ESPIRITU Y MUSICA – Carta nº 3 por Merrill Bradshaw

ARTE Y RELIGION

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Espíritu y Música

Carta número 3 por Merrill Bradshaw

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Querido Amigo:

En mi primera carta he insistido reiteradamente sobre “corporizar al Espíritu en la música”. No creo que ese aspecto pueda enfatizarse en exceso. Ambos sabemos que allí es “donde se halla el asunto”. La gente piensa en la música de muy diferentes modos. La mayoría de esos modos tienen algo para ofrecernos en un aspecto u otro de nuestra actividad. Lo que es necesario que hagamos es poner juntas esas piezas para armar un sistema coherente que servirá como catalizador para nuestra propia creatividad. Tal como lo veo, existen tres niveles de categorías en las cuales podemos agrupar estos varios modos de pensamiento. Yo los denomino Gramatical, Retórico y Espiritual.

El Gramatical es el “nivel de las reglas” donde es considerada la naturaleza de los elementos de la música. Aquí pertenecen las reglas de armonía, contrapunto, orquestación y forma. Mucha de la gente que compone ocupa la mayoría de su tiempo en consideraciones gramaticales y rara vez pasan a actividades más significativas. Tengo dudas en denominar a ese tipo de actividad “creativa” porque para hacer algo realmente creativo es necesario pasar más allá de la mentalidad de “construir con bloques” que es característica de ese nivel. Un arquitecto que se hubiera preocupado nada más que por los ladrillos jamás podría haber concebido el arco.

El nivel Retórico tiene que ver con una estructura a mayor escala. La palabra “retórica” se refiere a la estructura del argumento y se ha utilizado por siglos para referirse a la parte del estudio del lenguaje que tiene que ver con colocar los elementos gramaticales de modo que sean claros y convincentes. Es el nivel en el que el arquitecto no piensa tanto en ladrillos sino en paredes, arcos y ventanas. Es aquí donde las preocupaciones sobre forma y estructura comienzan a tornarse creativas. Las notas se unen para transformarse en melodías, los acordes en progresiones, las frases en temas, los movimientos en sinfonías. La interrelación de las partes, su efecto sobre la totalidad de la obra, sobre el clímax, cadencia y energía, son todas consideraciones retóricas. En su más alta aplicación esta consideración retórica analiza cuán convincentes son los gestos, cómo se entrelazan, como se relacionan entre sí en una escala más amplia.

El nivel espiritual se relaciona con la pregunta fundamental de una obra de arte. ¿Qué está tratando de decir? ¿Cómo se relaciona el artista con su Dios? ¿Con su audiencia? ¿Qué intenta hacer por ellos? ¿Qué respeto siente por ellos? ¿Qué obtiene de esa relación? ¿Qué obtienen ellos? Muchos creen que lo espiritual es un ambiente que debe enfrentarse únicamente después que el retórico es dominado completamente, el que a su vez debe esperar por el dominio de lo gramatical. El resultado es que la mayoría no suele avanzar más allá de lo gramatical, si es que llegan a dominar aún eso. En realidad, gramatical, retórico y espiritual deben operar en conjunto desde el primer momento de concepción de una obra. Retórica sin Espíritu, gramática sin estructura retórica, Espíritu sin técnica son todas situaciones insostenibles. El artista debe dominar a las tres.

Ambos conocemos personas cuyos espíritus son por lo menos un aspecto positivo del maquillaje que utilizan, pero no comprenden la gramática y por lo tanto escriben música mala. Conocemos otros cuya gramática es impecable pero que no han aprendido a armar un climax convincente. Y desafortunadamente también conocemos otros que poseen un excelente control de la gramática y la retórica pero que nunca logran crear arte genuino porque no tienen sustancia espiritual con la que trabajar.

Debemos obtener un absoluto dominio de la gramática, un total entendimiento de la retórica y completa espiritualidad antes de poder cumplir la gran tarea que se extiende ante nosotros como compositores en el Reino. Como verás esa tarea está muy lejos del “método rápido”. Es el trabajo de una vida que debe comenzar en tu juventud. Su destino final únicamente será logrado en el reino celestial.

Merrill Bradshaw (1929-2000) fue profesor de música en BYU y prolífico compositor. Estas Cartas a un Joven Compositor fueron publicadas por la Universidad en 1979.

Traducido por Julian Mansilla

 

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