DE NADIE A ALGUIEN – Parte 1

DOCTRINA

      Deidad

“DE NADIE A ALGUIEN” – Parte 1

(La Restauración y el reintegro de la Divina Corporalidad)

Por Mario R. Montani

“Todo teísmo es antropomórfico, y no hay modo de escapar a ello. El rechazo al antropomorfismo es un intento fallido desde el comienzo, porque como máximo uno puede oponerse a ciertos puntos a lo largo del espectro del antropomorfismo, pero jamás al fenómeno completo,  al menos, si uno quiere permanecer como teísta. La simple noción de un Dios al cual podemos dirigirnos es antropomórfica. Sin cierto tipo de antropomorfismo, no puede haber religión tal como la conocemos. Proponer una deidad con una mente o deseo estaría excluido. Dirigir nuestros deseos a algo sin deseos es un sin sentido, y adorar algo sin una mente es idolatría. La oración quedaría descartada .”

(Esther J. Hamori, When Gods were Men: The Embodied God in Biblical and Near Eastern Literature(Berlin: Walter De Gruyter, 2008), 46-47.)

Me he permitido iniciar este ensayo con el epígrafe de una investigadora de la religión no mormona, ya que en muchas oportunidades los miembros de la Iglesia somos ridiculizados por creer en la “primitiva” idea de un Dios con cuerpo y sentimientos. De modo que necesitaba introducir a alguien que nos mostrase que no estamos solos en nuestro reclamo. A continuación convocaré a un escritor más cercano, que no fue teólogo pero conocía al dedillo las filosofías del mundo; quizás ni siquiera fuese creyente, pero sabía cómo expresar sus ideas de modo breve y altamente preciso. Me refiero a Jorge Luis Borges. En su reflexión de 1950 “De Alguien a Nadie” (Otras Inquisiciones, Obras Completas, Tomo II, pag. 115, Emecé Editores, 1994) declaraba:

“… Elohim es concreto; se llama Jehová Dios y leemos que se paseaba en el huerto al aire del día o, como dicen las versiones inglesas, in the cool of the day. Lo definen rasgos humanos, en un lugar de la Escritura se lee Arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra y pesóle en su corazón y en otro, Porque yo Jehová tu Dios soy un Dios celoso y en otro, He hablado en el fuego de mi ira. El sujeto de tales locuciones es indiscutiblemente Alguien, un Alguien corporal que los siglos irán agigantando y desdibujando…En los primeros siglos de nuestra era, los teólogos habilitan el prefijo omni, antes reservado a los adjetivos de la naturaleza o de Júpiter; cunden las palabras omnipotente, omnipresente, omniscio, que hacen de Dios un respetuoso caos de superlativos no imaginables. Esa nomenclatura, como las otras, parece limitar la divinidad: a fines del siglo V, el escondido autor del Corpus Dionysiacum declara que ningún predicado afirmativo conviene a Dios. Nada se debe afirmar de El, todo puede negarse. Schopenhauer anota secamente: “Esa teología es la única verdadera, pero no tiene contenido”… Juan el Irlandés (Escoto Erígena), para definirlo, acude a la palabra nihilum, que es la nada; Dios es la nada primordial de la creatio ex nihilo, el abismo en que se engendraron los arquetipos y luego los seres concretos. Es Nada y Nada; quienes lo concibieron así obraron con el sentimiento de que ello es más que ser un Quién o un Qué… Ser una cosa es inexorablemente no ser todas las otras cosas; la intuición confusa de esa verdad ha inducido a los hombres a imaginar que no ser es más que ser algo y que, de alguna manera, es ser todo. Esta falacia está en las palabras de aquel rey legendario del Indostán, que renuncia al poder y sale a pedir limosna en las calles: “Desde ahora no tengo reino o mi reino es ilimitado, desde ahora no me pertenece mi cuerpo o me pertenece toda la tierra”…

Borges describe a la perfección el proceso por el cual la idea de Dios fue paulatinamente despojada de un cuerpo y demás atributos humanos. Es, quizás, el momento de repasar algunas definiciones.  Antropomórfico: del griego anthropos (hombre) y morphé (forma), es decir de forma o apariencia humana, zoomórfico (con forma de animal), dendromórfico (con apariencia de árbol o arbusto), teomórfico (con forma de Dios), creatio ex nihilo (Creación de la nada).

Jenófanes de Colofón fue el primer filósofo del que tenemos noticias que criticó la idea del antropomorfismo, señalando que si los animales pudiesen imaginar dioses los harían semejantes a ellos. Para ser justos, deberemos recordar que Jenófanes, quien escribía alrededor del año500 A.C., era un crítico de Homero y Hesíodo y del modo en que éstos habían prefigurado la religión politeísta griega. Los dioses del Olimpo eran literalmente hombres y mujeres agigantados en sus poderes, virtudes y vicios, y su interacción con los humanos era el origen de mitos interminables con los que se enseñaba y también divertía al pueblo.

Antes de seguir adelante deberemos dejar algo bien en claro: LOS MORMONES NO CREEMOS EN UN DIOS ANTROPOMORFICO SINO MAS BIEN EN UN HOMBRE TEOMORFICO. Este concepto que siglos atrás era compartido por las principales religiones monoteístas (Judaísmo, Islamismo, Cristianismo) hoy se ha disuelto. Si bien es cierto que en el pasado muchos pueblos imaginaron a sus dioses como hombres de pasiones agigantadas, con relación al Unico Dios Verdadero judeo-cristiano el proceso es inverso: El ha creado al hombre a Su imagen y semejanza. Podríamos hablar de antropomorfismo propiamente dicho cuando el dios en cuestión es una invención a la cual se le han asignado características humanas, no cuando creemos en un Dios existente fuera de nuestra mente y que declara irrevocablemente habernos otorgado rasgos teomórficos a nosotros, sus hijos.

Hecha esta salvedad, para los fines prácticos, deberemos reconocer que nuestras creencias encajan dentro de lo que, globalmente, se denomina antropomorfismo, es decir, la aceptación de un Ser superior, con forma definida, capaz de sentimientos y acciones dentro del tiempo y el espacio material.

El Dios del Antiguo Testamento

William F. Albright, padre de la arqueología bíblica, reconoce que el monoteísmo mosaico “tuvo que incluir a Dios, el Creador, el cual tiene forma humana”. (William F. Albright, “From the Stone Age to Christianity,” Doubleday Anchor Books, 2nd ed., 1957, p. 272)

“Fundamental para la temprana religión Israelita y profundamente enraizada en la tradición mosaica está la concepción antropomórfica de Yavé… con una sola mirada a las mitologías, las iconografías y las letanías del cercano oriente vemos que los dioses cambiaban sus manifestaciones de lo astral a lo zoomórfico, lo dendromórfico y las formas compuestas. Yavé, por otro lado, en las fuentes originales, siempre es referido de modo que sugiere su forma humana, aunque su cuerpo usualmente aparece escondido bajo una cobertura refulgente llamada su Gloria” (Albright, idem, p. 264.)

Además del obvio “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” de Génesis 1:26, hay muchas referencias explícitas a partes físicas de la deidad:  “Vi (Jacob) a Dios cara a cara” (Génesis 32:30); “ y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro…”(Exodo 24:10); “Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Exodo 33:23).

Dios puede sentir enojo, furia e indignación (1 Reyes 11:9; 2 Reyes 22:17; Nahum 1:2,6; Ezequiel 5:15)

Dios puede aparecerse al hombre (2 Crónicas 18:18-22; Amos 9:1; Isaías 1:1-5)

Dios puede brindar consuelo y ser compasivo (2 Reyes 13:23; Jeremías 12:15)

Dios se involucra con el tiempo, el espacio y la naturaleza (2 Reyes 8:1; Jonas 1:4; Amos 4:7-10; Isaías 23:11; 29:6)

“Es obvio que, desde el punto de vista bíblico, los hechos de los hombres pueden motivar a Dios, afectarlo, apenarlo, o, por otro lado, alegrarlo y complacerlo. Esta noción de que Dios puede ser íntimamente afectado, que El posee no sólo inteligencia y deseos, sino también sentimientos y pathos, define básicamente la conciencia profética de Dios.” (Abraham J. Heschel, “The Divine Pathos,” en Judaism, vol. 2, no. 1 (Enero 1963), p.61.)

El académico judío Jacob Neusner declara que la “encarnación de Dios era un lugar común dentro del judaísmo desde la formación de las Escrituras en adelante”  (Neusner, Incarnation of God, 4), entendiendo que encarnación es “la representación de Dios en la carne, como corpóreo, consubstancial en emociones y virtudes con los seres humanos, y compartiendo los modos y medios de acción que llevan a cabo los mortales…”(Neusner, Incarnation of God, 12, 17)

Para detectar cuán claro era este concepto para los hebreos hasta el primer siglo de nuestra era baste recordar el relato del Rabí Hosias, en el que los ángeles confunden a Adán recién creado con Dios y sólo cuando lo ven dormir se dan cuenta de la diferencia (Midrash Rabbah Genesis 8:10). El propósito de estas historias era siempre elevar la figura humana y no disminuir la divina.

El Dios del Nuevo Testamento

El Salvador mantuvo el patrón corpóreo del pueblo Judío con relación a Dios. Las múltiples menciones de “quien me ha visto a mí ha visto a mi Padre” parecen haber sido consideradas textualmente por sus contemporáneos.

Algunos estudiosos encuentran una referencia adicional de Jesucristo a la apariencia humana del Padre en su declaración de Juan 8:16-18: “Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres (duo anthropon) es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mi”.

De todos modos, durante el período primitivo de la Iglesia (que la mayoría ubica entre la muerte de los Apóstoles y la primer mitad del segundo siglo de nuestra era), el Nuevo Testamento no existía como tal. La mención de “las Escrituras” en esa etapa apunta a la lectura del Antiguo Testamento y su impronta judía.

No obstante lo mencionado anteriormente, en los textos dispersos que pasarían a formar el canon neotestamentario, es posible encontrar pasajes que sustentan la divina corporalidad: Hechos 7:56 nos cuenta de Esteban viendo al Hijo del Hombre parado a la diestra de Dios; Hebreos 1:3 nos informa de Cristo como “el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia”.

En dos notas al pie de su inmensa obra en siete volúmenes La Historia del Dogma, el historiador de la religión Adolph Harnack declara:

Dios fue naturalmente concebido y representado como corpóreo por los Cristianos incultos, aunque no sólo por ellos, como lo demuestran controversias posteriores (por ejemplo: Orígenes contra Melito o Tertuliano De anima). En el caso de los que poseían cierto grado de cultura, la idea de la corporalidad de Dios puede rastrearse hasta influencias estoicas; en el caso de los incultos las ideas populares operaron conjuntamente con las enseñanzas del Antiguo Testamento entendidas literalmente y la impresión de imágenes apocalípticas.  Adolph Harnack, History of Dogma (New York: Dover, 1961), 1:180 n 1.

Más adelante reconoce:

“Durante el segundo siglo… las ideas escatológicamente realistas sin duda continuaron impulsando, en círculos muy amplios, la idea popular de que Dios tenía una forma y cierta existencia corporal  (Harnack, History of Dogma, 2:255 n 5.)

La versión helenística (Inmaterialismo)

Así como Roma era la capital política del imperio, Alejandría, en Egipto, se mantenía como una especie de capital cultural. Tanto el judaísmo como el incipiente cristianismo se vieron influenciados por las filosofías y doctrinas de allí emanadas.  El inmaterialismo (la idea de un Dios no material) fue introducido en la segunda mitad del siglo II precisamente por Clemente de Alejandría

Orígenes

Considerado uno de los Padres de la Iglesia, nacido también en Alejandría, y discípulo de Clemente. En un arrebato de ascetismo se autoemasculó, convirtiéndose en eunuco, lo que le impedía recibir las órdenes sacerdotales, como eran entendidas en su época. Su conocimiento de las escrituras y erudición eran extraordinarios. En el año 248 escribió ocho libros Contra Celso. El Concilio de Constantinopla condenó sus obras en 553.

Los escritos de Origenes dan suficiente prueba de que, durante el segundo y tercer siglo, a pesar de los embates de los platonistas, tanto dentro como fuera de la Iglesia, los cristianos continuaban creyendo en un Dios corporal.

“Cómo debe ser Dios mismo entendido – ya sea corpóreo, con alguna otra forma, o de una naturaleza diferente a los cuerpos – es un asunto que no está claramente indicado en nuestras enseñanzas” Origenes, De Principiis 1.9, 1.10 (ANF 4:241). También reconoce que el término griego asomatos (incorpóreo) no aparece en todo el texto bíblico.

En su obra Contra Celso responde a un autor pagano que criticaba a los cristianos por su ingenua concepción de un Dios corporal y comienza a dar forma a su creencia platonista de una divinidad desincorporada. Deberemos entender que para Orígenes el propio cuerpo era motivo de vergüenza (su propia castración lo demuestra), causa de pecado y una humillación de la que convenía liberarse, por lo cual la sola idea de un Ser corporal le parecía absurda.

Al responder y contraatacar las ideas corporalistas, Orígenes nos permite conocer a varios intelectuales de su época que las defendían y cuya obra ha sido  mayormente destruida, particularmente Melito, Obispo de Sardis, en Lidia, quien defendía la divina corporalidad al menos hasta el 197 d.C.

Inesperadamente, Orígenes reconoce que el pasaje de Juan 4:24 “Dios es Espíritu y en espíritu y en verdad debe adorársele” (quizás uno de los más citados por quienes propugnan la inmaterialidad divina) era comprendido por los antiguos cristianos como un testimonio de la materialidad de Dios, ya que la palabra pneuma (traducida como espíritu) significaba literalmente aire o aliento. Siendo el aire uno de los cuatro elementos básicos que constituían el universo para su época, el pasaje confirmaba que Dios era un ser material, aunque más sutil y refinado.

Tertuliano

Quinto Septimio Florente Tertuliano, vivió entre la segunda parte del siglo II y primera del III y, a diferencia de los otros, su actividad se desarrolló en Cartago. Converso al cristianismo, fue presbítero casado (el celibato no existía por entonces), pero con el tiempo derivó de la ortodoxia católica al montanismo (fundado por Montano) y terminó creando su propio movimiento. La doctrina montanista, a veces denominada de La Nueva Profecía, incluía la recuperación de la revelación profética y los dones espirituales de la época de los Apóstoles, preservar la doctrina de influencias filosóficas y preparar al mundo para una inminente Segunda Venida

“Todas las herejías en último término tienen su origen en la filosofía. De ella proceden los eones y no sé qué formas infinitas y la tríada humana de Valentín; es que había sido platónico. De ella viene el Dios de Marción, cuya superioridad está en que está inactivo; es que procedía del estoicismo. Hay quien dice que el alma es mortal y ésta es doctrina de Epicuro. […] Es el miserable Aristóteles el que les ha instruido en la dialéctica, que es el arte de construir y destruir, de convicciones mudables, de conjeturas firmes, de argumentos duros, artífice de disputas, enojosa hasta a sí misma, siempre dispuesta a reexaminarlo todo, porque jamás admite que algo esté suficientemente examinado. […] Quédese para Atenas esta sabiduría humana manipuladora y adulteradora de la verdad, por donde anda la múltiple diversidad de sectas contradictorias entre sí con sus diversas herejías. Pero, ¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Qué tienen que ver los herejes y los cristianos? Nuestra escuela es la del pórtico de Salomón, que enseñó que había que buscar al Señor con simplicidad de corazón. Allá ellos los que han salido con un cristianismo estoico, platónico o dialéctico. No tenemos necesidad de curiosear, una vez que vino Jesucristo, ni hemos de investigar después del Evangelio. Creemos, y no deseamos nada más allá de la fe: porque lo primero que creemos es que no hay nada que debamos creer más allá del objeto de la fe.”(De Praescriptione, 7, 1)

Tertuliano creía en la corporalidad de Dios y en que el  físico humano era una obra maravillosa del Creador, no el origen del pecado, que, en realidad, nacía en nuestras almas. “La naturaleza debería ser objeto de nuestra reverencia, no de nuestra vergüenza” (Tratado sobre el Alma 1.27) También consideraba que Cristo había conservado su cuerpo físico una vez resucitado. (De la Resurrección de la Carne 1.48)

Como cristiano instruido, Tertuliano testificó tempranamente de la intrusión de las filosofías mundanas en el dogma de la Iglesia.

Advertencias similares han sido hechas recientemente por el profesor de la Sorbona, Claude Tresmontante, quien reconoce que Dios es Alguien y que esa idea es defendible dentro del propio contexto bíblico:

“La enseñanza en la Biblia no se opone a la filosofía griega como la fe no se opone al pensamiento racional. Es más bien la oposición de cierto sistema de pensamiento a otro de una estructura radicalmente diferente… de modo que no podemos pasar del universo del pensamiento griego al mundo bíblico a menos que olvidemos la perspectiva griega… y a menos que transformemos por completo el sistema de referencias y coordenadas… de hecho, a menos que desafiemos los a priori implícitos y los hábitos intelectuales inconscientes de la filosofía occidental – hábitos tiránicos justamente por ser inconscientes – no tendremos la capacidad de descubrir y comprender las características y estructura del pensamiento hebreo” Claude Tresmontante,  A Study in Hebrew Thought, traducc. Michael G. Gibson (New York: Desclee Company, 1960), 141.

Agustín

San Agustín de Hipona, nació en el 345 d.C. en el norte de Africa, de Patricio, padre pagano y Mónica, conversa cristiana. Si bien su madre le educó en los preceptos de su religión, la creencia de los primeros cristianos en un Dios corporal se constituyó en un tema inaceptable para él. Debido a esto, se acercó a la secta maniquea que creía en una deidad material pero no antropomórfica. Eventualmente su carrera como maestro de retórica lo llevó a Roma y Milán, donde conoció a Ambrosio quien le habló de la posibilidad del Dios inmaterial. A los 32 años se bautizó. En sus escritos, Agustín brinda un catálogo de los grupos (a su entender, errados) que enseñaban la divina corporalidad: por ejemplo, los Audiani o Vadiani, seguidores del diácono Audius, en Siria y Mesopotamia, y los Antropomorfitas que se distribuían en Egipto. Casiano, un monje que pasó buena parte de su ministerio en Egipto testifica lo mismo: que alrededor del año 400 la norma en aquella región era el antropomorfismo y el incorporealismo una innovación resistida .” Monks and Monasteries of the Egyptian Deserts, rev. ed. (Cairo: American University in Cairo Press, 1989), 53.

“Me han quitado mi Dios!”

Gracias a Casiano conocemos también los problemas del monje Serapion en aceptar la idea de un Dios sin cuerpo. Serapion había tenido una larga vida de austeridad y disciplina monástica, la que, junto a sus años, lo había puesto al frente de otros monjes. El Obispo de la región envió una carta estableciendo la nueva doctrina de incorporalidad pero Serapion se negaba a aceptarla, ya que iba en contra de lo que había creído toda su vida y le habían enseñado sus predecesores. Por lo tanto el Obispo mandó reunir a todos los monjes del desierto y envió a Fotinus, un diácono anticorporealista muy hábil y versado en los textos sagrados, quien les explicó que los líderes de la Iglesia ya estaban enseñando el nuevo concepto. Después de escuchar los argumentos de tan ilustre visitante, el anciano Serapion quedó convencido, pero al pararse para agradecer al Señor por haber hallado un acuerdo, se sintió confundido, pues la imagen del Dios a quien siempre oraba había desaparecido de su corazón. Por lo tanto, cayó al suelo, y entre lágrimas y sollozos gritaba: “Ay de mi! Me han quitado mi Dios. Ya no tengo a quién aferrarme, y no sé a quién adorar o dirigirme!”

A pesar de la claudicación de Serapion, muchos monjes continuaron enseñando la divina corporalidad hasta bien entrado el siglo V. Owen Chadwick, John Cassian, 2nd ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 1968), 28—29.

Los credos

Independientemente de los resultados de los Concilios de Nicea (325 d.C) y de Constantinopla (381 d.C) que consolidaron la doctrina trinitaria, la cual, por su propia complejidad, dejaremos para una ocasión futura, aún los nuevos movimientos cristianos que surgieron, dieron por sentada la falta de corporalidad de Dios, como algo que ya no había que discutir.

Así vemos, por ejemplo, que uno de los 39 artículos de la Iglesia Anglicana, el cual coincide con uno de los 25 de la Iglesia Metodista, dice en su texto:
“Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder, sabiduría y bondad; el creador y conservador de todas las cosas tanto visibles como invisibles. Y en la unidad de esta naturaleza Divina hay tres personas de una misma substancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.”

La Restauración

El Reverendo Doctor Edmond La Beaume Cherbonnier es un académico especializado en estudios religiosos, Profesor en Trinity College y Diácono de la Iglesia Episcopal. En 1962 publicó en la Harvard Theological Reviw (vol. 55 pags. 187-206) el artículo “The Logic of Biblical Anthropomorphism”  (La lógica del Antropomorfismo Bíblico)

“Siempre que los pensadores cristianos han intentado medirse a sí mismos y a sus religiones con las reglas de la argumentación racional, han hallado que el Dios de la piedad popular es una fuente de bochorno. Un Dios que puede comunicarse con la humanidad, y que juega un papel en los eventos humanos, sin duda está adaptado al nivel mental de los niños y aquellos sin educación, pero difícilmente es tomado en serio por los más sofisticados. De allí la tendencia, tanto en la teología Católica como Protestante, de distinguir entre las creencias adaptadas para el consumo masivo y aquellas otras que son solo inteligibles para una elite. De allí también la tendencia a mirar con cierta condescendencia a las ramas de la Cristiandad, a menudo mencionadas como agrupaciones marginales, que se rehúsan a hacer tal distinción y que no ofrecen ninguna disculpa por concebir a Dios como un ser personal; es decir, un ser que puede hacer conocer sus propósitos para el mundo y llevarlos a cabo dentro de la historia humana. Ninguna otra denominación se aferra más lealmente a esta concepción de Dios como Persona que los Mormones” Edmond LaB. Cherbonnier, “In Defense of Anthropomorphism,” in Reflections on Mormonism: Judaeo-Christian Parallels, ed. Truman G. Madsen (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1978), 155–74.

Ya desde la Primera Visión, las enseñanzas restauradoras de Joseph Smith, Jr. sacudieron las mismas bases de la larga tradición de incorporealismo desarrollada durante la apostasía. Basta leer algunas de sus revelaciones y enseñanzas:

“El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre” (DyC 130:22)

“El primer principio del evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios…”

“Si el velo se partiera hoy, y el Gran Dios, que conserva este mundo en su órbita y sostiene todos los mundos y todas las cosas con su poder, se manifestase a sí mismo, digo que si fueseis a verlo hoy, lo veríais en la forma de un hombre así como vosotros os halláis en toda la persona, imagen y forma misma de un hombre; porque Adán fue creado a la misma imagen y semejanza de Dios, y de El recibió instrucciones, y anduvo y conversó con El, como un hombre habla y se comunica con otro.” (“Enseñanzas del Profeta Jose Smith” pag. 427, compilación de Joseph Fielding Smith, 1975)

“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener un cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo; él está contento cuando puede obtener el tabernáculo del hombre; y cuando fue expulsado por el Salvador, le pidió que lo dejara ir a una manada de cerdos, demostrando que prefería ocupar el cuerpo de un cerdo que no tener ninguno. Todos los seres que tienen un cuerpo poseen potestad sobre los que no lo tienen”. “El diablo no tiene poder sobre nosotros sino hasta donde se lo permitimos.(Enseñanzas del Profeta José Smith,compilación de Joseph Fielding Smith, 1982, pág. 217; Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith,2007, pág. 222 )

“Si los hombres no comprenden la naturaleza de Dios, no se comprenden a sí mismos” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia – José Smith, pag. 42)

De modo que la Restauración nos brinda, más que nueva luz, el conocimiento que tuvieron los antiguos. Este saber ha iluminado toda nuestra doctrina de formas diversas que seguiremos viendo en la continuación de este análisis. El proceso desintegrador de la individualidad divina prefigurado por Borges ha comenzado a revertirse. Después de la larga noche filosófica, la Nada comienza a ser Alguien. Por ahora, deberé cerrar con estas

Conclusiones provisorias

Utilizaré nuevamente las ideas de pensadores no miembros de la Iglesia a quienes podemos sentir junto a nosotros:

En primer lugar al Profesor W.H.V. Reade de Oxford, cuya tesis es que “la única filosofía cristiana es la religión cristiana”

“Cuando el temor al antropomorfismo induce al hombre a rechazar la idea de un Dios personal, y substituirlo por algún producto del pensamiento abstracto, simplemente se engaña a sí mismo. Lo que proponen es tan antropomórfico como lo que rechazan, y el único resultado evidente será que habrán provisto un sustituto inferior de Dios… El motivo es que la personalidad, por indefinible que sea, es la más alta “categoría” que poseemos. Siempre que se nos promete algo supra-personal, podemos estar seguros que lo que obtendremos será algo infra-personal” W. H. V. Reade, The Christian Challenge to Philosophy (London: Society for the Promotion of Christian Knowledge, 1951), 67.)

O a nuestro ya conocido Edmond Cherbonnier:

“La conclusión es que ni Judíos, ni Mormones u otros Cristianos deben sentirse avergonzados por la idea de que Dios es una Persona. No necesitan pedir disculpas por una interpretación literal, ya que es la que más justicia hace a las intenciones de los autores bíblicos. Tampoco tienen necesidad de disculparse frente a la teología  tradicional, la que finalmente ha llegado al final de un callejón sin salida ¿Dónde está la vitalidad del Cristianismo, hoy? ¿Dónde está creciendo en vez de achicándose? Entre los así llamados grupos “marginales”, quienes francamente reconocen que Dios es una Persona. ¿Es, tal vez, un mensaje para la teología? ¿Podría ella también rejuvenecerse si dejara de deificar lo subhumano e impersonal? ¿Si se basara sólidamente en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, podría alcanzar la consistencia que hasta ahora le ha sido elusiva? En el pasado, Dios se ha iniciado, característicamente, desde pequeños e improbables peldaños. No hace falta recordárselo a los Mormones. ¿Sería posible que hiciera lo mismo en el campo del pensamiento? No sería la primera vez que escogería lo simple del mundo para confundir al sabio.” Edmond LaB. Cherbonnier, “In Defense of Anthropomorphism,” in Reflections on Mormonism: Judaeo-Christian Parallels, ed. Truman G. Madsen (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1978), 174.

CONTINUARA…

Esta entrada fue publicada en Deidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s