POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA – Parte III

DOCTRINA

       Poligamia

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA

 Parte III

Por Mario R. Montani

Poliginia y Poliandria en Kirtland y Nauvoo

Que los matrimonios plurales fueron practicados desde casi los inicios de la Restauración es un hecho demostrado por historiadores tanto dentro como fuera de la Iglesia. De acuerdo a la Encyclopedia of Mormonism en su Volumen 2 (y éste es uno de los pocos textos reconocidos oficialmente por la Iglesia en cuanto a historia y doctrina):

“… La poligamia fue practicada privadamente con anterioridad al éxodo. Los líderes de la Iglesia dilataron el reconocimiento público de su práctica hasta 1852.”

Cuando en nuestras latitudes alguien nos dice que Joseph Smith, Jr. tuvo 30 ó más esposas, además de Emma, automáticamente levantamos nuestro escudo protector y lo negamos; pensamos que es propaganda anti mormona, que son calumnias, que ya quedó claro que los miembros no practican matrimonios plurales y, por tanto, lo que ocurrió en el pasado no tiene importancia. Pero si queremos “conocer la verdad, y ser libres a través de ella” para poder contestar adecuadamente a estos “ataques”, deberemos investigar aún aquello que no nos gusta oír.

Basaré mi información únicamente en el trabajo de historiadores miembros de la Iglesia y, además, muy prestigiosos y reconocidos en su campo de estudio. John Henry Evans en “Joseph Smith, An American Prophet” (1933) (José Smith, un Profeta Americano) reconoce 28 esposas; Fawn M. Brodie, sobrina de David O. McKay y una de las primeras historiadoras norteamericanas en obtener reconocimiento académico de importancia, en “No Man Knows my History” (1945) (Ningún Hombre conoce mi Historia) habla de 35 esposas; D. Michael Quinn en “A Trajectory of Plurality” (1994)  (Una Trayectoria de la Pluralidad) menciona 33; Todd Compton en “In Sacred Loneliness: The Plural Wives of Joseph Smith” (1997) (En Sagrada Soledad: las esposas plurales de José Smith) vuelve a enumerar 33; George D. Smith en “Nauvoo Polygamy… but we called celestial marriage” (2008) (Poligamia en Nauvoo… pero lo llamábamos matrimonio celestial) contabiliza 38.

No es el propósito de esta reseña identificar a cada una de las esposas plurales de Joseph Smith ni relatar su historia personal. Los historiadores arriba mencionados lo han hecho ya con detalles y abundantes pruebas. Para quien desee profundizar el tema, sugiero el sitio “Remembering the wives of Joseph Smith” (www.wivesofjosephsmith.org) que lo trata con seriedad y suma discreción.

Las evidencias se han obtenido de declaraciones juradas firmadas, actas notariales, autobiografías y diarios personales de los involucrados, así como de testigos presenciales que fueron aportando datos convincentes. Es notable que, en 1869, Joseph F. Smith, respondió a su primo Joseph Smith III, quien aseguraba que su padre nunca había practicado la poligamia, con una completa colección de declaraciones juradas firmadas por todas las esposas plurales del Profeta que aún estaban con vida, en las que confirmaban detalles del cómo y cuándo de dichas uniones plurales.

Si tomamos las 33 esposas promedio que evalúa Todd Compton (la evidencia en los casos que exceden esa cifra comienza a ser más débil), descubriremos que 6 de ellas eran menores de 17 años (recordemos que en el siglo XIX la mujer solía casarse a edades más tempranas), 18 de ellas eran solteras (incluyendo 5 pares de hermanas), 4 viudas y 11 estaban casadas con otros esposos y conviviendo con ellos al desposar a Joseph Smith (poliandria) (In Sacred Loneliness, pag. 15).

Entre ellas podemos mencionar a Louisa Beaman (casada y viviendo con su esposo, sellada a Joseph Smith y más tarde a Brigham Young), Nancy Marinda Hyde (esposa de Orson Hyde, quien se encontraba en una misión en Palestina), Zina Huntington Jacobs (esposa de Henry Jacobs, futura presidenta de la Sociedad de Socorro y también esposa polígama de Brigham Young), Presendia Huntington Buell (ya casada, sellada a Joseph Smith y luego a Heber C. Kimball), Agnes Coolbrith Smith (viuda de Don Carlos Smith, sellada a Joseph Smith y luego a George A. Smith), Silvia Sessions Lyon (previamente casada, sellada a Joseph Smith y madre de Josephine Rosetta Lyon, una posible hija de Joseph, según se lo declarara su propia progenitora al explicarle el origen de su primer nombre), Mary Rollins Lightner (una de las jovencitas que en 1833 ayudó a salvar el manuscrito del Libro de Mandamientos de ser destruido, esposa de Adam Lightner, un no miembro), Eliza Snow (poetisa, escritora, hermana de Lorenzo Snow, sellada al Profeta y luego a Brigham Young).

Para intentar comprender esta confusa serie de sellamientos y matrimonios múltiples y no caer en la sencilla respuesta de la promiscuidad, deberemos recordar que hasta 1894, cuando Wilford Woodruff cambió la política vigente, los miembros no podían ser sellados a no miembros, aunque éstos fuesen sus propios padres y hubiesen fallecido. Sí podían hacerlo con líderes prominentes que les aseguraban una posición destacada en el más allá. De modo que, aunque, en algunos casos, los sellamientos se realizaron sin conocimiento de las parejas, la mayoría de las veces contaban con el apoyo de padres y esposos, que veían estos “emparentamientos” como una forma de asegurar su futuro eterno.

Otra problemática que deberemos entender es la de los eufemismos utilizados en esa primera etapa experimental y secreta. Cuando se mencionaban uniones “por el tiempo” generalmente se hacía referencia a la convivencia como marido y mujer. Las uniones “por la eternidad” abarcaban únicamente ordenanzas de sellamiento sin necesaria relación personal (de hecho, otras 335 mujeres fueron selladas post mortem a Joseph de este modo, independientemente de las aquí consideradas). La evidencia muestra que, al menos en estos 33 casos comprobados, la relación y los sellamientos fueron “por tiempo y eternidad”, con todo lo que esa definición conlleva.

Emma, en particular, no supo de las primeras uniones de Joseph, aunque luego se le permitió participar en las elecciones de nuevas esposas. Lo podemos percibir en el relato de Emily Dow Partridge, una de las hijas de Edward Partridge:

 “… el Profeta Joseph y su esposa Emma nos ofrecieron un hogar con su familia, y nos trataron con inmensa bondad. Habíamos estado allí alrededor de un año cuando el principio del matrimonio plural se nos dio a conocer, y yo contraje matrimonio con Joseph Smith el 4 de marzo de 1843, siendo el Elder Heber C. Kimball quien condujo la ceremonia. Mi hermana Eliza también fue sellada a Joseph Smith después de algunos días. Esto se realizó sin el conocimiento de Emma Smith. Dos meses más tarde ella aceptó dar a su esposo dos nuevas esposas, ya que se le había concedido el privilegio de escogerlas. Por lo tanto nos eligió a mi hermana Eliza y a mí, y, para evitar problemas familiares el hermano Joseph pensó que sería mejor llevar a cabo una nueva ceremonia. De acuerdo con esto, el 11 de Mayo de 1843 fuimos selladas a Joseph Smith por segunda vez, en presencia de Emma… Sin embargo, desde ese momento Emma se transformó en nuestra acérrima enemiga. Permanecimos con la familia por varios meses, pero las cosas fueron de mal en peor hasta que fuimos obligadas a abandonar la casa y encontrar otro hogar” (Historical Record p.240)

A estas alturas, se hacen necesarias algunas reflexiones. Si todas estas buenas mujeres participaron de las relaciones polígamas obedeciendo una elevada ley divina sancionada en la Doctrina y Convenios, ¿por qué las ocultamos? Si han sido heroínas religiosas que se enfrentaron a los prejuicios de su época por fidelidad a Dios ¿por qué no las colocamos sobre el pedestal que merecen como ejemplos a seguir? Además, la relación de un hombre con su esposa insume una importante parte de su tiempo, esfuerzos y recursos. Multipliquémoslo por 30 y descubriremos que una sección muy importante de la vida del Profeta, incluyendo sus sensibilidades, preocupaciones y alegrías, nos ha sido arrebatada de la Historia dela Iglesia y de su incidencia en nuestra doctrina y teología. ¿Por qué en las láminas de nuestras clases sólo vemos a Emma junto a Joseph? ¿Por qué es siempre una Emma silenciosa, cuando la Emma real tenía  mucho para decir (y lo dijo) sobre esas otras relaciones? ¿Cómo ponemos el conocimiento de algunas de las experiencias poliándricas en diálogo con la situación del Rey David, perdiendo su exaltación, en parte, por haber puesto sus ojos en Betsabé, una mujer casada?

La Sección 132 de Doctrina y Convenios

La introducción a esta sección nos dice que “aunque la revelación se anotó en los registros en 1843, es evidente, por los registros históricos, que el Profeta había conocido desde 1831 las doctrinas y los principios comprendidos en esta revelación”. Es decir que transcurrieron 12 años hasta que fue registrada, 21 hasta que se dio a conocer públicamente y 45 hasta que se incorporó formalmente a la Doctrina y Convenios. En general, Joseph recibía revelación como respuesta a problemas sociales o inquietudes intelectuales específicas. Es muy probable que la revisión de la Biblia y otras lecturas hayan llamado su atención sobre el convenio de Abraham y su promesa de descendencia tan abundante como las arenas del mar, ya que en las primeras etapas las referencias son siempre al “convenio abrahamico”. También se recalca la calidad obligatoria del nuevo convenio:

“Porque he aquí, te revelo un nuevo y sempiterno convenio; y si no lo cumples, serás condenado, parque nadie puede rechazar este convenio y entrar en mi gloria” (DyC132:4). Cuando lo leemos hoy, creemos que está hablando del matrimonio monogámico por las eternidades; cuando lo leían las generaciones pre-Manifiesto interpretaban “matrimonio plural por las eternidades”

De acuerdo al Volumen 5 de la Documentary History of the Church (y la mención aparece en la propia introducción de la sección, aunque no la transcribe) la revelación fue puesta por escrito para convencer a Emma de su autenticidad.

“Y reciba mi sierva Emma Smith a todas las que han sido dadas a mi siervo José” (DyC 132:52). Obsérvese que habla en tiempo pasado y no futuro (las que ya habían sido dadas). También parece un hecho que, a pesar de la advertencia de “si no quiere someterse a este mandamiento, será destruida” (vers. 54), Emma nunca estuvo de acuerdo con la práctica.

La promesa del vers. 66 “en cuanto a esta ley… te revelaré más en lo porvenir; por tanto, esto bastará por ahora”, no parece haberse cumplido jamás. Nunca hubo otra comunicación al respecto, ni siquiera entre las revelaciones no canónicas de Joseph. ¿Actuó el Profeta sin toda la información necesaria? ¿Algo fue mal interpretado?…

Durante 1841 Joseph desposó a 3 mujeres y a otras 11 en la primer mitad de 1842. Luego se produjo el escándalo de John C. Benett* y los matrimonios cesaron por seis meses. En 1843 se reactivaron ya que fue unido a 14 esposas más, pero, a partir de allí, no hay registro de nuevos casamientos en los ocho meses previos a su muerte.

*(John C. Benett era un médico miembro de la Iglesia que ayudó con la aprobación de los estatutos de la ciudad de Nauvoo ante la legislatura de Illinois (siendo alabado en tal ocasión por un joven Abraham Lincoln). Fue Consejero de la Primera Presidencia, Alcalde de Nauvoo, General de la Legión y Director de la Universidad de Nauvoo en formación. Rumores de que estaba involucrado en casos de adulterio, homosexualidad, poligamia no autorizada y práctica de abortos lo trajeron a juicio y finalmente fue excomulgado. Si bien reconoció sus faltas, en cuanto a la multiplicidad de esposas declaró que sólo estaba imitando lo que el propio Joseph hacía. Volvió a la Iglesia en la Crisis de la Sucesión apoyando a Sydney Rigdon.)

El profeta parecía convencido de estar cumpliendo con un mandato divino, ya que el alto número de esposas en tan breve lapso excede con creces cualquier argumento de urgencias físicas. Otros testimonios intentan mostrar que en los últimos meses previos a su asesinato cambió de idea. Por ejemplo, Mark Williams, Presidente de Estaca en Nauvoo:

“Cuando la doctrina de la poligamia se introdujo en la iglesia como un principio de exaltación, yo tomé decididamente partido en contra de ella, lo cual me convirtió en alguien bastante impopular entre el liderazgo de la iglesia… Joseph, sin embargo, llegó a convencerse previo a su muerte de que había actuado erróneamente; alrededor de tres semanas antes de su muerte, lo encontré una mañana en la calle, y me dijo, “Hermano Marks… estamos arruinados”. Le pregunté por qué, y me respondió, “Esta doctrina de la poligamia, o sistema de esposas espirituales, que ha sido enseñado y practicado entre nosotros, terminará siendo nuestra destrucción y derrota. He sido engañado”, me dijo, “con relación a esta práctica; está mal, es una maldición para la humanidad, y pronto deberemos abandonar los Estados Unidos a menos que podamos reprimirla y detener su práctica en la iglesia” William Marks, “Epistle”, Zion’s Harbinger and Baneemy’s Organ 3 (July 1853): 52-54

Si bien, por un lado la declaración coincide con el período en que Joseph dejó de contraer matrimonios polígamos, por otro, no podemos obviar que el Hermano Marks estaba en contra de la poligamia y que su escrito aparece en 1853, meses después del anuncio oficial de la práctica del Principio, lo cual lo hace dudoso.

Para cerrar el capítulo de Nauvoo, deberemos mencionar que la mayoría de los conversos europeos que llegaban a América en esta etapa ignoraban por completo la práctica del Matrimonio Abrahamico. Más bien creían que se trataba de una calumnia esparcida por los enemigos de la Iglesia, ya que los propios libros canónicos del momento así lo aseguraban.

Poligamia en Utah

No dedicaré demasiado espacio a este período, ya que es ampliamente conocido y la mayoría de los ejemplos y discursos que aparecen en la Parte I y Parte II de este ensayo corresponden a esa etapa. La Iglesia practicó públicamente y defendió el Principio frente a la Nación y el Mundo hasta su aparente conclusión en 1890. La oposición al gobierno norteamericano en este aspecto se constituye en uno de los actos de desobediencia civil que incluyó a más personas y que se extendió por mayor tiempo en toda la historia del país. Sería bueno recordarlo cuando se nos sugiere no involucrarnos en protestas contra medidas gubernamentales que consideramos injustas.

Solamente me referiré a un concepto de origen social y temporal antes que religioso y que pudo haber sido un condicionamiento importante para el establecimiento de la poliginia: para las sociedades occidentales del siglo XIX, particularmente las del hemisferio norte, el sexo existía con un único motivo: traer hijos al mundo. Cualquier otro propósito secundario era concebido como una “indulgencia mundana y pecaminosa”, aún dentro del matrimonio. Los pensadores mormones consideraban que la monogamia conducía a imposiciones crueles de parte del esposo cuando la esposa estaba embarazada y hasta concluir el período de lactancia y, por otro lado, durante esas largas abstinencias, los mismos esposos podían verse impulsados a visitar prostíbulos, rindiéndose a excesos y adquiriendo hábitos no deseados. Una vez que una esposa quedaba embarazada, por el año o año y medio siguiente, no estaría disponible para mantener relaciones íntimas. Sería bueno recordar que, hasta bien entrado el siglo XX, la Iglesia no comenzó a hablar de que otro propósito tan importante como el anteriormente mencionado era consolidar la unión y el amor en la pareja. Por otra parte, esa misma sociedad machista consideraba que los impulsos sexuales masculinos eran otorgados por Dios y debían hallar una vía de escape. Si las formas pecaminosas estaban fuera de la discusión, debía encontrarse otra…

Poligamia Post Manifiesto

Para introducirnos en el tema, acudamos al Volumen 5, pag. 320 de Messages of the First Presidency (Mensajes de la Primera Presidencia):

“Durante el período completo de la presidencia de John Taylor, 1880 a 1887, la persecución implacable de hombres que habían entrado en la relación de matrimonio plural se intensificó. Bajo las provisiones de la ley Edmunds-Tucker la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días fue desincorporada, la Compañía del Fondo Perpetuo de Emigración fue disuelta y toda propiedad de la Iglesia, con la excepción de edificios de exclusivo uso para la adoración religiosa fueron confiscados por el gobierno.

“Cientos de hombres que habían contraído matrimonios plurales fueron multados y puestos en prisión. Toda persona que no suscribiese un juramento provisto especialmente para aquellos que practicaran o creyeran en la práctica del matrimonio plural, era privada de sus derechos civiles.

“Era obvio que ningún poder humano podría evitar la desintegración de la Iglesia, excepto por un compromiso de sus miembros de obedecer las leyes que se habían promulgado prohibiendo la práctica de la poligamia.

“Fue bajo estas circunstancias que Wilford Woodruff fue sostenido como Presidente de la Iglesia, en abril de 1889. El 24 de septiembre de 1890, el Presidente Woodruff promulgó la Declaración Oficial a la Iglesia y al pueblo de los Estados Unidos, comúnmente conocida como el Manifiesto”.

Diez años antes, el propio Wilford Woodruff había recibido una revelación en el desierto de Arizona, en la montaña de San Francisco (solamente incluiré algunos párrafos que parecen significativos):

“Así dice el Señor a mi siervo Wilford Woodruff… El Diablo gobierna su propio Reino y mi espíritu no encuentra lugar en los corazones de los Gobernantes de esta Nación, y el Diablo los agita para desafiar mi Poder y para hacer guerra a los Santos…cuando traigáis estos testimonios ante mí, que sean presentados por Nombre así como el espíritu los presente, los Presidentes de los Estados Unidos, la Suprema Corte, el Gabinete, el Senado y Congreso de los Estados Unidos, los Gobernadores de los Estados y Territorios, los Jueces y Oficiales que fueron enviados contra vosotros y todo hombre y persona que ha tomado parte en vuestra persecución o en traer angustia sobre vosotros y vuestras familias, o hayan buscado vuestras vidas o impedir que guardéis mis Mandamientos o gozar de los derechos que las Leyes Constitucionales del País os garantizan…

“Y vuelvo a decir, ay de la Nación o Cámara o persona, que busca apartar a mi Pueblo de obedecer la Ley Patriarcal de Abraham, la cual conduce a la Gloria Celestial, la que ha sido revelada a mis Santos por boca de mi siervo Joseph, porque cualquiera que haga tales cosas será condenado dice el Señor de las Huestes y será quebrado… Y de ese modo por la espada y el derramamiento de sangre, y con hambruna y plagas y terremotos y Truenos de los Cielos y vívidos relámpagos esta Nación y las Naciones de la Tierra sentirán el Castigo de la mano de un Dios Todopoderoso…[Wilford Woodruff’s Journal: 1833-1898 Typescript, Volumes 1-9, Edited byScott G. Kenney, Signature Books 1993, Vol. 7, p.61 (entry after December 31, 1880)]

Si bien esta última revelación jamás tuvo carácter canónico, es interesante observar cómo, en el lapso de 10 años, el Congreso y Gobierno estadounidenses pasaron de ser instrumentos del Diablo a co-autores de una de nuestras declaraciones oficiales. De acuerdo a algunos historiadores, como Klaus J. Hansen, el Manifiesto de 1890 fue “meramente una maniobra táctica” para ganar tiempo y aliviar la presión.

Si bien es posible que Wilford Woodruff haya escrito buena parte del Manifiesto, cuando George Reynolds, Secretario de la Primera Presidencia, fue llamado a testificar en 1904, aseguró que él había colaborado en la escritura junto a Charles W. Penrose y John R. Winder, quien transcribió las notas y modificó levemente el lenguaje al prepararlo para ser publicado. Otros han identificado a Frank J. Cannon como co-autor así como al Juez Zane (un no-mormón) y reconocen que el documento fue revisado y corregido varias veces por los oficiales federales destacados a Utah.

La idea de que el Manifiesto fuese una revelación no estaba presente en 1890. Casi ningún Apóstol lo entendía así. El documento fue publicado el 25 de Septiembre de 1890 en el Deseret Weekly, un diario propiedad de la Iglesia, y durante la Conferencia General del 6 de Octubre se presentó a la Congregación (que tuviese el apoyo de los miembros había sido una condición establecida por el Congreso). Aunque la Declaración Oficial I asegura una votación unánime, los testigos presenciales declaran que no fue así y que muchas manos se levantaron en contra (lo cual es coherente con las divisiones que surgieron luego del Manifiesto).

Después de la Conferencia General, el Salt Lake Tribune (periódico antagonista) colocó en uno de sus editoriales que algunos interpretaban el documento como revelación. A esto respondió el Salt Lake Herald (cuyo editor era el Apóstol Heber J. Grant) que “se pretendía decir que la declaración era una revelación… aunque nadie ha escuchado, con excepción de ese pasquín mentiroso, decir que haya sido una revelación”.

Cuando en 1896 se otorgó a Utah la incorporación como Estado de la Unión, una de las condiciones fue que la constitución del Estado contemplara una prohibición explícita de la poligamia.

Si bien la Declaración Oficial I aseguraba que no se realizarían nuevos matrimonios polígamos, en la práctica no ocurrió así. En las colonias de México y Canadá (donde no había Templos) se continuaron autorizando, al entenderse que el Manifiesto se aplicaba sólo al territorio de los EEUU. Esto, además, llevaba a realizar ceremonias en barcos que navegaban hasta aguas internacionales. También en Utah y otros Estados se realizaron subrepticiamente uniones plurales.

Se estima que 3300 hijos nacieron a matrimonios polígamos entre 1890 y 1907. En 1899, Heber J. Grant (quien llegaría a ser Presidente de la Iglesia en 1918) fue hallado culpable de cohabitación ilegal y multado con u$s 100. En 1906, el sexto Presidente, Joseph F. Smith, fue hallado culpable ante el Juez M. Richtchie en la Corte del Distrito por cohabitar con 4 mujeres además de su esposa legal. Fue multado con u$s 300, el máximo permitido por ley (Salt Lake Tribune , 24 nov. 1906). Un Comité del Senado llegó a la conclusión en 1906 de que “el Manifiesto fue un engaño”.

En 1904, durante las Audiencias Senatoriales, Joseph F. Smith se vio obligado a emitir un Segundo Manifiesto. Ambos documentos son considerados escritura hoy por la Iglesia Mormona, aunque son rechazados en tal calidad por los grupos fundamentalistas. También provocaron la renuncia de dos Apóstoles al Quórum de los Doce.

Mormones Fundamentalistas

Muchos Santos vieron el abandono de la poligamia como una traición religiosa. Casi inmediatamente surgieron grupos separatistas que continuaron obedeciendo el Principio, tal como lo entendían. Hoy se cuentan aproximadamente 40.000 en los EEUU. Comparten nuestra creencia en una Restauración, en la misión profética de Joseph Smith y sus sucesores inmediatos, en el Libro de Mormón y casi toda la Doctrina y Convenios. En vez de tratar de separarnos de ellos, acusándolos de impíos, deberían ser una de nuestras principales fuentes de nuevas conversiones. De ellos hablan las noticias cuando mencionan “mormones polígamos” y nos molesta mucho porque continúan haciendo lo que por 120 años hizo el cuerpo principal de la Iglesia.

De nuestros testimonios

El tema clave sigue siendo: ¿Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en la Restauración, ordenó o simplemente (como creen algunos estudiosos judíos) toleró esta práctica? ¿Si era esencial para la Salvación porqué ya no lo es? ¿Si las circunstancias socio-políticas cambiaran (como la aprobación de matrimonios de un mismo sexo parece indicar) volvería a instaurarse? ¿Es posible mantener un testimonio de la misión de Joseph Smith después de conocer detalles del cumplimiento del Principio?

Mi respuesta a esa última pregunta es terminantemente sí. He sabido por años los pormenores de la poligamia y no han afectado mi testimonio básico de la Restauración o de la veracidad del Libro de Mormón. Mi abuelo, cuya lengua materna era el inglés, tenía en su biblioteca “Joseph Smith: an American Prophet” de John Henry Evans y obviamente lo había leído. No observo en su actividad o creencias nada que me indique que su testimonio pudo haberse debilitado.

Veámoslo desde otro ángulo: ¿Conocen a muchos judíos que hayan abandonado su fe porque Abraham o Moisés fueron polígamos? ¿O muchos islámicos que hayan desertado porque Mahoma contaba con varias esposas? ¿Católicos que hayan renunciado a su religión porque algunos Papas tuvieron concubinas y aún hijos con ellas? Yo no conozco demasiados, aunque es posible que existan, al igual que mormones que no soporten ese conocimiento adicional… Pero las escrituras nos dicen que el conocimiento de la verdad nos hará libres, no su ocultamiento. O deberemos limitar la definición de verdad únicamente a las cosas que bajo ningún concepto me hacen replantear (y por qué no, fortalecer) mi testimonio.

En Julio de 2008, Richard L. Bushman, Profesor Emérito de Historia en la Universidad de Columbia, y autor de “Joseph Smith: Rough Stone Rolling” brindó el siguiente discurso inaugural al Seminario “Joseph Smith and His Critics” (José Smith y sus críticos) dictado en BYU. Creo que su lectura no tiene desperdicio y por ello lo transcribo completamente:

“Cada vez con mayor frecuencia maestros y líderes de la Iglesia en todos los niveles son abordados por Santos de los Ultimos Días que han perdido su confianza en Joseph Smith y los milagrosos eventos básicos de la historia de la Iglesia. Dudan de la Primera Visión, del Libro de Mormón, de algunas de las revelaciones de Joseph y de muchas otras cosas. Sus dudas comenzaron después de acceder a Internet y encontrar sorprendente información sobre Joseph Smith basada en documentos y hechos de los que jamás habían escuchado antes. Un número sorprendente nunca supo acerca de las esposas plurales de Joseph Smith. Se ven afectados por las diferencias en los varios relatos de la Primera Visión. Descubren que algunos egiptólogos no traducen los manuscritos de Abraham del mismo modo que Joseph Smith, dando la impresión que el libro de Abraham fue una falsificación. Cuando hallan esta información a través de un libro crítico o la leen en alguno de los innumerables sitios críticos de Internet, sienten que están siendo introducidos a un Joseph Smith y a una historia de la Iglesia que jamás conocieron antes. Pasan por una experiencia similar a la de estar mirando la famosa pintura de una hermosa mujer que, en un abrir y cerrar de ojos, se transforma en una vieja bruja. Todo cambia ¿Qué es lo que deben creer?

A menudo los líderes, padres y amigos no comprenden la fuerza de esta visión alternativa. Al no saber cómo responder, reaccionan defensivamente. Se inclinan a descartar toda la evidencia como anti-mormona o del diablo. Deja de leer esas cosas si te alteran tanto, se le dice al investigador. O regresa a la fórmula familiar: escrituras, oración, asistencia a la Iglesia. Puede ser que la persona angustiada haya estado haciendo todo eso con sinceridad, o aún con desesperación. El o ella sienten que su mundo se cae a pedazos. Todo aquello en lo que confiaban comienza a desmoronarse. Necesitan guía más que en cualquier momento de sus vidas, pero no parecen obtenerla. Los hechos con los que se han enfrentado desafían casi todo aquello en lo que creen. Es posible que la gente que se ve afectada de este modo deje de orar; no confían en los métodos conocidos pues se sienten traicionados por el viejo sistema. Frecuentemente se sienten furiosos. En sus misiones enseñaron con fervor a la gente sobre Joseph Smith sin conocer ninguno de los hechos negativos. ¿Se aprovecharon de ellos? ¿Estaba la Iglesia tratando de burlarse para sus propios propósitos?. Estas son preguntas profundamente perturbadoras. Conmocionan todo. ¿Debo permanecer en la Iglesia? ¿Le diré a mi familia? ¿Me callaré e intentaré seguir adelante? ¿Quién puede ayudarme?

Al llegar a este punto los cuestionadores pueden escoger varias direcciones. Algunos abandonan la Iglesia completamente. Encuentran otra religión, o, con mayor probabilidad en esta época, abandonan toda religión. Sin su familiar Dios Mormón, ya no están seguros si existe un Dios en absoluto. Se transforman en ateos o agnósticos. Algunos sienten que las restricciones con las que crecieron ya no se aplican a ellos. La fuerza de los diezmos, la Palabra de Sabiduría o la ley de castidad comienza a desaparecer. En parte le dan la bienvenida a esa nueva libertad de su condición agnóstica. Ahora pueden hacer lo que les viene en ganas sin el temor de romper las viejas reglas mormonas. Los resultados pueden no ser muy felices para ellos o sus familias.

Otros arman una actitud espiritual que impide la declinación moral, pero tampoco se encuentran en un lugar cómodo. Cuando van a la iglesia no están confortables. Las clases de la Escuela Dominical o los discursos de la Reunión Sacramental en los que se habla de Joseph Smith y los comienzos de la Iglesia no suenan verdaderos. “¿Cómo puede esta gente creerse esos “cuentos de hada”? se preguntan. Aquellos que han absorbido dosis de material negativo viven en dos mentes: su vieja mente de la iglesia que ahora les parece crédula e ingenua, y su nueva mente iluminada con conocimientos prohibidos obtenidos en libros críticos o internet.

Un amigo que se encuentra en esa situación ha descripto el estado mental del miembro desilusionado del siguiente modo:

“Debido al proceso de aprendizaje por el que han atravesado, estos Santos de los Ultimos Días (de mente desdoblada) ya no aceptan a la iglesia como la única verdadera (con una única y verdadera autoridad del sacerdocio y únicas ordenanzas sagradas con validez), sino que la ven como una iglesia cristiana, en la que se encuentran tanto buenos e inspirados programas como fallas y errores. No consideran que la inspiración, la sanación espiritual y física, la revelación personal y global, estén limitadas a la Iglesia SUD. En tal contexto, estos santos pueden asistir a otras iglesias, donde también  gozarán de experiencias espirituales. Interpretan sus antiguas experiencias espirituales de modo diferente, entendiéndolas como testimonios de Dios a ellos personalmente, como resultado de sus búsquedas y esfuerzos, pero estos testimonios no necesariamente son vistos como una confirmación de que la Iglesia SUD es la única verdadera.

“Dado que la relación social entre ellos y otros miembros del Barrio o la Estaca sufre (se los evita, se producen silencios o aún acosos sicológicos), por causa de su estatus como herejes, el cual usualmente llega a conocerse vía chisme y habladurías, y las posibilidades de involucrarse activamente así como el rango de llamamientos se ven reducidos por motivo de su disconformidad en varios aspectos, existe el riesgo de que termine abandonando la Iglesia después de todo, ya que son ignorados por la mayoría de los miembros.”

Luego ofrece una recomendación:

“Es necesario que la Iglesia no sólo muestre mayor apoyo y apertura hacia estos ‘apóstatas’ sino que enseñe y advierta a los miembros, obispos, presidentes de estaca, etc, quienes usualmente no saben cómo manejar estas situaciones en términos de organización y cuestionamiento eclesiástico por lo que – debido a su inseguridad – fracasan en tratar al miembro crítico con el mínimo y necesario amor y respeto que cualquier extraño normal recibiría”.

Estas son las palabras de alguien que ha perdido la creencia en los fundamentos y está elaborando una nueva relación con la Iglesia. Otros individuos así sacudidos recobran sus creencias en los principios y eventos básicos pero nunca vuelven a ser iguales que antes. Su conocimiento, aunque ya no tóxico, les brinda una nueva perspectiva. Tienden a ser más filosóficos y menos dogmáticos sobre los relatos que una vez disfrutaron. Las siguientes son algunas de las características de la gente que ha pasado por esta dura prueba pero se las ingenia para revivir la mayoría de sus antiguas creencias.

1-      A menudo reconocen haber aprendido que el Profeta era humano. No esperan que sea un modelo de conducta perfecto como una vez lo vieron. Puede ser que haya tomado un vaso de vino de vez en cuando, o maltratado a sus asociados, o aún cometido errores en sus negocios. Pueden ver sus virtudes y creen en sus revelaciones pero no esperan perfección.

2-      Tampoco creen que haya sido guiado por revelación en cada detalle. Lo ven como alguien que aprendió gradualmente a ser profeta y teniendo que tomar decisiones a su modo como la mayoría de los miembros de la Iglesia. Entre una y otra revelación se le dejaba a él mismo descubrir los métodos de cumplir con los mandamientos del Señor. En ocasiones debía experimentar hasta encontrar el modo correcto.

3-      Estos Santos de los Ultimos Días revividos nuevamente también desarrollan una actitud más filosófica hacia la historia. Observan (como los historiadores profesionales) que los hechos pueden tener muchas interpretaciones. Los hechos negativos no son necesariamente tan dañinos como parecen a primera vista. Puestos en otro contexto, junto a otros hechos, no tienen por qué destruir la reputación de Joseph Smith.

4-      Los Santos de los Ultimos Días revividos se enfocan en las buenas cosas que derivan de su fe – la comunidad de creyentes, el consuelo del Espíritu Santo, la orientación acerca de las grandes preguntas de la vida, el contacto con Dios, la disciplina moral, y muchas otras. No desean abandonar estas buenas cosas. Partiendo de ese punto de creencia deseada, están dispuestos a escuchar favorablemente sobre Joseph Smith y la doctrina. Puede ser que no tengan una absoluta certeza sobre cada tema, pero se inclinan a ver lo bueno y verdadero que hay en la Iglesia.

En medio de esta confusión está el asunto de la confianza. Los Santos de los Ultimos Días desilusionados sienten que su confianza ha sido traicionada. No saben en quién confiar. No se atreven a confiar en los antiguos sentimientos que fueron tan poderosos en el pasado, ni tampoco en los líderes de la Iglesia. Sólo pueden confiar en el nuevo conocimiento adquirido. Aquellos que regresan a la Iglesia se inclinan a confiar en sus anteriores sentimientos. Su confianza en las buenas cosas que saben se restablece, al menos parcialmente. Pero separan o clasifican lo bueno que aún les parece vital de las partes que ya no ven como defendibles. El conocimiento no sólo les ha dado una oportunidad de escoger, los ha compelido a elegir. Tienen que decidir en qué creen realmente. Finalmente, muchos terminarán más estables y convencidos que antes. Se sienten mejor preparados para enfrentar abiertamente la crítica, confiados en que pueden soportarla.”

 

Creo que debemos perder menos tiempo enseñando que nuestros líderes han sido y son intachables, que no pueden hacer nada mal, que no pueden equivocarse, que todo lo que hagan y digan es la absoluta voluntad de Dios. Me parece que fortaleceríamos muchos más testimonios si predicásemos lo contrario: que son falibles, que se han equivocado y continuarán equivocándose, y que, no obstante ello, el Señor los ha llamado con un santo llamamiento y está dispuesto a ayudarles a desempeñarlo. El costo de mantener una aparente perfección de nuestros líderes ocultando situaciones problemáticas debajo de la alfombra ha sido alto. Ha afectado la credibilidad. Nos hemos acostumbrado demasiado a que, dentro de la Iglesia, nada se objeta, nada se pregunta, todo tiene el visto bueno de Dios, aún los errores humanos…

9 comentarios el “POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA – Parte III

  1. LECTOR INTERESADO dice:

    EXCELENTE!

  2. Roberto Guerrero dice:

    Amén

  3. Luis Jaque dice:

    Muy bueno el artículo, yo vivo el proceso de la decepción. Pero saldré adelante.

  4. Guillermo Moran Lihaut dice:

    Completamente de acuerdo de principio a fin. Amen.

  5. David dice:

    Que gran artículo, concuerda con muchas de mis conclusiones personales en cuanto a este asunto, saludos desde México.

  6. Mario,
    He leído sus tres artículos (y los releeré apenas pueda) sobre el Matrimonio Celestial y me han parecido interesantes aun cuando no esté del todo de acuerdo. En el último párrafo usted se refiere a “nuestros líderes que se han equivocado y continuarán equivocándose”, ¿acaso José Smith y los demás líderes se equivocaron con la poligamia o al menos estuvo mal ejecutado?

    Atento a su respuesta.
    JV.

    • mormosofia dice:

      Estimado Joaquín: Gracias por comunicarse. Como he dicho otras veces, este es un blog personal y, probablemente, con muchas equivocaciones. Sin embargo intento ser sincero conmigo mismo y con aquellos con quienes lo comparto. Lo que he recopilado refleja mis sentimientos personales, pero las fuentes son innegables. No tengo una definición absoluta con respecto al tema. No hay dudas de que tenemos una revelación en DyC. instaurando la práctica y una declaración oficial terminándola. Los detalles de lo que ocurrió entre medio de ellas parecen bastante humanos y muy poco divinos, pero eso estará siempre sujeto a apreciaciones subjetivas. Las épocas han cambiado, también las mentalidades, TAMBIEN ALGUNAS DOCTRINAS Y POLITICAS DE LA IGLESIA. No me atrevo a juzgar a quienes practicaron la poligamia. Creo que intentaban cumplir la voluntad de Dios. Pero sí, nuestros líderes se han equivocado en el pasado y es posible que vuelvan a hacerlo en el futuro. No tenemos una doctrina de “infalibilidad”… Creo que ayudaríamos mejor a nuestros miembros afirmándola que negándola…
      Mis saludos y respetos. Mario R. Montani

  7. Monica dice:

    Excelente..
    Desde mi perspectiva es necesario recordar constantemente que NO creemos en la infalibilidad de nuestros líderes.
    Con esto en mente y partiendo desde lo “local hacia lo general”, es decir, de manera inversa podemos llegar a cierto nivel de comprensión y aplicar el principio de “con la vara que midas…”, sin que nuestros testimonios se vean mermados.
    Al final de cuentas, si J. Smith hizo o dijo mucho nacido de su propia naturaleza, bien sabido es que su carácter jovial, y yo creo impulsivo en algún grado, lo que lo llevó a meterse en mas de algún lío, pero cuando veo, estudio su obra y pienso en el testimonio que he recibido de él y del Evangelio… ESTE testimonio no vino “de” J. Smith, sino por revelación directa y ha venido confirmándose muchas veces en momentos inesperados, sin parafernalia de por medio, sin estar precisamente inmersa en períodos de espiritualidad.
    Estos hechos no puede ser borrados por los otros. Los demás son sucesos que siempre acontecerán, ni nosotros somos 100% íntegros como que no tengamos en nuestra propia historia personal hechos, dichos o intenciones absolutamente reprochables, sino al menos cuestionables, en contraste con el amor e influencia divina de que hemos disfrutado en más de una ocasión.
    Por cierto que releeré no solo este sino muchos otros artículos de su página o sitio web.
    Me considero dentro de losúltimos puntos mencionados por Richard L. Bushman, con la salvedad que a mí la cosas me remecen en el sentido de querer saber más, sin embargo, no he perdido la confianza, ni he cuestionado el “llamamiento divino de”.
    Creo que una de las razones es que nunca me he fanatizado por nadie, mi confianza en este sentido no depende del brazo de la carne… porque cuando así lo hacemos, ya vamos mal.
    Por otra parte, lo que aprendo o descubro, me lo quedo, no voy a los líderes para que “me resuelvan la duda”, lo dejo y después lo retomaré, lo analizaré, lo meditaré, veré qué dicen las Escrituras y el resto… la verdad que me la enseñe el Espíritu. No pretendo tragar “la papa caliente” mientras me quema y poder disfrutarla, porque va a seguir quemando mientras baja y tendrá pésimas secuelas… entonces la expulso, que agarre buena temperatura y la como luego, pero disfrutándola.
    Saludos.

    • mormosofia dice:

      Estimada Mónica: Gracias por comunicarte. Comparto la mayoría de tus certezas y aún la forma de expresarlas. El blog estará siempre abierto para este tipo de diálogo. Un Saludo… Mario Montani

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