LA NASA Y EL DIA PERDIDO DE JOSUE

“La NASA, el día perdido de Josué y algunas otras irregularidades fácticas”

Una respuesta

 por Mario R Montani

“Quizás el peor servicio que un creyente pueda hacer a la religión es apoyar la verdad con malos argumentos…”

Henry Eyring “La Fe de un Científico”, Pag. 100

Es posible que en los últimos años algunos de ustedes hayan recibido un artículo denominada “NASA y la Biblia” por medio de un mail, un archivo pps, secuencia de imágenes o filmación. El mismo ha estado circulando por la blogosfera desde 2009 en adelante, o quizás antes. Yo personalmente, lo he recibido en dos ocasiones, una en el 2010 y, con nuevo ropaje, en el 2012. De hecho, si no fuese por esta segunda versión no estaría escribiendo el presente texto.

El Relato

Básicamente, la historia cuenta como “recientemente” astronautas y científicos espaciales en Green Belt, Maryland, estaban verificando la posición del sol, la luna y los planetas para saber dónde se encontrarían dentro de cien años y en los próximos mil años; para ello hicieron que el programa informático reconstruyera la posición de los planetas también en el pasado, pero en ese proceso llegó a un punto en el que la máquina se detuvo, indicando un error. “Decidieron entonces llamar a la oficina de mantenimiento para revisarla; los técnicos encontraron que la computadora estaba en perfectas condiciones” e informaron de que habían encontrado que faltaba “un día en el universo del tiempo transcurrido en la historia”. Un cristiano del equipo recordó entonces el pasaje del libro Josué, Cap. 10, en el que Dios detiene el sol para que Israel pueda ganar una batalla. “Los ingenieros del Programa Espacial dijeron: ‘¡Ese es el día que falta!’”, así que pusieron el programa en funcionamiento y descubrieron que “el lapso que faltaba en la época de Josué era de 23 horas y 20 minutos, no era un día completo”. El ingeniero cristiano indicó que en 2Reyes 8: 11-20 se cuenta cómo Dios hizo que la sombra retrocediera diez grados como señal de que el rey Ezequías sanaría; éstos conformarían exactamente los 40 minutos que le faltaban a la computadora de la NASA. El texto ha circulado bajo el auspicio de las Sociedades Bíblicas Unidas de Miami, Florida.

Me permito las siguientes reflexiones:

1)      En primer lugar la cita del Antiguo Testamento tal como aparece en el artículo fusiona pasajes de diferente extracción dentro del vers. 13 de Josué 10. La primer parte del vers. 13, así como la segunda mitad del vers. 12, corresponden a una cita profética textual (en realidad ‘oral’ ya que difícilmente Josué tuviese los rollos en medio de la batalla) del libro de Jaser. Dicho libro no forma parte del canon de escrituras aprobadas, pero tengo un texto completo en mi computadora y lo he leído. La segunda mitad del vers. 13 sí es una narración de lo que realmente ocurrió. En la cita profética (que puede distinguirse por su distribución en forma de poesía) se mencionan la detención del sol y la luna. En la narración de tiempo real sólo la detención del sol.

2)      En ninguna parte del pasaje se menciona que el tiempo haya “dejado de fluir”, sólo que el sol se detuvo. La frase “no se apresuró a ponerse casi un día entero” parece más bien indicar que los redactores estaban conscientes de que el día “transcurría” sin que el sol “se pusiera”. El fluir del tiempo es totalmente independiente de nuestra percepción de él. Usamos la revolución de la Tierra sobre su eje como un parámetro terráqueo para medir el tiempo y lo llamamos “día” pero, aunque ese parámetro se modificase o no se midiese, el tiempo continuaría su curso inalterable. Lo que creo que dice la escritura es que los hebreos tuvieron un día con mayor cantidad de horas diurnas, no que el tiempo cesó. De hecho Josué necesitaba un tiempo “dentro del cual” (si se me permite esa expresión) continuar peleando.

3)      Como “moradores históricos” del siglo XXI automáticamente releemos “el sol se detuvo” como “la tierra dejó de girar” (cosa que el texto nunca dice ni sugiere) pues es la única forma que tenemos de racionalizarlo y hacérnoslo comprensible. Pero, ¿qué ocurriría si la tierra realmente se detuviese? Según los científicos, todo lo que no estuviese extremadamente asegurado al suelo sería expulsado al espacio, incluyéndonos a nosotros y buena parte de la atmósfera que respiramos;  la inercia de tal freno haría que el mar avanzase en tsunamis con olas de miles de metros de altura. No hay registro de que algo así haya ocurrido en el pasado, y el hecho de que aún estamos aquí leyendo y escribiendo artículos es más bien una prueba de que no ocurrió.

4)      Si bien respeto a los hermanos de las Sociedades Bíblicas Unidas de Miami, Flo. y sus buenas intenciones, la ausencia de una palabra científica relevante y la sola mención  de alguien que trabajó para una contratista de la NASA, sin más, parece incluir una  proporción mayor de voluntarismo que de verdad.

5)      Existe entre los Evangelistas norteamericanos una corriente fundamentalista que no admite que la palabra de Dios no sea interpretada textualmente (y esa interpretación con parámetros del siglo XVIII y XIX, ni siquiera de cuando los textos fueron escritos). No comparto esa visión, sin importar a cuál denominación religiosa pertenezca. Creo que hay otras formas de obtener un testimonio de la veracidad de la palabra de Dios. La ciencia podrá ser un apoyo adicional a ese testimonio, jamás el núcleo central del mismo.

6)      Si analizo las características que los especialistas han asignado a los textos que cumplen con la tipifiación de “fraude” en la web, el ejemplo en cuestión cumple con casi todos ellas: es breve pero acompañado de imágenes que no clarifican la cuestión, carece de fecha de publicación aunque menciona un impreciso “recientemente” que lleva ya cuatro años circulando. Se esconde tras el prestigio de una institución como la NASA sin poder mencionar a ninguno de los científicos participantes. Sí menciona a Harold Hill, un hombre de existencia real. En 1974, Harold Hill, presidente de la Cia. De Motores Curtis escribió esta historia en su libro “How to Live Like a King’s Kid” sugiriendo que él mismo había mantenido contacto personal con la NASA. En 1989, el Dr. David Heiser consultó sobre el asunto a la oficina de NASA en Maryland donde se le respondió que no conocían al Sr. Hill.

7)      Bert Thompson en un interesante artículo denominado “¿Ha descubierto la NASA el Día Perdido de Josué?” Publicado en el blog www.apologeticspress.org, muestra que en 1936 (22 años antes de la creación de la NASA), un tal Harry Rimmer mencionaba que dos científicos habían detectado el día faltante pero sin aportar datos o pruebas al respecto.

8)      La historia parece también dejar por completo de lado el modo en que funcionan las computadoras. Lo hacen en base a datos cargados por humanos. No pueden llegar a conclusiones propias por fuera de esa información. Una computadora no es una máquina del tiempo. Se limita a medir tiempos en base a información que se le suministra, no a lo que ocurrió en “tiempos reales” ya sean del pasado o del futuro.

La responsabilidad de los miembros de la Iglesia

Lo que más me ha preocupado de lo anteriormente expuesto es que, además de no contribuir a aclarar nada, textos de ese tipo producen una gran confusión entre quienes son creyentes y la risa de los que no lo son. En base a una supuesta “buena intención” de fortalecer la fe en la Biblia, termina logrando exactamente lo contrario: poner un manto de duda sobre todos los estudios que, con diferentes grados de seriedad,  aparecen en la web. Es un buen ejemplo de “fundamentalismo maquiavélico” (como el fin que tengo es bueno, el método no importa) Pero, como ya lo expresara Marshall McLuhan hace décadas, hay ocasiones en que el medio se transforma en el mensaje. Esta es una de esas ocasiones, y el efecto es totalmente destructivo…

Si bien la historia que nos ocupa no ha nacido dentro de la Iglesia, es también cierto que decenas de textos falsos y apócrifos, diseñados para “fortalecer el espíritu”, circulan por el blogernáculo (intento de traducción del inglés “blogernacle”, complejo sustantivo que une “blog” con “tabernáculo” e identifica a la red informal de comunicación entre los mormones del mundo).

No creo ser el único que ha leído sobre las profecías de un sacerdote católico de 1739 en cuanto a la inminencia de una restauración, o sobre la conversión de un vecino árabe del Elder Russell M. Nelson después de traducir el Libro de Mormón a su lengua materna, o de misioneros protegidos durante el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York.

Cuando necesitamos constantemente desarrollar este tipo de “folklore” y “mitos urbanos” para aumentar nuestra creencia, comenzamos a transformarnos en “buscadores de señales” y dejamos de ser meros creyentes. Sería un buen hábito chequear las fuentes de todo relato que recibimos y, sobre todo, no compartirlo hasta que podamos confirmar su veracidad.

Hace ya varias décadas, y sin el auge de los nuevos medios de comunicación, nos recordaba el Presidente Harold B. Lee:

“Quisiera alentar honestamente a que tales chismes y rumores no se extiendan sin asegurarse de que son verdad… Como ya lo dije, no cesa de asombrarme cuán crédulos son algunos de nuestros miembros al compartir estas historias sensacionalistas, o sueños, o visiones, que se alegan recibidas por líderes de la Iglesia, del pasado o del presente, tomadas supuestamente del diario privado de alguna persona, sin verificar el informe con las autoridades apropiadas”. Harold B. Lee, “Admonitions for the Priesthood of God,” Ensign (January 1973), 105.

Esta entrada fue publicada en Doctrina.

3 comentarios el “LA NASA Y EL DIA PERDIDO DE JOSUE

  1. ivan dice:

    sss… mario, hay mas de lo que puedes ver con tus ojos. no escribas bufonadas creyendo tener la verdad absoluta, hay poderes que no puedes entender!!! saludos.

    • mormosofia dice:

      Estimado Ivan: Gracias por contactarte. No logro ver de dónde surge la idea de que yo pueda operar con verdades absolutas. No creo haber reclamado tal absurdo en ninguno de mis posts. El mío es un blog personal en el que simplemente opino sobre lo que observo. Al igual que tú, considero que hay verdades y poderes más allá de nuestra capacidad de entender. Somos instados a incorporar aunque sólo sea parte de esas verdades tanto por la fe como por el estudio. Si tal intento te merece el calificativo de “bufonada”, estoy dispuesto a aceptarlo. Un cariño. Mario Montani

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