“EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA” por Hugo Olaiz

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EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA

Por Hugo Olaiz

Para Neal Chandler, il miglior fabbro

“¿Es el Mormonismo todavía parte de tu Weltanschauung*?” me pregunta Tía Doris cada vez que me ve. Ella sabe que todos los domingos a las 2:15 estoy bendiciendo la Santa Cena como cualquier otro presbítero mormón, aunque de mañana esté de acólito en la iglesia episcopal de Saint James, administrando el cáliz (“la sangre de nuestro Señor Jesucristo te conserve en la vida eterna”) y a veces hasta ayudando a preparar el café. Cuando voy de Saint James al Barrio Dos en la ciudad de Sacramento (California), es como revertir las bodas de Caná – el vino se transforma en agua, las ropas sacerdotales en traje y corbata, y el anoréxico cuerpo de Cristo, que en Saint James es una hostia, milagrosamente se levanta a la textura del pan lacteado. “Así nos criaron” le digo a Tía Doris por millonésima vez. Papá es mormón y mamá es episcopal, así que mi hermano Steve y yo nacimos mormones-episcopales. Hace cinco años Steve decidió que quería ser sólo mormón, y mamá y papá le dijeron “está bien”; pero después de la misión se mudó con su novio Ramón y ahora dice que no es ninguna de las dos cosas.

Tía Doris me perdona que asista al Barrio Dos de Sacramento porque sabe que acudo a los ensayos del sábado en el McHenry con igual devoción. El McHenry fue construido cuando Sacramento crecía a pasos agigantados y cierta Sra. McHenry (también conocida como la Viuda Alegre) no pudo pensar en mejor manera de inmortalizar a su esposo que edificando un teatro en su memoria. Ahora la Municipalidad de Sacramento es la propietaria del edificio y costea todas las producciones de la McHenry Company. Como directora artística, Tía Doris insiste en que la llamemos “compañía amateur” en vez de teatro comunal, y en cierta ocasión demandó a un periodista del Sacramento Bee que describió a nuestra compañía  como “una troupe de lunáticos y bohemios que pasan el fin de semana en compañía de la Mari-Juana”. Me involucré con el McHenry cuando cumplí los doce, y aunque es cierto que tenemos un montón de lunáticos y bohemios (con la tía Dora encabezando la lista), la única Mari-Juana que he visto hasta ahora es María Juana López, la encargada de la limpieza.

Algunos en el Barrio piensan que papá, como patriarca de la familia, no debería apoyar mis actividades episcopales, pero el patriarcado es uno de los muchos conceptos mormones que él no entiende. “Anoche tuve un sueño notable” le contó papá a mamá recientemente durante la cena. “Habían relevado a Keith y llamado al Hermano Marks en su lugar, y en menos de lo que dices ‘¡ay!’ nuestros dos hijos habían sido oficialmente expulsados de la Iglesia Mormona”.

Keith Roberts es nuestro obispo, y preferiría ser relevado antes que colocarme en el banquillo de la Inquisición Mormona. En las entrevistas ni siquiera menciona la palabra que empieza con E – sólo me habla de sentirse bien cuando uno va a la iglesia y vive el evangelio. Pero su primer consejero, el Hermano Marks, es un mormón de otro planeta.

Uno podría decir que, entre Saint James y Sacramento Dos, tengo lo mejor de ambos mundos. Cada junio voy de campamento con los Boy Scouts, mi deber a Dios y a la Patria y luego, hacia fines de julio, visito lugares repiolas con el grupo de jóvenes episcopales, que es de varones y mujeres. Estuvimos en Yellowstone, en el Gran Cañón, y en una ocasión, en Baja California. Hay poco conflicto, porque en Saint James el año se centra en Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, mientras que en Sacramento Dos no hay muchos domingos especiales salvo las Conferencias Generales.

Mamá dice que es bueno que yo crezca en un hogar mixto. “Es como ordenar dos platillos en un restaurante” me dijo una vez. “Cuando te los traen a la mesa, los puedes oler de cerca, probarlos, y entonces sabes por seguro cuál va mejor con tu apetito”. Ella viene a Sacramento Dos cuando papá y yo cantamos en el coro o damos discursos. Cuando el Hermano Marks la ve en la iglesia, siempre se asegura de estrecharle la mano con una sonrisa calculada para mostrarle qué simpáticos que somos los mormones, pero cuando mamá no viene, las cosas no siempre salen tan bien. Un domingo Marks se llevó a papá en privado y le preguntó sombríamente si el rumor que había escuchado era cierto, “que tu hijo menor es un alcohólico”. “Un acólito”, dijo papá, corrigiéndolo. Eso ocurrió hace dos años y todavía nos estamos riendo.

Inicié mi carrera en el McHenry a los doce como telonero, luego me ascendieron como apuntador y finalmente Tía Doris me puso a cargo de los telones de fondo y el mobiliario de escena. Hace algunos meses, cuando cumplí los diecisiete, me otorgó el título adicional de“chauffeur”, lo cual significa que cada sábado, antes de los ensayos, la debo llevar de compras. Primero compramos comestibles, luego pasamos por Props & Frocks, y siempre terminamos en el Ejército de Salvación o algún otro mercado de pulgas que ella insiste en llamar “tienda  de antigüedades”. El sábado pasado estábamos buscando yelmos y espadas y en Props & Frocks también conseguimos una cabeza de cera y sangre de utilería. Aunque tenemos un presupuesto ajustado, compramos sangre de utilería porque lo que gastamos en sangre lo ahorramos en sudor: con sangre de utilería no hay que mandar el vestuario a la tintorería y, sobre todo, no tenemos que escuchar a María Juana quejarse de las manchas que la salsa de tomate deja en el piso del escenario. Con la pasión que Tía Doris siente por las heroínas clásicas, la sangre es uno de nuestros artículos básicos. El año pasado interpretó a Blanche Dubois** (“como una ramera parisina” dijo Steve). Hace dos años protagonizó a Juana de Arco, para lo cual se cortó el pelo al ras, como Sigourney Weaver en Aliens. Este año estamos produciendo la Judit de Hebbel y quién sino Tía Doris va cortarle la cabeza a Holofernes y servírsela al público en bandeja de plata.

Tía Doris asistió con nosotros a la reunión sacramental de bienvenida cuando Steve volvió de la misión, pero luego se quejó de que los servicios mormones estuviesen tan desprovistos de drama. “Cuando la procesión camina hacia el altar, cuando uno huele el incienso y escucha las campanas – eso es lo que llamo celebración. Los servicios mormones son el epítome del tedio”. Yo le contesté que papá y yo asistimos a la iglesia mormona porque nos sentimos bien en ella. “¿Y no ves el problema?” me replicó. “La base del mormonismo es sentirse cálido y abrigado, lo cual puede ser un criterio maravilloso a la hora de comprar una bufanda, pero desastroso cuando se trata de elegir una religión. Mi querido, tú necesitas cierta distancia brechtiana. Necesitas un poco de Verfremdangseffekt***

Steve conoció a Ramón en la Universidad de Stanford y a veces, los fines de semana, vienen de visita. El último Día de Acción de Gracias estábamos los seis juntos por primera vez. Ramón se sentó junto a Tía Doris y ella hizo reverberar la R de “Ramón” como sólo una soprano de coloratura podría hacerlo. “Rrrramón, cuéntame, ¿quién es tu dramaturgo favorito?” le preguntó. Ramón respondió algo sobre obras con temas religiosos: Antígona como heroína religiosa y El Experimento Sagrado de Hochwälder. La respuesta le agradó inmensamente, porque para Tía Doris no existe lengua como el alemán ni heroína como Antígona.

“¡Por supuesto!” dijo Tía Doris. “La tragedia siempre nace del impulso religioso. ¿Has leído Die Geburt der Tragodie?”. Steve le dijo que se equivocaba – no había sido Nietzsche quien dijo eso sino Lévi-Strauss, y los tres se pasaron el resto de la tarde discutiendo Carl Jung y los méritos del pavo de Acción de Gracias como víctima propiciatoria.

El domingo pasado finalmente ocurrió: Relevamos a Keith Roberts con un voto de agradecimiento y sostuvimos al Hermano Marks en su lugar. Marks no perdió mucho tiempo. Hoy, antes del ensayo, el secretario del barrio me llamó para agendar una entrevista, y sé perfectamente lo que va a ocurrir: Marks va a emplear la palabra que empieza con E. Probablemente va a citar a Mateo: Nadie puede servir a dos señores. En cuanto colgué llamé a Steve para contarle. Steve dijo, “Esta es la decisión más sencilla que tendrás que tomar en tu vida”. Me apresuré a llegar al McHenry y encontré a Tía Doris entre bambalinas – acababa de matar a Holofernes y llevaba la cabeza de cera en una mano y la espada en la otra. “Eso es tan edípico”, me dijo cuando le conté. “¿No te das cuenta? Vas a tener que matar a tu padre para poder casarte con tu madre”. Entonces comenzó a recitar el parlamento que había aprendido cuando interpretó a la Reina Isabel en María Estuardo de Schiller:

¿Qué han de importar los vínculos de sangre

si la Iglesia destruye todo lazo,

y consagra la traición y el crimen?

Eso enseñan vuestros propios sacerdotes.

Mientras decía eso, seguía sosteniendo la cabeza de Holofernes por el cabello, y esas gotitas de sangre falsa caían sobre el piso que era un contento.

Traducción de Mario R. Montani, revisada y corregida por el autor.

Notas del traductor:

*En alemán en el original: ideología o filosofía conceptual de la vida.

** Blanche Dubois es la protagonista principal de “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams, un clásico del teatro norteamericano.

*** En alemán en el original: Verfremdangseffekt, efecto de distanciamiento, alienación o extrañamiento.

Hugo Olaiz pertenece a una tercera generación de mormones argentinos. Graduado en Literatura con especialización en Clásicos en la Universidad Nacional de La Plata, vive desde hace años en los EEUU. Ha obtenido un Master en Filosofía y Letras en la Universidad de Brigham Young y un posgrado en Lingüística Hispánica de la Universidad de Berkeley en California. Es el editor de noticias de la revista Sunstone. Hugo se ha mostrado interesado en el proyecto de este blog y colaborará desde la distancia.

 

6 comentarios el ““EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA” por Hugo Olaiz

  1. luisherreraar dice:

    Imaginé, por el título del artículo, que iba a tratar en parte sobre el famoso escrito de Nietzsche. Y era cierto. La tragedia nace de las tensiones entre los apolos y los dionisos. O entre los más osados-liberales y los tradicionales-conservadores. El libro de Mormón siempre mostró a la familia de Lehí como una familia “normal” (con padres e hijos no tan apegados a prístinas prácticas religiosas) mientras que actualmente existe un énfasis exacerbado en el modelo de la familia Ingalls.

    Parece que es posible “tener lo mejor de ambos (todos) los mundos” y es “necesario que haya una oposición en todas las cosas”. No solo es una realidad. Es necesario.

    Y con relación a la referencia sobre la hermosa obra de Tennesee Williams, recordemos que el foco de toda la obra es la “violencia de la culpa” dentro de ese thriller psicológico.

    Hermosos temas para conversar y continuar aprendiendo!!

    • mormosofia dice:

      Gracias, Luis, por tus esclarecedores e interesantes comentarios. Me pareció que, aún para los que no puedan captar todos los detalles literarios, es de todos modos un cuento eficaz y para hacernos pensar…

  2. No había notado que tu artículo esta dirigido a Neal Chandler. Es el mismo Neal Chandler que vivió en Cleveland? Hemos tenido unas hermosas charlas con esa fantástica persona!!! Por favor, pasame su dirección de e-mail. Gracias!!!

    • mormosofia dice:

      Querido Luis: La dedicatoria aparece en la historia original de Hugo Olaiz, que yo sencillamente traduje y mantuve porque me pareció lo correcto. Por lo que menciona parece ser un artesano. Si te interesa te paso el mail de Hugo Olaiz que sí tengo y podrás sacarte la duda

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