“DIVERSA, NON ADVERSA” – Parte 2

Doctrina

DIVERSA, NON ADVERSA

Parte 2

Por Mario R. Montani

Reflexionábamos en la primer parte de estas notas sobre la influencia cultural dentro de la cual surgió el mormonismo y como, inadvertidamente, fue volcada en la transmisión de conceptos doctrinales o semi doctrinales (la situación de los negros y las actitudes con respecto a la guerra son dos buenos ejemplos, pero ya me he referido ampliamente a esos temas en otros artículos de este blog). Hay otras en las que los miembros tenemos una mayor responsabilidad, al menos la de investigar antes de aceptar.

INFLUENCIAS IDEOLOGICAS

EXTERNAS

Ya iniciado el siglo XXI, los miembros de la Iglesia tendemos a creer que la doctrina ha sido siempre una: que los principios fueron revelados línea por línea y precepto por precepto. Una mirada hacia el pasado nos muestra, en cambio, que ha habido un gran trabajo intelectual en la elaboración de la doctrina tal como la concebimos hoy. Esa tarea titánica consistió en convertir un gran rompecabezas de piezas sueltas en un todo coherente y descubrir en el proceso que había muchas piezas que no encajaban y debían ser dejadas fuera del esquema. La sistematización de nuestras creencias se realizó a lo largo de la última década del siglo XIX y las primeras del siglo XX. Los responsables fueron B.H. Roberts (1857-1933), James Talmage (1862-1933) y Joseph Fielding Smith (1876-1972).

Roberts, nacido en Inglaterra pero graduado en la Universidad de Deseret (precursora de la de Utah), fue escritor, político y uno de los siete Presidentes del Quorum de los Setenta.  Publicó Outlines of Eccleisastical History (1893), A New Witness for God  (obra en 3 volúmenes) (1895-1909), History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints (7 volúmenes) (1902-1932), The Seventy’s Course in Theology (5 volúmenes) (1907-1912), Defense of the Faith and the Saints (2 volúmenes) (1907-1912), Comprehensive History of the Church (6 volúmenes) (1930) y The Falling Away (1931).

Talmage, también inglés, estudió ciencias en la Academia Brigham Young (precursora de BYU), se perfeccionó en Química y Geología en las universidades de Lehigh y Bethlehem en Pensilvania y más adelante en la universidad Johns Hopkins de Baltimore, Maryland. Fue miembro de la Sociedad Real de Microscopia (Royal Microscopical Society) (Londres),  de la Academia Real Escocesa de Geografía (Royal Scottish Geographical Society) (Edimburgo),  de la Sociedad de Geología (Geological Society) (Londres), de la Sociedad Americana de Geología (Geological Society of America), miembro de la Sociedad Real de Edimburgo (Royal Society of Edinburgh), asociado de la Sociedad Filosófica de Gran Bretaña (Philosophical Society of Great Britain), y miembro de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (American Association for the Advancement of Science). Fue Director del Museo de Deseret y Rector de la Universidad de Utah. Desde 1911 hasta su muerte fue integrante del Quorum de los Doce Apóstoles. Escribió Artículos de Fe (1899), La historia del mormonismo (1910), La Casa del Señor (1912), La filosofía del mormonismo (1914) y Jesús el Cristo (1915), todos ellos apreciados entre los miembros de generaciones subsiguientes y la mayoría traducidos al castellano.

Smith, perteneciente a una tercera generación de mormones y descendiente directo de Hyrum, hermano del Profeta, fue Historiador de la Iglesia y Presidente de la Sociedad Genalógica. Desde 1910 fue Apóstol y en 1970 pasó a ser Presidente de la Iglesia. Publicó Elementos Escenciales de la Historia de la Iglesia (1922), The Way to Perfection (1931), Enseñanzas del Profeta José Smith (1938), The Restoration of All things (1945), Doctrinas de Salvación (3 tomos) (1954-1956) y un polémico Man, his origin and destiny (1954)

Cuando para fundamentar algunas de sus propuestas debieron remitirse a trabajos de investigación teológica, histórica o científica, al no encontrarlos dentro de la joven Iglesia (pues no existían), acudieron al corpus de investigadores protestantes que sí proporcionaron los datos y reflexiones que necesitaban pero dentro de una matriz fuertemente anticatólica, la que no formaba parte del original evangelio restaurado.

Surgieron de este maridaje ideológico al menos dos conceptos 1) la progresión iluminadora  que va de la oscura Edad Media hacia la Reforma y, posteriormente, la Restauración (hoy, con nuevos datos, los investigadores dentro y fuera de la Iglesia coinciden en que la Edad Oscura no fue tan oscura ni la Reforma tan iluminadora como se pensaba) 2) La identificación de la Iglesia Católica como la madre de todas las abominaciones descripta en el Apocalipsis y la responsable de cambios en las escrituras y de toda perversión doctrinal imaginable.

Repito: ninguno de estos conceptos estuvo presente en los primeros 60 años de comprensión de la Restauración. Son adiciones posteriores típicamente protestantes.

El punto culminante de este pensamiento llegó en 1958 con la publicación de “Mormon Doctrine” por Bruce R. McConkie. En su primera edición, la obra identificaba directamente a la Iglesia Católica con la Iglesia Grande y Abominable de 1 Nefi. El Presidente David O. McKay rechazó la obra al no considerarla representativa de las creencias de la Iglesia y, a partir de esa experiencia, se prohibió a las Autoridades Generales la publicación de obras propias sin previa revisión. Con la muerte del Presidente McKay, Mormon Doctrine volvió a publicarse con modificaciones (en cierta medida con el visto bueno de Joseph Fielding Smith, nuevo Profeta y suegro del Elder McConkie) y fue una obra de consulta ampliamente utilizada desde los años ’60 hasta los ’80 a pesar de sus muchos errores y de representar  una sola visión de temas polémicos en los que las Autoridades no estaban de acuerdo ni siquiera entre sí. Finalmente, en el 2010, Bookraft decidió no hacer nuevas ediciones del texto, destruir las copias existentes, y la Iglesia está eliminando todas las citas de esa obra que aparecían en manuales y material curricular.

INTERNAS

Muy ligadas a las influencias externas, existen las corrientes de pensamiento. Hay aspectos de la doctrina que no están claramente definidos. En esos ámbitos, hay lugar para la diferencia de opiniones o aún el disenso, hasta que nueva luz sea otorgada. No está mal que esas corrientes de pensamiento existan. Lo que está mal es negar su existencia o dar la apariencia de que una de ellas tiene mayor apoyo oficial que otras cuando no es así. Para dar un ejemplo acudiremos a los mismos actores de los párrafos anteriores. El Elder Roberts era un cuasi evolucionista y así lo expresó públicamente. James Talmage, con su fuerte preparación académica, también. Cuando hablo de evolucionistas dentro de la Iglesia no me estoy refiriendo al aspecto filosófico que intenta excluir a Dios del proceso sino a quienes ven en los mecanismos de adaptación y selección el plan que Dios utilizó para la Creación. El Elder Talmage incluso planteó la existencia de los que llamó pre-adamitas. Por otro lado, el Elder Smith era totalmente contrario a esa ideología. Tanto Smith como Talmage tuvieron la oportunidad de exponer sus creencias en el Tabernáculo, pero las Autoridades determinaron que la Iglesia no apoyaría a ninguna de las dos y que no se expediría ni a favor ni en contra de tales pre-adamitas. Para 1933 tanto Roberts como Talmage habían fallecido mientras que el Elder Smith les sobrevivió por casi 40 años, la mitad de ellos en su privilegiada posición como Presidente del Quorum de los Doce. Para 1954 publicó Man, his origin and destiny lo que provocó el enojo y reprimenda del Presidente McKay. Esos detalles normalmente no son dados a conocer a los miembros para no afectar la imagen y autoridad de los involucrados, pero con el paso del tiempo, la publicación de los diarios personales de David O. McKay por parte de su familia y la investigación en las minutas de las reuniones demuestran claramente que así fue.

Los miembros de Utah supieron de las divergencias, pudieron tener acceso a lo que opinaban las diferentes corrientes de pensamiento y sacar sus propias conclusiones. Los de “tierras lejanas” no tuvimos esa oportunidad, entendiendo que lo que se iba traduciendo tenía aprobación oficial y no que era una sola de las voces de un diálogo entrecortado que nos llegaba con 40 años de retraso.

A veces se producen también desfasajes en el equilibrio entre principios. Buena parte de la doctrina está construida sobre pares de opuestos. Todos entendemos claramente que existe Justicia y también Misericordia, que ambas son necesarias y que no están en real oposición sino en delicado equilibrio (como dicen las Escrituras “la misericordia no puede robar un ápice a la justicia”). Pero esto es cierto para otra gran cantidad de principios. Por ejemplo, el par Libre Albedrío – Obediencia Absoluta. Dependiendo de la época y del énfasis que se quiere dar a uno u otro aspecto aparecen los desfasajes. Para Joseph Smith estaba claro: “Les enseño principios correctos y ellos se gobiernan a sí mismos”. En los últimos años el mensaje es “Obediencia, obediencia y obediencia”. Alguna Autoridad General ha debido regrabar su discurso en la Conferencia General por detenerse demasiado en el concepto de Libre Albedrío. Está bien que hayamos peleado en la preexistencia por nuestra libertad de elección, está bien que hayamos combatido a Satanás que pretendía limitarla, pero pareciera que al momento de actuar no debo tenerla en cuenta, sólo la Obediencia a los Líderes. Suena bastante alejado de lo que predicaba Joseph Smith. Es posible que la visión actual limite nuestras posibilidades de pecar, pero no me cabe duda de que también limita nuestras posibilidades de crecer. El consejo de los Apóstoles de la Antigüedad de “examinadlo todo, retened lo bueno” parece haber sido reemplazado por el de “no examinéis nada, solo hacednos caso…”. Otro par desfasado es Intelectualidad – Antiintelectualidad. Hace 150 años atrás Brigham Young creía que la Restauración incluía que los miembros supieran todo sobre las artes y ciencias para ayudar en el recogimiento. Hace 50 años los miembros eran estimulados a estudiar y a descollar en su área de conocimiento. Hoy, cuando muchos lo han logrado, existe cierta suspicacia sobre el uso de esa misma intelectualidad.

También tenemos doctrinas no oficiales, que últimamente han descendido al nivel de “creencias”. Yo puedo creer, por ejemplo, que Dios el Padre vivió en una tierra similar a la nuestra en una etapa de Su progreso o que tenemos una, o varias, Madres Celestiales. Existe una larga tradición de estas creencias dentro de la Iglesia. Pero nadie puede objetar mi calidad como miembro si decido no creer en ellas, porque (junto con muchas otras “creencias”) no forman parte de la doctrina oficial.

Ocasionalmente, se produce un uso arbitrario del corpus tradicional del pasado. Para lo reciente que es la Iglesia desde el punto de vista histórico, ha acumulado un amplísimo tesoro de filosofía, interpretación de las escrituras, declaraciones, especulaciones, todas ellas extracanónicas. Las autoridades del pasado han hablado sobre todo tema que podamos imaginar. Ha existido el buen hábito de registrar reuniones, conferencias y testimonios personales sobre las mismas en infinidad de diarios personales que hoy adquieren un valor incalculable para el investigador. Es posible que escuchemos citar a Brigham Young apoyando alguna idea que hoy es aceptada pero que soslayemos una veintena de citas en las que no estaría de acuerdo con lo que hoy predicamos. Si era suficientemente inspirado para utilizarlo como referencia en algo, deberíamos tener acceso a las demás cosas que enseñó para evaluarlas por nosotros mismos. Yo conozco bien la respuesta oficial: sobre cualquier tema debemos dar prioridad a las opiniones de los líderes actuales y no los del pasado. Simultáneamente, somos instados a leer a los profetas del Antiguo Testamento, a los Apóstoles del Nuevo, a los líderes Nefitas del Libro de Mormón y a las revelaciones de Joseph Smith y Brigham Young en la Doctrina y Convenios, todos ellos “líderes del pasado”, pero que, al momento de establecer doctrina, tienen prioridad sobre opiniones del presente por su carácter canónico.

Cuando en 2006 recibimos el libro de Spencer W. Kimball como parte de la serie Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia para los cursos de estudio del Sacerdocio, me llamó la atención que el capítulo 14 del manual, que transcribía casi literalmente el discurso “Los dioses falsos” de la Liahona de Agosto 1977 no incluía los párrafos en los que el Presidente Kimball ubicaba entre los “dioses falsos” a los hábitos guerreros y preparativos bélicos de su país. ¿Lo que se había dicho menos de 30 años antes ya no tenía vigencia? ¿Tendría algo que ver con que Gordon B. Hinckley dirigía la Iglesia? ¿Tendría que ver con las guerras de Irak y Afganistán que libraba EEUU por entonces? ¿Puede lo doctrinalmente correcto ser “políticamente incorrecto”? ¿Cómo nos posicionamos los miembros que no vivimos en los EEUU frente a esas arbitrariedades?

Aunque es duro reconocerlo, entre nuestras Autoridades han existido y existen “palomas” y “halcones”. Mi clasificación excede (aunque incluye) sus posiciones con respecto a la guerra. David O. McKay fue un poeta y humanista amado tanto dentro como fuera de la Iglesia, la que entró al siglo XX de su mano, 50 años después de que el siglo había comenzado. Lo ubico entre las “palomas” por su amor incondicional, su liberalidad de pensamiento y sus deseos de cambiar cosas. A su lado están su Consejero J. Reuben Clark y su discípulo Spencer W. Kimball. Entre los “halcones” dogmáticos veo a Joseph Fielding Smith y a Ezra Taft Benson. Otros han tomado posiciones intermedias.

Finalmente, existen las normas y políticas. Sé muy bien cuál es la política sobre las políticas: hay que obedecerlas, y cuando cambian, hay que obedecer las nuevas. Pero las políticas van y vienen (en realidad son muchas las que ‘vienen’ y muy pocas las que ‘van’). Una buena cantidad de ellas tienen su origen en problemas particulares cuya solución pasa de golpe a abarcar todo el mundo. Creo que, a diferencia de las doctrinas, es un ámbito en el que debería haber lugar para la conversación, la negociación y aún el disenso, cuando la aplicación de esas políticas crea más problemas de los que pretende solucionar. En el pasado han intentado reglamentar el largo de las polleras, el tipo de relación íntima dentro del matrimonio y si los varones deben usar barba o no. Han intentado definir lo que supuestamente luce bien para un occidental promedio y luego aplicarlo en Africa, Bora-bora o la India. Por un lado exaltamos la riqueza de la individualidad y por el otro pretendemos que todos luzcan igual, como salidos de una planta de ensamblaje.

Creo que, en nuestras latitudes, y probablemente en otras regiones, hemos recibido todas las variantes anteriormente descriptas como si fuesen “LA DOCTRINA” y así las hemos transmitido. No lo son. En su uso y aplicación también debemos aprender a ser “diversos, non adversos”.

Esta entrada fue publicada en Doctrina.

3 comentarios el ““DIVERSA, NON ADVERSA” – Parte 2

  1. Gracias por este interesantísimo artículo. Durante las celebraciones del bicentenario de Estados Unidos (1976) yo cursaba mi carrera en BYU. Asistí a la conferencia general de Abril de 1976 por primera vez. Aún recuerdo la extraña sensación que tuve al escuchar una comparación de equivalencia entre la constitución de ese país y las escrituras. Ese mismo discurso exhibió una clara postura en favor de la “guerra preventiva” (preemptive war) como principio enseñado desde el púlpito. Ese día fue mi primer shock cultural importante.

  2. Alejandro Puerto dice:

    Hermoso el valor que tiene para tocar temas tan difíciles como miembro activo.

    Encuentro en su Blog un espacio de dialogo, que me permite congeniar mis pensamientos, No es que usted o Yo tengamos La Razón,
    Lo importante es dudar si la tenemos

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