TITO 1: 12-13 (Pablo y Epiménides)

Versículos Sueltos

Tito 1:12-13

Pablo y Epiménides

Por Mario R. Montani

“Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero…”

El Apóstol Pablo, gracias a su educación, era un erudito en varios campos. No sólo conocía al dedillo la literatura y leyes judías que había aprendido junto a Gamaliel, sino que era lector de los grandes filósofos paganos romanos y griegos. Habiendo dejado a Tito en la isla de Creta para fortalecer a los pocos cristianos allí residentes, le escribe para ayudarle a enfrentar con firmeza las filosofías imperantes en esa zona. Al hacerlo, cita a un “profeta” cretense: Epiménides de Cnosos. No era la primera vez que Pablo utilizaba los escritos de este poeta y pensador griego. La frase “porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”, que aparece en Hechos 17:28 también pertenece a una de sus obras.

Para el pueblo griego, Epiménides era un personaje misterioso y casi divino. Vivió alrededor del 600 antes de Cristo, por lo que era contemporáneo de Lehi y Jeremías de Jerusalén, Solón de Atenas y Confucio de China. Sus coterráneos creían que era hijo de una ninfa y que un espíritu celestial le otorgaba su don profético. Muchas leyendas se contaban de él. Una de ellas tenía que ver con que había dormido por 57 años en una cueva y al despertar ya no reconocía a su pueblo y a sus amigos (una anticipada versión del Rip van Winckle de Washington Irving), pero en ese trance había adquirido el don de ver el futuro. Los más realistas pensaban que durante ese período había viajado por el mundo conocido y adquirido gran conocimiento. Cuando la peste y una maldición afligían Atenas, Nicias fue a buscar a Epiménides por la gran reputación que tenía en el mundo heleno. Al llegar, tomó  ovejas negras y blancas, las llevó al Areópago y allí las soltó, dejando que fueran por donde querían; pero mandó que las siguiesen y allí donde se detuvieran fuesen inmoladas en honor a un dios diferente cada una. De ese modo cesaron las enfermedades y la maldición que había sobre la ciudad. Pablo también se refirió a algunos de estos altares en su famosa alocución al “Dios no conocido” en el Areópago (Hechos 17)

Según la tradición, Epiménides ayudó a Solón en el establecimiento de nuevas leyes y en Esparta profetizó sobre algunos logros militares. Escribió diversas obras y poesías que, lamentablemente, sólo han llegado a nosotros fragmentadas. De acuerdo a algunas fuentes, murió a los 158 años.

De lo que no podemos estar seguros es de si Pablo estaba consciente de estar utilizando una falacia lógica conocida como la “paradoja del mentiroso”. La declaración “todos los cretenses son mentirosos” no puede ser verdadera porque entonces Epiménides, siendo cretense, estaría diciendo una falsedad. Por otra parte, tampoco puede ser falsa, porque se deduciría que los cretenses son veraces y, por consiguiente lo que Epiménides dice es verdad. Pero la verdad que dice es que los cretenses son mentirosos. Los griegos veían con perplejidad que un enunciado tan claro no pudiera ser ni verdadero ni falso sin contradecirse a sí mismo. Crisipo, filósofo estoico, escribió varios tratados sobre la paradoja del mentiroso pero ninguno ha sobrevivido. Y se dice que Filetas de Cos cavó su propia tumba, angustiado por no poder resolver favorablemente dicha paradoja.

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