“VENGANOS TU REINO…” – El Concilio de los Cincuenta y la instauración del gobierno milenario

Historia

 

“VENGANOS TU REINO…”

El Concilio de los Cincuenta y la instauración del gobierno milenario

Por Mario R. Montani

Como he mencionado en otros artículos, una cierta “ignorancia fiel” nos ha mantenido alejados de la comprensión real de nuestra historia. Para hacer más difícil la situación, continuamos utilizando las mismas palabras y construcciones expresivas que empleaban nuestros antecesores mormones hace 150 años, sin tomar nota de que ha ocurrido una tremenda migración semántica de los términos, es decir, un profundo desplazamiento en el significado de ellos.

Para aclarar el concepto: yo, como la mayoría de mis hermanos en la fe, me considero milenarista. Para mí, eso significa creer que, en algún momento, el Salvador regresará a la Tierra y comenzará su reinado milenario, antes del denominado Juicio Final. Los miembros de 1840 ó 1860 también se consideraban milenaristas, pero para ellos eso significaba que la Venida se produciría dentro del límite marcado por sus vidas, es decir, alrededor del cambio de siglo. Yo no creo lo que ellos creían, lo cual ha demostrado ser falso, ni ellos creerían lo que yo creo hoy. Sin embargo, cuando hablamos de la idea de Milenio, suponemos que el concepto fue interpretado cabal y uniformemente desde 1830 hasta nuestros días.

Algo similar ocurre con la construcción semántica “El Reino de Dios”. Por las enseñanzas recibidas en las últimas décadas, para mí, significa la Iglesia de Cristo, a la que nos hemos acostumbrado a definir como “El Reino de Dios sobre la Tierra”. Para los hermanos de antaño significaba algo bastante distinto, como veremos en el desarrollo del presente texto.

El 7 de Abril de 1842, Joseph Smith recibió una revelación (no incorporada a la Doctrina y Convenios) que lo instruía a establecer una nueva organización paralela a la Iglesia, con propósitos específicos. Por casi dos años no avanzó en ese sentido, hasta el 10 de Marzo de 1844. En esa ocasión, el Profeta leyó a un grupo de hombres reunidos en concilio las cartas de Lyman Wight y George Miller, quienes se encontraban cumpliendo una misión especial en Wisconsin para comprar madera que sirviera en la construcción del Templo de Nauvoo y otros edificios planeados. Wight se quejaba de que el Agente Indígena del Gobierno estaba utilizando todas sus prerrogativas legales para evitar que llegaran a un acuerdo directo con los indios, por lo cual solicitaba permiso para viajar con ellos a la República de Texas, donde podrían hacer un convenio alejados del control de las leyes de los Estados Unidos.

El Concilio sesionó secretamente, siendo Willard Richards el Presidente provisional del mismo. Ese cargo duró sólo tres días, ya que el 13 de marzo Joseph Smith mismo lo reemplazó en sus funciones, y, de allí en adelante, la presidencia de este grupo siempre estuvo en las manos del Presidente de la Iglesia. Poco tiempo después, Joseph enseñó: “Aunque David fue Rey, jamás obtuvo el espíritu y poder de Elías ni la plenitud del Sacerdocio, por lo que el sacerdocio que recibió, así como el trono y reino le serán quitados y entregado a otro con el nombre de David en los últimos días, levantado de su linaje” (The Words of Joseph Smith, pag. 331)

El nombre completo de este Consejo, tal como aparece en una revelación presentada el 27 de Junio de 1882 por John Taylor así como en los diarios personales de Joseph F. Smith, William Clayton y Franklin D. Richards, era “El Reino de Dios y Sus Leyes con las Llaves y Poderes correspondientes, y Juicio en las Manos de Sus Siervos, Cristo Ahman”.

Debido a la longitud y complejidad del nombre, no es raro que a lo largo de su historia haya sido conocido como “El Reino”, “El R.”, “Concilio Especial”, “Concilio del Reino”, “Gran Concilio de Dios”, “Concilio Legislativo”, “Departamento Municipal del Reino de Dios”, “Constitución Viviente” o, simplemente, Concilio de los Cincuenta, por la cantidad aproximada de sus integrantes.

A diferencia de muchos otros esquemas organizativos impulsados por Joseph Smith, en este Concilio podían participar no miembros de la Iglesia.

Durante la etapa de Nauvoo, “El Reino” fue un organismo secreto (al igual que el Quorum de los Ungidos o la propia institución de la Poligamia), pero una vez que la Iglesia se estableció en el Oeste pasó a ser conocido por toda la membresía.

El rol principal del Consejo de los Cincuenta era simbolizar el orden mundial extraterreno que se establecería durante el reinado milenario. También hacer avanzar la llegada del Reino de Dios en términos políticos. No era La Iglesia. Debido al claro concepto de que Iglesia y Estado no deberían mezclarse, salvo al establecerse una Teocracia, se intentaba aislarlo del resto de la actividad religiosa, y de allí que aún ciertos “gentiles” pudiesen incorporarse a sus filas.

Entre sus responsabilidades específicas, el Concilio apeló al Gobierno Federal para recibir compensación por las atrocidades cometidas en Missouri, llevó adelante la campaña presidencial de Joseph Smith en 1844, preparó el viaje hacia el Oeste en 1847 y organizó el gobierno de Utah en 1849.

Las minutas de las reuniones en la etapa de Nauvoo contienen cientos de páginas sobre la Constitución de los Estados Unidos y su aplicación para los santos en todo el mundo así como durante el Milenio.

El Concilio no desafiaba al sistema existente pero sí funcionaba como una maquinaria política local que se reunía para tomar decisiones y realizaba lobbies en asuntos de su incumbencia. Como instrumento político no revolucionario se reunió por última vez en 1884, pero sobrevivió técnicamente hasta la muerte del último de sus miembros, en 1945.

El catedrático mormón Kenneth Godfrey, en su artículo sobre el tema para la Encyclopedia of Mormonism, expresa:

“El concilio … no desafiaba el sistema existente de leyes y gobiernos (aún en Nauvoo) sino que funcionaba más bien como una organización privada que aprendía a operar en una sociedad pluralista. Su ejercicio de poder político real fue modesto, pero proveyó un símbolo del futuro reino teocrático de Dios. Los Cincuenta siempre operaron bajo la Primera Presidencia y el Quorum de los Doce, quienes automáticamente lo integraban… Los Santos encontraron consuelo en la creencia de que algún día, cuando el Salvador retornase, el Concilio de los Cincuenta, o un concilio basado en sus principios, se levantaría nuevamente para gobernar el mundo bajo el Rey de Reyes” (Encyclopedia of Mormonism 1:327)

Si bien Joseph Smith había declarado al Concilio que “El Reino de Dios es una organización separada de la Iglesia de Dios” (B.H. Roberts, Historia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, Vol. VII, pag. 382), en la práctica, dicha separación no fue tan clara. Entre 1844 y 1884 el Concilio de los Cincuenta incluyó a los miembros de la Primera Presidencia, a los del Quorum de los Doce, el Patriarca y el Obispado Presidente. Más del 44% del Primer Consejo de los Setenta, 48% de los Presidentes de Estaca en funciones y un buen número de Obispos. La integración en el Concilio tenía directamente que ver con sus llamamientos en la Iglesia y duraba lo que esos llamamientos, lo que hace muy difícil de entender dónde estaba la separación.

La relación se muestra patente en la revelación no canonizada de 1882 otorgada a John Taylor 

“He aquí, vosotros sois mi Reino, gobernantes de mi Reino, y también muchos de vosotros, gobernantes de mi Iglesia de acuerdo con vuestras correspondientes ordenaciones. ¿Pues no sois vosotros de la Primera Presidencia, y de los Doce Apóstoles, y algunos Presidentes de Estaca, y algunos Obispos, y algunos Sumos Sacerdotes, y algunos Setentas y también Elderes? ¿No sois todos de mi Iglesia y pertenecéis a mi santo Sacerdocio? Por tanto ¿no sois todos de mi reino, y no pertenecéis a mi Reino, y no sois sus representantes, aún mi Constitución?” (Revelación a John Taylor de Julio 1882, Collier, Unpublished Revelations 1:136)

Los Cincuenta visualizaban una expansión globalizadora del Reino, no sólo de la Iglesia. Creían que el gobierno del Reino debería comenzar a prepararse ya, y no esperar a la Venida para que Cristo lo estableciera. John D. Lee, uno de sus integrantes, lo describiría como “el departamento Municipal del Reino de Dios establecido  sobre la Tiera, del cual emana toda ley, para el establecimiento de reglas, gobierno y control de los Reinos de todas las Naciones, lenguas y Pueblos bajo los Cielos, mas no para controlar el Sacerdocio, sino para aconsejar, deliberar y planificar para el bien común y la edificación del Reino de Dios sobre la tierra”.

Si bien muy pocos no mormones llegaron a ser incluidos en el Concilio (y ninguno después del Exodo) esos planes expansivos, sobredimensionados por los no mormones debido a su falta de exposición pública, son clave para comprender las persecuciones en Missouri e Illinois así como la posterior Guerra de Utah.

Los santos del momento creían (al igual que nosotros) que Dios requería la participación de los hombres para lograr sus propósitos, pero también (a diferencia de nosotros hoy) que la venida era inminente y el motivo de su retraso era que no se estaba haciendo lo suficiente para establecer el Reino político de Cristo. La imagen, tomada del Libro de Daniel, de un reino “cortado no por mano” que destruiría a su paso los demás reinos del mundo hasta cubrir todo la tierra, era sostenida muy literalmente. Las poblaciones gentiles que colindaban con los mormones temían que esa destrucción (tomando en cuenta la premura que percibían en los miembros) fuese inmediata y en la forma de un conflicto armado.

En la mente de Joseph Smith parecerían haberse planteado dos escenarios posibles y alternativos. El primero: que los Estados Unidos fuesen la cabeza de puente de la expansión milenarista. De allí el proyecto presidencial. En ese sentido son interesantes los comentarios de George Miller, otro de los 50: “Si tenemos éxito convirtiendo a una mayoría de votantes a nuestra fe, y eligiendo a Joseph presidente, en tal caso el dominio del reino quedará para siempre establecido en los Estados Unidos (B.H. Roberts, ed., History of the Church, VI, 356). Por lo tanto, se enviaron misioneros con el doble propósito de predicar el evangelio y realizar la campaña política con lo cual la separación de Iglesia y Estado volvía a desdibujarse.

El segundo: abandonar por completo el territorio de los Estados Unidos. Con este propósito, tres miembros del Concilio fueron enviados para negociar con Sam Houston la adquisición de un territorio entre el Río Nueces y el Río Grande para el establecimiento de los miembros y que ayudaría como límite de separación entre México y la República de Texas. Dichos emisarios se presentaron con poderes plenipotenciarios como los de cualquier embajador de las naciones bajo el cielo. Las planicies del Oeste eran otra de las varias alternativas consideradas (Oregon y California entre ellas), aunque debido al curso de la historia, se presente hoy la cuenca del Lago Salado como la única viable.

Ya en Utah, y con una semi teocracia en funcionamiento, no es raro escuchar a George Q. Cannon declarar a los Elderes que partían a cumplir misiones:

“El Reino de Dios será un poder político reconocido por todos los poderes de la tierra; y ustedes, mis hermanos, serán tal vez enviados para representar ese poder como sus agentes acreditados… ante las cortes de las naciones extranjeras” Millennial Star, XXIV (Feb. 15, 1862),  pag.103.

Durante la administración de Brigham Young, el Concilio no tuvo demasiada actividad, ya que la Primera Presidencia tomaba las decisiones directamente. Pero John Taylor lo revitalizó en 1880 (no se había reunido desde 1868) y gozó de varios años de mayor actuación.

En todas estas etapas, los 50 fueron, simbólicamente, los representantes del Reino a establecerse, bajo la dirección del Presidente de la Iglesia, quien actuaba como Rey “provisoriamente en funciones”. William Clayton registró en su diario que el 11 de Abril de 1844 en la reunión del Consejo “el presidente Joseph fue escogido como profeta, Sacerdote y Rey mediante Hosannas” y Williams Marks, también partícipe de la reunión, aclaró que se realizó una ordenanza “en la que Joseph fue ordenado rey, para reinar sobre la casa de Israel para siempre” (Beloved Brethren, 15 de Junio de 1853, publicada en Zion’s Harbinger y Baneemy’s Organ 3:53).

Si las fuentes ofrecen alguna duda, también existe la mencionada revelación al Concilio de los Cincuenta, mediante John Taylor, del 27 de Junio de 1882, en la que se declara que Dios llamó a Joseph Smith, Jr, “a ser Profeta, Vidente y Revelador para mi Iglesia y Reino, y para ser Rey y Gobernante sobre Israel”.

Si bien no está clara la fecha en que Brigham Young recibió una ordenanza similar, algunas referencias indirectas parecen confirmarlo y también el hecho de que John Taylor, su sucesor, sí fue ordenado del mismo modo el miércoles 4 de Febrero de 1885, tal como se encuentra en las actas del Concilio y en los diarios personales de varios participantes, aunque en esta ocasión, el Apóstol Moses Thatcher se opuso, motivo por el que fue desafectado del Quórum de los Doce, aunque mantuvo su sacerdocio como Apóstol. Pocos días después de realizada la ordenanza, el Presidente Taylor debió exiliarse por la persecución iniciada contra la poligamia.

Retornemos a Brigham Young. Cuando James Buchanan, Presidente de los EEUU envió una expedición a Utah para reprimir a los “rebeldes” mormones, situación que derivaría en la conocida como “Guerra de Utah”, el Profeta escribía privadamente a su amigo Thomas L. Kane: “no está lejano el momento en el que Utah podrá asumir sus derechos y lugar en la familia de naciones” (Carta de B.Young a T. Kane 1 Sept. 1858, en Western America in Documents, Edward Eberstadt & Sons, New York, 1963, pag. 111)

Este espíritu se trasladó también a la membresía, como lo muestra la carta de Thomas Tauner, de la Legión de Nauvoo, a su oficial inmediato, el Coronel Ellerbeck. En ella se identifica a sí mismo como “Capitán de la Artillería Real, Deseret” (Idem anterior, pag. 106)

Los integrantes del Concilio de los Cincuenta participaron activamente en la política regional. William H. Hooper, un miembro de los 50, realizó su campaña para una banca como Delegado Territorial en el Congreso en 1856. Lo acompañaba el Apóstol George A. Smith, quien declaró a los miembros de Mount Pleasant: “Lo que hagamos debemos hacerlo como un solo individuo. Nuestro sistema debe ser una Teo-Democracia – la voz de la gente consintiendo lo que dice la voz de Dios.” (Journal History, Julio 12, 1856). No es de extrañar que, con ese acompañamiento privilegiado, Hooper haya obtenido los votos necesarios para ganar.

A veces intervenía también para torcer las voluntades locales. En 1855 los habitantes del Condado de Davis habían elegido a Anson Call, un popular obispo, como candidato para la Legislatura. Hosea Stout registró en su diario, el 2 de Agosto de 1855, que fue enviado para convencer a la gente que abandonaran esa nominación y eligieran en su lugar a John D. Parker, lo cual logró sin demasiado trabajo. Parker era un integrante del Concilio. (Juanita Brooks, edit. “On the Mormon Frontier. The Diary of Hosea Stout”, Salt Lake City, 1964, Vol. 2, pag. 559)

Al iniciarse las acciones de la Guerra Civil, en 1861, el Presidente Young creía, basado en la profecía de Joseph Smith sobre el inicio de la guerra en Carolina del Sur (DyC. Secc. 87), que el conflicto englobaría a todas las naciones y que el Norte y el Sur se destruirían mutuamente, dejando espacio para el establecimiento del Reino de Dios (Diario de Charles Walker, Abril 28, 1861 – Utah State Historical Society).

En un mensaje a la legislatura del Estado de Deseret (Estado no reconocido como tal por la Unión), Young recordó a sus miembros: “Este cuerpo de hombres otorgará leyes a las naciones de la tierra… cuando llegue el momento seremos llamados el Reino de Dios… Joseph Smith organizó antes este gobierno, en Nauvoo, y dijo que si cumplíamos nuestras obligaciones prevaleceríamos sobre nuestros enemigos. Debemos preparar todo lo necesario, y cuando llegue el momento, dejaremos entrar el agua en la rueda y la maquinaria comenzará a marchar” Journal History, Enero 19, 1863.

De más está decir que una gran desilusión y frustración se produjo cuando dichas expectativas no se cumplieron y el gobierno central, al tanto de las especulaciones teocráticas, decidió poner fin a la autonomía que el aislamiento, la distancia y la urgencia del conflicto bélico habían permitido a los santos. 

Los principales exponentes de la cruzada anti mormona que se dio en los EEUU al acercarse el fin del siglo XIX reconocían que el tema de la poligamia era esgrimido únicamente para llamar la atención de la opinión pública. Lo que realmente les preocupaba era el establecimiento de “ese otro Reino” dentro de sus fronteras. Fue evidente también en las preguntas presentadas en las Audiencias senatoriales para que Red Smoot ingresara al Congreso. La Iglesia, al igual que con la poligamia, tuvo que redefinir su postura:

“…que esta Iglesia no reclama ser un reino de Dios temporal e independiente, o un imperium in imperio intentando vencer a los Estados Unidos o a cualquier otro gobierno civil… el gobierno de la Iglesia y el gobierno civil son diferentes y separados tanto en nuestra teoría como en nuestra práctica”. (Declaración Oficial, Salt Lake City, 12 de Diciembre 1889)

Esa declaración se parece mucho a lo que nosotros creemos hoy, pero difiere bastante de lo que los miembros habían creído y defendido por los últimos 50 años y, junto al cese de la multiplicidad de esposas, debe agregarse como motivo de enojo y  proliferación de nuevos grupos fundamentalistas.

Una de las frases más discutidas en las mencionadas Audiencias era la de Orson Pratt:

“El Reino de Dios es el único gobierno legal que puede existir en cualquier parte del universo. Todo los demás gobiernos son ilegales y no autorizados. Dios, habiendo creado a todos los seres y los mundos, tiene el supremo derecho de gobernarlos bajo Sus propias leyes, y por oficiales elegidos por El. Cualquier pueblo que intente gobernarse por leyes propias, y mediante oficiales elegidos por ellos mismos, está en directa rebelión contra el Reino de Dios” (Orson Pratt, The Kingdom of God, Liverpool, 1851, pag.1)

Una de las primeras manifestaciones de que existía un descontento interno fue el movimiento separatista de Godbeite. Reclamaba acabar con el aislamiento económico de Utah y proponía un mayor acercamiento político y cultural a los Estados Unidos. Sus integrantes fueron excomulgados. Lo irónico es que el liberalismo de los “godbeitas” del siglo XIX terminó siendo el conservadurismo mormón tradicional del siglo XX.

A los “gentiles” se les dificultaba probar que tal cosa como una organización paralela con propósitos políticos existía entre los miembros ya que ninguna de las revelaciones que la mencionaban se había publicado, las reuniones habían sido secretas y, de hecho, estaba claro que el Concilio de los Cincuenta no era la Iglesia aunque sus integrantes fuesen todos líderes en esa misma Iglesia.

Para no dejar dudas, el 7 de abril de 1910, el Presidente Joseph F. Smith declaró: “este cuerpo de hombres, el Consejo  de la Presidencia y los Apóstoles, forman la constitución viviente de la Iglesia, con poder para legislar, juzgar y decidir” (Instrucciones dadas al Elder Josph F. Smith, en el Templo de Salt Lake, Smith Papers, Archivos de la Iglesia)

El hecho de que nombrara al Quorum de la Primera Presidencia y al Quorum de los Doce como la “constitución viviente”, título reservado hasta entonces para el Concilio de los Cincuenta, muestra la simbiosis y modificación producida en las estructuras internas de la Iglesia.

Unos meses más tarde, el 17 de febrero de 1911, John W. Taylor, hijo del Presidente John Taylor, ex miembro del Quorum de los Doce y uno de los últimos hombres admitidos en el Concilio de los Cincuenta, se dirigió a Joseph F. Smith en una carta llamándolo “Profeta, Presidente y Rey” y recordándole las funciones que había desempeñado en ese “Reino”.

De modo que, aún para los que formaban el Concilio, el cambio fue confuso y no del todo explícito. Cuando Heber J. Grant, el último de sus integrantes con vida, falleció, el 14 de Mayo de 1945, el Concilio de los Cincuenta aparentemente desapareció de la faz de la Tierra.

Una última reflexión: al partir hacia la cárcel de Carthage, Joseph Smith instruyó a su secretario, William Clayton (el autor de “Oh, Está Todo Bien”) para que quemara las minutas de las reuniones del Concilio. Probablemente temiese que, por sus características políticas, si caían en mano de enemigos, serían otro motivo de persecución para los santos, ya que una de las acusaciones que circulaban los consideraba “traidores a la Patria”. Clayton no cumplió con el mandato y las enterró. Hoy se encuentran en poder de la Primera Presidencia, aunque difícilmente sean incluidas en el proyecto de publicación de Joseph Smith Papers. Sería una lástima que no se liberasen para su consulta, ya que tanto Benjamin Johnson como Orson Hyde afirmaron que en una de esas minutas Joseph Smith otorgó al Quorum de los Doce el poder para sucederle. Su aparición oportuna hubiese evitado el problema de las divisiones que surgieron a la muerte del Profeta.

Las enseñanzas allí contenidas, que ocupan varios centenares de páginas, no se encuentran en ningún otro lado.  El 16 de Marzo de 1880, unas 200 páginas iniciales de esos registros fueron leídas al Presidente John Taylor, Joseph F. Smith y Franklin D. Richards. Los dos últimos registraron en sus diarios que eran “interesantes y maravillosas”, “grandiosas y divinas”.

La presente ha sido una muy breve y somera introducción a este apasionante y poco conocido tema de nuestra historia. Para aquellos que deseen profundizarlo sugiero la siguiente bibliografía:

Michael D. Quinn, “The Council of Fifty and Its Members, 1844 to 1945,” Brigham Young University Studies 20 no. 2 (Invierno 1980), 163–9

Andrew F. Ehat, “‘It Seems Like Heaven Began on Earth’: Joseph Smith and the Constitution of the Kingdom of God,” Brigham Young University Studies 20 no. 3 (Primavera 1980), 253–79

Edward G. Thompson, “A Study of the Political Involvements in the Career of Joseph Smith,” (Tesis Doctoral, Brigham Young University, 1966).

Margaret C. Robertson, “The Campaign and the Kingdom: The Activities of the Electioneers in Joseph Smith’s Presidential Campaign,” Brigham Young University Studies 39 no. 3 (2000), 147–180.

Richard Bushman, “Rough Stone Rolling”

Klaus Hansen, “Quest for Empire”, Universidad de Michigan.

Esta entrada fue publicada en Historia.

Un comentario el ““VENGANOS TU REINO…” – El Concilio de los Cincuenta y la instauración del gobierno milenario

  1. joavig dice:

    Muy interesante artículo. Nuevamente debo felicitarlo por su gran trabajo aclaratorio. Saludos de un chileno en Rosario, Santa Fe.

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