“ARROJANDONOS DE PRECIPICIOS Y CONSTRUYENDO ALAS EN LA CAIDA” – Ray Bradbury y los Mormones

Los Mormones en las Obras Literarias

“ARROJANDONOS DE PRECIPICIOS Y CONSTRUYENDO ALAS EN LA CAIDA”

(Ray Bradbury y los Mormones)

Por Mario R. Montani

Ray Bradbury en La Máquina del Tiempo de la película homónima

INTRODUCCION Ray Bradbury acaba de morir a los 91 años. Por mas de siete décadas se mantuvo como uno de los más vigorizantes escritores de fantasía y ciencia ficción blanda (la que da prioridad a las emociones humanas frente a los avances científicos) aunque jamás se sintió cómodo con los rótulos. Maestro indiscutible del cuento corto, abarcó también géneros tan diversos como la poesía, el ensayo, la novela, el teatro, y guiones para el cine, tv y el teatro musical. Mi aprecio personal por la obra e ideología de este genial norteamericano había previsto su paso por esta sección de Los Mormones en las Obras Literarias. Su fallecimiento simplemente lo ha adelantado

Ilustración para “Crónicas Marcianas” por Michael Whelan (1989)

BREVE  NOTA  BIOGRAFICA Raymond Douglas Bradbury nació en Wakegan, Illinois el 22 de agosto de 1920. El pueblo natal aparecerá constantemente en su obra como Green Town, Illinois. Era el tercer hijo de Leonard Spaulding Bradbury  y Esther Marie Moberg, una inmigrante sueca (el apellido Spaulding será utilizado junto con su segundo nombre, Douglas, recibido en honor a Douglas Fairbanks, tanto como seudónimo en sus primeros escritos como en personajes de sus creaciones posteriores). Por el otoño de 1926 la familia del joven  Ray se mudó a Tucson, Arizona,  sólo para volver a Waukegan en mayo de 1927. Influenciado por sus lecturas de las tiras de Flash Gordon y Buck Rogers, así como por las novelas de Tarzán y John Carter de Marte del prolífico Edgar Rice Burroughs, en el año 1931 empezó escribiendo sus propias historias. En 1932, después de que su padre dejó su trabajo como instalador de líneas telefónicas,  los Bradbury se trasladaron de nuevo a Tucson. En 1934, durante la Gran Depresión la familia residió definitivamente en Los Angeles, California. Ray se graduó en una escuela secundaria de esa ciudad en 1938. Por razones económicas su educación formal acabó allí, pero él la llevó más allá por su cuenta, pasándose las noches en las bibliotecas y escribiendo durante el día. Vendió periódicos en las esquinas de Los Angeles de 1938 a 1942. La primera historia de Bradbury publicada fue “El Dilema de Hollerbochen”  aparecida en 1938 en Imagination!, una revista amateur (fanzine). En 1939, Bradbury  publicó cuatro números de Futuria Fantasia, su propio fanzine, donde la mayor parte del material era de su autoría. El primer cuento por el que recibió pago fue  “Pendulum”, en 1941 . En 1942 Bradbury escribió “The Lake,” la historia que le ayudó a descubrir su estilo de escritura distintivo. En 1943 inició su carrera como escritor de  jornada completa y publicó numerosos cuentos en las revistas especializadas, hasta convertirse en un profesional.

Ilustración de Hannes Bok para “Pendulum” (1941) la primer historia publicada por Bradbury

En 1945 su historia corta “The Big Black and White Game”  fue seleccionada como Best American Short  Story. En 1947 Bradbury se casó con Marguerite McClure (con quien tuvo cuatro hijas). Ese mismo año apareció su primer libro de cuentos, Dark Carnival (Carnaval Oscuro). Para 1950 publicó otra colección, “Crónicas Marcianas”, admirada y prologada por Borges en su edición castellana. Le siguieron “El Hombre Ilustrado” en 1951 y su novela Fahreinheit 451 (llevada al cine por Francois Truffaut) en 1953. Al año siguiente, su relato Sol y sombra, incorporado en “Las doradas manzanas del sol” ganó el premio Benjamín Franklin otorgado al mejor cuento del año. Para 1956 fue convocado por John Huston para escribir el guión de Moby Dick, con Gregory Peck como el Capitán Ahab. En 1961 escribió la narración de Rey de Reyes, leída por Orson Wells. Al año siguiente, el cortometraje basado en su cuento Icaro Montgolfier Wright fue nominado para el Oscar. En 1964 fundó el teatro Pandemonium, donde se representan sus obras teatrales. Escribió la primer ópera de ciencia ficción con música del francés Michel Colombier. Además, colaboró con nuestro compatriota Lalo Schiffrin creando letras especiales para madrigales. En la luna, dentro del Mar de la Tranquilidad, donde Neil Armstrong pisó por primera vez nuestro satélite, hay un cráter bautizado “Dandelion” en su honor. (Por su novela evocativa “Dandelion Wine”, El Vino del Estío). También el asteroide 9766 recibió el nombre de Bradbury. Comenzando en 1985 adaptó sus historias para el programa de televisión por cable The Ray Bradbury Television Theater. Ese mismo año escribió “La muerte es un asunto solitario”, un homenaje a los autores del género policial, protagonizado por el detective Crumley y un joven escritor que no es otro que el propio Bradbury en la época de oro de Hollywood. La misma pareja protagonizó también “Cementerio para Lunáticos” y “Matemos todos a Constance”. Entre los muchos premios recibidos están el Balrog de Poesía (1979), el Gandalf de Fantasía (1980), el Jules Verne (1984), el Bram Stocker en tres categorías (1989), un Emmy (1994), un Hugo en 2004  y una mención especial en los Pulitzer de 2007. Autor prolífico, conocido como el poeta de la ciencia ficción, su obra excede cualquier tipo de clasificación, incluyendo más de  400 cuentos cortos y un centenar de novelas, libros de poesía y guiones para el cine y la TV. Se han vendido más de 8 millones de ejemplares de sus obras en 36 diferentes idiomas y un par de semanas antes de su muerte The New Yorker acababa de publicar su último relato.

Ilustración de Jim Burns para “El Hombre Ilustrado”

LOS MORMONES EN SU VIDA Según una entrevista telefónica mantenida con la profesora Linda Hunter Adams, de la Universidad de Brigham Young, el autor recordaba su amistad con Reid Nibley durante la época que vivió en Tucson (entre los 10 y 14 años). Lo acompañaba a veces a actividades de la Mutual (AMM), e incluso colaboraron juntos en la creación de algún Teatro Ambulante, en el que Ray escribía el texto y Reid, la música. Con el paso de los años Reid Nibley llegaría a ser un importante compositor y pianista. De hecho debutó con la Glendale Symphony Orchestra a los 11 años (coincidiendo con la etapa de amistad con Bradbury) y actuó como concertista en Los Angeles Philarmonic a los 17. Por más de 10 años fue el pianista principal de la Sinfónica de Utah. El himno dela Primaria “Dios Vive” (hoy incorporado a nuestro himnario como Nº 199) es de su autoría. El hermano de Reid, Hugh Nibley,  llegaría a ser uno de los más importantes eruditos dela Iglesia en varios campos, con reconocimiento internacional. Ya viviendo en Los Angeles, Ray se involucró en un teatro mormón, dirigido por la actriz mormona Laraine Day, para quien escribía libretos y actuaba ocasionalmente. La hermana Day, una importante exponente del star-system durante los años ’40, trabajó en más de 30 films, acompañando a actores de la talla de Gary Cooper, Cary Grant, John Wayne, Robert Ryan o Kirk Douglas y había actuado bajo la dirección de Alfred Hitchcock y Cecil B. DeMille, entre otros. Grant Vaughn, un miembro de la Iglesia que dirige el blog Passionate Moderate Mormon, escribió a Bradbury hace ya varios años, pues una prima de su mamá recordaba haber actuado junto a él en esas ocasiones. Permítanme traducir el contenido revelador de la respuesta en la que el autor recuerda que ensayaban en una capilla (facsímil del original  puede consultarse en el blog antes mencionado)

“Querido Grant Vaughn:¡Norma Jean Wright! Por todos los cielos. La conozco desde octubre de 1939 cuando me uní a la Wilshire Players Guild en la Iglesia Mormona, aquí cerca, en Pico y Western. Yo vivía a sólo dos cuadras de allí, en la Calle 12, y fui para ser entrevistado por Norma Jean y Laraine Day, quien era la directora del grupo actoral. Pertenecí al grupo por dos años y ayudé a montar varias obras. Colaboré en el guión y aparecí como actor en LAME BRAINS AND DAFFODILS, escrita por Laraine, quien tenía que soportar mis bromas y extravagancias. De modo que Norma Jean era parte de mi vida, al menos una vez por semana y en ocasiones hasta cinco veces por semana, a lo largo de dos años. ¿Tienes la dirección de Norma Jean? Sería agradable contactarla y enviarle uno de mis libros por los buenos tiempos.”

Además de las disertaciones que el autor brindó al alumnado de la Universidad de Brigham Young, en 1984, Mike McDonough, un productor de bandas sonoras de BYU Movie Studio realizó “Bradbury 13” una serie de trece relatos radiofónicos de extraordinaria calidad, financiada por la U.S. National Public Radio. Bradbury quedó encantado con la propuesta y brindó su voz en la introducción de cada historia. La serie ganó 14 premios de prestigiosas emisoras y organizaciones artísticas, incluyendo un Peabody y dos Gold Cindy. Los actores, músicos y especialistas en sonido fueron todos pertenecientes a la Universidad. McDonough también encargó las partituras a dos músicos mormones:  Greg Hansen y Roger Hoffman. Ambos continuaron exitosas carreras como compositores y productores discográficos. Hoffman ha compuesto, entre otras obras, “Consider the Lilies of the Field” (Considera los lirios del campo) que ha sido grabada por el Coro del Tabernáculo.

Una versión en historieta de “I, Rocket” dibujada por Al Williamson y entintada por el famoso Frank Frazetta

LOS MORMONES EN SU OBRA

“Fahrenheit 451”, Ediciones Orbis S.A., Madrid,1985, pags.71-74

En esta novela, Bradbury plantea un futuro en el que los bomberos en vez de apagar incendios se dedican a quemar bibliotecas, ya que la lectura ha pasado a ser subversiva. El protagonista, Montag, es uno de esos bomberos que un día decide guardarse uno de los libros y no quemarlo: se trata de la Biblia. Los párrafos siguientes están tomados del parlamento de Beatty, el Jefe de Bomberos, quien le explica cómo comenzó todo:  

“Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, irlandeses, gente de Oregón o de México… A la gente de color no le gusta El Pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. ¿Alguien escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón? ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro…”

“Fahrenheit 451” con portada de Bruce Pennington

En una edición posterior de Fahrenheit 451 (BallantineBooks, 1991) aparece un comentario al que Bradbury denominó “Coda” y que aclara un poco la situación:

“Alrededor de dos años atrás, me llegó una carta de una solemne jovencita de Vassar College contándome cómo había disfrutado mi experimento de mitología espacial, Las Crónicas Marcianas. Pero, agregaba, ¿no sería buena idea reescribir el libro insertando más personajes femeninos? Antes de eso recibí bastante correspondencia sobre el mismo libro Marciano quejándose de que los personajes negros eran muy al estilo de La Cabaña del Tío Tom y por qué no los rehacía. Por la misma época recibí una nota de un sureño blanco que sugería que yo tenía prejuicios a favor de los negros y debía eliminar toda la historia… Hace un par de semanas mi montaña de correo me entregó una nota de una bien conocida casa editorial que deseaba reimprimir mi cuento “La sirena de la niebla” para lectura en escuelas secundarias. En mi historia había descripto un faro, en la noche, como si fuese un “Dios de la Luz”. Mirándolo desde el punto de vista de una criatura marina se habría sentido que uno estaba en “la Presencia”. Los editores habían eliminado “Dios de Luz” y “Presencia”… Estamos en un mundo loco y será más loco si permitimos que las minorías, sean enanos o gigantes, orangutanes o delfines, pro cabezas nucleares o conservacionistas del agua, interfieran con la estética. El mundo real es el campo de juego para cada uno de esos grupos, en el que pueden hacer o deshacer leyes. Pero en el inicio de mis libros, cuentos o poemas es donde acaban sus derechos y comienzan y gobiernan mis imperativos territoriales. Si a los Mormones no les gustan mis obras, que escriban las suyas propias. Si los Irlandeses odian mis historias de Dublin, que alquilen máquinas de escribir…”

Es obvio que el autor se sentía molesto con esa “tiranía de las minorías” en la cual era imposible conformar a todos y que atentaba contra la libertad creativa. Con respecto a los Mormones escribiendo sus propias obras, pareciera que los autores Santos de los Ultimos Días han recogido el guante. En un artículo publicado en el Boston Globe en el 2009 la escritora Carol Lynch Williams comenta como las casas editoriales han comenzado a observar la proliferación de autores de fantasía y ciencia ficción provenientes de Utah y a preguntarse “¿Qué diablos contiene el agua de allá?”. Entre los mencionados, aparte de Orson Scott Card y Stephenie Meyer, aparecen Dave Wolverton, M. Shayne Bell, Susan Kroupa, James Jordan, Virginia Bake, Brandon Sanderson, Shannon Hale, Brandon Mull, Aprilynne Pike y John Brown

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Cementerio para lunáticos (A Greveyard for Lunatics), Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 1991,pag. 139

El personaje principal se encuentra con un actor que ha personificado a Cristo y repasan juntos sus experiencias religiosas…

–         Eh, me sigues los pasos  ¿Cómo puede ser que hayas estado en todos esos lugares?

–         Quería respuestas

–         ¿Leiste el Talmud y el Corán?

–         Me llegaron demasiado tarde en la vida.

–         Te diré lo qué fue lo que me vino demasiado tarde a mí.

–         ¿El Libro de Mormón? – pregunté riéndome

–         Exacto!

–         Estuve en una pequeña compañía de teatro mormona cuando tenía veinte. El Angel Moroni me hacía dormir de aburrimiento.

Jesús rugió y se tocó los estigmas.

El pasaje completo hace referencia al recuerdo de los personajes involucrándose con diferentes grupos cristianos, incluyendo a Pentecostales, Santos de los Ultimos Días y Bautistas. También hay una mención personal sobre la época en que el autor escribía argumentos para el teatro que dirigía la actriz mormona Laraine Day. Un poco más adelante (pag. 152) se menciona al Monte Rushmore, la monumental escultura de cuatro cabezas de presidentes norteamericanos realizada sobre la montaña, obra del artista mormón Gutzon Borglum, pero no podemos estar seguros de si Bradbury estaba consciente de tal relación.

“El Hombre del Cohete” aparecido en Argosy de Febrero 1952 ilustrado por James Bingham

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Virgen Resusitas, en “A Ciegas”, Emecé Editores S.A., 1998, Buenos Aires, Pag. 202

–         Agárrate fuerte: me uní a la Iglesia.

–         Que te… ¿a qué iglesia? – pregunté, balbuceando.

–         Pero ¡cómo! ¡Hay una sola!

–         Tienes muchos amigos mormones y algunos parientes luteranos por parte de…

–         Ay, por favor. ¡Hablo de la Iglesia Católica, por supuesto!

–         ¿Desde cuándo te simpatizan los católicos? Creía que te habías criado en una familia irlandesa protestante, oriunda de Cork, de esas que se burlan del Papa.

–         Qué tontería. Eso quedó en el pasado. Ya fui admitida como miembro…

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Bradbury, un hábil artesano de las imágenes visuales hiperbólicas, ha utilizado al Coro del Tabernáculo (un ícono fácilmente reconocible para el público norteamericano e internacional) como metáfora diversa de sonido, multitud o alegría, en muchas de sus obras.  

“Matemos todos a Constance”, Ediciones Minotauro, Barcelona, 2004, Pag. 31

La línea férrea se inauguró el 4 de Julio de 1893, con pastel y helado gratis y miles de pasajeros. La Pasadena Brass Band iba en el primer coche tocando “Hail, Columbia”. Pero como estaban a punto de entrar en las nubes habían cambiado a “Nearer My God to Thee” (Más cerca Dios, a Ti), que hizo llorar por lo menos a diez mil personas en el camino… Los seguía, en tres funiculares, la orquesta Los Angeles Symphony; los violines en un coche, los bronces en un segundo y los timbales y los instrumentos de viento en el tercero. En la confusión, se olvidaron del director y de su batuta. Más tarde subió el Salt Lake City Mormon Tabernacle Choir, también en tres coches; las sopranos en uno, los barítonos en otro y los bajos en el tercero. Cantaron “Onward, Christian Soldiers” (Con valor marchemos), lo cual parecía muy apropiado mientras desaparecían en la niebla…”  

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“Una vez más, legato  en “Más rápido que la vista”, Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1997, pag. 220

Fentriss es un compositor que logra el éxito imitando en sus creaciones a los pájaros que visitan su jardín. Luego del suceso de sus obras “Cuarenta y siete urracas”, “Alas” y “Vuelos”, algunos rivales cortan el árbol en el que solían posarse sus inspiradores. Fentriss sale a buscarlos en su auto…

“Pero salir en su búsqueda no sirvió. No era como buscar perros perdidos o gatos aficionados a los postes de teléfonos. Tenían que encontrar y enjaular a todo el Coro del Tabernáculo Mormón, sopranos voraces de alpiste trinando en las Rocallosas en la estación primaveral, para demostrar que más vale pájaro en mano que cien volando. Pero aun así, fueron de calle en calle y de jardín en jardín buscando y aguzando el oído. Sus espíritus de pronto se elevaban con el eco sublime del Coro del Aleluya de las oropéndolas, para luego sucumbir en un ocaso de desesperanza de color pardo gorrión”.

Ilustración de Joe Petagno para “The Silver Locust”

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Al oeste de octubre, en “En el Expreso, al norte” (The Toynbee Convector) Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 1990, Pag. 74. También en “De las cenizas volverás” (From the dust returned), Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 2001 , pag 97

En varios relatos, Bradbury ha descripto a los integrantes de una extraña familia de brujos (La bruja de abril), parientes con alas de murciélago (El Tio Einar) y otros poderes extraordinarios que se reúnen ocasionalmente (Reunión de Familia). En esta oportunidad, los cuatro primos de Cecy, que comparten con ella el poder de abandonar sus mentes y entrar en las de otras criaturas, deben dormir en el granero pues no queda lugar en la casa. Con sus mentes viajando por otras regiones, el granero se incendia y los cuatro cuerpos quedan carbonizados. Mientras la familia busca una solución definitiva para esas inteligencias viajeras, comparten la mente de Cecy, pero luego de varias situaciones confusas, se trasladan a la del Abuelo…

–         No. ¡Devuélveme las manos! ¡Lávame la boca con jabón!

–         Basta de charla – dijo una voz interior, la de Philip.

–         Estamos perdiendo el tiempo – dijo Tom.

–         Vayamos a saludar a esa muchacha que está al otro lado del corredor – sugirió Tom – ¿De acuerdo?

–         ¡Claro! – respondió el Coro del Tabernáculo Mormón desde el fondo de una sola garganta.

El Abuelo se sintió tironeado por hilos invisibles que lograron ponerlo de pie.

SUS IDEAS

Bradbury ha sido un gran humanista, receloso de la influencia excesiva de la tecnología en la vida terrestre. Ha rescatado las emociones, la importancia de la vida familiar y el optimismo de lograr lo mejor posible con lo que se tiene. Ha vislumbrado un Cristo que viaja por el cosmos visitando diferentes planetas y llevando sus buenas nuevas, en un claro paralelo con nuestras creencias religiosas de que el Salvador podría haber extendido su plan a otras creaciones y  a “otras ovejas que no son de este redil”

“La gente me pide que prediga el futuro, cuando todo lo que quiero hacer es prevenirlo. Mejor aún, construirlo. De todos modos predecir el futuro es fácil. Mire a la gente alrededor suyo, la calle sobre la que se para, el aire que  respira, y pronostique más de lo mismo. Al diablo con más de lo mismo. Yo quiero algo mejor!”. (Beyond 1984: The People Machines)

“En el centro de la religión está el amor. Amo y perdono. Soy como tú y tú eres como yo. Amo a la gente. Amo al mundo. Amo crear. Todo en nuestra vida debería estar basado en el amor” (“Sci-fi legend, RayBradburyonGod, monsters and angels” por John Blake)

“No me interesan los rótulos, me interesala Humanidadque se halla en contacto con el Misterio en muchos niveles. Uno de ellos es, por supuesto, a través dela Ciencia, que sólo puede avanzar hacia arriba o hacia abajo, a través del macrocosmos o del microcosmos hasta que termina en el mismo viejo rompecabezas, donde debe ser auxiliada por la teología. Las dos fes deben vivir una junto a la otra; la ciencia, con la esperanza de que las Leyes no cambien, confiando en que permanecerán inmutables; yla Religión, diciéndonos que hay un Misterio Ultimo tan sorprendente que no puede ser comprendido. Mi propósito, si puedo, es fundirlas y permitirles entablar una relación que no entrañe ninguna hostilidad o deseo de destrucción mutuos… En cualquier época, el número de los líderes espirituales con capacidad de creación es limitado. La mayoría necesita ser ayudada con materiales imaginativos para actuar de acuerdo con los ya familiares Viejo y Nuevo Testamentos. Esos materiales son excelentes auxiliares para ampliar la limitada capacidad de la mayoría de los hombres y las mujeres para sentirse entusiastas y alegres, de modo que en ese entusiasmo y en esa alegría se pueda enseñar y ser escuchado. Considero mis cuentos y mis poemas como herramientas. Espero que los creyentes lo utilicen constructivamente…” (RayBradbury y el apetito por el universo,La Nación, 12 de Octubre 1980, pag. 7)

Siguiendo esa idea, en 2001 publicó una recopilación de cuentos y poesías con el título de A Chatbook for Priests, Rabbis and Ministers que se tradujo al castellano como Libro para Inspirar a Curas, Rabinos y Pastores Desanimados

CONCLUSION

Algunos de sus consejos y reflexiones:

“Tienes que saber cómo aceptar el rechazo y rechazar la aceptación”.

“La divagación es el alma del ingenio”.

“La ciencia ficción te balancea en el acantilado. La fantasía te empuja”.

“Hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos”.

“Debemos permanentemente arrojarnos de precipicios y construirnos alas mientras caemos”.  

“Como verán, los dinosaurios que cayeron por el acantilado en ‘El Mundo Perdido’, esa antigua película de 1925, aterrizaron directamente sobre mí, como lo hizo King Kong cuando yo tenía doce. Por el camino conocí a otro joven, exactamente de mi edad, con el mismo amor, por no decir pasión… Su nombre era Ray Harryhausen. Construía y animaba una familia de dinosaurios con el sistema de stop-motion en 8 mm, en el garage de su patio trasero… Hace un año (1982) estaba yo presentando a Harryhausen en un evento especial para honrarlo, en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Cuando terminé mi introducción, Fay Wray, la heroína de la versión de King Kong de 1933, se levantó corriendo desde la audiencia y nos abrazó a ambos, colocando el broche de oro a dos vidas que se habían iniciado con simples y directos amores en museos, cinematógrafos y garages, hace mucho tiempo atrás” (Introducción a “Dinosaur Tales”, Bantam Books, 1983, New York, pag. 17)

Es muy posible que Bradbury ignorase que la actriz Fay Wray, aunque poco activa religiosamente en su etapa adulta, también era mormona… proveniente de un hogar mormón y con una formación cultural mormona…

Un ejemplar de la revista “Planet Stories” donde apareció su relato Pilar de Fuego.

MI HOMENAJE PERSONAL

En el año 2008 escribí este cuento que es, en realidad, una versión fantástica de mi encuentro con él en la Feria del Libro de Buenos Aires. 

QUERIDO TIO RAY

Yo soy un marciano.

Soy un marciano y vivo en Bahía Blanca.

Por supuesto que mis vecinos no lo saben. Por supuesto que mi familia no lo sabe y no lo supo nunca. Mi esposa ha tenido sus sospechas pero, con el paso del tiempo, optó por descartarlas. Y no soy el único. Esto ha estado ocurriendo por generaciones… En realidad nos hemos intercalado, amalgamado, fusionado, mezclado con ustedes por mucho, mucho tiempo. Cuando en nuestro antiguo planeta comenzaron a escasear el agua y el aire, los científicos-sacerdotes planearon el traslado a la Tierra. No puedo ni debo explicar los pormenores de ese traslado. Además, los detalles técnicos me superan. Después de todo, mis genes son los de un simple Recolector de Tradiciones. Sólo puedo afirmar que la aceptación por parte de los terráqueos se debe principalmente a nuestras cualidades de adaptación metamórfica y sugestión telepática, ambas habilidades muy bien descriptas en los relatos del tío Ray. Por mi función de Recolector era importante que tuviese acceso a fuentes literarias específicas, de modo que se programó mi crianza como el tercer hijo de una familia bahiense con una mamá muy lectora y una biblioteca bien provista. Los nuestros han estado enviando mensajes cifrados por siglos… ¿Cómo se explica que  Jonathan Swift, en 1726, al publicar sus famosos Viajes de Gulliver describa a la perfección el descubrimiento, por parte de los científicos del reino de Laputa, de dos lunas en Marte, cuando en realidad esos satélites naturales fueron detectados por Asaph Hall ciento cincuenta años después? Muy sencillamente: Jonathan Swift era marciano… La bisabuela Mary Wollstonecraft Godwin, quien utilizaba el apellido de su esposo terráqueo, Percy Shelley, fue una de las creadoras del género literario que hemos utilizado para mantenernos en comunicación con su novela gótica Frankenstein o el Moderno Prometo y su apocalíptica El Ultimo Hombre. El bisabuelo Edgar Poe, con el apellido Allan de sus padres adoptivos, también aportó varias ideas en La Aventura sin par de un tal Hans Pfaall, Mellonta Tauta, Coloquio entre Monos y Una o su revelador ensayo Eureka, en el que dejó traslucir conocimiento marciano. Después, para despistar, creó el género policial y el cuento de terror. Infiltrado en Nantes, el abuelo Jules Verne comenzó como dramaturgo pero, bajo la influencia de Poe, rápidamente sorprendió al mundo con su serie de “voyages extraordinaires”. En aquella época nuestro objetivo era lograr que el hombre llegase a la Luna como un primer paso para luego conducirnos de regreso al planeta rojo. De modo que sus De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna fueron proféticos en muchos detalles llevados a la práctica luego por el programa espacial humano. Para mi constituye una prueba (aunque otros Recolectores no estén de acuerdo) de que nuestro don de sugestión telepática se traslada parcialmente a las obras escritas. Del otro lado del Canal de la Mancha, el abuelo Herbert George no se limitó a Los Primeros Hombres en la Luna sino que introdujo el tema de Marte de modo directo en La Guerra de los Mundos. En esa obra magistral logró dos objetivos: 1) que los humanos pusiesen los ojos en nuestro lejano planeta con ansias de llegar a él y conquistarlo. 2) imponer la idea de un extraterrestre verdoso y de largos tentáculos que podría venir del espacio exterior, lo cual era una cortina de humo perfecta para ocultar la verdad: que ya estábamos aquí y que pasábamos totalmente inadvertidos. Edwin Lester Arnold, en 1905, tomó la antorcha de Swift y escribió Gulliver de Marte. El tío Edgar Rice Burroughs (ERB para los iniciados) lanzó su serie marciana en 1911, comenzando con Una Princesa de Marte para continuar con Los Dioses de Marte, El guerrero de Marte, Thuvia y toda la saga. Allí desplegó ante los ojos terráqueos muchas de nuestras tradiciones, leyendas y héroes: Tars Tarkas, el guerrero verde, Dator Xodar, de los Piratas Negros, Mors Kajak, Jed de Hestor, la bella princesa Dejah Thoris, los reinos de Helium y Zodanga. Tuvo que introducir un personaje humano muy poco creíble llamado John Carter, tan habilidoso con la espada como con sus saltos acrobáticos, porque en aquella época los lectores parecían necesitar que el protagonista fuese norteamericano y se llamara John, o se negaban a leer. Después de eso, ERB se hizo famoso con Tarzan, la historia de un niño criado en la selva por los simios. El relato es altamente simbólico y refleja los sentimientos del Burroughs extraterreno, en su primer etapa, creciendo junto a una familia humana. Lo expresó muy sutilmente. Pero yo, que puedo leer entre líneas la fina ironía de mi gente, les aseguro que allí está todo detallado. Más adelante, y para desorientar a cualquier suspicaz, escribió sobre un tal Carson de Venus (¡como si en Venus pudiese existir alguna forma de vida!) Pero nadie ha sabido describir nuestros paisajes y estados de ánimo como el tío Ray. Su fraseo, su prosa poética, sus tonalidades, sus dinámicas expresivas, todo, tiene que ver con nuestra mentalidad y nuestra raza. ¿Quién podrá superar sus nostálgicas Crónicas Marcianas? ¿Quién podrá emular sus otras Crónicas, nunca compiladas pero estratégicamente presentes y dispersas a lo largo de esa inmensa obra? ¿Quién podría transmitir la soledad de Historia de Amor en “The Toynbee Convector”? ¿O la antigüedad expectante de La Ciudad Perdida de Marte en “I Sing the body Electric!”? ¿O la lenta transformación de lo conocido en los menos conocido de Eran Morenos y de Ojos Dorados, en “A Medicine for Melancholy”? Por supuesto que también hemos tenido al tío Isaac (quien nació en Rusia pero se las ingenió para arribar a América como infante) con “A la Manera Marciana” o la hilarante “Estoy en Puerto Marte sin Hilda”. Pero él mismo reconoció que el único lugar en el que podía aventajar al tío Ray era en el diccionario, pues allí la palabra Asimov aparecía antes que Bradbury. Creo que el principal logro del tío Isaac ha sido su estímulo intelectual para los viajes espaciales. Para ello abandonó por una década el campo de la ciencia ficción y se dedicó específicamente a la divulgación científica. Además, están los primos Stanley G. Weinbaum con “Una Odisea Marciana” y Fredric Brown con “Martians, go home”, junto a tantos otros. No todos han podido adaptarse fácilmente. El tío abuelo Franz Kafka, en Praga, nunca pudo superar la idea de que vivir como terráqueo era similar a encontrarse atrapado dentro de una gigantesca cucaracha. El primo segundo H.P. Lovecraft padeció un genial desvarío que lo hizo extraviarse por senderos de horror cósmico y abismos sin fin. Algunos humanos se nos han sumado a lo largo del tiempo. Jorge L. Borges jamás fue marciano. Sin embargo, su amor por Wells, Stevenson y otros alienígenas lo convirtió en una especie de embajador de nuestras causas. Su prólogo a la edición castellana de las Crónicas del tío Ray continúa siendo una página brillante. Para no extenderme más con esta lista que, a pesar de mis esfuerzos, quedará siempre incompleta, básteme decir que los he leído, releído, copiado, marcado, citado, a todos ellos. He registrado y tomado nota de los símbolos, las claves ocultas, los mensajes interlineales. También he analizado por horas el trabajo de los ilustradores de Marte, para nosotros el planeta Tyrr, como bien lo ha llamado el tío Ray. Algunos nostálgicos prefieren el antiguo nombre de Barsoom. El prolífico John Allen St. John, ilustrador de las obras de Burroughs, era tyrrano, al igual que Frank R. Paul, el padre de todos los dibujantes de ciencia ficción. Deberemos reconocer que sin J.A. St. John no existiría Frank Frazetta y sin Frazetta no existirían Vallejos, ni Jusko, ni Hoffman, ni Cho. De modo que he analizado cada centímetro de sus pinturas en busca de los detalles auténticos, los patrones originales. Eso es lo que hacemos los Recolectores. Investigar para recrear nuestra cultura. Mi función específica fue diseñar el plan maestro por el que reviviremos nuestras tradiciones, la gloriosa arquitectura, la literatura olvidada, la mágica música, una vez que nuestros pies retornen a las rojas arenas de Barsoom… Entonces edificaremos ciudades con reluciente mármol blanco, incrustado de oro y piedras brillantes… Erigiremos las altas torres inmaculadas, que semejarán piezas de ajedrez trabajadas con cincel. Pintaremos con fuegos químicos las hazañas inmemoriales… Leeremos los libros de metal con sus jeroglíficos en relieve, y, al pasar la mano suavemente, como quien toca un arpa, surgirán las voces antiguas que nos hablarán de otros tiempos… Soplaremos los cuernos dorados… Nadaremos nuevamente en los canales por donde correrá el licor verde de las viñas… Volaremos sobre los valles de ópalo y esmeralda, vistiendo nuestras máscaras de plata y conduciendo las naves como silenciosas mariposas de cobalto… Yll e Ylla volverán a la ciudad de Xi y pasearán por las Montañas Azules en su barquilla tirada por pájaros de luz… Muhe Ca saltará en su máquina verde jade hacia las fiestas del vino de lavándula y surcará el líquido violáceo en su barca, hermosa y esbelta como mujer, al encuentro de mujeres hermosas y esbeltas como barcas… Entonces iremos … Perdón, perdón… A veces me entusiasmo y comienzo a hablar de cosas que no tienen sentido para ustedes, tejidas de la sustancia de los sueños, nacidas de la vana fantasía, tan delgadas como el aire y más inconstantes que el viento… para ponerlo en versos de William Shakespeare, otro tyrrano extraordinario. El plan maestro se fue desarrollando con el paso de los años, y ya estaba casi concluido. Me faltaba la información que aparecía en una de las obras menos conocidas del tío Ray. Se trataba de “Ghosts Forever/Fantasmas para Siempre”, un libro en colaboración con el argentino Aldo Sessa, que combinaba arte y literatura. Se había agotado la edición limitada y no era fácil encontrarlo. Como veinte años después de su publicación logré hallar un ejemplar único y caro. Estaba tan emocionado de tenerlo en mis manos que olvidé dónde había estacionado mi auto y pensé que lo habían robado. Con esa última información trabajé puliendo detalles y ajustando esquemas. En nuestra cultura, el arte, la ciencia y la religión se complementan y enriquecen mutuamente. Los terrícolas aún no han logrado esa fluidez. Finalmente, el plan quedó concluido. Tomaría el formato aparente de un ensayo crítico sobre las fuentes e influencias literarias en la narrativa bradburiana, pero todos sabíamos que era más, mucho más que eso… Los demás Recolectores se opusieron al envío por medios electrónicos o correo. Era demasiado peligroso. La entrega debía efectuarla yo, en mano, al tío Ray, y con confirmación telepática de recepción. La excusa ideal surgió con la 23º Feria del Libro de Buenos Aires de 1997. Ray fue invitado y confirmó rápidamente su asistencia.  Yo anticipaba el encuentro con deleite. Quizás estaba tan ansioso que cometí algunas imprudencias…¡Encontrarme en persona con el tío Ray! En un arranque de júbilo intenté dar un típico salto marciano…Debo reconocer que jamás logré adaptarme totalmente a la gravedad terrestre. Mientras volaba por los aires, creí emular las hazañas de John Carter bajo las lunas gemelas de Barsoom, pero, al caer y resbalar, todo el peso de mi cuerpo oprimió el tobillo derecho que crujió lastimosamente… Dos meses más tarde, aún dolorido, con bastón y paso inseguro, viajaba hacia Buenos Aires con el plan maestro en la maleta. El día anterior, en el Planetario, irónicamente, habían declarado al tío Ray “marciano ilustre” de la ciudad. La Feriadel Libro de ese año fue particularmente especial. Ese fin de semana se encontraban presentes Sábato, Vargas Llosa y Skármeta, pero Bradbury era, sin duda, la estrella principal. Después de horas y largas colas de espera, unos setecientos de nosotros fuimos introducidos en la sala de conferencias; otro tanto quedó escuchando desde afuera. Nelson Castro traducía (¿él es o no es barsoomiano?) El tío Ray con su rostro de duende bonachón y miope comenzó a hablarnos. Esa voz, grave y profunda, era como la de los antiguos libros de metal. Nos llevó de paseo desde Wakegan, Illinois, hasta los confines del sistema solar del brazo de su hermano, Buck Rogers y de su primo, Flash Gordon. Nos habló de sus inicios en Venice, California, y de su trabajo con John Huston en Moby Dick; de sus proyectos en el cine, la televisión y el teatro; de su amor por otras formas de arte, la música, la pintura; de la supresión de las guerras y de la necesidad de retomar la exploración del universo… así llegamos a Marte en nuevas y mágicas naves, dejando una estela de incienso en la aterciopelada catedral del espacio. Nos contó de los  deseos de  que sus cenizas sean sepultadas allá… Por más de una hora nos mantuvo encantados y en silencio como si una lluvia suave nos refrescara luego de una larga sequía. Por más de una hora fuimos jóvenes de un mercado persa  sentados a los pies del relator de historias… Explotamos en aplausos. No deseábamos irnos. La fila para firmar ejemplares comenzó a delinearse. Me vio desde lejos. Sus gruesos lentes se posaron en el dossier de tapas rojas que yo guardaba bajo el brazo. Me sonrió. Ambos sabíamos porqué estábamos allí… Cuando llegó el turno, firmó gentilmente mi ejemplar de “Más rápido que la vista” y aceptó con entusiasmo el trabajo, abrazándolo contra su pecho y asegurándome que lo leería atentamente. El momento quedó captado por la cámara de mi sobrino terráqueo, con quien me hospedaba, y apareció en algunos medios. Pero la foto nunca podría explicar lo que ocurrió en esos breves instantes. Nuestros registros de memoria se unieron y allí se produjo el verdadero encuentro. Mi mente fue captada y absorbida, pero no despojada, sino simultáneamente enriquecida. Tuvo lugar un intercambio telepático a una escala que yo ignoraba que pudiera producirse. Todo mi conocimiento, acumulado en años, fue compartido en segundos y entendí su real magnitud y sentido desde un plano totalmente superior. Vi como era visto y contemplé como era contemplado. Me fue dado habitar, momentáneamente, esa mente prodigiosa… Vi partículas atómicas y galaxias inmensurables; vi atardeceres en lejanos planetas y ferias en pequeños pueblos terrestres; vi un cráter en la Luna, bautizado Dandelion, y un ático que guardaba olores de otros tiempos; vi máquinas que ganaban humanidad y hombres que perdían la suya; vi a Shaw, a Dickens y a Bierce; vi caer nuevamente a la Casa Usher en un paisaje alienígena; vi el gran juego de blancos y negros y un zapato que apretaba en el otro pie; vi la fruta en el fondo de un tazón, oí el ruido de un trueno, olí el aroma de zarzaparrilla, probé el jugo de diente de león envasado en 1929; volé en alas de búho y acaricié la suavidad de un gato junto a Cecy, la bruja de abril. Pude ver Tyrr, como era, como es y como será. Pude ver el plan maestro tomando forma aceleradamente mientras los canales se llenaban de líquido cristalino y el aire vigorizaba flamantes bosques en los que banths de seis patas volvían a rugir. Vi… un guiño en los ojos del tío Ray y una sonrisa cómplice en su rostro que me indicó que la recepción telepática había culminado y que debía permitir que continuara con la firma de ejemplares a los asistentes. Me alejé, junto a mi sobrino y mi bastón, sin volver la vista atrás, pero mi vida había cambiado para siempre. Por primera vez entendí cómo este “marciano ilustre”, con sólo un diploma de secundaria en su haber, se las había ingeniado para ser asesor dela NASA así como consultor de estudios de arquitectura y urbanismo. Regresé a Bahía Blanca, a una etapa de  existencia más tranquila, habiendo cumplido mi parte en el gran plan y con imágenes imborrables en los pliegues de mi cerebro. Más de diez años han pasado desde aquella ocasión. No he vuelto a ver personalmente al tío Ray, pero me he mantenido al tanto de sus escritos y de los viajes interplanetarios. Algunas semanas atrás, en mayo de 2008, la sonda robótica Phoenix “amartizó” en el polo norte del planeta rojo. En su interior llevaba un DVD de la Sociedad Planetaria, creada por Carl Sagan. Contenido: las obras literarias de Marte, “La Guerra de los Mundos” de H.G. Wells, “Marte Verde” de Kim Stanley Robinson y, por supuesto, “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury. Los experimentos de la sonda han mostrado la existencia de agua en el pasado (ninguna novedad para nosotros). Los científicos hablan ya de la “terraformación” de Marte, es decir, un proceso que permitirá ir creando condiciones ambientales con oxígeno y humedad suficiente como para sustentar la vida. Claro que, a lo que ellos llaman “terraformación”, nosotros lo denominamos “remarcianización” de Marte. Las lunas también han sido objeto de estudio y de proyectos de colonización. Curiosamente, los terráqueos las han llamado Deimos y Fobos, terror y temor, como los hijos de Ares, dios griego de la guerra, versión anterior del Marte romano. Nosotros las distinguimos con nombres cálidos y nostálgicos como Cluros y Thuria. El tío Ray ha envejecido y yo también. Como todos los humanos y marcianos antes que nosotros, en algún momento, seguiremos el camino de nuestros antepasados por los mundos sin fin. Allí volveremos a encontrarnos. No sé cuándo ocurrirá pero sí exactamente dónde. Lo he  visto claramente al fusionarse nuestras mentes. Iré al Valle Dor, más allá de Nix Olímpica, cerca de donde crecía el Arbol dela Vida. Buscaré esa región que posee una eterna estación templada en la que florecen los pensamientos. Allí moran los filósofos y los científicos-sacerdotes. Estarán el abuelo Edgar Allan Poe y el abuelo Jules Verne con sus seguidores, el tío Edgar Rice Burroughs y el tío Isaac Asimov con sus iniciados. Estarán todos, todos… Y yo me haré un lugar a los pies del tío Ray, como otro joven en el mercado persa, y lo oiré decir:

“Iremos a otros mundos, y sumaremos las distintas fracciones de la verdad hasta que el total se alce ante nosotros como la luz de un nuevo día… Al igual que millones de humanos que observan, y que nacieron como filósofos a medio formar, nos hemos preguntado una y otra vez: ¿Por qué estamos acá? ¿Por qué estamos vivos? ¿Hemos nacido para un misterioso propósito?… ¿Cuál es el sentido de un universo al que nadie ve, un teatro de mundos vacíos? Estamos acá. ¡Aleluya! Y otra vez salvajes aleluyas, para ser testigos de todo esto, para atestiguar y celebrar y explorar”

Y sembrar la Luna y dar aliento a Marte

Con el Niño/joven/hombre en nuevos carros de fuego egipcios de Ra.

Mario R. Montani con Ray Bradbury en la Feria del Libro (Fotografia de Pablo Nitto)

3 comentarios el ““ARROJANDONOS DE PRECIPICIOS Y CONSTRUYENDO ALAS EN LA CAIDA” – Ray Bradbury y los Mormones

  1. Adalberto Juan Mansilla dice:

    Excelente el trabajo. El mejor homenaje a un escritor que marcó a mas de una generación.
    La vinculación con los mormones en sus obras, muy bien desarrollado.

  2. mormosofía dice:

    […] un joven Ray Bradbury (de hecho, ambos tenían la misma edad) (la referencia puede leerse en Arrojándonos de precipicios y construyendo alas en la caida – Ray Bradbury y los Mormones  de este mismo blog). Mientras tanto continuaba filmando Unholy partners con Edward G. Robinson, Mr. […]

  3. […] un joven Ray Bradbury (de hecho, ambos tenían la misma edad) (la referencia puede leerse en Arrojándonos de precipicios y construyendo alas en la caida – Ray Bradbury y los Mormones  de este mismo blog). Mientras tanto continuaba filmando Unholy partners con Edward G. Robinson, Mr. […]

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