esos sentimientos, y escucho permanentemente a otros mormones que los comparten… La poligamia permanece como un tema en el pensamiento y creencias de la corriente principal del mormonismo – ya sea como un remanente doctrinal o como un artículo de fe viviente, nadie lo sabe por seguro. Y las tensiones creadas por la disonancia entre la negación pública de la Iglesia y la continuación privada de la doctrina conduce a más de un mormón a abandonar la fe.

“Algunas semanas atrás, me senté frente al micrófono radial del programa de la BBC “The World” (El Mundo); junto a mí en el programa se encontraba uno de los más altos oficiales de Asuntos Públicos de la Iglesia. Juntos, llevamos a cabo el mismo programa dos veces, una vez para la audiencia norteamericana, y otra para todo el mundo. Durante la primer hora, grabada para la audiencia nacional, cuando llegó la inevitable pregunta sobre la poligamia, cerré mis ojos y traté de transmitir en frases la terrible complejidad de la relación del mormonismo con la poligamia: que, aunque cierto que los mormones actuales no cohabitan pluralmente, la poligamia nunca ha sido erradicada de nuestra doctrina, escrituras, y aún políticas vigentes, y que tal situación produce tanto en mujeres como hombres mormones bastante resentimiento y preocupación Mi descripción resultaba un poco enmarañada junto al mensaje oficial y familiar: no, no practicamos la poligamia, en absoluto. Me sentía nerviosa e incoherente al contradecir públicamente a un oficial de relaciones públicas de la Iglesia, pero al mismo tiempo estaba determinada a no obscurecer una verdad que era más complicada y difícil de lo que parecía. Cuando negamos esas verdades, los costos emocionales privados se multiplican.

La audiencia en la segunda hora no era sólo norteamericana sino del mundo entero. Pensé en el alcance global de la BBC, el del antiguo Imperio Británico. Cuando llegó la pregunta sobre la poligamia, imaginé a los escuchas de Gales, Bangladesh y Kenia, quienes quizás no tenían el menor concepto del mormonismo, salvo los más familiares y rudimentarios estereotipos, incluyendo la poligamia en el siglo XIX. Cerré mis ojos y dije: “No. No practicamos más la poligamia”, coincidiendo esta vez con el encargado de Asuntos Públicos de la Iglesia. Al hacerlo, registré un antiguo y familiar sentimiento de hundirme. Traté de decirme que era lo mejor que podía hacer. ¿Estaba mintiendo por el Señor? ¿O era una simple mormona luchando por contar una historia complicada a un mundo que suele reducirnos a estereotipos? ¿Qué debí haber dicho? Mitt Romney declaró: “No puedo imaginar nada más horrible que la poligamia” – aunque la poligamia permanece como un elemento vivo en la doctrina y práctica mormona (y, agrego yo, M. Montani, editor del blog, aunque una buena proporción de los antepasados de Mitt fueron polígamos) ¿Es eso lo que realmente creemos? ¿Es eso lo que sintió que debía decir? ¿Es esto lo mejor que podemos hacer?” (Joanna Brooks, Ask Mormon Girl Blog, Does Mormonism Encourage LDS People to Lie?, 8 de Agosto 2012)

¿Decir medias verdades no es decir medias mentiras? ¿Ocultar algunas estadísticas promueve la fe? Si conocer la verdad nos hace libres ¿no conocerla totalmente nos esclaviza o nos hace más libres?

En 1981 el Elder Boyd Packer declaró: “Existe la tentación para el escritor o maestro de la historia de la Iglesia de querer contar todo, sin importar si promueve la fe o no. Algunas cosas que son verdad no son demasiado útiles…” (BYU Studies Vol. 21, Nro. 3, pag. 259-271). Parece un criterio un poco distinto para evaluar la verdad que “el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como serán”

No me agrada la idea de que alguien tenga que faltar a la verdad para evitar que mi testimonio se debilite. Creo que la “edad de responsabilidad” amerita al menos eso. Dejemos que cada cual ande con su propia luz y no con luz prestada, que es el consejo que constantemente recibimos. Si podemos ayudar a alguien a alumbrar parte de su camino, mejor aún. Pero no iluminemos para otro lado cuando el camino se pone difícil…

La Iglesia no está formada únicamente por las Autoridades. La Iglesia somos TODOS los miembros que la constituimos. Creo que esos miembros tenemos tanto derecho de exigir veracidad a la Institución como ésta de exigírnosla cuando solicitamos una recomendación. Dijo Giovanni Pico della Mirandola, allá por el siglo XV: “La filosofía busca la verdad; la teología la encuentra; la religión la posee”. Quiero creer que tenía razón…

Mario R. Montani/2013

Esta entrada fue publicada en Historia.

2 comentarios el ““EL MAXIMO DON QUE PODRIA MORTAL ANHELAR” (Sobre la Verdad y algunas imitaciones alternativas)

  1. Wow Excelente articulo, totalmente de acuerdo.

  2. Guillermo Moran dice:

    Wow… que articulo… me ha hecho sentir comodo en una iglesia que cada vez me incomoda más y, que irónicamente posee un evangelio que creo es verdadero con todo mi corazón, he llegado a pensar que la iglesia como recurso para ayudarme a vivir el evangelio cada vez se queda mas corta y que ahora debo, como bien dices, navegar con mi propio testimonio. Muchas gracias por tus temas, primer blog que leo y que trata los temas como dijéramos en mi tierra ” a calzón quitado” y al mismo tiempo sin denotar rasgos de inconformidad u apostasia escodida en el autor. Simplemente, mis respetos.

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