“TESTIGO DE LOS TIEMPOS, LUZ DE LA VERDAD…”

HISTORIA

“TESTIGO DE LOS TIEMPOS, LUZ DE LA VERDAD, VIDA DE LA MEMORIA…”

(Sobre nuestra dual percepción de la Historia Mormona)

Por Mario R. Montani

“De todos los estudios mediante los cuales los hombres adquieren la ciudadanía en la comunidad intelectual, ninguno es tan indispensable como el del pasado. Saber cómo se ha desarrollado el mundo hasta el momento en que empieza nuestro recuerdo individual; saber cómo han llegado a ser lo que son las religiones, las instituciones, las naciones en las que vivimos; estar familiarizados con los grandes hombres de otros tiempos, cuyas costumbres y creencias diferían ampliamente de las nuestras es, todo ello, indispensable para tener consciencia de nuestra situación y para emanciparnos de las circunstancias accidentales de nuestra educación”

Bertrand Russell (Sobre la Historia, Ensayos filosóficos, pag 82)

 

Me he permitido tomar de Cicerón (De Oratore, Libro II, Cap. 9,36) la frase que titula el presente ensayo: “Historia vero est testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis”. (La historia es verdaderamente testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida y heraldo de la antigüedad).

Dejando de lado los cuestionamientos filosóficos, tan caros a Borges, de si la Historia es cíclica o lineal, arquetípica o materialista, deberemos reconocer que tanto la Iglesia como sus miembros tenemos algunos mandatos así como algunos conflictos relacionados con esa controvertida materia.

LOS MANDATOS

En Doctrina y Convenios 88: 78-79 leemos

“Enseñaos diligentemente y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender: de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y los reinos”.

Indudablemente, tanto en las “cosas que han sido” como en las “guerras y perplejidades de las naciones” y “el conocimiento de los países y de los reinos” hay un implícito llamado al estudio de la Historia.

Deberemos sumar a los mandatos el estímulo para escribir nuestros diarios personales y registrar la historia familiar así como las actividades religiosas por todos los medios posibles.

La Iglesia, tanto a través de la Escuela Dominical como del Sistema Educativo, dicta cursos que incluyen la Historia religiosa desde su Restauración hasta la actualidad.

Sancionado por las secciones 21, 47,69 y 85 de Doctrina y Convenios existe el llamamiento de Historiador de la Iglesia, responsabilidad que recayó originalmente en Oliver Cowdery y cuya función es preservar fuentes históricas, registrar eventos y actuar como voz autorizada dela Iglesia en asuntos históricos. Tal función fue desempeñada casi exclusivamente por Autoridades Generales, entre ellas Wilford Woodruff, Orson Pratt, Joseph Fielding Smith y Howard W. Hunter, hasta el llamado de Leonard J. Arrington, un historiador profesional, en 1972, cuando la Oficina del Historiador de la Iglesia pasó a ser el Departamento Histórico dela Iglesia.

LOS CONFLICTOS

El problema se establece cuando los historiadores miembros de la Iglesia (no hablemos siquiera de los ajenos a ella) intentan aplicar los criterios de investigación secular (cosa que sus propias creencias doctrinales les han estimulado a hacer) a la propia Historia de la Iglesia. Surge allí un conflicto de intereses no tan fácil de resolver.

Por un lado, los materiales que integran el curriculum de las clases dominicales y el sistema educativo deben ser aprobados por el Comité de Correlación y reflejar la política e interpretación oficial de los hechos históricos, lo cual lleva a que algunos temas sensibles e incómodos sean soslayados, evadidos o negados.

Por otro, los investigadores mormones han aprendido desde su infancia que “la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como han de ser” (DyC 93:24). Aplicar ese criterio de verdad a los hechos históricos “como fueron” y no “como nos gustaría que hubiesen sido” plantea una serie de problemas.

LA PIEDRA DE VIDENTE, CASO TESTIGO

El relato oficial de cómo el Libro de Mormón vio la luz nos dice que las planchas que lo contenían fueron traducidas “por el don y el poder de Dios”, que nosotros releemos como “con la ayuda del Urim y Tumim” (aunque este nombre no aparece nunca en el texto del Libro de Mormón, que prefiere la variante ‘intérpretes’, ni en las primeras ediciones de Doctrina y Convenios).

Pero veamos lo que dicen quienes estuvieron directamente involucrados en el proceso:

Martin Harris, quien no sólo fue uno de los Tres Testigos sino también el primero de los escribas que colaboró con Joseph Smith, Jr, a través del relato de su amigo Edward Stevenson, del Primer Consejo de los Setenta:

“El Profeta poseía una piedra de vidente, por la cual se le permitía traducir así como por el Urim y Tumim, y por conveniencia utilizaba la piedra de vidente… Por medio de esta piedra las frases aparecían y eran leídas por el Profeta y escritas por Martin; al concluir él decía “escrito”, y si había sido transcripta correctamente esa frase desaparecía y otra tomaba su lugar, pero si no había sido escrita correctamente permanecía hasta ser corregida, de modo que la traducción coincidía con lo grabado en las planchas”. (Edward Stevenson, “One of the Three Witnesses”, Deseret news, 30 Nov. 1881. Reimpreso en Millennial Star 44, 6 Feb. 1882)

Emma Hale Smith, esposa del Profeta y la segunda de sus escribas, relatándole el proceso a su hijo:

“Al escribir para tu padre, lo hacía frecuentemente día tras día, a menudo sentándome a la mesa cerca suyo, mientras él se sentaba con su rostro enterrado en su sombrero, con la piedra adentro, y dictando hora tras hora sin nada en medio de nosotros… Las planchas solían estar sobre la mesa sin ningún intento de ocultarlas, envueltas en un pequeño mantel de lino que yo le había dado…” (Saint’s Herald 26, 1 Oct. 1879, pag. 289-90)

Elizabeth Ann Whitmer, esposa de Oliver Cowdery e hija de David Whitmer, en cuya casa se produjo buena parte del proceso de traducción:

“Con regocijo certifico que estaba familiarizada con el modo en que Joseph Smith traducía el Libro de Mormón. Lo hizo mayormente en la casa de mi padre. A menudo me sentaba mientras veía y oía cómo se traducía y escribía por horas. Joseph jamás tuvo una cortina extendida entre él y su escriba durante el proceso de traducción. El colocaba el director en su sombrero y luego ponía su rostro sobre él para mantener fuera la luz…” (William McLellan “My Dear Friends”, Feb. 1870)

David Whitmer, otro de los Tres Testigos y también amanuense del Profeta por un breve período:

“Ahora les daré una descripción del modo en que el Libro de Mormón se tradujo. Joseph Smith colocaba la piedra de vidente dentro de un sombrero, y su rostro en el sombrero, ajustándolo alrededor de su cara para excluir la luz; y en la oscuridad la luz espiritual brillaba. Un trozo de algo parecido a un pergamino aparecía, y sobre eso la escritura. Un símbolo por vez y debajo la interpretación en inglés. El Hermano Joseph lo leía en inglés a Oliver Cowdery, quien era su escriba principal, y cuando había sido escrita y repetida al Hermano Joseph para confirmar que era correcto, entonces desaparecía y otro símbolo con su interpretación aparecía. Así se tradujo el Libro de Mormón por el don y el poder de Dios, y no por poder humano” (David Whitmer, An Address to All Believers in Christ, Richmond, 1887, pag. 13)

Podríamos sumar testimonios del suegro del Profeta, de Brigham Young y de Wilford Woodruf sobre la existencia de dicha “piedra de vidente”, sobre su forma, aspecto y uso pero excederían los propósitos del presente ensayo. Baste decir que en su diario personal, con fecha 18 de mayo de 1888, mencionando la dedicación del Templo de Manti, el Presidente Woodruff anotó:

“Antes de partir consagré sobre el altar la piedra de vidente que Joseph Smith encontró por revelación unos 30 pies bajo tierra y que llevó consigo toda su vida” (Wilford Woodruff Journal, 1888, LDS Church Archives)

B. H. Roberts, uno de los más importantes historiadores de los primeros tiempos (además de Autoridad General):

“La Piedra de Vidente aquí referida era una piedra de color chocolate, de formato semejante a un huevo que el Profeta encontró cavando un pozo de agua en compañía de su hermano Hyrum, para un señor Clark Chase, cerca de Palmyra, N.Y. Poseía las cualidades de un Urim y Tumim ya que por medio de ella – como se describió antes – así como por medio de los Interpretes hallados con el registro nefita, Joseph podía traducir los caracteres grabados en las planchas” (Comprehensive History of the Church, Vol. 1, p. 129)

Y finalmente los comentarios de Joseph Fielding Smith, Historiador y Profeta de la Iglesia:

“Se ha dicho que el Urim y Tumim se hallaba sobre el altar del Templo de Manti, cuando se dedicó ese edificio. Sin embargo, el Urim y Tumim del cual así se habla, era la piedra del vidente que poseyó el profeta José Smith en días anteriores. Esta piedra del vidente ahora está en poder de la Iglesia” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, Tomo 3, pag.212)

Hay demasiadas preguntas incómodas que un simple miembro de la Iglesia podría evitarse, pero no un historiador, y menos aún un historiador miembro de la Iglesia. ¿Por qué no hay referencias a la piedra del vidente en la historia oficial cuando, aparentemente, buena parte del Libro de Mormón, de la Perla de Gran Precio y algunas secciones de Doctrina y Convenios vinieron a través de ella? ¿Cómo obtuvo Joseph dicha piedra? ¿Estaba en su poder antes de la primera visita de Moroni? ¿Le ayudó, como dicen algunos relatos, a encontrar el lugar donde se hallaban las planchas? ¿Es el Urim y Tumim un artefacto definido o el nombre de una función aplicada a objetos que permiten la traducción de documentos y que pueden tomar diversas formas en distintos momentos históricos? ¿Fue la Liahona uno de los formatos posibles de un Urim y Tumim? ¿Por qué las láminas en nuestros salones de clase nos muestran a Joseph hojeando las planchas para traducirlas o, a lo sumo, detrás de una cortina dictando a Oliver y los testigos presenciales del proceso nos cuentan que fue sumergiendo el rostro en su sombrero con la piedra dentro y sin siquiera mirar las planchas?

Podríamos intentar desacreditar a los testigos. Algunos son relatos indirectos. Otros pertenecen a individuos que se apartaron de la Iglesia o fueron excomulgados. Pero ¡cuidado! Se ha explicado reiteradamente que uno de los rasgos que hacía más creíbles a los Testigos del Libro de Mormón era que, aún alejados de la Iglesia (sólo temporalmente, algunos de ellos), mantuvieron intacto su firme testimonio. ¿Deberemos creer que dijeron la verdad con respecto a las planchas pero que mintieron en relación a la forma en que se tradujeron? No parece un argumento muy sustentable…

¿No sería más sencillo explicar que la “piedra del vidente” existió, se utilizó y que aún el Libro de Mormón, en su texto, justifica su presencia? (Alma 37:23)

“Y dijo el Señor: Prepararé para mi siervo Gazelem una piedra que brillará en las tinieblas hasta dar luz, a fin de manifestar a los de mi pueblo que me sirven, sí, para manifestarles los hechos de sus hermanos, sí, sus obras secretas, sus obras de obscuridad, y sus maldades y abominaciones”.

Sabemos que Gazelem fue uno de los nombres clave aplicados a Joseph Smith en las versiones originales de algunas revelaciones de Doctrina y Convenios (DyC 78, 82 y 104)

“La palabra Gazelem parece tener sus raíces en Gaz – una piedra – y Aleim – un nombre de Dios como revelador o intercesor en los asuntos humanos. Si esta sugerencia es correcta, su raíz coincide admirablemente con su aparente significado – un vidente”  (George Reynolds, A Dictionary of the Book of Mormon, pag. 92)

“Esto bien puede ser un juego de palabras. ¿Es Gazelem la piedra o el siervo? Es difícil determinarlo por el pasaje y depende mucho de dónde ubiquemos la coma en la frase. Quizás se refiere a ambos. Es interesante notar que cuando Jesús llamó a Simón Pedro al ministerio le dijo: “Tu eres Simón, hijo de Jonás: serás llamado Cefas, que interpretado es un vidente, o una piedra” (Juan 1:42 TJS) (McConkie y Millet, Doctrinal Commentary on the Book of Mormon, vol. 3, pag. 278)

He citado el tema de la traducción de las planchas como un ejemplo. Para quienes les interese profundizar puedo sugerir Rough Stone Rolling de Richard Bushman, un académico historiador y al mismo tiempo Patriarca de la Iglesia, o The Gift of Seeing por  R. Van Wagoner y S Walker en Dialogue: a Journal of Mormon Thought Vol.15 Nº2 (Verano de 1982, pags 59-63) Pero conflictos similares existen en todo tema sensible como la poligamia en el período de Joseph Smith, en el período posterior al Manifiesto o la masacre de Mountain Meadows, entre otros.

HISTORIA ARQUETIPICA

La percepción de la Historia como un conjunto de hechos a los que se puede analizar y dar sentido es un concepto bastante moderno. Para las culturas arcaicas la historia, o su equivalente, el mito, consistía en la repetición de actos ancestrales, ocurridos in ille tempore, y que debían volver a actuarse o repetirse para adquirir valor como hecho importante y sacralizado. Mientras así no fuera sólo formaban parte del caos del devenir humano. Los hebreos, como sus vecinos, tenían esta visión cíclica. No es difícil encontrar evidencia de ello en las escrituras. El relato de Lehi en el desierto sigue la fórmula del deambular de Israel bajo Moisés, con referencias claras y directas. Josué debe repetir el milagro de separar las aguas del Jordán, como Moisés las del Mar Rojo, para confirmar su liderazgo profético. Los esquemas históricos o míticos se narraban de modo arquetípico. Es decir, debían imitar la forma de lo ya ocurrido para tener entidad. No es que se falseaba la realidad de lo ocurrido. Los hechos recién adquirían realidad al encajar en una fórmula reconocible. Cuando un rey nacía, los astros debían anunciarlo. El Nuevo Testamento no parece sorprenderse de que los Sabios de Oriente siguieran esta pauta, aparentemente “pagana”, para encontrar al Salvador. Era la forma de comprender las cosas en su cultura. De hecho, la visita de los Magos proyecta bastante luz sobre la forma en que la intelectualidad puede aportar testimonios adicionales y válidos a la vida espiritual. Estos personajes eran científicos de su tiempo que estudiaban los cielos y la astrología (materia que continuó integrando las ciencias hasta bien entrado el siglo XVII).

A pesar del advenimiento de la modernidad, existen reductos de esta concepción en muchas de las formas de armar el discurso de la Historia.

En la Argentina, todos hemos sido educados con la imagen del General San Martín con su  impecable uniforme cruzando los Andes en blanca cabalgadura. La verdad histórica nos cuenta que no fue tan así, o como diría Porgy en la ópera de Gershwin: “It ain’t neccesarily so”. El Gran Capitán realizó su hazaña a lomo de mula y en camilla por su úlcera perforada. El caballo de ese color lo hubiera convertido en un blanco muy fácil para el enemigo. ¿Por qué no puede relatarse la historia como fue, cuando en realidad le otorga un valor humano adicional y un mayor respeto por la figura del héroe, al saber de su enfermedad y condiciones adversas? Porque en la cultura occidental también hemos acumulado nuestros arquetipos y tenemos superpuestos a un Alejandro Magno cabalgando a Bucéfalo, a un Anibal que cruza los Alpes guiando elefantes en la grupa de su corcel Strategos y, también a miles de estatuas ecuestres, diseminadas en los parques y plazas de las principales ciudades mundiales como símbolos de honor y gloria. ¿Cómo íbamos a inmortalizar al Santo de la Espada en una camilla o aferrado a las crines de una mula?

Creo que, del mismo modo, muchos momentos de la historia de la Iglesia, han sido manipulados, quizás con la mejor intención, para presentar “el perfil más fotogénico de todos”, con la idea de que, de otro modo, se podría afectar la fe de algunos miembros.

La verdad, para mí, es que si Joseph Smith Jr. podía dictar desde el interior de su sombrero, sin ver nada por horas, un texto tan intrincadamente complejo como el Libro de Mormón, con estructuras en diversos niveles de composición, paralelismos en todas sus variedades, símiles originales y coherencia doctrinal, es un testimonio adicional de su don y llamamiento. ¿Por qué, pues, ocultarlo?

HISTORIA FIEL (FAITHFUL HISTORY)

No podemos conocer el pasado sino a través de cierta mediación. Los más conspicuos mediadores son textos y otros artefactos de valor histórico. Esos artefactos nunca han sido ni serán neutros: incluyen subjetividades, ingredientes culturales y limitaciones sociales. Nos brindarán solamente una representación parcial del pasado que, además, será leída y observada por mentes con nuevos paradigmas y nuevas limitaciones. El historiador se transforma en un nuevo mediador con el pasado pero con la capacidad especial de influir en muchos otros individuos.

¿Cómo se fue formando la Historia de la Iglesia? En los primeros años se recopilaron historias del movimiento Santo de los Ultimos Días. Muchas de esas historias, escritas por testigos de las palabras del Profeta fueron unificadas otorgándosele un relato en primera persona como si el propio Joseph las hubiera dicho. Entre 1902 y 1912 B.H. Roberts preparó la obra para su publicación en seis volúmenes con el nombre de “Historia de Joseph Smith, relatada por él mismo” y que luego continuó con “Documentary History of the Church” en siete volúmenes. Sin embargo, algunas décadas más tarde, J. Reuben Clark, Consejero en la Primera Presidencia, decía lo siguiente:

“La Historia Documental de la Iglesia, como está impresa, desafortunadamente no contiene toda la documentación histórica que fue escrita. El Hermano Roberts realizó cambios. No siempre sabemos cuáles o en qué consisten esos cambios, de modo que, como una fuente absolutamente histórica, no es una en la que podamos invariablemente basarnos… La obra del Hermano Roberts es la obra de un abogado defensor y no la de un juez, y uno no puede siempre apoyarse en lo que el Hermano Roberts dice. Frecuentemente, comenzaba intentando establecer cierta tesis y elegía los hechos que aprobaban su tesis, y si algún otro hecho aparecía por el camino que no la aprobaba, lo omitía” ( Declaración de  J. Reuben Clark, 8 April 1943, in “Budget Beginnings,” 11-12, Box 188, J. Reuben Clark Papers, Harold B. Lee Library, Brigham Young University, Provo, Utah.

A lo largo del siglo XX el término “Historia Fiel” comenzó a ser sinónimo de la Historia Oficial que aprobaba la Iglesia y también de los trabajos de aquellos investigadores que no se atrevían a profundizar en los aspectos más sensibles de esa misma Historia.

LA NUEVA HISTORIA MORMONA (NEW MORMON HISTORY)

Por otro lado, a lo largo de los años ’50, comenzó a intervenir un grupo de historiadores Santos de los Ultimos Días cuyo propósito expreso no era ni atacar ni defender a la religión, sino sencillamente comprender el pasado. Entre los más destacados de ese movimiento inicial se encontraba Leonard J. Arrington quien publicó Great Basin Kingdom, An Economic History of the Latter-day Saints (Harvard University Press, 1958), una obra emblemática. Arrington también colaboró activamente en la organización de la Mormon Historical Association en 1965 y fue su primer presidente.

Para 1972 fue llamado a trabajar como Historiador de la Iglesia pero cuando intentó publicar sus trabajos y el de sus allegados encontró fuerte resistencia entre las Autoridades. Finalmente, diez años más tarde, fue relevado de sus funciones aunque dicho relevo no se hizo público. En el Ala Este del Edificio de Oficinas de la Iglesia se encuentran retratos de todos los Historiadores de la Iglesia menos el de Arrington. ¿Otra forma de reescribir la Historia, al estilo de los faraones, que borraban de los monumentos las hazañas de sus predecesores?

Aquellos profesionales que trabajaban para la Universidad de Brigham Young vieron restringido su acceso a documentos que no mucho antes estaban disponibles aún para los no miembros y debieron firmar acuerdos para que sus trabajos fueran censurados antes de la publicación.

Quizás parte del problema fue que, quienes escribían en contra de la Iglesia, desde afuera, habían ido cambiando su enfoque de lo doctrinal a lo histórico y las Autoridades no querían ver aumentados sus frentes de batalla.

Respondiendo al consejo del Elder Packer de “no desparramar gérmenes infecciosos” el Dr. Michel Quinn dijo en su alocución en la Asociación de Estudiantes de Historia de la Universidad de Brigham Young del otoño de 1981:

“Adoptando el simbolismo del Elder Packer, sugiero que son los apóstatas y anti-mormones quienes buscan infectar a los Santos con gérmenes de duda, deslealtad y rebelión. Estos portadores de fiebre tifoidea contagiosa consiguen los materiales para sus ataques de documentos y publicaciones, muy fácilmente obtenibles, escritos por miembros y antiguos líderes SUD. Los historiadores no han creado las áreas problemáticas del pasado mormón; están tratando de responder a ellas. Los historiadores mormones creyentes, como yo mismo, buscan escribir Historia de la Iglesia en perspectiva para poder inocular a los Santos en contra de los gérmenes de enfermedades históricas que los apóstatas y anti-mormones puedan disparar contra ellos. La crítica que hemos recibido a nuestros esfuerzos se equipararía a la de los líderes pueblerinos del siglo XVII intentando combatir la viruela encerrando al Dr. Edward Jenner, que trataba de inocular a la gente, y matando a las vacas que él necesitaba para su vacuna”

El Dr. Quinn fue excomulgado en 1993 junto a otros catedráticos e investigadores aunque él continúa considerándose un Santo de los Ultimos Días. Es posible que, como Sir Francis Bacon, haya razonado: “quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”

CONCLUSIONES FINALES

Según Haldane el prejuicio consiste en tener una opinión antes de examinar toda la evidencia. Creo que todos debemos aprender a ser menos prejuiciosos. La tensión entre la fe y la intelectualidad no se ha resuelto en la Iglesia, aunque quizás sí haya disminuido. El discurso único y limitado de la Historia Fiel deberá, ineludiblemente, dar paso al discurso pluralizador y ampliatorio de la Nueva Historia Mormona, o de cualquier otro nombre que adopte en el futuro.

A la negación del Apóstol Tomás a aceptar la verdad si sus sentidos no podían participar, se antepuso el apotegma “Credendo videns” (es necesario creer para después ver). De él se pueden desprender dos corolarios. Uno, para mi totalmente verdadero: que “no es necesario ver para creer”. El otro, para mi totalmente falso: que “es necesario no ver para creer”

MRM/2011

Un comentario el ““TESTIGO DE LOS TIEMPOS, LUZ DE LA VERDAD…”

  1. Javier dice:

    Me gustó mucho tu artículo, sobre todo para mi que estoy incursionando en el mundo de la antropología. Actualmente estoy comenzando un trabajo de investigación para mi tesis de posgrado sobre estudiar a la Iglesia como un pueblo mas que como una organización eclesiástica. Es interesante el gran universo que es el mormonismo.

    Curiosamente a pesar de que hace muchos años la propaganda antimormona cimbró mi testimonio cuando en el internet casi todo lo que había sobre mormones era escrito desde trincheras hostiles, hoy en día he logrado comprender que la historia es compleja y sobre todo en una cultura tan rica es normal. Yo creo que la historia de la Iglesia va a ser comprendida de mejor manera cuando se eleve el nivel cultural de sus miembros y líderes y entenderemos que incluso los detalles “escabrozos” son testimonio de la verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s