EL SENDERO, EL RIO Y EL ARBOL… (Segunda Parte)

ARTE Y RELIGION

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              Libro de Mormón

EL SENDERO, EL RIO Y EL ARBOL…

(Antecedentes literarios, míticos y religiosos del Sueño de Lehi)

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

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Continuando con el análisis iniciado en la Primer Parte, revisaremos otros detalles aún no considerados:

Barra de Hierro

Si existe un elemento distintivo en el Sueño de Lehi al compararlo con otros relatos es, precisamente, la barra de hierro. En cuanto a su función, sería similar a “la soga” en el sueño de Joseph Smith, padre.

Con respecto al material con que está hecha la barra, el diccionario de Símbolos define al hierro como: “Símbolo muy extendido de fuerza, resistencia e inflexibilidad. En ocasiones se lo contrapone al cobre o al bronce… al hierro meteórico, caído del cielo, se le cree celestial y divino” (Diccionario de Símbolos Rioduero, Madrid, 1978, pag. 119)

En el contexto del Libro de Mormón, la barra de hierro es la palabra de Dios, y en el uso de la Iglesia, ha sido equiparada con las Escrituras. Por su descripción sabemos que poseía extremos, es decir un comienzo y un final, y un propósito: conducir a las almas hacia el Arbol de la Vida y, simultáneamente, evitar la caída en el río de destrucción. Era un medio para obtener algo, no un fin en sí mismo.

La palabra “rod” utilizada en inglés y que traducimos como “barra” significa simultáneamente vara, callado, bastón, elementos que por su uso dan protección, guía y apoyo.

“Debemos notar que la palabra egipcia mdw significa no sólo ‘bastón o vara’ sino también ‘palabra’, ‘hablar’. La derivación md.t, o mt.t, que probablemente se pronunciaría mateh en tiempos de Lehi, era común en el dialecto egipcio de aquella época y habría sonado muy parecida a la palabra hebrea corriente para vara o bastón, es decir, matteh” (Mathew L. Bowen, “What Meaneth the Rod of Iron?” ( Insights: The Newsletter of the Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS)  Brigham Young University 25, no. 2 (2005): 2–3.)

Tampoco podemos dejar de lado las connotaciones que lo acercan a cetro de poder y vara como patrón de medida, con sus implicancias en el lenguaje apocalíptico:

“Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones…” (Apocalipsis 12:5)

“El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro” (Apocalipsis 21:15)

“y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero…” Apocalipsis 2:27.

Es notable observar que, en la versión de esta última escritura de la Traducción Inspirada, Joseph Smith modificó “vara de hierro” por “palabra de Dios” con lo que confirmó el sentido intercambiable del símbolo.

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Arbol de la Vida

En el espectacular panorama del Sueño, el Arbol es, indudablemente, el centro visual y además, la clave para la interpretación simbólica. No es raro, pues, que sea el elemento que mayor tradición presenta. El Arbol Cósmico, en las más diversas culturas, es imaginado en el centro (u ombligo) de la Tierra, con sus raíces en el Inframundo,  su tronco en lo terrenal y su follaje en el Cielo. Es un Eje del Mundo (axis mundi) que conecta estos tres niveles. Yarden ha estudiado la aparición del mito y su origen en el Antiguo Medio Oriente y asegura que la representación de árboles sagrados se da en cada nuevo descubrimiento arqueológico (Yarden, L, The tree of Light a study of the Menorah, Cornell Univ.Press, Ithaca, 1971 pags. 35-37). En esa misma obra, propone que el Menorah, candelabro hebreo de siete brazos, es una representación estilizada de ese Arbol.

“El fruto del justo es árbol de vida; Y el que gana almas es sabio.” Proverbios 11:30

Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.” Jeremías 17:7-8

“En las literaturas oriental y clásica se emplean todas las formas posibles de descripción del Otro Mundo. El viaje al cielo se encuentra en documentos de la India oriental, hebreos y clásicos; el cruce del mar se halla en las literaturas persa, egipcia y clásica; el río se encuentra en el mundo subterráneo de los griegos así como en el de los latinos, y, junto con el puente, aparece en los persas y los musulmanes. La montaña es común a obras babilónicas, hindúes, hebreas y clásicas. El árbol con la fruta de la vida y el jardín son igualmente bien conocidos... (Patch, Howard Rollin, El otro mundo en la literatura medieval, Fondo de Cultura Económica, México, 1956, pag. 35)

En el Midrash Konen hebreo, el Gan ‘Eden es un edificio de cinco salas. En una de ellas, de oro y plata, crece el Arbol de la Vida, y es una especie de escala por la cual pueden ascender o descender las almas de los justos. (Patch, op.cit.p.22)

Según Shakir Benmóslem de Orihuela (siglo XII): “Alzanse a la puerta del paraíso dos grandes árboles; en el mundo no se ve cosa que se parezca al aroma… a su follaje, a la perfección de sus ramas, flores y frutos… Al pie de cada uno de ambos árboles corre una fuente de aguas dulces, frescas, puras, que forman dos ríos…” (Patch, op.cit.p. 25)

“Este árbol se asocia de inmediato con un símbolo medieval del Arbol del Mundo, según Guénon, conocido como Peridexion – el autor francés considera al término como deformación de Paradision, o Paraíso … Nos recuerda también al fresno Igdrasil, otro de los símbolos del Arbol del Mundo, árbol sagrado que según las tradiciones escandinavas habitaban las “nornas”.” (Eve Leone “El Misterio Feliz, Los cuentos de Hadas y la tradición unviersal” Editorial Troquel, Bs. Aires, 1991, Pag. 147-184)

En la tradición hebrea, como bien sabemos, existían el Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal, del cual participaron Adán y Eva, y el Arbol de la Vida, que estaba plantado en el centro del Edén, y que les fue prohibido. La cultura judeocristiano continuó con el símbolo tanto en el árbol sefirótico de los cabalistas como en el árbol filosofal de los alquimistas.

Yggdrasil, el ya mencionado fresno sagrado de la mitología nórdica, une los Nueve Mundos del universo vikingo, que se organizan a su vez en tres niveles: En el primer nivel se sitúan Asgard (el paraíso de la mitología germánica, donde se halla el Walhalla y viven los dioses “ases”, entre ellos Odín y Thor, y aquéllos soldados muertos en la batalla), Vannaheim (morada de los dioses “vanir”) y Alfheim (el hogar de los elfos); en el segundo nivel Midgard (el mundo terrenal, la morada de los humanos), Jötunheim (la tierra de los Gigantes de Hielo) y Muspellheim (la tierra de los Gigantes de Fuego); y en un nivel inferior Svartalfheim (hogar de los elfos negros, los enanos), Niflheim, una zona sombría y neblinosa, y finalmente Hel, el inframundo. Yggdrasil tiene tres raíces, cada una de las cuales toma agua de un sitio diferente. La primera raíz llega hasta el Niflheim, donde se alimenta del arroyo Hvelgermir, que proporciona el agua de la creación, y es constantemente roída por la serpiente Nidhögg. La segunda raíz toma el agua de la sagrada fuente Urd, situada en el Asgard (el cielo de la mitología nórdica), desde donde tres mujeres denominadas Nornas, tejen los destinos de los hombres, los enanos y los elfos. La tercera raíz da al Jötunheim (la tierra de los Gigantes de Hielo), donde se situaba el pozo de Mimir, de donde surgen el conocimiento y la sabiduría.

El roble es el árbol de la vida de los celtas, y es precisamente esta especie (Duir, en lengua céltica) la que da nombre a los druidas. Se representa como un árbol cuyas raíces y ramas están entrelazadas y son indistinguibles entre sí, simbolizando la vida eterna y el renacimiento.

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Si damos importancia a los textos de la Edad Media europea es porque, a través de la dominación árabe de la península ibérica, el conocimiento de la antigüedad, incluyendo el de oriente y aún el de Grecia, fueron conservados. Los territorios de Al Andalus se convirtieron en un centro de cultura por 700 años para cristianos, judíos y musulmanes y desde allí se expandió por el continente. El semiólogo y medioevalista italiano Umberto Eco, conocedor de los modos y formas de esa época, los hace patentes en muchas de sus obras. Boron, uno de los personajes de su novela Baudolino, tiene una visión:

“Veo un lugar donde crecen prados amenos y verdeantes, adornados con flores y hierbas perfumadas, mientras en torno se exhala por doquier un olor suave. Hay un prado bellísimo… Veo a un hombre con los cabellos blancos como la nieve. Me indica un árbol que no envejece nunca y cura de todo mal al que se sienta a su sombra…” (Eco, Umberto, Baudolino Tomo I, Random House Mondadori, Bs. Aires, 2013 pags. 98-99)

Gonzalo de Berceo, el mayor exponente del Mester de Clerecía castellano, escribió  el Poema de Santa Oria, basándose en un relato previo en prosa latina. Junto con otras compañeras, Oria es guiada hacia el cielo por una paloma. Allí encuentran una columna con escalones y gradas. Ascendiendo por ellos ven un árbol que se describe en las cuadernas 46-47 (he mantenido la escritura antigua del original)

“Ya eran, Deo gracias, las vírgines ribadas,
eran de la columna en somo aplanadas,
vidieron un buen árbol, cimas bien compasadas,
que de diversas flores estavan bien pobladas.”
“Verde era el ramo, de fojas bien cargado,
fazié sombra sabrosa e logar muy temprado.
tenié redor el tronco marabilloso prado

más valié esso solo que un rico regnado.”

Las doncellas trepan al árbol desde donde ven el Cielo. Tres figuras angélicas, con blancas vestiduras, las conducen hacia allí

En el antiguo Egipto la acacia de Saosis era considerada el árbol que encerraba la vida y la muerte y de allí habían surgido Isis y Osiris. También el Sicomoro conectaba los dos mundos.

La higuera, en la India, el árbol de Bohdi para el budismo, el Etz Chaim para los hebreos, son todas variantes del Arbol de la Vida.

En las culturas precolombinas de Mesoamérica se repite el concepto de “árbol del mundo”. Entre los mayas estaba representado por una Ceiba. También aztecas, mixtecas y olmecas lo reverenciaban.

Diego Durán, en su Historia de las Indias, refleja algunas representaciones aztecas:

“Para el baile en el momotzli principal del templo de su gran dios Hitzilopchtli hacían una casa de rosas y hacían unos árboles a mano, muy llenos de flores olorosas, a donde hacían sentar a la diosa Xochiquetzalli. Mientras bailaban descendían unos muchachos vestidos todos como pájaros y otros como mariposas, muy bien aderezados, de plumas muy ricas, verdes y azules y coloradas y amarillas, y subíanse por esos árboles y andaban de rama en rama…” (Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, México, 1951-1952, II, V, pag. 277)

Como lo ha mostrado J. Bierhorst, los pájaros, representan a los espíritus ancestrales que descienden convocados por los cánticos.

Es sumamente llamativo que la reinterpretación de Joseph Smith de una de las parábolas de Cristo da una equivalencia similar:

“También les propuso otra parábola que hacía alusión al reino que se iba a establecer poco antes, o precisamente al tiempo de la siega, y que dice: ‘El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: el cual a la verdad es la más pequeña de todas las simientes; más cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, y vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas’. Podemos discernir claramente que se a esta figura para representar la Iglesia cual ha de salir a luz en los últimos días. He aquí, el reino de los cielos es comparado a ella. Y ahora, ¿qué es semejante a ella?

Consideremos el Libro de Mormón que un hombre tomó y escondió en su campo, plantándolo por la fe para que brotara en los últimos días o en el debido tiempo; veámoslo salir de la tierra, a la verdad, la más pequeña de todas las semillas, mas he aquí, echa ramas, sí, se reviste de frondosas ramas y majestad divina hasta que llega a ser como el grano de mostaza, la mayor de todas las hortalizas. Y es verdadero, y ha brotado y salido de la tierra; y la justicia empieza a mirar desde los cielos y Dios está enviando sus poderes, dones y ángeles para que aniden en sus ramas(Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City Utah, 1975, pag. 107)

Algunos estudiosos mormones han señalado la similitud del sueño de Lehi con la denominada estela 5 de Izapa, en Chiapas, Mexico. (A quien desee profundizar esa alternativa sugiero la siguiente dirección de Internet: http://stela5izapapopoca.blogspot.com.ar/)

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El Fruto

Los alimentos con características mágicas o divinas forman parte de todas las tradiciones ancestrales.

“El Monte Olimpo se levanta hasta los cielos, los dioses y los héroes tienen en él banquetes de ambrosía (an=no; brotós= mortal). En el salón de la montaña de Wotan, cuatrocientos treinta y dos mil héroes consumen la carne que no disminuye de Sachrimir, el Jabalí Cósmico, y la toman con la leche que sale de las ubres de la cabra Heidrun, alimentada de las hojas de Yggdrasil, el Fresno del Mundo. En las colinas de las hadas de Erin, la inmortal Tuatha De Danaan conume los siempre renovados cerdos de Manannan y bebe copiosamente del licor de Guibne. En Persia, los dioses del jardín de la montaña Hara Berezaiti beben la inmortal haoma, destilada del Arbol Gaokerena, el árbol de la Vida… A los redimidos de Yavé, en su jardín les es servida la carne deliciosa e inagotable de los monstruos Behemoth, Leviatán y Ziz, mientras que beben los licores de los cuatro ríos dulces del Paraíso.”  (Joseph Campbell, El Heroe de las Mil Caras, Pag. 164)

Los griegos sitúan al jardín de las Hespérides en sitios diversos, y las manzanas que vigila el dragón representan la fruta del Otro Mundo. (Patch, op.cit.p.26)

Los taoístas hablan de un árbol que produce un melocotón cada tres mil años. El que come del fruto recibe la inmortalidad. En la mitología nórdica, las manzanas de la caja de las cenizas de Iounn proporciona la inmortalidad de los dioses. Gilgamesh visita a la diosa Siduri-Sabatu, quien se encuentra en un jardín paradisíaco de asombrosa belleza, para pedirle la inmortalidad. Los registros se refieren a ella como Diosa de la Sabiduría, Genio de la Vida y Guardiana del Fruto de la Vida.

Ezequiel 47:12 nos dice: “A lo largo del río, en ambas orillas, crecerán toda clase de árboles frutales con hojas que nunca se marchitan y los frutos nunca se malogran, dará frutos nuevos cada mes, porque esta agua viene del santuario. Y su fruto será bueno para comer y las hojas serán medicinales.”

Algunos críticos han objetado la blancura del fruto en el sueño de Lehi, pensando que el blanco no es un color apetecible, señalando que debería ser verde o rojo. Sin embargo, tenemos como antecedentes al blanco Haoma, fruto de inmortalidad de los persas y la castaña “blanca como la nieve” del sueño de Joseph Smith, padre. También en la Creación Apócrifa 158:16 se describe al Arbol de la Vida como semejante a un ciprés pero de fruto “perfectamente blanco”.

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El Grande y Espacioso Edificio

Lehi nos informa: “Y yo también dirigí la mirada alrededor, y vi del otro lado del río un edificio grande y espacioso que parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra. (1 Nefi 8:26)

Nefi, a su vez: “Y estaban reunidas las multitudes de la tierra; y ví que se hallaban en un vasto y espacioso edificio, semejante al que mi padre vio. Y de nuevo me habló el ángel del Señor, diciendo: He aquí el mundo y su sabiduría… Y aconteció que ví, y doy testimonio de que el grande y espacioso edificio representaba el orgullo del mundo; y cayó, y su caída fue grande en extremo”. (1 Nefi 11:35-36)

Y nuevamente: el vasto y espacioso edificio que tu padre vio representa las vanas ilusiones y el orgullo de los hijos de los hombres. Y un grande y terrible abismo los separa” (1 Nefi 12:18)

En la década de 1930 se descubrieron varias construcciones árabes ancestrales que “contaban con diez o doce pisos… indicando la genuina supervivencia de la antigua arquitectura babilónica” (Edward J. Byng, The World of the Arabs (Boston: Little, Brown, 1944), 64—65). Un sinónimo de elegancia para la cultura árabe era que los ambientes fuesen amplios y “espaciosos”. Las ventanas de estos edificios solían comenzar a más de 30 pies del suelo por un tema de seguridad. Viendo esas ventanas iluminadas por la noche podría dar la apariencia de estar “en el aire”. Hamdani describe el Castillo de Ghumdan como poseyendo veinte pisos de habitaciones, con una altura de 15 pies por piso (Al-HamdnÄ«, Al-IklÄ«l VIII (Baghdad: Syrian Catholic Press, 1931), 15—16.)

La apariencia de estar en el aire podría ser también una referencia a su falta de fundamentos, lo que lo acercaría a la parábola del hombre que edificó sobre la arena y la posterior caída de la construcción.

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¿El puente?

Nunca se menciona un puente en 1 Nefi, sin embargo algunas características del relato parecen reclamarlo. Si bien un sueño no tiene por qué ser absolutamente coherente, es válido preguntarnos: ya que el edificio está del otro lado del horrendo abismo ¿cómo lo cruzan los que se dirigen a él? Y también, siendo que dicho edificio está en el aire, a gran altura de la tierra, ¿cómo ascienden a él las multitudes que van llegando?

De modo que el puente, que sí aparece en otros relatos visionarios similares, es una necesidad funcional.

(El puente) puede ser característico de la literatura hindú oriental y de la babilónica y reaparece en la islámica”. (Patch, op.cit.p.18)

Miguel Asin Palacios en La escatología musulmana en la Divina Comedia… habla del puente como tomado de la escatología persa y dice que asumía varias formas : “… un edificio altísimo, o puente abovedado … una cuesta o rampa de difícil ascensión”. El hecho de que el puente proporcione una prueba para las almas parece ser casi generalmente característico de la forma oriental. (Patch, op.cit.p.19)

Conclusiones finales

Para aquellos que ven El Libro de Mormón simplemente como una obra literaria lo antedicho puede ayudarles a comprender la riqueza formal y el cúmulo de símbolos tradicionales que operan en su texto, así como la intrincada e interconectada belleza de su tejido narrativo. Para quienes creemos que es algo mucho mayor que eso, dichos símbolos e intertextualidades pueden constituirse en un testimonio adicional de su veracidad, ya que son totalmente coherentes con la época y con las regiones de las que esta escritura de nuestro canon declara venir.

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