CIENCIA Y RELIGION

CIENCIA Y RELIGION

(Una Introducción)

“Aquello que ha sido demostrado, lo aceptamos con gozo…”

Primera Presidencia de la Iglesia, 1910

Tanto la ciencia como la religión son formas posibles de acercamiento a la realidad, al igual que el arte, pero cada una de ellas presenta su enfoque peculiar y modos de obtener conocimiento que les son características. ¿Es posible establecer un diálogo entre ellas? ¿Son todos los individuos religiosos básicamente anti intelectuales? ¿Son la mayoría de los científicos materialistas y ateos?

Mientras las sociedades fueron orales, los conocimientos se mantenían unificados y no había tal cosa como diferenciación del saber. Podríamos decir que conocimiento pre-científico y religión caminaban de la mano. Para los egipcios, la escritura y las mediciones tenían origen divino. Los hindúes consideraban también a las matemáticas como un regalo de sus dioses.

Si bien tanto en Mesopotamia como en Egipto se registraron anotaciones relacionadas con la astronomía, la geometría y la medicina, la mayoría de los estudiosos coincide en que la idea de ciencia en Occidente nació en Grecia, alrededor del 300 A.C.

Aristóteles, iniciador de la Física y la Zoología menciona en su Metafísica:

“Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración; al principio, admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como los cambios de la luna y los relativos al sol y a las estrellas, y la generación del universo. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. (Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos). De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por ninguna otra utilidad. Y así lo atestigua lo ocurrido. Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían casi todas las cosas necesarias y las relativas al descanso y al ornato de la vida. Es, pues, evidente que no la buscamos por ninguna utilidad, sino que, así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a ésta como la única ciencia libre, pues ésta sola es para sí misma. Por eso también su posesión podría con justicia ser considerada impropia del hombre. Pues la naturaleza humana es esclava en muchos aspectos; de suerte que, según Simónides, «sólo un dios puede tener este privilegio», aunque es indigno a un varón buscar la ciencia a él proporcionada”. (Aristóteles. Metafísica, 982,b.11-32)

Pero la filosofía griega consideraba innecesaria la comprobación experimental de sus conclusiones. Más aún, era degradante la sola sugerencia de que un proceso mental lógico necesitaba ser confirmado por la práctica experimental. Este paradigma continuó teniendo vigencia hasta bien entrada la era cristiana, cuando, en el siglo XVII, Francis Bacon y René Descartes establecen los fundamentos de la ciencia moderna, basados en la observación y la praxis.

Tanto la ciencia como la religión son, además, fenómenos sociales, por lo que debe comprenderse la posibilidad de relación entre ambas. La fe y la experiencia espiritual son el fundamento del conocimiento religioso que se formaliza en la teología, mientras que la ciencia tiene un marco de leyes y teorías con una base empírica de experimentos y observaciones. Algunos las consideran dos visiones totalmente contrapuestas del mundo. ¿Son compatibles entre sí? ¿Pueden convivir sin entrar en conflicto o una debe necesariamente excluir a la otra?

Si bien situaciones históricas puntuales como las de Galileo o Darwin parecen confirmar esta exclusión, en la actualidad, tanto científicos como religiosos procuran lograr una convivencia pacífica reconociendo que los objetivos y métodos de ambas visiones son totalmente diferentes y, quizás, complementarios.

George Ellis, profesor emérito de la Universidad de Ciudad del Cabo y presidente de la Sociedad Internacional para la Ciencia y la Religión, señaló a Times:

“Mi gran preocupación es que se está obligando a la gente a elegir entre la religión y la ciencia, y esto hará que mucha gente elija la religión, con lo que la ciencia saldrá perdiendo”.

David Wilkinson, astrofísico, teólogo y director del St. John’s College de Durham, argumenta a favor del teismo:

“La ciencia y la lógica pueden apuntar a un Creador. ¿De dónde vienen las leyes de la física? ¿Qué propósito tiene el universo? ¿Por qué es inteligible, comprensible?. El Dios en el que creen los cristianos es un Dios íntimamente involucrado en todo el momento de la historia del universo y no sólo en sus comienzos”.

Francisco Ayala, investigador de la Universidad de California en Irvine, EEUU, experto en evolución genética de las especies y ganador del premio internacional Templeton (galardón dedicado a hallar vías de diálogo entre ciencia y religión), asegura:

“La fe y la ciencia no son incompatibles porque tratan cuestiones diferentes. La investigación científica debe encargarse de explicar el origen del mundo (el cómo) y la religión, de los valores morales y las relaciones entre las personas (el porqué)”.

Declara César Nombela, científico y creyente:

 “La ciencia puede explicar muchas preguntas propias de su competencia, pero probar la existencia de Dios es otro terreno. Aplico la ciencia en todas las situaciones racionales; pero no es irracional creer que existe un creador que dio lugar a las mismas leyes de la naturaleza y que da respuesta a las preguntas de la existencia humana”.

Para los mormones no parece haber conflicto entre la devoción a su fe y una participación significativa en la sociedad moderna. Los Santos de los Ultimos Días están involucrados en las ciencias, las artes, la educación y la política y se les estimula a aplicar sus normas en todas esas áreas. El Elder Richard G. Scott ha reclamado: “Eviten compartimentar sus vidas en segmentos que se apliquen a la profesión, la Iglesia y la familia, usando diferentes estándares en cada sección. La vida es un continuo en el cual las mismas normas de integridad y trabajo se aplican a cada aspecto”. (Richard G. Scott “Latter-day Counsel,” Ensign, Junio 2001, 74).

Los Santos de los Ultimos Días creen que hombres y mujeres están provistos con los dones divinos de razonamiento intelectual e intuición moral. Seguidores fieles de otras tradiciones religiosas también cultivan ambos. La doctrina mormona expresa la necesidad de involucrar tanto a la mente como el corazón en la toma de decisiones y el aprendizaje (DyC 8:2)

En en el Newsroom (mormonnewsroom – página oficial de la Iglesia dedicada a los medios de comunicación) del 6 de Julio de 2012, en un editorial sobre el tema (“Mormon and Modern”), es posible leer:

“Las categorías de fe y razón, escrituras y ciencia, religioso y secular no necesitan ser mutuamente excluyentes. Dichas esferas se superponen y pueden beneficiarse unas de otras cuando el acercamiento se realiza con una mente abierta, humildad y sabiduría. Los mormones reciben la verdad que provenga de cualquier fuente y consideran la visión pragmática de que cuando la religión y la ciencia parecen colisionar, es simplemente porque no hay suficiente información para que puedan reconciliarse. Los SUD ven tales tensiones como desafíos para aprender más que como contradicciones a evitar

Ya en su mensaje navideño de 1910 (que aparece en el epígrafe) la Primera Presidencia de la Iglesia nos aseguraba (Deseret Evening News 17 de Diciembre 1910, Sec. 1, pag. 3)

“Aquello que ha sido demostrado, lo aceptamos con gozo…”

El Dr. Allen Bergin, científico mormón y profesor emérito en Psicología Clínica de la Universidad de Brigham Young, ha ido más lejos:

“Creo en traer la Restauración al mundo académico al infundir los trabajos eruditos con valores, revelación y métodos inspirados de investigación que deriven del evangelio. Si esto puede lograrse de modo riguroso y exitoso, los resultados podrían ser revolucionarios… pero primero debe entenderse que el principio de revelación es tan fundamental en la Universidad como lo es en el propio evangelio… Como lo ha enseñado la Iglesia, creo que las extraordinarias percepciones de científicos, estudiosos y artistas vienen por revelación en el contexto de una búsqueda educada y disciplinada.  Esto significa que el proceso que pertenece al conocimiento sagrado también se aplica al conocimiento secular, ya que el origen de ambos yace finalmente en la misma divina fuente de verdad” (Allen E. Bergin, “Bringing the Restoration to the Academic World: Clinical Psychology as a Test Case,” BYU Studies (April, 1979): 449)

Existen tanto elementos doctrinales como una larga tradición en nuestras creencias para sostener tales posiciones, desde las declaraciones de Joseph Smith: “Al probar los contrarios la verdad se manifiesta” (History of the Church, 6:248.) y “recoger todos los principios buenos y verdaderos del mundo y atesorarlos” (Teachings of the Prophet Joseph Smith (1976), 316), hasta los canónicos “si hay algo virtuoso, bello, de buena reputación o digno de alabanza, a eso aspiramos (Art. de Fe 13) y “cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección (DyC 130:18).

No estamos solos en nuestro reclamo de convivencia con la ciencia:

El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams:

“Creer en Dios no consiste en… explicar cómo unas cosas se relacionan con otras en el Universo, sino que es la creencia de que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe. La física por sí sola no resolverá la cuestión de por qué existe algo en lugar de nada”.

Jonathan Sacks, rabino judío:

La ciencia trata de explicar y la religión, de interpretar. A la Biblia sencillamente no le interesa cómo se creó el Universo. La ciencia desarticula las cosas para ver cómo funcionan. La religión las junta para ver qué significan. Son dos empresas intelectuales distintas. Incluso ocupan diferentes hemisferios del cerebro”.

En este apartado del blog analizaremos la relación de estas dos formas complementarias de pensamiento, así como temas controversiales que irán desde el origen del universo y la evolución orgánica hasta la relación del Libro de Mormón con la Arqueología y el ADN.

2 comentarios el “CIENCIA Y RELIGION

  1. nefi funes dice:

    impresionante articulo, tengo un tema que me esta quemando la cabeza y recuro a usted por mayor luz el tema es con respecto al antiguo testamento cuando el señor le dio la tierra prometida al pueblo de Israel mando que mataran a todas las personas que Vivian en esas tierras incluyendo niños, al igual con saul dios lo mando a aniquilar a un pueblo y no dejar nada con vida y la escritura es clara cuando dice que ni a ñiños de pecho, porque si Dios ya había dado los diez mandamientos y en ellos dice no mataras y hablan sobre derramar sangre inocente ¿Por qué Dios mando a matar niños si estos eran sangre inocente ?

    • mormosofia dice:

      Estimado Hno. Funes: Gracias por comunicarse. Yo mismo tengo ciertas dudas al respecto. Sólo me vienen a la mente algunas respuestas tradicionales que me convencen nada más que a medias 1) Casi todas esas muertes ocurren en el período del Antiguo Testamento cuando la ley de Moisés garantizaba el “ojo por ojo y diente por diente”. Pareciera que la ley mayor del evangelio presentada por Cristo supera y reemplaza esa antigua ley del talión. 2) Se dice a veces que el Dios del Antiguo Testamento no es el mismo que el del Nuevo ya que pareciera más tribal y sanguinario. La respuesta clásica es que Dios no era diferente sino los pueblos a los que se dirigía, pues solían ser de “dura cerviz” y necesitaban ese tipo de estricta reglamentación. 3) El Libro de Mormón parece presentar una alternativa cuando, frente a la muerte de Labán, el Señor dice a Nefi que “más vale que un hombre muera a que todo un pueblo perezca en la ignorancia”. 4) Alguien ha propuesto que Dios es misericordioso al no permitir que ciertos pueblos maduren hasta el colmo de la iniquidad de la que ya no podrían arrepentirse (a mí, personalmente, no me cierra como argumento a favor de la bondad y justicia).
      Finalmente, el hecho de que aparezcan madres e infantes entre las víctimas inocentes, independientemente del grado de iniquidad de las sociedades a las que pertenecían, me plantea algunas profundas dudas teológicas. Si “ni un cabello cae sin que Dios lo tenga en cuenta” y los niños antes de la edad de responsabilidad son herederos naturales del Reino Celestial, eso significa que muchos miles de espíritus especiales fueron asignados a esos pueblos para morir y ser salvos sin necesidad de experimentar las dificultades de la vida terrenal. Pero eso echa por tierra algunas teorías sobre la asignación de los espíritus selectos a sociedades más evolucionadas.
      ¿Por qué me hace preguntas tan difíciles? (ja-ja) Sin duda, da para mucha evaluación y, tal vez, algún día nos acerquemos a ese tema…
      Un saludo
      Mario R. Montani

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