ALMA 39: 3-4 (¿Isabel o Ishat Bel?)

Versículos Sueltos

ALMA 39: 3-4

(¿Isabel ó Ishat Bel?)

 

 

“Y esto no es todo, hijo mío. Tú hiciste lo que para mí fue penoso; porque abandonaste el ministerio y te fuiste a la tierra de Sirón, en las fronteras de los lamanitas, tras la ramera Isabel. Sí, ella se conquistó el corazón de muchos; pero no era excusa para ti, hijo mío…”

El pasaje es bastante explícito como para no comprenderlo y forma parte de los consejos que Alma brinda a su hijo, Coriantón. Pasando a un ámbito más especulativo, uno puede preguntarse por qué esta mujer, Isabel, aparece específicamente nombrada, cuando la mayor parte de las mujeres en el Libro de Mormón carecen de identificación (con las pocas excepciones de Sariah, María, Eva y Abish). También podríamos analizar el motivo por el cual el nombre ha sido dado casi en una versión castellana (Isabel) y no en la traducción inglesa de ese nombre (Elizabeth). Para ello deberemos recordar que el  original en hebreo era Elisheva, que fue traducido al latín como Helizabeth (tal el caso de la madre de Juan, el Bautista).

Si tomamos en cuenta varios estudios de Hugh Nibley con relación a los Mulekitas, es muy posible que éstos hayan sido conducidos a la Tierra de Promisión por marinos fenicios. Nibley apoya su propuesta en la toponimia de los territorios ocupados originalmente por dicha colonia, nombres de sus líderes, así como en el  hecho de que, transportando al único heredero sobreviviente del Reino de Judá, no es descabellado pensar que sus custodios acudiesen a los mejores navegantes del Mediterráneo, con quienes, además, mantenían buenas relaciones comerciales y políticas.

Si aceptamos esa premisa, entonces el nombre de Isabel podría derivar fácilmente del fenicio Iyzebel, que, a su vez, identificaba a la diosa patrona de las hieródulas, es decir, las sacerdotisas paganas que practicaban la prostitución ritual en los templos antiguos.

Tanto en acadio como en ugarítico y arameo, Ishat Baal ó Ishat Bel (literalmente Mujer del Señor) era la Diosa Madre que representaba los poderes de creación femeninos.

Con esta información adicional, es posible que Alma esté advirtiendo a Coriantón no sólo sobre su falta personal sino también sobre la instalación de un centro de idolatría que “había conquistado el corazón de muchos” y que, necesariamente, debía llevarse a cabo fuera de los territorios sacralizados nefitas, sobre los que regía la ley de Moises, y buscaba, por tanto, los límites de la tierra de Sirón.

Es plausible, entonces, que el nombre de Isabel, además de representar a una mujer particular, también esté dando, simultáneamente, un mensaje de advertencia sobre la potencial idolatría pagana del pueblo en esa región.

Mario R. Montani comentando a Hugh Nibley

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