Las Mil Caras de Nefi – Segunda Parte

LAS MIL CARAS DE NEFI

Segunda Parte

 

Por Mario R. Montani

“La posibilidad de que comentaristas literarios serios, al examinar una narrativa como la del Libro de Mormón, se sientan particularmente atraídos y sensibilizados hacia su dimensión mítica es una conclusión inevitable” Douglas Wilson, “Prospects for the Study of the Book of Mormon as a Work of American Literature,” Dialogue 3/1 (1968): 38.

Continuando con el análisis de las características arquetípicas de Nefi como héroe, iniciadas en la primer parte, podríamos señalar:

Nefi es un héroe civilizador y un sabio, según la tradición judía.

Es un artesano: funde metales, labra madera, construye barcos, los navega, fabrica espadas y arcos; sabe escribir, registra la historia de su pueblo y por tanto es un  historiador. Como Eneas o Rómulo y Remo levanta civilizaciones, edifica ciudades, erige templos:

“Y enseñé a mi pueblo a construir edificios y a trabajar con toda clase de madera, y de hierro, y de cobre, y de bronce, y de acero, y de oro, y de plata y de minerales preciosos que había en gran abundancia. Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón…” (2 Nefi 5: 15-16)

Nefi emula a los héroes prototípicos José de Egipto y Daniel de Babilonia en varias ocasiones: interpreta sueños y predice el futuro (1 Nefi 11-15), tiene comunión con ángeles (1 Nefi 3:29-30; 11:21; 12:1), busca la divina interpretación de símbolos (1 Nefi 11: 9-11), puede evaluar el contexto cultural que existe detrás de los escritos proféticos (2 Nefi 25:1-5)

Tanto el Libro extra canónico de Enoc en su capítulo 8 como Isaías 10:13 indican el dominio de las artes de la guerra como una muestra de sabiduría, y en Job 28 pareciera que la misma sabiduría se extiende a la minería, la construcción de represas y el riego. Ezequiel 27: 8-9 indica que los navegantes también eran sabios.

Un análisis detallado de estas características pueden encontrarse en Nephi, Wisdom, and the Deuteronomist Reform, Kevin Christensen, Insights Vol. 23, Issue 2, Provo, Utah, FARMS, 2003

Nefi está dotado de fuerza física y astucia (ambos rasgos heroicos)

Sin ser un Sansón o un Hércules, Nefi es fuerte: “Y yo, Nefi, siendo un hombre grande de estatura y habiendo recibido fuerza del Señor…” (1 Nefi 4:31). Diestro con la espada y el arco. Recibe fuerza adicional cuando es requerido:

“Oh, Señor, según mi fe en ti, líbrame de las manos de mis hermanos; sí, dame fuerzas para romper estas ligaduras que me sujetan. Y cuando hube pronunciado estas palabras, he aquí, fueron sueltas las ligaduras de mis manos y mis pies…” (1 Nefi 7:17-18)

“Y aconteció que extendí mi mano hacia mis hermanos, y no se consumieron delante de mí; pero el Señor los sacudió según su palabra que había hablado…” (1 Nefi 17:54)

La astucia es evidente en su propuesta de canje de las planchas por las riquezas abandonadas, en su apropiación de la armadura de Labán y la imitación de su voz para introducirse en el tesoro y en el convencimiento de Zoram para no dejar cabos sueltos en Jerusalén.

NEFI CUMPLE EN REITERADAS OCASIONES CON EL VIAJE INICIATICO DEL HEROE ARQUETIPICO

Tal como lo plantea Campbell, el monomito se desarrolla en tres fases:

La Separación: que puede incluir el llamado a la aventura, la negativa al llamado, el cruce del umbral, la aparición de ayudantes sobrenaturales y la entrada al reino interior (el vientre de la ballena)

La Iniciación: abarca el camino de las pruebas, el encuentro con la diosa y/o la mujer, la reconciliación con el padre.

El Regreso: la huida mágica, el rescate, el cruce del umbral, presentación del don obtenido a la comunidad, libertad para vivir.

Claro que, como el propio Campbell lo reconoce, no siempre todos estos detalles están presentes en cada historia, sino que representan un abanico de posibilidades: “Muchas historias aíslan o aumentan grandemente uno o dos elementos típicos del ciclo completo, otros reúnen un grupo de ciclos independientes en una sola serie. Caracteres o episodios diferentes pueden fundirse o un solo elemento puede multiplicarse y reaparecer bajo muchos cambios”  Joseph Campbell “El Héroe de las Mil Caras: psicoanálisis del mito” Fondo de Cultura Económica, Bs. Aires, 1998, pag. 225 (de aquí en adelante se indicará como HMC)

Podríamos decir que hay un gran ciclo heroico que abarca todo el Libro de 1 Nefi, que da comienzo con la partida de Jerusalén del grupo familiar (el llamado a la aventura), alcanza su punto culminante con la experiencia iniciática del Cap. 11 con el Espíritu del Señor (encuentro con realidades superiores) y acaba con la presentación de la Tierra Prometida a la comunidad. Pero simultáneamente el ciclo se repite varias veces “en miniatura”:

Primer Ciclo: Las planchas de Bronce

El héroe es requerido para cumplir una tarea. Lehi lo comisiona a buscar las planchas (el llamado a la aventura). Es interesante notar que el padre acudió primeramente a los hermanos mayores, pero éstos se negaron (la negativa al llamado):

 Y he aquí, tus hermanos murmuran, diciendo que lo que yo les he requerido es cosa difícil; pero no soy yo quien se lo requiere, sino que es un mandamiento del Señor. Por lo tanto, ve tú, hijo mío, y el Señor te favorecerá porque no has murmurado.” (1 Nefi 3:5-6)

 

La negativa al llamado puede formar parte del viaje arquetípico en el que acaban brindándose otras oportunidades (por ejemplo: Jonás negándose a viajar a Nínive), pero no será este el caso. Dirá Campbell: “frecuentemente en los mitos y cuentos populares, encontramos el triste caso de la llamada que no se responde; porque siempre es posible volver el oído a otros intereses… Encerrado en el fastidio, o en ‘la cultura’, el individuo pierde el poder de la significante acción afirmativa … Todo lo que puede hacer es crear nuevos problemas para sí mismo y esperar la aproximación gradual de su desintegración” (HMC, pag. 61) Descripción que parece muy apropiada para las actitudes de Lamán y Lemuel.

Para el héroe, en cambio, “la llamada podría significar una alta empresa histórica o podría marcar el alba de una iluminación religiosa. Como la han entendido los místicos marca lo que puede llamarse ‘el despertar del yo’… La llamada levanta siempre el velo que cubre un misterio de transfiguración, un rito, un momento, un paso espiritual que cuando se completa es el equivalente de una muerte y de un renacimiento”. (HMC, pag. 54-55)

El cruce del umbral se produce en el enfrentamiento con Labán. Campbell incluiría a este “custodio de las planchas” entre los “guardianes del umbral” y es comparable al Cancerbero de la tradición griega o al dragón que protege sus muchos tesoros en las leyendas celtas.

Después de dos intentos frustrados y el enojo de los hermanos mayores, el mensajero celestial viene en socorro del héroe (la ayuda sobrenatural)

“Aunque la omnipotencia parezca amenazada por los pasajes de los umbrales… la fuerza protectora está siempre presente… El individuo tiene que saber y confiar, y los guardianes eternos aparecerán.” (HMC pag. 72)

Una vez traspuesto el umbral con la ayuda de las fuerzas sobrenaturales, el héroe debe enfrentar a solas su prueba. Sus hermanos lo acompañan hasta los muros de la ciudad, pero allí entra solo, en medio de la noche, sin saber qué hacer exactamente, y a enfrentar a un tirano que ya intentó matarlo.

“Una vez atravesado el umbral, el héroe se mueve en un paisaje de sueño poblado de formas fluidas y ambiguas, en donde debe pasar una serie de pruebas… es solapadamente ayudado por el consejo, los amuletos y los agentes secretos del ayudante sobrenatural que encontró antes de su entrada a esta región…” (HMC pag. 94)

Si bien se siente guiado por la compañía del Espíritu, Nefi debe enfrentar la prueba suprema para obtener el don de las planchas que su incipiente comunidad espera.

“El héroe debe hacer a un lado el orgullo, la virtud, la belleza y la vida e inclinarse o someterse a lo absolutamente intolerable” (HMC pag. 103)

Mediante un acto que va en contra de las enseñanzas recibidas y de sus creencias éticas y morales (veremos que más adelante evita por todos los medios tener que matar a Zoram), Nefi se “somete a lo absolutamente intolerable” y mata a Labán con su propia espada.

Esta experiencia límite de Nefi, puede equipararse a lo que Campbell denomina “descenso al reino oscuro” o a encontrarse “en el vientre de la ballena”.

Como ya lo mencionamos, una de las pruebas o tareas que el paladín arquetípico debe cumplir es matar a un gigante, monstruo o tirano. Consideremos el análisis que hace El Héroe de las Mil Caras y comparémoslo con la figura de Labán.

El es el avaro que atesora los beneficios generales. Es el monstruo ávido de los voraces derechos del “yo y lo mío”…El ego desproporcionado del tirano es una maldición para sí mismo y para su mundo aunque sus asuntos aparenten prosperidad… Donde pone las manos surge un grito, un grito por el héroe redentor, el que lleva la brillante espada, cuyo golpe, cuyo toque, cuya existencia, libertará la tierra (HMC pag. 22)

Del mismo modo en que Prometeo roba a los dioses el fuego para beneficio de la comunidad humana, mediante una estratagema, Nefi se apodera de las planchas de bronce que contienen la luz y el conocimiento para salvar a su propia comunidad.

Cuando Nefi aparece ante sus hermanos vestido con la armadura de Labán y seguido por su siervo, su imagen es la de alguien “que viene del otro mundo”.

Al regresar al campamento del desierto y compartir el don de las planchas se produce “la regeneración de la sociedad”. Para comprender en qué sentido se produce esta regeneración sólo basta comparar la colonia de Lehi con la de Mulek, que, al no conservar registros escritos, perdió sus creencias y cultura.

Segundo Ciclo: Búsqueda de Ismael y su familia

En la mayoría de los ciclos heroicos, a la superación de la prueba más difícil sigue el casamiento del héroe con la princesa. No es de extrañar, pues, que el segundo viaje de los hijos de Lehi, tenga por objeto reclutar a la familia de Ismael, tarea que culminará con la celebración de múltiples matrimonios (incluyendo el de Nefi), lo que asegurará directamente la regeneración de la comunidad.

Quién era este Ismael y por qué aceptó tan fácilmente la propuesta del viaje es aún materia de especulación sobre la que el texto no se expide. Es posible que en el hoy faltante Libro de Lehi hubiese alguna explicación adicional. Tomando en cuenta los hábitos de la gente del desierto, Hugh Nibley ha propuesto que se trataría de un hermano de Sariah, ya que, como lo muestra la propia Biblia, las uniones entre parientes eran  frecuentes.

En 1982, apareció una carta, supuestamente escrita por Lucy Mack Smith, que favorecía esta hipótesis. Su texto completo se publicó en la Ensign de Noviembre 1982. Pero, con el paso de los años y el escándalo de la Carta de la Salamandra, se descubrió que era otra falsificación de Mark Hoffman.

Si, de todos modos, la propuesta plausible de Nibley fuese verdad (y continuamos especulando), quizás el nombre de la madre de Nefi encierre una clave. Derivado de “Sarratu”, nombre reservado a la esposa del dios luna, en la antigua Babilonia, en el Génesis se transforma en Sarai que luego Dios cambió a Sara (Princesa). La variante Sariah (que no aparece en la Biblia pero sí en antiguos documentos de colonias judías en Elefantina y que pertenecen al siglo quinto A.C.) podría ser una abreviatura de ‘Sarah-Jah” (Princesa de Jehová)

Para un tratamiento más exhaustivo de la figura femenina en 1 Nefi, sugiero “Desert Epiphany: Sariah & the Women in 1 Nephi” por Camille Fronk, Journal of Book of Mormon Studies Vol.9 Nº 2, 2000, y “Nephi & His Aherah” por Daniel C. Peterson, en la misma publicación.

Bástenos mencionar que, en el texto que nos ocupa (como en Dido y Eneas), la mujer aparece mencionada en su faceta nutricia (Sariah, madre; María, con el niño en sus brazos) y protectora (hijas de Ismael intercediendo ante los hermanos) y que el matrimonio se produce como una recompensa al cumplimiento de la prueba.

Tercer Ciclo: La experiencia del arco roto.

La comunidad vuelve a estar en peligro y el héroe debe actuar nuevamente. La prueba aquí es poder alimentar a todo el grupo (probablemente entre 30 y 40 personas) cuando las  armas existentes se han roto o perdido su eficacia. Los mitemas presentes en este ciclo son la reconciliación con el padre y el uso de artefactos de poder (en este caso la Liahona). Nefi fabrica un arco elemental, acude a su padre en busca de guía y lo restituye como líder de la comunidad para utilizar las indicaciones de la brújula que actúa por la fe.

La posesión de dones especiales, simbolizados por vestimentas, armas y artefactos mágicos, es un lugar común en las leyendas heroicas. En el Libro de Mormón no tenemos capas de invisibilidad, botas de siete leguas o alfombras voladoras pero sí tenemos Liahona, Urim y Tumim y Espada de Labán.

Sin ser totalmente Excalibur o la Espada Cantarina, con su hoja de “acero finísimo” y “el puño de oro puro, labrado de una manera admirable”, el arma de Labán se constituye en un recordatorio del compromiso de Nefi, así como en un símbolo de la autoridad y reinado transmitido de generación en generación. De hecho, además de servir de modelo a las espadas que los defendieron de los lamanitas (2 Nefi 5:14), fue enterrada junto a las planchas por los antiguos profetas. A los Testigos del Libro de Mormón se les prometió que la verían (DyC. 17:1) y, aunque no se encuentra especificado en sus testimonios, es altamente probable que así haya sido. (Ver “The Sword of Laban as a symbol of Divine Authority and Kingship” por Brett L. Holbrook, Journal of Book of Mormon Studies, Volume 2, Issue 1, pag. 39-72, Provo, Utah, Maxwell Institute, 1993)

El 17 de Junio de 1877, tal como se encuentra registrado en el Journal of Discourses 19:38, Brigham Young contó lo que dijo haber escuchado de boca de Oliver Cowdery:

“Cuando Joseph y Oliver fueron allí (a devolver las planchas), el cerro se abrió, y se internaron dentro de una cueva, en la que había un cuarto grande y espacioso. El declaró no haber pensado, en ese momento, si tenían luz artificial o la luz del sol, pero que estaba tan iluminado como si fuese de día. Apoyaron las planchas sobre una mesa; era una mesa grande que ya estaba en el cuarto. Debajo de esa mesa había una pila de planchas que se elevaba hasta unos dos pies de altura, y en conjunto había suficientes planchas en la habitación como para llenar varias carretas; estaban apiladas en los rincones y a lo largo de las paredes… La primera vez que estuvieron allí, la ESPADA DE LABAN colgaba de la pared, pero cuando volvieron había sido descolgada y colocada en la mesa, sobre las planchas de oro. Se encontraba desenvainada y sobre ella estaban escritas estas palabras: ‘Esta espada no volverá a envainarse hasta que los reinos de este mundo se transformen en el Reino de nuestro Dios y su Cristo’”.

 

El relato, aunque transcripto de las actas oficiales de la Iglesia, no forma parte de la Doctrina ni de la Historia Oficial, pero sí encaja a la perfección con las sagas heroicas y uno no puede evitar establecer algunos contactos con el Beowulf, la Cueva de los 40 Ladrones o El Señor de los Anillos.

Cuarto Ciclo: La construcción del barco.

Esta última prueba muestra nuevamente la obediencia de Nefi, su capacidad como artesano y su disposición a adentrarse en Irreantum, o las grandes aguas, otra región inhóspita y cargada de significaciones misteriosas e inconscientes. También lo vuelve a enfrentar con sus hermanos, a quienes controla y pone a su servicio. Durante todas estas experiencias, Nefi va suplantando paulatinamente a la figura de su padre, Lehi. La suplantación del padre es otra característica de los ciclos heroicos. Ya no acude en busca de su consejo o guía y sus tratos con el Señor son directos. Si bien es cierto que Lehi y Sariah han envejecido (no obstante, han tenido al menos un par de hijos varones en el desierto) su corrimiento del foco de atención parece más bien un efecto literario o narrativo. Cuando Nefi es amarrado por sus hermanos en el viaje marítimo, el funcionamiento de la Liahona parece estar más ligado a su persona que a la de Lehi, quien era el depositario original. Al comenzar el Segundo Libro de Nefi, el anciano patriarca bendice a sus hijos. Sin embargo, la bendición a Nefi brilla por su ausencia. ¿Ya no la necesitaba por haberse constituido en el líder de la comunidad? ¿No quiso Nefi transcribirla por humilde modestia o por promesas que no deberían ser mencionadas? … Si bien sería una forma de “lectura a contrapelo”, el plantearse las cosas que no aparecen en el texto pero deberían estar allí puede ser un instrumento de análisis tan fructífero como el de enumerar las que sí aparecen.

Para la visión psicoanalítica, el héroe es la exaltación del padre que luego debe ser suplantado.

EL GRAN CICLO (Jerusalén – Iniciación – Tierra Prometida)

Como ya lo dijimos, todo el Primer Libro de Nefi se constituye en un gran ciclo heroico que comienza con el llamado a la aventura de partir al desierto y culmina con el arribo a la tierra de promisión, y está enmarcado por estructuras narrativas paralelas centradas en la visión que Nefi tiene junto al Espíritu del Señor.

Veamos lo que Campbell tiene para decir sobre este Guía especial:

“Las mitologías superiores han desarrollado el papel en la gran figura del guía… En el mito clásico es Hermes-Mercurio; en el egipcio, usualmente es Toth; en el cristiano, el Espíritu Santo (HMC. pag. 73)

No es raro pues, que el guía en la hierofanía de Nefi sea precisamente este personaje de la Trinidad.

Dejaré de lado, en esta ocasión, el análisis del sueño de Lehi, del árbol de la vida y la barra de hierro, así como su reactualización e interpretación por Nefi, porque la complejidad de sus símbolos operantes requiere un estudio aparte, pero sí señalaré el carácter iniciático de la experiencia relatada en los capítulos 11-14.

Aspectos centrales del Plan de Salvación le son develados:

 “Y vi la ciudad de Nazaret, y en ella vi a una virgen, y era sumamente hermosa y blanca. Y ocurrió que vi abrirse los cielos, y un ángel descendió y se puso delante de mí, y me dijo: Nefi ¿qué es lo que ves?. Y le contesté: Una virgen más hermosa y pura que toda otra virgen… Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un niño en sus brazos.” (1 Nefi 11: 13-20)

El primer ideal (que a partir de entonces permanece como  la base inconsciente de todas las imágenes de felicidad, belleza, verdad y perfección) es el de la unidad dual de la Virgen y el Niño. (HMC, pag. 14)

Ve el sacrificio de un Dios, tal como lo anunciara Borges en la primer parte de este trabajo:

“Y yo, Nefi, vi que fue levantado sobre la cruz e inmolado por los pecados del mundo” (1 Nefi 11:33)

“Y así sucede que los símbolos cósmicos se presentan con el espíritu de una paradoja sublime que aturde al pensamiento… Tal vez el más elocuente símbolo posible de este misterio es el dios crucificado, el dios que ofrece ‘su persona a sí mismo’” (HMC, pag. 237)

Como a Odiseo o a Eneas, le es dado saber lo que ocurrirá con su familia y posteridad:

“Y aconteció que me dijo el ángel: Mira y ve a tu posteridad y también la posteridad de tus hermanos…” (1 Nefi 12:1)

Finalmente, el espíritu iniciático puede captarse también en lo omitido:

“…y, he aquí, el resto tú lo verás. Pero las que verás en adelante, no escribirás”. (1 Nefi 14: 24-25)

“Y he aquí que a mí, Nefi, se me prohíbe escribir el resto de las cosas que vi y oí, por lo que me basta con las que he escrito; y no he escrito más que una pequeña parte de lo que vi (1 Nefi 14:28)

Es también interesante señalar que, de los cuatro ciclos menores mencionados previamente, dos se producen con anterioridad a la experiencia iniciática con las realidades superiores y dos, con posterioridad a la misma, formando una perfecta imagen especular.

El héroe ocupa el lugar de un rey.

“Y aconteció que ellos quisieron que yo fuera su rey. Pero yo, Nefi, deseaba que no tuvieran rey; no obstante, hice por ellos cuanto estaba en mi poder”. (2 Nefi 5:18)

Si bien en este pasaje, Nefi vuelve a mostrar su modestia y falta de ambiciones políticas o de privilegios, así como cierta desconfianza en el sistema, a los fines prácticos, lo suyo fue un reinado, como lo demuestran las posteriores palabras de su hermano, Jacob:

“Por tanto, el pueblo quería conservar la memoria de su nombre, y a quienquiera que gobernara en su lugar, lo llamarían Nefi segundo, Nefi tercero, etcétera, según los reinados de los reyes; y así los llamó el pueblo, cualesquiera que fuesen sus nombres… Y aconteció que el pueblo de Nefi, bajo el reinado del segundo rey, empezó a ser duro de corazón…” (Jacob 1:11,15)

Algunas conclusiones preliminares

Me he limitado en este trabajo a señalar algunas de las posibles lecturas en clave mítica del Primer Libro de Nefi. No es un enfoque que nos haya atraído demasiado a los miembros de la Iglesia (de hecho, el único trabajo que conozco ha sido publicado hace 15 años con una orientación un poco diferente, The Journey of the Hero: Archetypes of Earthly Adventure and Spiritual Passage in 1 Nephi, por Tod Harris en el Journal of Book of Mormon Studies, Vol. 6, Issue 2, pags. 43-66), tal vez porque tenemos el preconcepto de que mito es invención y mitología un cúmulo de mentiras. Pero lo que nosotros llamamos hoy Mito es lo que los antiguos denominaban Tradición, su forma de entender y procesar el Mundo y la Vida. La tradición de los Griegos se expresaba en el Olimpo y sus dioses, la de los Mayas en el Popol Vuh, la de los Hebreos en la Ley y los Profetas. Podremos discutir sobre la mayor veracidad de unos y otros (y tendríamos que ponernos de acuerdo en qué significaba “veracidad” para unos y otros) pero la función práctica era la misma: organizar la vida social, comunitaria, espiritual y personal en base a patrones aceptados. Realidad y verdad, para la mentalidad arcaica, son categorías que surgen únicamente cuando se repite o se narra en moldes reconocibles y preexistentes.

“El hombre arcaico no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro… Lo que él hace ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestas inauguradas por otros…El acto no obtiene sentido, realidad, sino en la medida en que renueva una acción primordial”.Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Emecé Ediciones, Bs. Aires, 2001, pag. 18

“La memoria popular retiene difícilmente acontecimientos “individuales” y figuras “auténticas”. Funciona por medio de estructuras diferentes; categorías en lugar de acontecimientos, arquetipos en vez de personajes históricos. El personaje histórico es asimilado a su modelo mítico (héroe, etc), mientras que el acontecimiento se incluye en la categoría de las acciones míticas (lucha contra el monstruo, hermanos enemigos, etc)”. Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Emecé Ediciones, Bs. Aires, 2001, pag. 54

Inicié esta segunda parte de Las Mil Caras de Nefi con una cita de Douglas Wilson, un investigador no mormón que ha dedicado tiempo al estudio del Libro. Quisiera reclamar nuevamente su presencia:

“El acercamiento mítico al Libro de Mormón no constituiría, como algunos pudiesen temer, un intento de profanar lo sagrado, sino más bien de aprehenderlo de un modo que sea significativo y consistente con lo que se sabe sobre la manera en que el hombre ve, comprende y proyecta el mundo y la vida que transcurre en él” Douglas Wilson, op. Cit. Pag. 39

Nosotros somos el héroe

“Todos los viajes principales en el Libro de Mormón son tanto alegóricos como reales, y reflejan  no sólo las diferentes tipos de liberación del Señor sino también los principios de los cuales esas posibilidades de liberación dependen. Estos viajes tipifican el tránsito sobre la tierra de cada persona y las tareas que cada uno debe cumplir… (M. Catherine Thomas, Doctrines from the Book of Mormon, Salt Lake City, Deseret Book, 1992, pag. 186-187)

Christopher Vogler, un discípulo de Campbell, en su obra “El viaje del escritor: las estructuras míticas para escritores y guionistas, dramaturgos y novelistas”, ha analizado exhaustivamente cómo el ciclo heroico continúa utilizándose en el cine y la literatura de nuestros días y define al héroe como “alguien capaz de sacrificar sus propias necesidades en beneficio de los demás, como un pastor que se sacrifica para proteger y servir a su rebaño. En consecuencia, el significado de la palabra héroe está directamente emparentado con la idea del sacrificio personal”.

De modo que, como el propio Libro de Mormón enseña, debemos aplicar las escrituras a nosotros y a nuestras circunstancias para redescubrir nuestras propias  tareas heroicas, nuestros guías espirituales y cómo ayudar a renovar nuestras comunidades familiares, religiosas y sociales…

Nosotros somos Nefi. Nosotros somos el héroe…

 

Un comentario el “Las Mil Caras de Nefi – Segunda Parte

  1. Guillermo Italia dice:

    Muy bueno. Guillermo,

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