DE LA ANGELOLOGIA MORMONA

De la Angelología Mormona

Por Mario R. Montani

Estimada amiga: respondiendo a su pregunta de si los mormones creemos en los ángeles, la respuesta es un definitivo sí. A pesar del presuntuoso título que he colocado a este texto, no creo que exista una profunda y detallada angelología mormona, si consideramos que por definición es la rama de la Teología que se ocupa del estudio de los ángeles. Pienso que toda teología es de por sí bastante especulativa e intenta dar un marco racional a asuntos que no tienen (y probablemente no deban tener) mucho que ver con la razón humana.

No obstante, basándonos en las Escrituras (las que como cristianos compartimos más otras que nos son propias) intentaré darle el siguiente panorama:

¿Qué es un ángel para los Santos de los Ultimos Días?

Por función: Es un mensajero divino.

Por individualidad: Es un hijo de Dios.

Quizás esta última característica sea distintiva de la religión mormona frente a otras denominaciones. Es decir, creemos que los ángeles no son creaciones independientes de la raza humana. Aceptamos una vida pre mortal en la que vivimos como hijos literales de nuestro Padre Celestial. En un momento determinado de esa preexistencia se planteó la necesidad de pasar por una etapa probatoria en la que pudiésemos ser guiados únicamente por la fe, sin un recuerdo de nuestra vida anterior.

Ignoramos prácticamente todo sobre lo que ocurre en otras creaciones de Dios, pero, con respecto a este mundo en particular, pareciera que la función de ángeles está limitada a individuos que han vivido, viven o vivirán sobre la Tierra (“Pero no hay ángeles que ministren en esta tierra sino los que pertenecen o han pertenecido a ella” Doctrina y Convenios 130:5). En el caso de las huestes de Lucifer, se trata de espíritus que no vivirán físicamente sobre la Tierra pero con los que sí hemos compartido nuestra existencia premortal.

En base a esos parámetros generales, sería posible hacer una cierta clasificación de las variedades angélicas:

1)      Espíritus que aún no han tomado cuerpo. Dice el Apocalipsis: “Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles. (Ap. 12:7) (Buen ejemplo de paralelismo textual). Creemos que este pasaje habla de eventos previos a la Creación y por tanto los denominados ángeles que combaten por ambos lados son espíritus aún no incorporados.

2)      Personas que viven en el mundo. Dado que sostenemos haber venido a esta Tierra para aprender y desarrollarnos por la fe, la aparición de mensajeros celestiales será siempre una vía excepcional, limitada, y para cumplir propósitos muy especiales. En el resto de las ocasiones deberemos encontrar nuestro propio camino buscando inspiración divina y recibiendo ayuda de otros individuos mortales. Siempre que haya alguien sobre la Tierra que pueda realizar una tarea, Dios no enviará mensajeros desde su Presencia para hacerlo. Por eso han existido profetas, apóstoles y líderes espirituales en diferentes épocas: para traer mensajes del Padre y en eso desarrollan una misión angélica. Las siete cartas que preceden las visiones de Juan, el Revelador, están dirigidas a los ángeles de esas respectivas unidades de la Iglesia, probablemente sus obispos. Siempre que un ser humano actúa en ayuda de sus hermanos, en concordancia con el Plan de Dios, podríamos decir que, en cierta forma, es un ángel.

3)      Seres trasladados. Creemos que Cristo fue las primicias de la resurrección. No existió resurrección antes de él. No obstante, a algunos individuos se les permitió continuar una vida especial como seres trasladados, es decir que no gustaron de la muerte, aunque tampoco eran seres resucitados en gloria. Tal es el caso de Elías (arrebatado en un carro de fuego), Moisés y Juan, el Amado. Si bien el Antiguo Testamento nos habla de la muerte de Moisés, un pasaje bastante oscuro de la epístola de Judas (Judas 9) nos cuenta del diablo y Miguel, el arcángel, disputándose el cuerpo de Moisés, por lo que ignoramos el destino final de ese cuerpo. No es casual, sin embargo, que en el Monte de la Transfiguración, esos mismos profetas antiguos hayan aparecido al Señor. Es nuestra creencia particular que no vinieron únicamente a confortar al Salvador o a mostrar a los Apóstoles que aún la Ley y los Profetas le estaban sujetos, sino también a transferir ciertas llaves de autoridad que poseyeron en vida para la completa organización de la Iglesia, siendo ése el principal motivo por el que se les permitió continuar viviendo en un estado intermedio. No olvidemos que estaban allí presentes Pedro, Santiago y Juan, a quienes los mormones vemos como la Primera Presidencia de los días antiguos. El Libro de Mormón nos habla también de tres discípulos nefitas que recibieron la misma promesa de no gustar la muerte hasta la Segunda Venida del Salvador y se dice de ellos “Y son como los ángeles de Dios, y si ruegan al Padre en el nombre de Jesús, pueden manifestarse a cualquier hombre que les parezca conveniente” (3Nefi 8:30). Es posible que Pablo se refiriese a este tipo de personaje cuando menciona “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles (Hebreos 13:2)

4)      Espíritus desincorporados en espera de la resurrección. Se trata de individuos que ya han cumplido su etapa probatoria y pueden retornar, siempre bajo permiso divino, para ayudar en algún aspecto a sus seres queridos o a quien Dios los comisione, mientras esperan que llegue el día del Juicio. Entre aquellos que trabajan en la investigación genealógica hay muchos relatos de cómo se sintieron ayudados por familiares del otro lado del velo. Pero no hay una afirmación canónica o doctrinal sobre esas experiencias.

5)      Seres resucitados. Tal como lo explican las escrituras: “y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mateo 27:52-53). Este pasaje es interesante porque muestra que después de la resurrección de Cristo, algunos hombres justos (santos) participaron de la primer etapa de la Resurrección, que no fue masiva, sino de aquellos que tuviesen alguna misión importante que cumplir en el plan de Dios. De allí que creamos que Moroni, la primer visita angélica recibida por el joven Joseph Smith luego de la Primera Visión, era un ser ya resucitado cuando lo instruyó y entregó las planchas de donde se tradujo el Libro de Mormón. Para una explícita descripción de la apariencia de un ángel quizás sería bueno repasar ese relato del Profeta: “Encontrándome así, en al acto de suplicar a Dios, vi que se aparecía una luz en mi cuarto, y que siguió aumentando hasta que la habitación quedó más iluminada que al mediodía; cuando repentinamente se apareció un personaje al lado de mi cama, de pie en el aire, porque sus pies no tocaban el suelo. Llevaba puesta una túnica suelta de una blancura exquisita. Era una blancura que excedía a cuanta cosa terrenal jamás había visto yo; y no creo que exista objeto alguno en el mundo que pueda presentar tan extraordinario brillo y blancura. Sus manos estaban desnudas, y también sus brazos, un poco más arriba de las muñecas; y de igual manera sus pies, así como sus piernas, poco más arriba de los tobillos. También tenía descubiertos la cabeza y el cuello, y pude darme cuenta de que no llevaba puesta más ropa que esta túnica, porque estaba abierta de tal manera que podía verle el pecho. No sólo tenía su túnica esta blancura singular, sino que toda su persona brillaba más de lo que se puede describir, y su faz era como un vivo relámpago. El cuarto estaba sumamente iluminado, pero no con la brillantez que había en torno de su persona. Cuando lo vi por primera vez, tuve miedo; mas el temor pronto se apartó de mí. Me llamó por mi nombre…”  (La Perla de Gran Precio, José Smith Historia 1:30-32). Posteriormente Juan, el Bautista (DyC 13), Pedro, Santiago y Juan (DyC 27:12-13), Moisés, Elías y Elías, el Profeta (DyC 110:11-16), Miguel, Gabriel, Rafael, todos aparecieron para ministrar al Profeta y sus allegados como parte de los preparativos para la Restauración, y lo hicieron como seres de carne y hueso, resucitados y glorificados. De modo que sí, tanto la historia como la teología de la Iglesia están firmemente basadas en la posibilidad de la ministración de ángeles a los mortales.

Propósitos de los ángeles

Por lo que muestran los relatos de las Escrituras los ángeles han visitado a los humanos para instruir, advertir, ayudar, proteger, dar consuelo o anunciar eventos significativos. No tenemos evidencia canónica de la existencia de ángeles guardianes específicamente asignados a individuos particulares, aunque sin duda Dios está al corriente de nuestras vidas. Tampoco creemos que los ángeles tengan alas o halos. Tanto el original hebreo (ma’lek) como el griego (angelos) para identificar a estos personajes significan simplemente “mensajeros”. Como dije en un principio, los mormones creemos que Dios, los ángeles y los hombres somos parte de una misma familia, pero en diferentes niveles de su progreso eterno. Alguien ha hecho la comparación con el agua en sus diversos estados: la constitución interna es la misma aunque su apariencia y propiedades momentáneas puedan diferir. (Si ese simple ejemplo ayuda en algo a comprender nuestra posición, bienvenido sea). Cuando en dos diferentes ocasiones Juan se postra para adorar a estos mensajeros (Apocalipsis 19:10 y 22:8-9) se le dice claramente: “no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro…”

Identificación de ciertos ángeles

Doctrinalmente, creemos que Miguel, el Arcángel, es Adán. También existe la tradición enseñada por José Smith de que Gabriel es Noé, el patriarca del Diluvio, pero no tenemos una fuente canónica para sostenerlo o enseñarlo. Otros ángeles, como Rafael, no han sido identificados.

Esperando de este modo breve, y seguramente incompleto, dar respuesta a sus inquietudes, le saludo muy cordialmente.

Esta entrada fue publicada en Doctrina.

Un comentario el “DE LA ANGELOLOGIA MORMONA

  1. Susana Martos dice:

    Es muy interesante este aporte de Montani.
    Sobre los ángeles he leído y estoy releyendo a Arno C. Gaebelein: Los Ängeles de Dios.Ed. Clie..Barcelona, 1985. Con equivocaciones en el 1er. capítulo, trae bastantes datos en los otros.

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