De “Terata”, “Miracula” y la Naturaleza

Estimada amiga:

Debido a una conversación derivada de otra que tuvimos hace algunos días se planteó si, dentro de la teología católica, el milagro se consideraba una violación de la naturaleza o no. Para mutuo aprendizaje, me permito las siguientes reflexiones:

Doctrina

De “terata”, “miracula” y la Naturaleza

Paso a citar directamente de la Enciclopedia Católica on line:

“Milagro – Etimología y definición

(Latín miraculum, de mirari, “maravillarse”).

“En general, una cosa maravillosa; la palabra se usó así en el latín clásico; en un sentido específico, la Vulgata Latina designa con el término miracula los portentos de una clase peculiar. El texto griego lo expresa más claramente con los términos terata, dynameis, semeia, es decir, portentos realizados por el poder sobrenatural como signos de alguna misión o don especial y explícitamente adjudicados a Dios.

“Estos términos se usan habitualmente en el Nuevo Testamento y expresan el significado de miraculum de la Vulgata. Así, San Pedro en su primer sermón habla de  Cristo como aprobado de Dios, dynamesin, kai terasin kai semeiois  (Hechos 2,22) y San Pablo dice que los signos de su apostolado fueron obrados, semeiois te kai terasin kai dynamesin (2 Cor. 12,12). Su significado unido se halla en el término erga, es decir, obras, la palabra usada constantemente en los Evangelios para designar los milagros de Cristo. Por lo tanto, el análisis de estos términos da la naturaleza y alcance del milagro.”

Naturaleza

“ La palabra terata significa literalmente “maravillas”, en referencia a los sentimientos de asombro provocados por su ocurrencia, de ahí los efectos producidos en la creación material que apelan a, y son captados por, los sentidos, por lo general por el sentido de la vista, a veces por el oído, por ejemplo, el bautismo de Jesús, la conversión de San Pablo. Así, aunque las obras de la gracia divina, tal como la Presencia Sacramental, están por encima del poder de la naturaleza, y debido sólo a Dios, pueden ser llamadas milagrosas sólo en el sentido amplio del término, es decir, como efectos sobrenaturales, pero no son milagros, en el sentido aquí entendido, pues los milagros en el sentido estricto son evidentes. El milagro cae bajo el alcance de los sentidos, ya sea en la obra misma (por ejemplo, resucitar a los muertos a la vida) o en sus efectos (por ejemplo, los dones del conocimiento infuso en los Apóstoles). De la misma manera la justificación de un alma en sí misma es milagrosa, pero no es un milagro propiamente dicho, a menos que se lleve a cabo de una manera sensible, como, por ejemplo, en el caso de San Pablo.”

“La maravilla del milagro se debe al hecho de que su causa está oculta, y se espera un efecto diferente al que realmente ocurre. Por lo tanto, en comparación con el curso ordinario de las cosas, el milagro se llama extraordinario. Al analizar la diferencia entre el carácter extraordinario del milagro y el curso ordinario de la naturaleza, los Padres de la Iglesia y los teólogos emplean los términos sobrecontrario a, y fuera de la naturaleza. Estos términos expresan la forma en que el milagro es extraordinario.”

“Se dice que un milagro está por encima de la naturaleza cuando el efecto que produce está por encima de los poderes y las fuerzas nativas en las criaturas de las cuales las leyes conocidas de la naturaleza son la expresión, como resucitar a un difunto, por ejemplo, Lázaro (Juan 11), el hijo de la viuda (1 Rey. 17). Se dice que un milagro es exterior, o fuera de, la naturaleza cuando las fuerzas naturales pueden tener el poder de producir el efecto, al menos en parte, pero no pueden haberlo producido solas por sí mismas en la forma que realmente se produjo. Así, el efecto en abundancia es muy superior al poder de las fuerzas naturales, o se lleva a cabo instantáneamente sin los medios o procedimientos que emplea la naturaleza. Como ejemplo tenemos la multiplicación de los panes por Jesús (Juan  6), la transformación del agua en vino en Caná (Jn. 2) —pues la humedad de la atmósfera se cambia en vino mediante procesos naturales y artificiales— o la curación repentina de una gran parte de tejido enfermo por un trago de agua. Se dice que un milagro es contrario a la naturaleza cuando el efecto producido es contrario al curso natural de las cosas.”

“El término milagro aquí implica la oposición directa del efecto realmente producido a las causas naturales en acción, y su comprensión imperfecta ha dado lugar a mucha confusión en el pensamiento moderno. Así Espinosa llama al milagro una violación del orden de la naturaleza (proeverti, “Tract. Theol. Polit.”, VI). Hume dice que es una “violación” o una “infracción”, y muchos escritores – por ejemplo, Martensen, Hodge, Baden-Powell, Theodore Parker – utilizan el término para los milagros en su conjunto. Pero cada milagro no es necesariamente contrario a la naturaleza, pues hay milagros por encima o fuera de la naturaleza.”

 

La Real Academia Española (obviamente influenciada por la posición católica) la define como: “Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”. Mientras que Merriam-Webster se limita a: “Un evento extraordinario que muestra la intervención divina en los asuntos humanos”

La Encyclopedia of Mormonism en su Volumen 2, pag. 908 declara: “Un milagro es un evento realizado por poder divino que los mortales no comprenden y por sí mismos no pueden duplicar”.

Y Brigham Young: “Diré, con relación a los milagros, que no existe tal cosa salvo para el ignorante – es decir, jamás ha habido un resultado que haya sido alcanzado por Dios o cualquiera de Sus criaturas sin que primeramente haya existido una causa.  Pueden existir resultados cuyas causas no vemos o comprendemos, y lo que llamamos milagros no son más que eso –  el efecto o resultado de causas escondidas a nuestro entendimiento.” Brigham Young, Julio 11 de 1969, Journal of Discourses Vol. 13 pags. 140-41

De modo que, aunque para algunos la diferencia pueda ser sutil, para mi está claro que la teología católica considera que los milagros se producen “en contra de”, “por encima de” o “fuera de” la Naturaleza y para la teología mormona se producen “en la Naturaleza”, es decir, obedeciendo leyes naturales cuyas premisas están momentáneamente fuera de nuestro conocimiento.

No tengo problemas con que alguien crea en la primera opción; personalmente, quizás por una mezcla de razones doctrinales y aún culturales,  me siento más cómodo con la segunda.

Mario R. Montani

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