MAXIMO CORTE III (El Libro de Mormón en Verso)

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MAXIMO CORTE III

(Proyecto del Libro de Mormón en versión poética)

1 Nefi – Capítulo 1

 

De Lehi las visiones, yo Nefi, describo;

desde el polvo mismo la voz hablará.

Futuras edades seránme testigo

que todos mis dichos son pura verdad.

.

El pueblo está ciego, apedrea profetas,

blasfeman, fornican, profanan el templo;

enfermos los cuerpos, las almas abyectas,

el odio y la envidia las mentes royendo.

.

Se inclinó mi padre en ardiente ruego,

pidiendo hacia el pueblo divino perdón,

y sobre una roca, un pilar de fuego

alzóse y mi padre escuchó al Señor.

.

Cuando hasta su casa llegó de regreso

Espíritu mismo en él reposó,

dominólo el sueño y echado en su lecho

vio abierto los cielos y el trono de Dios.

.

Bellas alabanzas los ángeles cantan

luego hacia la tierra uno descendió,

era tal su brillo que a todos alcanza

pues al Sol que luce su luz empañó.

.

Luego vuelan doce siguiendo al primero,

sus vestidos como bruñido metal,

opaco ha quedado el mismo lucero

que brilla en la eterna noche sideral.

.

Y vio tambaleando los muros de piedra,

cayendo las obras de Jerusalén.

Ya gentes extrañas irrumpen en ella;

allá en Babilonia cautivos se ven.

.

Ya cae Sedecías; sacaron sus ojos,

muerto con sus hijos. No existe piedad,

del templo, riquezas, sólo son despojos.

ya destruye el fuego la enorme ciudad.

.

Y visto estas cosas; mi padre imploraba:

¡Oh, Dios Poderoso de amor y bondad!

Que tu gracia extienda sus fulgentes alas

para que así huyan temor y maldad.

.

No hagas que perezcan los que a ti acuden

Descienda tu Espíritu de dulce virtud,

sobre las tinieblas de las multitudes

que buscan las sombras huyendo a la luz.

.

¡Oh pueblo, escuchadme! Mi padre predica

por todas las calles de Jerusalén,

pero los judíos no escuchan su súplica,

mofaron sus ruegos, burlaron su fe.

 

(Publicado en Mensajero Deseret de Noviembre de 1947, pag. 418)

 

1 Nefi Capítulo 5

 

Cuando regresamos de nuevo al desierto

llevamos el gozo, pues nuestra tardanza

hacía que creyeran que habíamos muerto:

perdida tenían ya toda esperanza

.

Se lamentaba Saríah, nuestra madre,

creyendo que vivos no nos iba a ver,

elevaba quejas a Lehi, nuestro padre,

por habernos enviado a Jerusalén.

.

Eres visionario – mi madre decía –

dejamos las tierras de herencia por ti,

nuestros cuatro hijos perdieron la vida;

aquí en el desierto vamos a morir.

.

Contestó mi padre – Sí, soy visionario,

porque yo he visto las cosas de Dios.

Ni soy, ni he sido, traidor o falsario,

yo cumplo y predico lo que El me mostró.

.

Promisorias tierras el Señor me ha dado

Por ello me gozo y me regocijo;

sé que la avaricia de Labán fue ahogada;

veremos de nuevo a nuestros cuatro hijos.

.

Mi madre amargura, mi padre consuelo,

Saríah era la pena, Lehi la esperanza;

temor enfrentando a la fe, rudo duelo

donde no se huye, donde no se avanza.

.

Al vernos de nuevo mi madre decía:

-Ahora sé seguro que nuestro Señor

protege a mis hijos salvando sus vidas

dando a mi marido visión y valor.

.

A Lehi y a mis hijos potestad ha dado

para que cumplieran lo que El mandó,

de manos del fiero Labán se han librado.

Así en regocijo nuestra madre habló…

.

Hacen sacrificios, queman ofrendas

y danle las gracias al Dios de Israel.

Cumplidas las cosas, mi padre, a su tienda

entróse, las Planchas llevaba con él.

.

De Moisés los libros, las planchas tenían

historia del mundo y de su creación;

de Adán y de Eva las cosas decían,

con muchos consejos como ilustración.

.

Desde el mismo origen del pueblo judío

hasta el rey de Judá, el rey Sedecías,

en esos anales mi padre ha leído

con las profecías que da Jeremías.

.

Halló de sus padres la genealogía,

supo descendencia del mismo José,

el hijo de Jacob, que en lejanos días

vendido en Egipto como esclavo fué.

.

Mas el propio Señor avanzó su causa

haciéndole digno ante Faraón.

Así a Jacob mismo y a toda su casa

salvólos del hambre con buen corazón.

.

Aquel Labán terrible a quien yo venciera

también descendía del mismo José.

Por eso las planchas él las poseyera

hasta que a su muerte las recuperé…

.

Sobre Lehi, mi padre, espíritu vino

comenzando luego a profetizar;

diciendo la suerte, diciendo el destino

que sobrevendría a su posteridad.

.

Las Planchas de Bronce, jamás corroídas,

irán a familias, naciones y pueblos,

en todos los sitios las cosas dirían,

principio de leyes, Eterno Evangelio.

.

Grandes mandamientos el Señor ha dado.

Lehi, mi padre, cumple, lo mismo que yo,

Por eso las Planchas de Bronce El nos ha dado

Para edificarnos en gracia de Dios.

.

La fe, nuestra fuerza, el Señor la guía.

Cumplir en justicia es nuestra ambición,

Así en nuestro viaje reinó la alegría

Pensando en las tierras de la Promisión.

 

Publicado en Mensajero Deseret, abril 1948, pag. 136

 

 

1 Nefi Capítulo 6

 

Sobre estas Planchas, yo, Nefi, escribo.

No cosas de hombres mi mano grabó;

de genealogía nada es lo que digo;

ocupo el espacio en cosas de Dios.

.

 

De José venimos como descendientes

dicen los anales que guardó Lehi;

bástenos entonces hoy ser obedientes

guardando las cosas escritas aquí.

.

Quiero que los hombres puedan elevarse

sirviendo con gozo al Dios de Abraham,

de Isaac, de Jacob, para así salvarse

haciendo lo bueno con todo su afán.

.

A mis descendientes mandaré que sólo

sobre estas planchas escriban, cual yo,

no cosas del mundo manchadas de lodo

sino aquellas cosas que agradan a Dios.

 

Publicado en Mensajero Deseret, abril 1948, pag. 136

 

1 Nefi – Capítulo 7

.

Después que mi padre hubo concluido

hablándome sobre su posteridad,

la voz del Señor sobre él ha venido

a darle mensaje de luz y verdad…

.

-Lehi, tu familia vive en el desierto,

pero, contéstame, ¿para dónde irá?

Tus hijos solos están, te digo de cierto

¿Las tierras acaso podríamos poblar?

.

Esposas no tienen, lo digo por eso,

ordeno las busquen, porque yo, el Señor,

de todos mis hijos deseo el progreso,

viviendo en las tierras de la promisión.

.

Envía a Nefi y a tus otros hijos

a la ciudad misma de Jerusalem,

Ismael y su casa, que venga es preciso,

Para que establezcas alianza con él…

.

Ismael recibiónos muy gentilmente

Al darle palabra del mismo Señor,

Dispuso la marcha, así, prontamente…

Luego en el desierto, veréis qué pasó.

.

Ibamos marchando tranquilos, gozosos,

pero mis hermanos, Lamán y Lemuel,

con algunos hijos de Ismael, en enojo,

querían el retorno a Jerusalem.

.

Yo, Nefi, afligido por tanta dureza,

con todas mis fuerzas a ellos hablé,

dolíame de ellos al ver sus flaquezas,

tan sin esperanzas, tan poca su fe.

.

-¿Cómo es que vosotros siendo mis hermanos

mayores en años, vuestro corazón

así endurecéis? ¿No véis que es vano

luchar contra fuerte y justa razón?

.

Menor yo, mas debo daros el ejemplo,

tengo que exhortaros porque ciegos sois

¡Qué grande castigo tendréis con el tiempo!

¿No véis infelices? ¡Dejad el error!

.

¿Del Señor acaso no tenéis palabra,

olvidáis el ángel que os reprendió?

Con fe y obediencia la dicha se labra,

pues ellos son dones que Dios nos mandó.

.

Librónos de manos de Labán un día

porque inigualable es su poder.

Tendremos la bella tierra prometida

si fieles le somos: probad y veréis.

.

No en muy lejanos tiempos venideros,

Jerusalem mismo se derrumbará,

mas a siervos fieles que al Señor creyeron,

lejos del peligro los trasladará.

.

Espíritu mismo mucho ha contendido,

pero esa gran puja pronto cesará.

Los malos, los necios, serán destruidos,

quedando quien tenga amor y bondad.

.

Ellos rehusaron los Santos Profetas;

a Jeremías han puesto en presión.

A Lehi, nuestro padre, con furor acechan

¡Matarlo quisieran. No tienen perdón!

.

He aquí, escuchadme lo que yo os digo,

sois hombres ya todos, razón entendéis,

salvaros procuro si venís conmigo,

si atrás os volvierais allí moriréis.

.

Cuando perdidos os encontréis luego,

de éstas, mis palabras, os acordaréis,

pues dentro yo tengo de Espíritu el fuego,

¿no queréis oírme? Pues pereceréis.

.

Cuando estas palabras húbelas hablado

sobre mi cayeron con saña brutal.

Con cuerdas me ataron, y allí, abandonado,

quisieron dejarme. ¡Venganza bestial!

.

Para que sirviera a buitres y fieras

hambrientas, que ansiosas me devorarían.

Eso es lo que ellos con placer hicieron

porque si muriera, ellos triunfarían.

.

Por lo tanto yo invoqué al Señor, diciendo:

¡Oh, Señor, tu que sabes de toda mi fe!

Verdad en tu nombre aquí estoy diciendo

pero ellos no escucharon ¡Señor, líbrame!

.

Si tú me das fuerzas libraré mis manos,

libres ya de amarras estarán mis pies;

dicho esto, y libre, ante mis hermanos

de nuevo otras cosas con ellos hablé…

.

Arrojarse intentan contra mí irritados

pero una hija del mismo Ismael,

su esposa, y otro hijo con bondad hablaron:

cesaron su ira Lamán y Lemuel.

.

Apesadumbrados ante mí se inclinan,

humildes se muestran, olvidan maldad.

Perdón me suplican, su rostro iluminan

con una sonrisa de amor fraternal…

.

Les he perdonado diciéndoles luego:

Os exhorto hermanos, que roguéis al Señor,

que El os perdone. Como así lo hicieron,

seguimos el viaje con gozo y amor.

.

Llegamos delante de Lehi, nuestro padre,

Ismael, su casa, mis hermanos, yo,

fuego de holocausto sobre el altar arde

y dicen las voces sus gracias a Dios.

 

Publicado en Mensajero Deseret, Junio 1948, pag. 216

 

 

1 Nefi – Capítulo 8

(El sueño de Lehi del árbol, el río y la barra de hierro)

 

Aquí en el desierto estamos viviendo;

guardamos granos en gran cantidad.

Hablónos mi padre de nuevo, diciendo:

-Venid, hijos, míos, venid y escuchad

.

He aquí yo he soñado: pero mejor dicho

no fue un sueño sino una visión.

Al ver tantas cosas yo me regocijo

con el Señor mismo, con justa razón.

.

De Sam y de Nefi yo me enorgullezco,

mas no con el vano orgullo carnal

que lleva al abismo, terrible y funesto,

poblado de sombras. ¡Negrura del mal!

.

Mi orgullo es de gozo al saber que ellos

con sus descendientes se habrán de salvar;

la fe, la obediencia les dan sus destellos,

con ellos la tierra se ha de iluminar.

.

Lamán y Lemuel: en cuanto a vosotros,

guardo temores, me apeno en verdad.

¡No sois, os lo digo, hijos jubilosos;

llenos sois de enojo y contrariedad!

.

He visto un desierto de sombras poblado,

de espesas tinieblas, y luego allí vi,

con blancos ropajes a un hombre parado

que me dijo – Sígueme – y yo le seguí.

.

Por más que me esfuerce, explicar no puedo

cuál era el desierto, ancho, desolado,

aún detrás del guía acosóme el miedo,

en cuerpo y espíritu em hallaba postrado.

.

Así temeroso, así acongojado

al Señor imploré, ¡Tened compasión!

Tu misericordia y bondad me has dado;

recoge esta humilde y fiel oración.

.

Oración, lamento del hombre sufriente,

esencia del alma, el llanto hecho voz,

la fiel mensajera, humilde y potente

que llega al oído del Eterno Dios.

.

Paréme mirando, un campo espacioso

delante tenía: y en el campo vi

un árbol con fruto tan sano y hermoso

que era suficiente para ser feliz.

.

Me acerqué entonces, tomé de su fruto,

era el más dulce que había probado,

su color era puro de un blanco ab soluto,

albura de cuerpo celestializado.

.

Pensé en mi familia mientras lo comía…

¡Si vinieran ellos a participar

del fruto que daba a mi alma alegría,

por sobre todo los demás!

.

Observé en derredor pensando en los míos

y cerca del árbol un río descubrí;

buscando el origen miré, y ¡Oh, mi gozo!

Saríah, Sam y Nefi estaban allí.

.

Comencé a hacer señas, llamando afanoso,

me vieron, llegaron felices a mí,

gozaron del fruto tan blanco y sabroso

que yo alegremente tomé y ofrecí.

.

Mis hijos mayores que allí cerca estaban

no quisieron del fruto comer

¡Oh ingratos, de pena mi alma llenaban,

seres de discordia, Lamán y Lemuel!

.

Vi luego una barra que de hierro era

y a orillas del río se extendía, y estaba

junto a un angosto y recto sendero

que a un campo espacioso nos comunicaba.

.

El campo cual mundo; concurso de gentes,

que ansiosas pretendían llegar al sendero

que conducía al árbol; pero prontamente

tinieblas espesas las cosas cubrieron.

.

Los que en el sendero marchando se hallaban

perdieron el rumbo, otros, con afán,

aun entre las sombras, la barra tomaron,

asidos a ella hacia el árbol van.

.

Los que llegaban tomaban del fruto

luego miraban todos a su alrededor,

como avergonzados, como irresolutos,

cual tuvieran dentro terrible temor…

.

Miré, y en la orilla opuesta del río

vi un grande edificio que aunque sobre tierra,

parecía que en el aire fuera suspendido

por una invisible fortísima cuerda.

.

Gentes de ambos sexos, jóvenes, ancianos

ataviados todos con grande riqueza,

en el edificio se encontraban, ufanos,

riéndose de nosotros con toda vileza.

.

Muchos que habían  del fruto probado

cayeron en sendas perdidas, porque

las mofas y burlas los avergonzaban,

perdieron la fuerza, perdieron la fe…

.

Los que obedecían, todos se extraviaron,

por eso yo temo, por Lamán y Lemuel;

que de su presencia sean rechazados

sí, de la presencia del  Dios de Israel.

.

Les dijo mi padre – Cambiad vuestra senda

que misericordia el Señor tendrá,

guardad los preceptos que él os ha enseñado;

el Señor es fuerte. Y cesó de hablar.

Publicado en Mensajero Deseret, Julio 1948, pag. 256

Nota 1: Si alguien detecta algunas diferencias entre estas versiones y las publicadas en el Mensajero Deseret se debe a que me permití algunas mínimas correcciones léxicas y métricas. Intuyo que, en preparación para la publicación, intervinieron, tipeando, misioneros de origen norteamericano que pueden haber mal interpretado algunas palabras.

Nota 2: Esta recopilación de la obra de Maximo Corte está lejos de ser completa. Si nos son enviadas poesías faltantes entre las publicadas, o aún inéditas, con gusto las subiremos a este blog.

Gracias. Mario R. Montani

 

 

 

 

 

 

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