ETERNO INADAPTADO por Roger Terry

ARTE Y RELIGION

     Literatura

             Ficción Mormona

Introducción: Roger Terry vive en Orem, Utah, junto a su esposa, Sheri, y sus cuatro hijos. Se desempeña como editor asociado de BYU Studies. Ha trabajado por siete años como editor de las Revistas de la Iglesia y por nueve años en la facultad de la Marriott School de BYU. Entre sus trabajos literarios, que incluyen la publicación de cinco libros, se encuentra God’s Executioner (Springville, Utah: Cedar Fort, 2005)

Eterno Inadaptado (Eternal Misfit) se publicó en Dialogue: a Journal of Mormon Thought y su aparición en este blog ha sido explícitamente aprobada por el autor. Gracias, Roger (Thanks, Roger!!).

En mi opinión es un buen ejemplo de lo que la literatura mormona debería ser: la intersección de conocimiento doctrinal, habilidad narrativa, capacidad de sorprender y la posibilidad de reírnos de nuestras propias peculiaridades. (Mario R. Montani)

Roger Terry

Roger Terry

ETERNO INADAPTADO

Roger Terry

“Por alguna razón que no puedo explicar,

Sé que San Pedro no me va a llamar…”

Coldplay, “Viva la Vida” (2008)

“Algunas de las funciones del cuerpo celestial no aparecerán en el cuerpo terrestre, ni en el telestial, y el poder de la procreación será quitado. Yo deduzco que los hombres y mujeres serán, en estos reinos, exactamente lo que los que se dicen integrantes del mundo cristiano esperan que todos seamos: ni hombre ni mujer, meramente seres inmortales habiendo recibido la resurrección”

Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, Tomo II, pag. 271, 1979, Editorial Deseret S.C., México

Kim había estado en el reino terrestre por cinco mil treinta y seis años, dos meses y diecisiete días cuando se le ocurrió que estaba aburrido*. Se hallaba en la biblioteca, examinando con detenimiento un tratado sobre democracia monárquica escrito por un senador del cuarto planeta de la estrella Sigma Draconis, cuando súbitamente perdió interés en, digamos, todo… Enrolló el pergamino, lo devolvió al sistema de recuperación y caminó hacia afuera, a la perfecta luz solar.

Cuando Kim llegó a su hogar, se sorprendió al darse cuenta de que deseaba ir a un dormitorio y acostarse; pero dado que los seres terrestres no necesitan dormir, no poseía un dormitorio. De modo que se dirigió al sofá de la sala y se tendió allí. Respiró profundamente y suspiró.

“¿Qué es lo que anda mal conmigo?” se preguntó en voz alta.

No recibió ninguna respuesta

Permaneció tendido por un buen rato. ¿Cómo podría algo estar mal? El reino terrestre era como Utopia, Shangrilá, el Jardín de Edén y Camelot, todo en uno. El clima era mayormente cálido y soleado, con una suave brisa que acariciaba las terminaciones nerviosas y alguna lluvia ocasional para refrescar la vida de las plantas. Reinaban perfecta paz y orden social. No había enfermedades; de hecho, los cuerpos terrestres, no eran sólo incorruptibles e indestructibles sino que estaban dotados de notables sentidos espirituales y físicos. La geografía del mundo terrestre también era asombrosa – montañas escarpadas con nieve en sus cimas, valles fértiles, exuberantes y lozanos bosques, lagos y arroyos puros y prístinos, océanos de azul profundo con arenosas playas blancas, magníficas formaciones rocosas, pero no desiertos. Durante su probación mortal, Kim había vivido en Utah. Conocía el desierto. Atravesando Nevada se había maravillado de lo sosas y adormecedoras para el cerebro que podían ser algunas extensiones de tierra. Pero no había ninguna Nevada aquí, y menos aún una Ciudad del Pecado, ya que no existía pecado. Los moradores del reino terrestre no eran perfectos, pero no había maldad intencional; no sólo no había juegos de azar, no había dinero. ¿Quién necesitaba dinero cuando todo era gratuito?

Kim se preguntó qué andaba mal. Por más de cinco mil años había estado dichosamente satisfecho. Oh, por supuesto sabía que el reino terrestre era, técnicamente, una especie de castigo, pero el mundo terrestre era el grado de gloria que había merecido – era a donde él pertenecía. Los juicios del Señor, lo sabía, eran misericordiosos. Cuando se había presentado ante Jesús, al finalizar su estadía en el mundo espiritual, reconoció que no estaba preparado para entrar al reino celestial donde hubiera sido desdichado entre aquellos que habían vivido vidas más consagradas. El mundo terrestre era el que él se había buscado durante los mediocres días de su probación mortal.

Su único remordimiento era haber defraudado a Julie. Ella siempre había vivido para la gloria Celestial y había llorado de pena ante su separación eterna. Aunque había sido otorgada a otro, lo había visitado de tanto en tanto durante los primeros mil años. De a poco, sus visitas habían cesado. Tenían muy poco sobre lo que hablar. Lo que hubiesen compartido en la mortalidad había sido silenciado por sus diversas resurrecciones – ella a un grado de femenina perfección imposible de imaginar para meros mortales, y él a una corporalidad neutra, desprovista de sexo, que lo dejaba sin las pasiones que hacían al matrimonio no sólo posible sino también intensamente deseable. El estaba incapacitado de sentir ahora lo que había sentido por ella en la mortalidad y mucho menos de hacer surgir en ella esos mismos sentimientos. Por supuesto, como mortal tampoco había tenido demasiado éxito en despertar tales sentimientos en su compañera. Se daba cuenta de la ironía de que, por aquel entonces, era ella la que no estaba demasiado interesada en la intimidad. Lo que son las cosas…

Pero ese remordimiento había mayormente desaparecido gracias a los goces y perfecciones relativas del paraíso terrestre. Por más de cinco mil años, el Espíritu le había brindado paz y contento, luz y verdad así como eterno aprendizaje. Aquí, la memoria era completa y perfecta: tan perfecta, de hecho, que Kim, desde hacía tiempo, la daba por garantizada. ¿Para qué morar en el pasado cuando estaba allí para un recuerdo perfecto? Pero ahora su mente se dirigía al pasado, su propio pasado, y divagaba en él.

Kim había conocido a Julie en la actividad social de inicio del Barrio Treinta y Tres de la Universidad de Brigham Young en Septiembre de 1977. El era un misionero recién retornado, todavía fresco de bajar del avión desde Copenhage. Ella era una estudiante avanzada de Inglés con veinte años y haciendo su carrera con Shakespeare y Dickens y Henry Adams. De algún modo terminaron juntos la velada después de la fiesta caminando una y otra vez por la manzana, hablando y hablando y hablando. Finalmente, cansados de caminar, se detuvieron en la antigua Joaquin School, donde se sentaron en las hamacas del patio de juegos hasta las tres de la mañana.

“Cuéntame de tu familia”, dijo Julie.

“Oh,” contestó Kim, “no hay mucho para decir. Mi familia ha estado en la Iglesia desde la época de los pioneros, por ambas ramas. Mis padres son mormones bastante comunes. Y tengo tres hermanas”.

“¿Se burlan mucho de ti?

“Permanentemente”, rió Kim. “Pero yo también puedo devolvérselo”

“Recordaré eso”, dijo Julie, iluminándolo con la mejor de sus sonrisas. “Pero dime ¿qué deseas hacer con tu vida?”

“Ahh,” exclamó Kim, “siempre haces preguntas fáciles ¿no es cierto? Para decir la verdad, no estoy seguro. Quiero decir, por supuesto que quiero casarme y formar una familia, pero ni siquiera sé en qué voy a graduarme. He pensado en contabilidad. Papá dice que es un pasaje seguro hacia un buen trabajo”.

“Suena aburrido”, sugirió Julie.

“Sí, supongo que sí. Pero no he recibido un fuerte sentimiento hacia ninguna otra cosa. Supongo que lo peor que podría pasar es que me estaría preparando para un trabajo decente. Y tú ¿por qué elegiste Inglés?”

“Porque amo la literatura”.

“¿Te gustaría enseñar?”

“Tal vez”.

“Me cuesta imaginarme como maestro,” respondió Kim. “Pero no me importaría casarme con una profesora”

Se miraron a los ojos bajo el cielo estrellado de Provo y algo se encendió para jamás apagarse. Bueno, al menos no hasta el Día del Juicio.

Kim se había graduado en contabilidad en BYU el año después que Julie obtuvo su título en Inglés y dos años más tarde se casaron en el Templo de Provo. El obtuvo un trabajo en WordPerfect, con un salario decente, pasó a Novell cuando compró los restos de WordPerfect, entonces participó en la puesta en marcha de nuevas tecnologías hasta que Novell lo dejó ir. Mientras tanto, tuvo tres hijos, asistió a partidos de fútbol y básquet, se involucró en reuniones y partidos de tenis, recitales de piano y desfiles. Y, en algún momento de todo eso, el fuego que había sentido mientras golpeaba puertas en Dinamarca bajó de intensidad. Se mantuvo activo en la Iglesia pero cierta urgencia espiritual había desaparecido. Mientras Julie se había vuelto más devota y pasaba horas incontables cumpliendo con sus llamamientos, Kim flotaba de un cargo poco visible a otro, haciendo escaso impacto en las vidas de las personas. Pero no le importaba. No tenía la menor necesidad de la carga emocional o el compromiso de tiempo para ser un líder.

Después que los hijos se fueron, Kim llegó a la conclusión de que la contabilidad era realmente aburrida. Jugueteó con el sueño de escribir una novela, pero siempre se mantuvo como un sueño. Aunque leía mucha ficción – no las historias livianas que la mayoría de mormones preferían, pero tampoco el tipo de novelas que uno llamaría buena literatura – no pudo encontrar su propia voz o una historia que simplemente tuviese que ser contada.

Y ahora, casi seis mil años después, recordaba ese sueño, y ya no se preguntaba qué era lo que estaba mal. Tenía su respuesta.

Más tarde ese día, Kim realizó un viaje al Mar del Este, donde el clima era perfecto y la vista del océano desde las dunas, espectacular. Se sentó en la playa por horas observando las olas golpear la costa, pero el sonido no lo calmó tanto como había esperado.

De regreso a su cabaña, Kim extrajo un teclado portátil y comenzó a escribir. Intentó comenzar una novela sobre la vida en el reino terrestre; pero, como ya le había ocurrido en la mortalidad, se bloqueó. En esta ocasión, sin embargo, no era por causa de sus propias limitaciones: sencillamente no había historia para contar.

Alejó el teclado, se reclinó y puso los pies sobre la mesa. Pensó en la Biblioteca de Caldora, su ciudad. Todo un piso estaba dedicado a la ficción. Las mejores novelas de la galaxia estaban reunidas allí. Pero, hasta donde supiera, ninguna de ellas había sido escrita en el reino terrestre. Todas habían sido creadas por autores mortales.

“De modo que,” dijo Kim a la pared, “¿qué es lo que hace grande a una novela?”

La pared no le contestó, así que él lo hizo. “¿Muchas páginas, un buen argumento?”. Se rió forzadamente.

“Correcto, ¿y qué es lo que hace que un argumento sea bueno?”

“Suspenso, aventura, conflicto, el bien y el mal, debilidades personales, pecado, violencia, desastres naturales, ironía. Y romance”. Volvió a reír. “¿Adivinan qué es lo que no tenemos aquí?”

“Con razón nadie escribe gran ficción”.

Se dio cuenta entonces de que nadie escribía historia en el reino terrestre, además. Por supuesto, con recuerdos perfectos, los habitantes del mundo terrestre no requerían un registro para recordarles lo que había ocurrido. Pero los eventos no son historia. La Historia requiere interpretación, el recorte de significado a partir de series de eventos. Y sin el drama de luchas por el poder, guerras, catástrofes naturales, o revueltas sociales, los eventos del mundo terrestre no parecían merecer interpretación en absoluto.

“Nada importa aquí”, murmuró Kim

Y allí, en la soledad de la cabaña, tomó una decisión. No sabía a dónde lo conduciría, pero tenía que hacerlo.

Esa noche empacó sus cosas y regresó a Caldora.

Al día siguiente, Kim fue a la biblioteca de Caldora y subió las escalinatas hasta los archivos musicales, en el quinto piso. Había reducido su selección a tres: la Novena Sinfonía de Beethoven, Claire de Lune de Debussy, y un tema de rock que su hija escuchaba cuando él tenía alrededor de 50 años. Extrajo las tres esferas musicales de sus respectivos compartimentos y las observó. Eran primitivas y poco sofisticadas comparadas con la compleja pero emocionalmente estéril música de los compositores del reino terrestre, pero todas compartían un anhelo y una dolorosa pasión que faltaba en la música del mundo de Kim. Finalmente se decidió por una esfera y la llevó al inmenso hall central de la biblioteca, donde cientos de mesas y escritorios se distribuían entre las estanterías de libros bajo un cielorraso cavernoso que brillaba como la luna llena.

Kim halló una mesa por la mitad del hall y colocó la esfera. Tocó una mancha luminosa en un costado y apareció una línea. Deslizó su dedo sobre la línea de izquierda a derecha y presionó una flecha negra que apareció bajo la línea. De pronto un “staccato” de cuerdas llenó el aire, unida a voces más estridentes de lo que cualquier voz “terrestre” era capaz de producir. En un lugar que sólo había conocido el silencio del estudio por más de cinco mil años, el lamento doloroso del cantante sobre dominar el mundo para terminar barriendo las veredas y durmiendo solo, fue chocante. Los usuarios se levantaron de sus escritorios y estiraron el cuello para ver qué ocurría. Kim se reclinó en su silla, cerró los ojos, y dejó que el escrutinio le pasara de largo. Un atisbo de pasión revolvió su interior, algo que no había sentido desde la mortalidad.

La música finalizó, y todos los ojos del hall continuaban clavados en él. Kim dejó la esfera sobre la mesa, se paró, sonrió para sí mismo y abandonó la biblioteca. Al cruzar la salida, el silencio se vio roto por una recorrida de susurros exclamativos. Siguió caminando. Al día siguiente Kim recibió la visita de tres oficiales: Kay, el director de la biblioteca; Marn, administrador de la ciudad de Caldora; y Alma, sumo sacerdote de la sinagoga local.

Kim,” comenzó Marn, “¿podemos preguntarte qué estabas tratando de lograr ayer?”

“Sí” respondió Kim “Pueden preguntar”. Sonrió intentando desarmarlos.

“Bien, estamos preguntando”.

“¿Qué es lo que ustedes creen?” repreguntó Kim.

“No tenemos idea” respondió Kay “Nunca ocurrió algo parecido en la larga existencia de la biblioteca”.

“No, supongo que no.”

“No lo entendemos”, dijo Alma. “¿podrías iluminarnos un poco?”

“Probablemente no”

“Estamos preocupados”, dijo Marn. “Hay ciertas reglas sobre conducta apropiada, como sabes”.

“No conozco ninguna regla específica que prohíba música en el Hall de la biblioteca”

“Esas reglas están sobrentendidas” respondió Marn.

“Quizás no las entiendo”

“Bien” dio Kay, intentando ser amable y firme al mismo tiempo. “no harás esto nuevamente”.

“Es correcto” dijo Kim

“Nos pone contentos que comprendas” afirmó Kay.

“Tal vez haga algo diferente la próxima vez”.

Los tres visitantes se mantuvieron sentados en aturdida consternación por varios segundos. Finalmente habló Alma. “¿Cómo qué?”

“No tengo idea” Kim alzó sus manos, palmas arriba. “Depende de lo que desee aprender”

Alma abrió su boca como si fuese a hablar, pero cambió de opinión.

“¿Puedo ayudarles en algo más?” preguntó Kim.

Los tres visitantes se miraron entre sí silenciosamente. Finalmente se levantaron y se despidieron. Kim los acompañó hasta la puerta y los invitó a retornar cuando lo desearan.

Una vez que se fueron, volvió a sentarse en el sofá. Nunca había tenido algún tipo de trato con las autoridades. Sabía que estaban detrás de la escena, pero jamás había hablado con uno de ellos. Suponía que estaba en problemas, pero también imaginaba que las autoridades no estaban muy seguras  en qué tipo de problema. Era un territorio virgen, y él mismo no estaba seguro hacia dónde iba.

Media hora más tarde, Kim salió y vagó hacia la ciudad sin ningún destino en mente. De algún modo se sentía diferente, pero nadie parecía notarlo. Varios amigos pasaron y lo saludaron como de costumbre. Justo cuando Kim se preguntaba si la visita de las autoridades había sido una reacción sobredimensionada, un ciudadano al que no conocía lo detuvo en la acera.

“Tú eres quien hizo sonar ‘Viva la Vida’ ayer en la biblioteca”.

“Creo que sí”.

“Lo siento. Creo que no nos conocemos”, dijo, “Mi nombre es Cory”.

“Soy Kim”.

“No sé por qué lo hiciste”, continuó Cory, “pero me alegro que lo hayas hecho”.

“¿En serio?” Kim estaba genuinamente complacido.

“Sí. Me hizo recordar algo”

“¿Qué cosa?” preguntó Kim.

“No lo sé. Tal vez un cierto propósito”.

“¿Apasionamiento?”

“Sí, eso es”.

Permanecieron en silencio por un rato. Finalmente Kim habló.

“Cory, vivo en Palacios Boscosos. Ven a visitarme cuando quieras”.

“¿Mañana, quizás…?”

“Por qué no? Estaré en casa a la tarde”.

Kim continuó caminando pero fue detenido rápidamente por una conocida llamada Leslie. Para cuando regresó a casa, se había detenido veinte veces y extendido el mismo número de invitaciones para el día siguiente. Tenía un extraño sentimiento, que reconocía como cierta satisfacción por su flamante fama. Estaba consciente del peligro, pero de todos modos le agradaba la sensación.

La tarde siguiente su casa estaba llena de invitados, incluyendo a Tracy, un buen amigo al que había invitado pues se daba cuenta que necesitaría alguien que le diera una opinión honesta sobre el resultado de la reunión cuando terminara. No estaba muy seguro sobre lo que debía hacer, pero la charla se inició bastante espontáneamente. Primeramente con alguien mencionando la música en el Gran Hall, pero luego derivó en temas más amplios. Los participantes no habían tenido una conversación como ésta en cinco mil años.

“He estado pensando algo”, dijo Kim al cabo de un par de horas. “En la mortalidad, nuestras mejores obras de arte no eran creadas muy a menudo por personas comunes y sensibles, sino por los angustiados e irracionales. ¿Cuántos grandes artistas fueron adictos? ¿Depresivos? ¿Neuróticos? ¿Atormentados? ¿Violentos?”.

“¿Van Gogh?” sugirió Cory

“¿Hemingway?” dijo Ronny.

“¿Mozart?” agregó Kelly.

“Sí”, dijo Kim, “y miles de otros, probablemente millones, observando a todos los mundos de la galaxia”.

“Pero, ¿cuál es la conexión con nosotros?” preguntó Leslie.

“No estoy seguro, pero puede ser que el gran arte pueda surgir únicamente de la gran adversidad o aún de la gran contradicción. Por ejemplo ¿cuántas grandes novelas fueron escritas por autores que pasaban sus días como contables o ingenieros y sus noches y fines de semana como padres modelos? La mayoría de los genios realmente creativos en la mortalidad fueron, de algún modo, disfuncionales.

“O de muchos modos”, agregó Ronny.

“¿Y cuántos de esos individuos acabaron aquí, en el reino terrestre?” observó Cory.

“Ninguno” asintió Ronny, “por definición somos la gente aburrida. No fuimos ‘valientes’ sino gente buena y decente. Ningún asesino, adúltero o mentiroso terminó aquí. Somos lo que no éramos demasiado interesantes en la mortalidad. No fuimos apasionados sobre nada, bueno o malo”.

“De modo que, ¿hay grandes obras de música o literatura viniendo desde el reino telestial?” preguntó Kim.

“He estado un par de veces a visitar a mis hijos”, dijo Leslie, “No, es más o menos como aquí, tranquilo, pacífico y aburrido”.

“Si pudieras escribir una historia de nuestro mundo”, preguntó Kim, “¿sobre qué escribirías?”

“No importaría”, contestó Cory. “Nadie querría leerla”.

“No ocurre nada aquí”, concluyó Ronny. “Nada interesante”.

“No aún”, susurró Kim, “No aún”.

“¿Qué sugieres?” inquirió Cory.

“No lo sé. Todavía”.

Eventualmente la conversación se fue calmando y las personas comenzaron a irse de a poco. Al final, Tracy era la única invitada que quedaba. No había pronunciado palabra en toda la velada, lo que había preocupado un poco a Kim.

“Así que”, dijo él cuando estuvieron solos, “¿qué piensas?”.

Tracy apretó sus labios por algunos segundos. “No funcionará”.

“¿Qué es lo que no funcionará?”

“Lo que sea que estés tratando de iniciar”.

“No estoy tratando de ‘iniciar’ nada.

“Sí, lo estás” ella hizo una pausa. “Estás aburrido y ellos también. Pero ¿qué pueden hacer al respecto?”

“¿Tal vez crear una historia digna de ser escrita?”

“Crear la historia ha sido siempre – digamos – peligroso”, advirtió Tracy.

“Supongo que tienes razón. Pero, ¿qué podrían hacerme? ¿matarme?”

Tracy rió. “Ambos sabemos que hay peores cosas que la muerte”.

El grupo se reencontró al día siguiente, pero esta vez trajeron amigos. Treinta amigos.

Después de unos minutos, Leslie habló. “Desde que nos reunimos ayer, he estado observando las cosas de un modo nuevo. Hay una imagen que no puedo quitarme de la mente: Me siento como si estuviera en una de esos salones de espejos de la feria. Dondequiera que miro veo un reflejo mío. Y no logro escapar”.

“También lo he notado”, dijo Ronny. “Somos todos iguales. ¿Alguien más se ha sentido de ese modo?”

“Sí, exactamente”, contestó Kim. “¿Recuerdan el pasaje en el Libro de Mormón acerca de que es necesaria una oposición en todas las cosas?. Eso es lo que falta aquí: oposición. No hay pecado, por tanto no hay verdadera rectitud. No hay enfermedad, por tanto la salud no tiene un significado. No hay muerte, entonces la vida es bastante chata. Tampoco hay ricos ni pobres, cautivos o libres, hombres o mujeres ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Qué haremos al respecto?”

“Bueno”, dijo Leslie, “no hay mucho que podamos hacer sobre la muerte o la enfermedad”.

“No”, dijo Kim, “pero podemos crear un poco más de oposición, hacer que la vida cobre más significado”.

“¿Pecado?” preguntó Ronny.

“No,” respondió Kim, sonriendo. “¡Deportes!”

“¿Deportes?”

“Competencia”.

Hubo un momento de silencio, entonces alguien gritó, “¡Buenísimo!”

Kim se había preguntado en ocasiones por qué no había deportes en el mundo terrestre. Los cuerpos resucitados eran indestructibles y sin defectos, por supuesto, pero no idénticos. Algunos eran más altos, más bajos, más rápidos, más lentos, mejor coordinados. Había supuesto que era porque la competencia conduce a la contención y no había contención en el mundo terrestre.

“Pero, ¿qué tipo de deporte?”, preguntó Leslie

“Bien, tenemos un pequeño problema” declaró Kim. “No hay equipo, no tenemos pelotas, ni bates, ni arcos, nada”.

“Conozco a quien podría hacernos una pelota de fútbol”, ofreció un recién llegado llamado Mandy

“Y yo a quien podría ayudarnos con un par de arcos”, dijo Cory

“He leído sobre fútbol”, dijo Ronny, “pero jamás jugué. Viví en el siglo trece. No teníamos demasiadas ocasiones para deportes”.

“No te preocupes”, le aseguró Leslie “Enseguida lo entenderás”.

“¿Puedo preguntar algo?” dijo otro recién venido llamado Pat. “Nos han enseñado que no se supone que debamos intentar sobresalir sobre los demás. ¿Cómo reconcilian la idea de deportes con ese mandamiento?”

“En ocasiones dos objetivos dignos entran en conflicto” respondió Kim. “Debemos decidir cuál es más importante. ¿Dar un significado a nuestras vidas mediante la oposición es más importante que el riesgo de intentar sobresalir?”

Las cabezas comenzaron a asentir, aunque nadie habló.

Dos semanas más tarde el grupo se reunió en el Parque Kolob donde había suficiente césped como para jugar al fútbol. Marcaron el campo y armaron los arcos. Mandy había traído una réplica muy buena de una pelota de fútbol terrícola del siglo XX. Por su lado, Kim apareció con un par de tijeras.

“Supongo que si vamos a jugar fútbol”, dijo, “deberemos modificar un poco nuestras túnicas”.

Cortó la parte baja de su túnica hasta la altura de las rodillas. “Eso es”, dijo “la primer declaración sobre la moda en nuestro mundo. Y sólo requirió cinco mil años”. Todos rieron, y entonces uno a uno tomaron las tijeras e hicieron sus propias modificaciones.

Revisaron las reglas y se dividieron en dos equipos. Meter un gol era tan poco frecuente como en un partido de fútbol mortal. Sus cuerpos eran más rápidos y coordinados que los cuerpos mortales, pero eso daba a la defensa la misma ventaja que a la ofensiva contraria. La gran diferencia es que ninguno se cansaba. Después de cuatro horas, lo dieron por finalizado. El equipo de Kim perdió 6 a 5.

Después de sentarse todos a la sombra de una exuberante morera, Kim se dio cuenta de algo sorprendente.

“¿Saben?” dijo, “tengo una extraña sensación en este preciso momento”.

“Lo sé”, dijo Cory, “es la excitación de la competencia. No había competido en nada después de mi muerte”.

“No,” respondió Kim, “es más que eso. Y no creo que puedas entenderlo, Cory, porque tu equipo ganó. Lo que estoy sintiendo es esta intensa desilusión por haber perdido. ¿Se dan cuenta que yo no había perdido nada por varios milenios? Es increíble. No cambiaría este sentimiento por nada”.

Otros jugadores del equipo de Kim asentían. Había una luz peculiar en sus ojos.

“¿Cuándo jugamos otra vez?” preguntó Kim al grupo.

“¿La próxima semana?” sugirió Leslie.

“Sííí…”, dijo Cory, “y tal vez mi equipo pueda perder la semana entrante”. Rió, agregando, “Pero, lo dudo”.

“Veremos”, dijo Kim. “Ahora que me he reconectado con el sentimiento de perder, me gustaría intentar ganar”.

“¿Por qué no nos reunimos para conversar un poco más?” preguntó Logan rodando en el césped y apoyándose en un codo. Se habían encontrado tres veces después de las dos primeras grandes reuniones.

“¿Qué les parece dentro de dos días, en mi casa?” sugirió Cory

El grupo se reunió en dos ocasiones antes de encontrarse nuevamente en el parque. El segundo partido de fútbol fue aún más intenso. Después de un par de horas en el juego Kim vio a un costado del campo a dos personas que observaban: Marn y Alma. No sonreían. Una hora más tarde decidieron hacer una pausa. Mientras estaban a la sombra, Marn y Alma se acercaron.

“Esta actividad no está permitida” anunció Marn

“¿El fútbol?” preguntó Kim. “¿Por qué?”

“La competencia no es saludable espiritualmente” dijo Alma con voz apacible.

“Es inofensiva” dijo Ronny

“En realidad es mucho mejor que inofensiva” exclamó Cory “es vigorizante, espiritual y físicamente. Realmente. Deberían probarla”.

“No, gracias”, replicó Marn con rostro sombrío.

“Y sus túnicas son inmodestas”, agregó Alma.

Kim rió. “¿Cómo es eso posible? Tenemos cuerpos terrestres, Alma. Ya no hay mucho que esconder. Además, no puedes esperar que juguemos al fútbol con largas túnicas”.

“Lo que puedo esperar es que no jueguen al fútbol” cruzó los brazos y torció su cabeza hacia un costado.

“¿Qué harás para detenernos?” preguntó Kim. “¿Nos encerrarás?”.

“Sabes que no hay cárceles en el mundo terrestre” respondió Marn.

“No,” dijo Kim con repentina formalidad, “no las hay. Y eso es parte del problema.”

“¿La falta de cárceles es un problema?” las cejas de Alma se levantaron.

“Hace un par de semanas” respondió Kim “conversábamos sobre un pasaje del Libro de Mormón que menciona la necesidad de oposición en todas las cosas. Si no hay opuestos ‘habrían sido creadas en vano; de modo que no habría habido ningún objeto en su creación’”.

Alma clavó su mirada en él pero no respondió.

“Tu eres una cosa vana, Alma. Y yo también”. La verdad de sus propias palabras casi quitó a Kim el aliento.

“Intento con todo mi corazón vivir una vida gozosa” contestó Alma serenamente.

“Pero estás fallando. También yo. O al menos lo estaba hasta que comenzamos a jugar fútbol”.

Alma sacudió su cabeza lentamente “Pero el fútbol no es suficiente, ¿verdad?”

Los ojos de Kim se empequeñecieron “Es sólo un juego”, admitió.

“Y nadie desea pasar una eternidad en la que la que la cosa más significativa de la vida sea un partido de fútbol”.

Ahora Kim observaba a Alma en silencio.

“Esto conducirá al mal” declaró Alma.

“O a un mayor bien”.

“¿Qué bien piensas que puedes lograr con esta competición?”

“Estoy haciendo posible que adquieras nuevas virtudes” respondió Kim.

¿Nuevas virtudes? Alma se veía genuinamente sorprendido.

“Paciencia, por ejemplo”, dijo Kim “Y qué tal misericordia? ¿O perdón? Se nos manda perdonar, pero ¿cómo podemos ser perdonadores si nadie nos hace algo malo?  O quizás puedas aprender a ser un pacificador. No puedes ser pacificador si no hay conflicto. Estamos creando un poco de conflicto. Tal vez la semana que viene encontremos el modo de ayudarte a desarrollar generosidad. No eres generoso, Alma, porque nadie en este mundo necesita algo.”

El sumo sacerdote simplemente movió la cabeza, desaprobando.

Kim se paró “Terminó el entretiempo” gritó al grupo. “¿Te nos unirás, Alma?”

Alma miró a Marn, quien, a su vez, estaba desconcertado. “Hoy no” contestó, “Hoy no”.

“Ustedes se lo pierden” dijo Kim mientras corría hacia el campo.

***

Al día siguiente cincuenta personas se reunieron en el hogar de Kim. Algunas caras nuevas estaban allí por simple curiosidad, pero otros habían oído sobre el fútbol y las charlas y deseaban saber acerca de los cambios propuestos por Kim.

Después de dar al grupo unos minutos para que se conocieran, Kim hizo sonar una copa de cristal con una cuchara para tener su atención.

“Vayamos al grano”, dijo “Ayer Alma tenía razón, El fútbol no es suficiente. Si deseamos que nuestras vidas tengan significado, si queremos un propósito que nos sostenga por la eternidad, necesitamos más oposición, más conflicto”.

“¿En qué estás pensando?” preguntó Leslie.

“No hay mucho que podamos hacer para causar dolor físico o enfermedades o pobreza, y no tenemos desastres naturales por aquí. He estado pensando últimamente que lo que necesitamos en el mundo terrestre es un incendio forestal masivo. Necesitaríamos un poco de Nevada para ayudarnos a apreciar toda la belleza. Desgraciadamente, nuestros árboles son tan eternos e indestructibles como nosotros. Y no podemos producir una sequía o un terremoto o un huracán. Así que ¿qué es lo que nos queda sobre lo que podemos tener control?”

“¿Qué sería eso?” preguntó Ronny.

“Podemos crear inequidad”.

Kim miró en derredor y vio expresiones intrigadas. Todos en el cuarto podían recordar la inequidad, por supuesto, pero nadie la había experimentado desde la resurrección.

“La inequidad crea tensión”, explicó Kim, “y la tensión crea conflicto, y el conflicto le da a la gente la oportunidad de levantarse o caer, de conquistar o rendirse. En toda la historia mortal, el propósito era siempre vencer el conflicto y crear una sociedad próspera y pacífica. Los mortales alcanzaron este estado ideal en sólo un puñado de ocasiones; pero cuando lo hicieron, tendieron a estancarse. Por eso Adán y Eva tuvieron que dejar el Jardín de Edén. Era agradable, pero una especie de maldición para ellos. Y para nosotros. Hay algo en la inequidad, el conflicto y la adversidad que empuja a las personas a mejorar. Si no hay conflicto, no puede haber victoria. Y Alma tenía razón – el fútbol es simplemente un conflicto sustituto, de modo que no puede producir una victoria genuina. O una derrota con sentido”.

“¿Cómo te propones crear esa inequidad?” preguntó Cory “Tenemos todo lo que necesitamos”.

“Tal vez crearemos dinero” respondió Kim. “El dinero es la semilla de toda inequidad”.

“Pero ¿qué podríamos comprar o vender? ¿Y quién lo compraría?”

“Comenzaremos acumulando cosas que no necesitamos”.

“¿Tales como…?” preguntó Leslie.

“Para comenzar, tomaré un apellido. Nadie en todo este mundo usa un apellido. De modo que, de ahora en adelante, quiero que me llamen Kim Contra”.

Cory rió. “Todos pensarán que eres presumido”.

“Bien. Eso para comenzar. Luego, vamos a cobrar a la gente para ver nuestros partidos de fútbol y escuchar nuestros planes para una sociedad más  desigual”.

“Pero, ¿qué usaremos como dinero?”

“Joyas, piedras pulidas, botellas con arenas de colores, lo que sea. El dinero es un símbolo. En la Tierra utilizábamos papel, que valía algo únicamente por lo que simbolizaba. O tal vez podamos lograr que nuestros espectadores paguen con un contrato para servirnos de alguna forma”.

“¿Por qué querría alguien vernos jugar al fútbol y mucho menos pagar por ese privilegio?”.

“Porque está prohibido” Kim se iluminó con una sonrisa cómplice.

Después de que todos se fueran, Kim yacía en el sofá cuando algo extraño ocurrió: Se durmió. Y soñó. Estaba parado en un terreno rocoso viendo pequeños brotes de cereal, sosteniendo una primitiva azada hecha con un mango de madera labrada y una piedra chata.  Trataba de evitar que las malas hierbas asfixiaran a su cultivo. Kim se maravilló. No había visto hierbas malas por más de seis mil años. Una vaca pastaba tranquilamente a la distancia, y el cloqueo de gallinas cercanas casi ahogaba su rumiar. Una cerca de maderas separaba el plantío de varios edificios bajos hechos de madera áspera y adobe con techo de paja.

“Sam” una voz llamó desde algún lugar cerca de la casa. “¡Sam!”.

“Aquí” gritó él sin siquiera preguntarse porqué respondía al nombre de Sam.

Una mujer surgió detrás de uno de los edificios, una mujer auténtica, arrastrando detrás de sí, con una soga, a una vaca con manchas blancas y negras.

“Sam, Melba se ha metido de nuevo en mi jardín. Debes reparar la cerca”.

“Lo haré luego, a la tarde, Nori”, dijo él. De algún modo no sólo conocía su nombre sino que además sabía que era su esposa.

“No, más vale que lo hagas ahora mismo. No puedo tener a Melba comiéndose mis habas. Deberás esperar para desherbar”.

“Sí, querida” respondió con un dejo de impaciencia, pero sintiendo en su interior unas tremendas ansias de vivir y un lazo de unión con Nori que era tan tangible como la azada que sostenía en sus manos.

Estaba cansado. Estaba siempre cansado y su cuerpo le dolía por el trabajo duro, pero se sentía muy bien. Apoyó la azada en la cerca y caminó hacia Nori con una amplia sonrisa en el rostro. La tomó en sus brazos, y, de pronto, se despertó.

Su corazón estaba latiendo fuertemente, una reacción física que ni siquiera cuatro horas de fútbol habían logrado producir.

***

Su próxima reunión fue en casa de Ronny. Cuando los demás supieron sobre el sueño de Kim, estaban tanto nerviosos como celosos.

“¿Por qué ocurrió?” preguntó Leslie. “No es normal”.

“Lo que estamos haciendo no es normal” contestó Kim. “Creo que es una señal”.

“¿De qué?” consultó Ronny.

“De que algo estamos haciendo bien. Estamos cambiando las cosas”.

“¿Qué es lo que sigue?” preguntó Cory.

“Necesitamos crear algo de oposición real en este mundo”.

“¿Qué tienes en mente?” preguntó Pat, mostrándose preocupado.

“Bien, sin maldad en este mundo, no existe verdadera virtud. Y porque no hay ni bien ni mal, no tenemos historias dignas de ser contadas o que valgan la pena escribirse. Para que la gente que vive aquí sea virtuosa y creativa, debe haber algo a lo que oponerse, en contra de lo cual enfrentarse. Debe haber maldad. Y si nadie más la provee, entonces yo lo haré”.

Un ahogado grito colectivo escapó del grupo.

“No puedes hablar en serio” dijo Ronny.

“Por supuesto que sí. ¿Hacia dónde crees que nos ha estado conduciendo este pequeño experimento, Ronny? ¿A una liga de fútbol eterna? Estoy aburrido. Ustedes también lo están. Estamos estancados aquí. ¿Quieren esto por toda la eternidad? ¿Creen que alguien realmente lo quiere – aún Alma? Claro que no. Pero nadie desea darnos oposición, de modo que debo hacerlo. Estoy dispuesto a hacer el sacrificio por el bien de todos. Pueden unírseme, si quieren”.

“Pero ninguna cosa impura puede morar en el reino de Dios”, dijo Cory. “Esa es una verdad eterna. Es la condición para permanecer aquí. Si nos rebelamos, seremos echados fuera”.

“Entonces que me echen afuera” declaró Kim, desafiante. “Porque no quiero vivir aquí si no tengo algo por lo que luchar, nada por lo que valdría la pena perder todo”.

Observó al grupo, pero sólo un puñado se atrevió a mirarlo a los ojos. Todos sabían que la reunión había terminado, y lentamente, la mayoría se fue dispersando. Al final sólo cinco permanecieron.

“Bien, allí va nuestra liga de fútbol”, dijo Leslie con ironía.

Kim rió. “Habrá otros. Pero tenemos trabajo para hacer. Vayan a casa y piensen sobre esto. Si están decididos, vengan a casa mañana al mediodía. Si no, yo entenderé”.

Dio media vuelta y caminó hasta su casa.

Luego, al atardecer, Alma se detuvo allí.

“Algunos de tus antiguos discípulos vinieron a verme Kim Contra”, dijo. A Kim le pareció captar un indicio de ironía en la voz de Alma.

“No son mis discípulos. Son mis amigos”

“Ya no”.

“Tal vez ellos no me consideren su amigo, pero para mí, lo son”.

“Como sea” Alma se encogió de hombros. “Me han contado lo que quieres hacer”.

“Lo que debo hacer” corrigió Kim.

“Esto no tiene precedentes, sabes” dijo Alma. “Crear el mal intencionalmente para que otros puedan alcanzar la bondad genuina. Admirable, pero equivocado”.

“Estoy sorprendido de que me haya llevado cinco mil años. Y que sea el primero que haya llegado a esta conclusión”.

“No te enorgullezcas tanto”.

“¿Ha habido otros?” preguntó Kim genuinamente sorprendido.

Alma intentó no darle importancia “No en Caldora”.

“Ni en ningún otro lado, lo apostaría”

“El mundo terrestre no es precisamente un semillero de ex revolucionarios”. concedió Alma “Todos los genios creativos y verdaderos líderes de la Tierra terminaron en el reino celestial o en el telestial. Nosotros somos los que no estuvimos dispuestos a pagar el precio”.

“Tal vez es que simplemente somos lentos” propuso Kim.

“Tal vez”

“De modo que ¿has venido a convencerme de abandonar mis planes heréticos?”

“Oh, no, para nada”.

“¿Quieres unirte a mí?” Kim sonrió maliciosamente.

Alma también sonrió “Tampoco eso”.

“Entonces ¿por qué estás aquí?”

“Cuando tus desilusionados discípulos me dejaron, hice contacto con las autoridades”.

“¿Soy un problema demasiado grande para ti y Marn?”

“Francamente, sí” replicó Alma. “Les conté lo que has estado haciendo y lo que planeas”.

“¿Y?”

“Recibirás una visita mañana”.

“¿De la Capital?”

“No, del mundo celestial”.

“Entonces, mejor que me ponga a limpiar este lugar”.

“Buena suerte, Kim”.

Kim no se tomó el trabajo de ponerse a limpiar. Se sentó en soledad, preguntándose qué harían las autoridades. Nadie había sido puesto en prisión en el mundo terrestre. Y nadie había sido desterrado. Era un asunto de discusión doctrinal en la Tierra si se podría avanzar de un reino menor a uno mayor en el más allá; pero después de la resurrección, nadie necesitaba preguntar. La naturaleza de los cuerpos resucitados en los diferentes reinos acabó toda discusión. Pero ahora Kim se hacía la pregunta inversa. ¿Era posible que una persona regresara, fuese degradada de un reino más alto a uno más bajo, o a la oscuridad exterior? Este último pensamiento congeló su espíritu, pero sabía que no podía retroceder.

En algún momento de la medianoche Kim escuchó, e ignoró, un llamado a la puerta. Después de unos minutos, Cory y Leslie entraron.

“Hablamos con Alma”, dijo Cory. “Nos dijo lo que está ocurriendo”.

“¿Están aquí por curiosidad? ¿Quieren saber lo que me ocurrirá?”

“No”, replicó Leslie. “Estamos aquí porque somos tus amigos. Y te apoyamos”.

“Pero, ¿Qué ocurrirá si ya no estoy en condiciones de permanecer en este mundo?”

“Entonces, nos iremos contigo”.

“¿Y si soy enviado a la oscuridad exterior?”

“No pueden hacerte eso”, dijo Cory

“¿Cómo lo sabes?”

“Porque no estás intentando hacer nada malo”

“Por supuesto que sí. Me estoy rebelando. Deseo crear el mal”.

“No, estás tratando de crear oposición, que la gente necesita, aun cuando no se dé cuenta de ello”.

“Quizás estoy equivocado. Tal vez la gente no la necesita.  Tal vez soy sólo yo. Tal vez no pertenezca aquí”.

“Entonces, nosotros tampoco”

“Gracias por su apoyo”, dijo Kim. “Pero creo que necesito estar solo hasta que vengan”.

“Lo entendemos” explicó Leslie. “Queríamos que supieras que estamos contigo”.

Kim asintió, y sus dos amigos se fueron.

Al día siguiente, exactamente al mediodía, arribó el visitante celestial.

Kim tenía una experiencia muy limitada con seres celestiales, pero la luz que emanaba de éste era tan intensa que tuvo que protegerse los ojos.

Kim se desplazó hacia el sofá. “Por favor, siéntese”. El ser no se sentó sino que se mantuvo rectamente delante de Kim mirándolo con una mezcla de compasión y curiosidad.

“Kim” dijo. “Soy Rafael. ¿Sabes por qué estoy aquí?”

“Creo que sí”.

“Hemos advertido tu pequeño movimiento. Me temo que has llegado a un punto de no retorno. No puedes permanecer más tiempo en el mundo terrestre”.

Kim bajó la cabeza. Esto era lo que había temido.

“¿A dónde me envían? ¿al mundo telestial? ¿a la oscuridad exterior? ¿a un planeta donde pasaré la eternidad solo? ¿Cómo manejan casos como el mío?”

“Afortunadamente”, respondió Rafael, “hay pocos casos como el tuyo. Pero tenemos un programa especial que puede resultarte interesante”.

“¿Qué hacen con eternos inadaptados como yo? No pertenezco a ningún lugar, salvo, tal vez, la mortalidad”. Kim suspiró “Supongo que intento terminar de encontrar el propósito que no pude lograr en la Tierra”.

“Sí, estás en lo cierto. De modo que esto es lo que te ofrecemos”.

“¿Volver a la mortalidad?”

“Sí”

“Pero soy inmortal. La resurrección es permanente”.

“Tal vez no tan permanente como crees”

Kim miró de soslayo a la brillante luz celestial y enfrentó a su visitante.

“Existe un fruto” declaró Rafael. “Tú ya lo sabes pero nunca has hecho la conexión. Es un fruto con el poder de transformar un cuerpo inmortal nuevamente en mortal, pero no crece en este mundo”.

“El árbol del conocimiento del bien y del mal” murmuró Kim. “Pero no lo entiendo”.

“Cuando poblamos un nuevo mundo, necesitamos dos primeros padres que sean inmortales y deseosos de caer”.

“Pero tengo un cuerpo terrestre. Ni siquiera puedo procrear, tú los sabes”.

“El fruto es muy potente” la expresión de Rafael era seria pero su voz dejaba entrever una tierna diversión. “¿Qué dices?”

“¿Tengo elección?”

“No, realmente. Ya sabemos lo que elegirás”.

De pronto, una luz se encendió en la mente de Kim. “¿Y de dónde vendrá Nori?”

Ahora Rafael sonrió abiertamente “Su nombre por el momento es Leslie”.

“¿Y qué ocurrirá con Cory y los otros?”

“Si siguen tus pasos, también participarán del fruto”.

“¿Y si logro encontrar un mayor propósito que en mi primer intento en la mortalidad?”

“Entonces conducirás a tu posteridad a un mundo celestial”.

“¿Y Julie?”

“Ya sabes la respuesta”.

“Sí, lo sé. Y sé que será difícil”.

“Entonces, ¿nos vamos?”

Kim asintió.

“Tómate de mi mano”.

En cuanto Kim tocó el cuerpo celestial, una calma lo cubrió, y luego una sutil brisa lo estremeció hasta la médula, y de pronto ya no pudo recordar nada.

“Ven, Sam”, dijo Rafael. “Hay mucho que debes aprender antes de que te coloquemos en el Jardín”.

*Nota del autor y del traductor:

Dado que los habitantes del reino terrestre son asexuados, su lenguaje incluye pronombres y adjetivos que reflejan tal condición. Desafortunadamente, en inglés (y en castellano) no existen pronombres o adjetivos totalmente libres de género, de modo que hemos escogido describir a los personajes de esta historia de acuerdo a las identidades de género que poseían durante su etapa mortal. También el tiempo está medido con parámetros terrenales.

Traducido por Mario R. Montani

Un comentario el “ETERNO INADAPTADO por Roger Terry

  1. sandro dice:

    maravilloso!! divino!! sublime!! emocionante!! por favor!! me atrapó desde el primer renglón hasta la última palabra!! Gracias, mil gracias por este cuento!! debo confesar que me hizo emocionar hasta las lágrimas, es un gozo y un placer enorme disfrutar de una lectura como ésta!! I M P R E S I O N A N T E!!!!

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