“VESTIDA DEL SOL, CON LA LUNA DEBAJO DE SUS PIES…” Segunda Parte

DOCTRINA

      Feminismo

“VESTIDA DEL SOL, CON LA LUNA DEBAJO DE SUS  

PIES…”

(Reflexiones sobre el rol femenino en la Iglesia de Cristo)

Segunda Parte

 

Por Mario R. Montani

En Julio de 1967 un “Boletín del Sacerdocio” mencionaba: “La Primera Presidencia recomienda que únicamente aquellos que posean el Sacerdocio de Melquisedec o el Sacerdocio Aarónico sean invitados a ofrecer las oraciones de apertura y cierre en las reuniones sacramentales, incluyendo las reuniones de ayuno”. Al año siguiente la recomendación se incorporó al Manual General de Instrucciones en su pag. 44: “Las oraciones en todas las reuniones de la iglesia deben ser breves, simples y ofrecidas según lo indique el espíritu a quien sirve de portavoz. Su contenido debe ser pertinente al asunto de que trate la reunión. Los hermanos que posean del Sacerdocio de Aarón o Melquisedec deben ofrecer las oraciones en las reuniones sacramentales, incluyendo las de ayuno y testimonio”. En Agosto de 1975 la misma recomendación apareció en la sección Noticias de la Iglesia.

Aquellos que, como yo, tienen algunos años, recordarán también que, comenzando la década de los ’70, la semi independencia que tenía la Sociedad de Socorro desapareció. Todos los fondos propios que poseía pasaron a ser administrados por el Sacerdocio. Tuvo que dejar de publicar su revista (mi madre había sido gran lectora de ella en su versión en inglés y luego en castellano, y la recuerdo como una excelente publicación). Todas las mujeres de la Iglesia se enlistaron compulsivamente como miembros de la organización (antes era una elección personal) y el Comité de Correlación comenzó a diseñar los manuales de estudio que se usarían en sus clases. También los líderes del Sacerdocio se reservaron el derecho de aprobar o no la elección de Consejeras.

Se nos fue explicado que aquello era en cumplimiento de profecías de que algún día las organizaciones auxiliares pasarían a la órbita del Sacerdocio y yo, que me preparaba para cumplir una misión, no pude ver otra cosa que la mano del Señor en dichos cambios.

Algunos años después de regresar de mi misión, las mujeres seguían sin poder ofrecer oraciones en la Reunión Sacramental. Primero ninguna de ellas, luego la flexibilidad de cerrar la reunión pero nunca iniciarla. Las explicaciones, intuyo que “de entre casa”, hablaban de que no podían invitar al Espíritu (aunque sí podían continuar invitándolo en las Organizaciones Auxiliares) y de que la R. Sacramental era una reunión del Sacerdocio y por tanto las mujeres estaban excluidas de una participación formal y activa. Fue reconfortante leer a Marvin K. Gardner en las “Noticias de la Iglesia” de la Ensign de Noviembre 1978, pag. 100 (No casualmente bajo la administración del Presidente Kimball y en el mismo año que se extendieron las bendiciones del sacerdocio a todo varón digno)

La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce han determinado que no hay una prohibición en las Escrituras sobre las hermanas ofreciendo oraciones en las reuniones sacramentales. Se ha, por lo tanto, decidido que está permitido que las hermanas ofrezcan oraciones en cualquier reunión a la que asistan, incluyendo reuniones sacramentales, de la Escuela Dominical, y conferencias de estaca. Las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro pueden ofrecer oraciones en los hogares que visitan cumpliendo sus asignaciones”.

¿No era obvio? ¿No había sido así por muchos años? ¿Tiene Dios cambios tan temperamentales con respecto a sus hijas?

Con el paso del tiempo, uno comienza a leer, y, de pronto, el panorama completo tiende a armarse. Durante los años ’70, los primeros grupos feministas comenzaban a operar dentro de la Iglesia y a pedir algunas modificaciones sobre el trato a las de su género. Resultado: súbitamente no podían ofrecer oraciones, se eliminó la independencia de las organizaciones en las que participaban y no podían hacer un movimiento sin supervisión masculina. Las medidas parecieron efectivas en el corto plazo. A mi humilde entender, provocaron más problemas hacia el futuro de los que habían intentado resolver, porque se “castigó” a todas las mujeres de la Iglesia por los reclamos de algunas pocas, y las que ni siquiera comprendían esos reclamos comenzaron a interesarse en lo que ocurría.

Hemos asumido por mucho tiempo que hay una segregación de género por mandato divino (como hemos asumido por mucho tiempo que existía una segregación de raza), lo cual es posible que provenga de una sesgada e incompleta lectura de las Escrituras.

La verdad es que no encontraremos una sola escritura que nos hable sobre limitaciones de la mujer para participar en el gobierno de la Iglesia (como no las había sobre las razas) aunque sí hay un gran “consenso socio religioso” de que así debe ser. Sin embargo, los hechos de nuestro pasado, mencionados en la primer parte de este trabajo, parecen indicar lo contrario. Básicamente, no encontraremos referencias canónicas a que las mujeres no puedan tener el sacerdocio y sí varias que las mencionan como “reinas y sacerdotisas”. Por supuesto, tendemos a desplazar el cumplimiento de esos pasajes a un incierto pero lejano futuro.

Mi feminismo no llega a los extremos de declarar: “¡El sacerdocio para las hermanas! ni ¡las mujeres al poder ya!”. Creo que los cambios vendrán, como en el caso de la gente de color, por los canales y las formas adecuadas. Pero vendrán…

Mientras tanto hay mucho que podemos y deberíamos hacer. La situación no se da únicamente en nuestra Iglesia. El Obispo Episcopal John Shelby declara:

“Por la mayor parte de los dos mil años de historia desde el nacimiento de nuestro Señor, la iglesia Cristiana ha apoyado y participado en la opresión de la mujer. Esta opresión ha sido tanto abierta como encubierta, consciente e inconsciente. Se ha logrado principalmente por la habilidad de la iglesia, en nombre de Dios, de definir a la mujer y de lograr que esa definición se mantenga… Estas definiciones masculinas de la mujer eran divinas, inalterables, e impuestas por Dios… Cualquier intento de desafiar estas presunciones o de sugerir otras posibilidades eran inmediatamente condenadas como un pecado contra Dios, la Biblia, o la naturaleza divina de la creación. Cualquier intento de abrir la jerarquía eclesiástica a la mujer se encontraba con gritos de que la voluntad de Dios expresada por una intocable y absolutamente sagrada tradición masculina, estaba siendo violentada…”

De modo similar, el Padre Tissa Balasuriya, teólogo y sacerdote católico, dice:

“El sentido de autoestima y orgullo legítimo de una mujer es bueno y necesario. El deseo de servir de las mujeres es a menudo explotado por otros, particularmente por los hombres… La interpretación de la historia del Génesis dada por los Padres de la Iglesia, especialmente después de Agustín, fue que la mujer era la causa de la caída. Era la tentadora, la cómplice de Satanás y destructora de la raza humana. La identificación de Eva con el mal se fue haciendo tan común que aún la serpiente adquirió rasgos femeninos, como en la pintura de Miguel Angel sobre la caída en la Capilla Sixtina…Los clérigos y teólogos varones han sido responsables de perpetuar esta denigración de la mujer a través de los siglos… Las mujeres necesitan desarrollar sus propias estrategias para lograr poder y un lugar adecuado en la iglesia, pero esos cambios no ocurren meramente por la oración o la teología. Las mujeres deben desarrollar y utilizar su poder femenino. Si por un tiempo las mujeres dejaran de contribuir a los fondos de sus Iglesias hasta que sus derechos fuesen aceptados, habría un impacto inmediato en los que detentan el poder”

En noviembre de 1999, el Elder Monte J. Brough mencionó que, algunas semanas antes de su muerte (1994), el Presidente Ezra Taft Benson hizo un comentario sobre las oraciones que se malinterpretó como que únicamente los hombres podían ofrecer oraciones de apertura. En pocas semanas, ese comentario, en más de una variante, se había dispersado por toda la Iglesia, y aún hoy quedan reductos donde los líderes aplican esta limitación, sin importar lo que el Manual de Instrucciones dice al respecto. En esta historia encuentro dos elementos preocupantes: 1) La facilidad con que opera lo que yo denomino “el mercado paralelo de la información y las políticas institucionales”, la aceptación incondicional de lo que alguien con mayor autoridad dice o sugiere sin analizar si contradice o no las Escrituras u otras políticas vigentes; la obediencia a normas no escritas que de pronto adquieren valor cuasi canónico. 2) La realidad de que, para que eso ocurra, debe existir una sociedad adaptada para hacerlo posible. Me refiero a hombres, y aún mujeres, que bajo ningún concepto objetarán, preguntarán o cuestionarán aunque la norma lastime sus sentimientos, conciencias y razonamientos. Algunos ven en estos dos aspectos una muestra suprema de obediencia. Yo veo las semillas de lo que provocó la masacre de Mountain Meadows.

Lo que dicen las mujeres de la Iglesia

Creo que he hablado demasiado yo y he invitado a demasiados hombres a hablar en este espacio. Es hora de que sepamos lo que las propias mujeres opinan.

“Poseo un Doctorado y soy profesora de tiempo completo en la universidad. También estoy casada y tengo tres hijos. El único lugar en mi vida en el que soy tratada como un ser humano inferior es en la Iglesia”

“Desearía que percibiesen el dolor que siento como mujer en la Iglesia. Conozco mi dignidad y mi potencial y verlo limitado al rol de “presidida” en todas las áreas me desacredita como hija de Dios” (Ambas citas tomadas de una encuesta de Mormon Research Foundation, Marzo 2012)

Escuchemos a Neylan McBaine, quien es directora creativa en Bonneville Communications. Graduada en la Universidad de Yale, vive con su esposo y tres hijas en Salt Lake City. Los párrafos siguientes han sido tomados de su exposición en la Conferencia de FAIR (Foundation for Apologetic Information and Research), el 2 de Agosto de 2012:

 “Hay un inmenso dolor entre nuestras mujeres con respecto a cómo pueden y no pueden contribuir en el gobierno de nuestra organización eclesiástica, y debemos prestar atención a ese dolor… No percibí la relación de las mujeres con la Iglesia como una crisis hasta que me mudé a San Francisco y serví en otra presidencia de la Sociedad de Socorro, allí bajo una mentora y extraordinaria mujer. Inmediatamente después de su relevo en el llamamiento, ella, su esposo, y sus tres hijos solicitaron que se borraran sus nombres de los registros de la Iglesia, mencionando su incapacidad de conciliar su rol como mujer en la Iglesia. Desde esa experiencia, que fue traumática tanto para mí como para todo el Barrio, he intentado reflexionar sobre las causas de un dolor tan profundo como para distanciar a una mujer permanentemente de su cultura, familia, y aún su visión del mundo, para liberarse de ese dolor… En mi trabajo, tomo decisiones por encima de los hombres, e importantes ejecutivos varones me pagan por asesoramiento en decisiones de negocios en los que soy una experta, sin embargo, como integrante de la presidencia de la Primaria de Barrio, necesito la autorización del Obispo para juntar a los más pequeños con los mayores en los ejercicios preliminares.” (Neylan McBaine – Dialogue 45 Nº 3 pag. 71-74)

Valerie Hudson, quien ha sido por 24 años profesora de Ciencias Políticas en BYU:

“En la primavera de 1996 conducía a Ariel, mi hija de nueve años, a su clase de judo. Estaba extrañamente callada y yo sabía el por qué. Por años, cuando alguien le preguntaba qué le gustaría ser al crecer, ella contestaba: ‘Presidente de los Estados Unidos, profeta de la Iglesia, una mamá, una botánica, una profesora y bailarina de ballet’. Ese había sido el tema de conversación cuando subíamos al auto y su hermano mayor, caballerosamente, le informó que no había modo en que pudiese ser el profeta de la Iglesia ya que únicamente los hombres podían serlo. Avanzamos varias cuadras en silencio y entonces se volvió a mí, con su barbilla temblando, y me preguntó: ‘Mamá, ¿es cierto eso? ¿Es cierto que las mujeres no podemos ser  profetas?’. Le contesté que era verdad. Comenzó a llorar con un fuerte sentimiento. Me di cuenta que era un punto de inflexión en la vida de mi hija. Por vez primera había percibido que su género podía limitar lo que ella deseaba ser. Mi corazón se dolió con ella por la pérdida de algo que tal vez nunca pudiese volver a ganar: el sentimiento de que quien era Ariel fuese más importante que el hecho de que fuese una niña. En mi propio dolor, determiné que no podía dejarla con ese hecho aislado, desnudo y que marchitaba el alma cuando el contexto en el que estaba enclavado le brindaba posibilidades mucho más ricas”. Valerie Hudson en Sorenson & Cassler, Women in Eternity, Women in Zion, pag. 141

Tresa Edmuns en The Guardian, diario inglés en su edición del 10 Agosto 2010

“Siempre que digo en la iglesia que soy feminista, no puedo ni respirar porque me preguntan inmediatamente qué quiere decir. Tengo que explicarles que no odio a los hombres, que no quiero derrocar al profeta, que solamente quiero que las mujeres tengan todas las oportunidades para el crecimiento y el respeto. Mis primeros antepasados que hicieron campaña a favor de derechos de la mujer se centraron en poner fin a la poligamia. Creemos en una madre celestial, pero nos dijeron que no podíamos rezarle. Creemos en la revelación personal pero debemos respetar la autoridad de un hombre sacerdote. Mi mormonismo y mi feminismo van de la mano, no hay el uno sin el otro”.

En 1993 varias feministas fueron excomulgadas (y me pregunto si la “norma no escrita” sobre las oraciones que comenzó a propagarse al año siguiente no estuvo relacionada con ese hecho).

Lavina Fielding Anderson poseía un doctorado en Inglés por la Universidad de Washington. Había publicado Sisters in Spirit (1987), Tending the Garden: Essays in Mormon Literature (1996) y había participado en el Journal of Mormon History, en el Mormon Women’s Forum Quarterly  y en Mormon Alliance, una organización que investigó abusos eclesiásticos en la Iglesia entre 1970 y 1990. La publicación cronológica de estos casos provocó su excomunión en 1993. Sigue asistiendo a la Iglesia, se considera una “mormona”, y es parte de lo que el escritor Levi Peterson ha denominado “la Iglesia en el exilio”.

Maxine Hanks, una teóloga feminista que compiló y editó el libro “Women and Authority” (1992). Fue excomulgada en septiembre de 1993. La Iglesia la invitó a bautizarse nuevamente, cosa que hizo en Febrero de 2012. Sus ideas básicas, y que provocaron su excomunión en aquel entonces, no han cambiado. Las épocas sí…

Maxine ha dicho recientemente: “No creo que las tensiones de género en el mormonismo se deban a inequidad en la religión, sino a la invisibilidad de la igualdad. Esa igualdad es inherente y penetra la teología, historia, textos y estructuras mormonas. La igualdad de género está impresa en los propios planos del mormonismo, pero se halla obscurecida en la elaboración… La igualdad de género inherente al mormonismo simplemente debe ser vista al extraerla de otros elementos y contextos que distraen”.

Podríamos agregar al listado a Sonia Johnson, Margaret Toscano y Lynne Kanavel Whitesides (esta última sancionada aunque no excomulgada).

  

¿Qué hacer al respecto?

Creo que la primer cosa es que hombres y mujeres en la Iglesia tomemos conciencia de la situación. Hay muchísimo por hacer hasta que “todos seamos iguales en la fe”.

Si sumamos a las hermanas mayores, a las jovencitas y a los niños y niñas que dependen de ellas en la vida y en las organizaciones auxiliares, estoy seguro de que superamos el 70% de la asistencia regular a nuestras reuniones. Sin embargo, ninguna de ellas tiene representantes naturales en el Comité Ejecutivo que se reúne semanalmente para analizar la marcha de un Barrio. La Presidenta de la Sociedad de Socorro únicamente asiste por invitación. ¡Pues comencemos a invitarla a todas las reuniones porque hace falta allí! Es verdad que existe la Reunión de Consejo, donde una vez al mes todas las organizaciones están representadas, pero el tiempo que tiene cada una para exponer es limitado, el enfoque de dicha reunión es otro y, además, su agenda se armó mayormente en las reuniones de Comité Ejecutivo previas.

Las Autoridades Generales suelen decir, a modo de chiste: “Si realmente desean recibir una revelación sobre las cosas que deben cambiar en sus vidas, pregúntenle a sus esposas y siéntense a escuchar por 20 minutos”. Bien, la otra cosa que debemos hacer es dejar de pensarlo como un chiste y aplicarlo en nuestras vidas personales, familiares e institucionales. Las hermanas saben mejor que nosotros lo que está ocurriendo en las unidades. Su sistema de información interna es más rápido y eficaz que el oficial. Escuchemos sus posibles soluciones, aunque no siempre accedamos a ellas. La mente femenina funciona con ciertas conexiones neuronales totalmente diferentes a las masculinas. Dios las hizo así, no el “padre de las mentiras”. Eso hace que sus conclusiones sean distintas a las nuestras, no mejores ni peores, distintas, a veces “enriquecedoramente distintas” y para tomar en cuenta. Alguna voz masculina me responderá que debido a eso hay muchos “chismes y habladurías” en nuestras unidades. Quizás los mismos se deban a que no hemos sabido darles un canal autorizado para expresarse. Con respecto a la confidencialidad de los temas, creo que también los hombres estamos por debajo de las expectativas deseadas. Si mi propuesta no funciona, siempre podemos quemarlas como brujas, solución muy utilizada algunos siglos atrás…

Volviendo a la celebración de los 171 años de la Sociedad de Socorro (y espero que los líderes de mi Barrio no me guarden rencor, ya que entre ellos están mis familiares y algunos de mis más queridos amigos) me tomé el trabajo de investigar qué había ocurrido en otras partes del mundo. Me resultó alentador ver que, en algunas unidades, las hermanas habían tomado todo el tiempo de la reunión. Habían dado las oraciones, los discursos, el mensaje y presentado el número musical. Hablaron sobre las mujeres en general y sobre mujeres específicas del pasado, Emma Smith, Eliza Snow, Emmeline Wells… y rescataron que también hubo heroínas a las que tenemos olvidadas. Si bien reconocemos que detrás de cada gran hombre ha habido una gran mujer, parece que lo fundamental es que deben estar siempre detrás… bastante detrás…

Varios obispos imaginativos en los EEUU han comenzado a dar participación a las jovencitas en los preparativos para la Reunión Sacramental: asignan a las diferentes clases de mujeres jóvenes para que preparen el programa de la reunión que se reparte a la congregación. Invitan a otras señoritas a que esperen en la puerta a los hermanos que van llegando y los conduzcan a sus asientos, de modo que se sienten partícipes de algo que es para “toda” la familia.

En inglés hay centenares de blogs dedicados a la mujer y la Iglesia, desde Well-Behaved Mormon Woman y Ask Mormon Girl a Feminist Mormon Housewives y Adventures of a Mormon Feminist. Algunos son radicales, otros más contemplativos y moderados, algunos teológicos y otros sociales, algunos sobre la filosofía de la vida y otros sobre el diario vivir. Todos dicen cosas interesantes… y no me cabe duda de que las Autoridades, o sus allegados, visitan algunas de estas páginas para tomar el pulso de la sociedad mormona…

Sin duda hay mucho más para hacer, pero necesitamos imaginación y flexibilidad en todos nuestros miembros. Y los varones, tal vez, recordar más a menudo los versos de Mario Benedetti:

“Nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido”

Hace algunas semanas atrás cientos de mujeres mormonas en los EEUU asistieron a las reuniones usando pantalones, como forma de protesta por algunos de los temas que menciono. Creo que se ven más elegantes y delicadas con polleras…Pero, finalmente, ¿qué puedo saber yo de todo lo que acabo de escribir? Si, resumiendo, no soy más que un hombre, varón, mormón y sacerdote… pero, eso sí, feminista…

Mario Montani

PD: a la fecha, las hermanas siguen sin poder dar oraciones en las Conferencias Generales ¿?

4 comentarios el ““VESTIDA DEL SOL, CON LA LUNA DEBAJO DE SUS PIES…” Segunda Parte

  1. Mauro Rosell dice:

    6 de abril de 2013: La hermana Stevens ofrece la oración final en la Conferencia General. Momento histórico.

  2. carryonsud dice:

    Y hasta hoy en dia se agrega el movimiento Ordain Women, la inclusion de Soc Soc a las jubtas de consejo, la Reunion General de Mujeres, y los cuadros de las Autoridades Auxiliares en el Centro de Conferencias… sin embargo hay aun un largo camino por andar.

  3. Javier dice:

    Tanto que meditar y dejar atrás, muy atrás el machismo con el que fui educado… Gracias, en verdad me deja reflexionando demasiado…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s