“PERMITIDLES QUE SE ALLEGUEN A VOSOTROS…”

DOCTRINA

           Raza Negra y Sacerdocio

“Permitidles que se alleguen a vosotros, y no los vedéis…”

Por Mario R. Montani

Querido amigo: Hace ya más de un año atrás compartíamos algunas ideas sobre raza negra y sacerdocio y, aunque no era mi intención retomar el tema, ocasionalmente encuentro material relacionado con él y aprovecho a enviártelo y a compaginarlo en esta nota para futuras referencias.

Una de tus preguntas de aquél entonces era ¿quiénes eran racistas?. Como hemos crecido en una sociedad donde ese problema no es tan marcado es un poco difícil para nosotros entenderlo cabalmente. Ya te comenté que mi experiencia de primera mano había ocurrido en Uruguay, pero los uruguayos son aún más abiertos que los argentinos con relación al tema racial. De modo que si queremos comprender lo que ocurría realmente, deberemos permitir que quienes estaban inmersos en esa sociedad racista nos lo cuenten:

La Gente:

1) Armand L. Mauss, miembro activo de la Iglesia, integrante de varios obispados a lo largo de su vida, profesor emérito de Sociología y Estudios Religiosos por la Washington State University (Reflections on a lifetime with the race issue, Sunstone, Marzo 2003, pags. 28-29)

“Mi experiencia personal con el tema racial se retrotrae a mi infancia, en el antiguo Barrio Oakland, en California. En ese Barrio vivía una pareja de ancianos, negros, de nombre Graves, quienes asistían regularmente a la Reunión Sacramental pero (al menos por lo que yo recuerdo) no tomaban parte activa en otras actividades de la Iglesia. Todos en el Barrio parecían tratarlos con cierta cordial distancia, y periódicamente el hermano Graves ofrecía su ferviente testimonio el Domingo de Ayuno. Nunca pude entender claramente a través de mis padres qué era (además de su color) lo que los hacía ‘diferentes’, dada su obvia fidelidad. Era simplemente algo sobre lo que nadie hablaba, pero podía percibirse su marginalidad. Murieron mientras yo era aún un niño, pero recuerdo el sentimiento de pena por no haber podido conocerlos mejor.

Cuando era un adolescente, en el mismo barrio, una familia blanca se unió a la Iglesia con un joven de aproximadamente mi edad (llamado Richard) y también una muy bonita hermana mayor. Antes de que el joven pudiera recibir el Sacerdocio Aarónico, de algún modo se produjo el descubrimiento de que la familia podría tener un remoto ancestro de origen negro – lo que parecía increíble ya que el cabello rubio y los ojos azules abundaban en la familia. Este descubrimiento, sin embargo, tuvo un efecto a largo plazo sobre los hijos, ya que a Richard nunca se le permitió participar de las actividades del Sacerdocio con el resto de los jóvenes del barrio, servir una misión cuando el resto de nosotros lo hacíamos, o aspirar a un casamiento en el templo. A pesar de lo que yo recuerdo como una cálida y genuina aceptación social de Richard por parte de nosotros, la red de los jóvenes SUD, él gradualmente se alejó de la Iglesia a medida que esa red se fue dispersando por el paso a la vida adulta y no pudo proveerle el apoyo social que lo había mantenido en la Iglesia como adolescente.

Su hermana, mientras tanto, había ido a la universidad, donde atrajo la atención romántica de un joven perteneciente a una prominente familia SUD. El descubrimiento de su cuestionable genealogía presentaba un serio obstáculo para su casamiento en el templo, por supuesto, hasta que la familia de su pretendiente se movilizó para presionar a la Primera Presidencia de la Iglesia y obtener una resolución para esa ambigüedad genealógica. Esa resolución se materializó cuando la Presidencia concedió el beneficio de la duda a las partes involucradas. En el debido momento, la pareja se casó en el templo, pero la resolución llegó demasiado tarde para Richard…

Mi propia esposa, Ruth, creció en una familia estigmatizada por los residentes SUD de su pequeño pueblo, en Idaho, pues la tía de su padre, en Utah, había preferido fugarse con un músico negro de apellido Tanner, en vez de aceptar el arreglo de un matrimonio polígamo. Antes de que los padres de Ruth pudieran casarse, la novia (madre de Ruth) sintió la necesidad de asegurarse, a través del Obispo local, de que la familia a la cual estaba entrando no se encontraba bajo ninguna maldición divina por causa del esposo de la tía. La familia de Ruth finalmente se trasladó al este de Idaho, donde sus sobrinos y primos paternos hallaron periódicamente cierto distanciamiento social por causa de los rumores sobre parientes negros. Debido a esos rumores,  algunos jóvenes de la ciudad recibieron la prohibición, por parte de sus padres, de tener citas con los miembros de esta familia.

Menciono estas anécdotas personales sólo para ilustrar cuán amplio era el daño causado por las doctrinas y políticas tradicionales con relación a los negros. Aunque nuestros miembros negros fueron los que primariamente sufrieron, en formas que no podemos llegar a imaginar, es de notar que aún a nuestra membresía blanca le costaba quedar intacta dentro de esta política racista tradicional.”

2) Quisiera contarte también sobre Len Hope, otro hermano de color, quien fue amenazado y perseguido por el Klu Klux Klan por haberse unido a la Iglesia. Logró sobrevivir y se casó con Mary, también miembro de la Iglesia. Desgraciadamente “experimentaron lo que era común en esos tiempos cuando se mudaron a Cincinnati, cerca de Kentucky, y al ir a la Iglesia los miembros blancos les hicieron saber que no querían que una familia negra estuviese presente. Le dijeron al presidente de la rama que dejarían de asistir si había un negro asistiendo, y así es que tenemos al Elder Hanks (se refiere a Marion D. Hanks, futura Autoridad General, en su época de misionero) junto al Hermano y la Hermana Hope. Los Hope iban cada tres meses a la Iglesia para pagar sus diezmos y ofrendas. Cada mes en Domingo de Ayuno, los misioneros, incluyendo a Marion D. Hanks, iban al hogar de los Hope, les llevaban los sacramentos y tenían una reunión de testimonios con ellos. “Había música, costillas y helado casero”, nos contó el Elder Hanks, “así como un gran espíritu, un gran testimonio”. El Elder Hanks se enfermó mientras estaban con los Hope y se quedó con ellos por varios días, llegando a ser muy buenos amigos. Esta amistad se mantuvo a lo largo de sus vidas… Cuando finalmente el Elder Hanks tuvo que irse, un poco de nieve había caído en los escalones de salida de la casa. Según supo más tarde el misionero, Mary le había dicho a Len, ‘Len, ¿podrías barrer los escalones?’ Y Len le contestó a Mary, ‘Te he tratado como una dama todos los días de nuestro matrimonio, pero no vuelvas a pedirme jamás que haga algo como eso. ¿No sabes lo que dicen las escrituras? “Cuan hermosos son los pies de aquellos que predican el evangelio de paz”. No me pidas que barra las huellas de ese misionero’. (Margaret Blair Young, Black Latter-day Saints: a Faith-full History, podrás encontrarlo también en FAIR)

3) Son interesantes los comentarios de los miembros que respondieron a un blog cuando se cumplieron los 25 años de la revelación sobre el sacerdocio (2003) acerca de qué estaban haciendo en Junio de 1978

“Yo estaba en mi misión en Chile. En ese momento mi compañero menor era del sur (no recuerdo exactamente de dónde – Georgia, Alabama, Mississippi) y declaró que si era verdad, abandonaría el campo. Por supuesto, siguieron varias charlas con el Presidente de la misión y finalmente se quedó” (Strange, 05/06/2003, 16:26)

“El tío de mi esposa, quien se había unido a la iglesia específicamente porque no permitía a los negros poseer el sacerdocio, en cuanto supo de la revelación, la abandonó. Instantáneamente” (Wag, 05/06/2003, 19:57 hs)

“Yo estaba golpeando puertas en Norfolk, Virginia. Recuerdo que el tamaño del área en la que podíamos efectuar proselitismo activo virtualmente se triplicó. Los miembros de esa zona no estaban contentos con el tema. Hubo muchos comentarios sobre un profeta caído…” (Segue 09/06/2003)

Este año se cumplirán los 30 años de la declaración oficial II. Será interesante escuchar otras anécdotas.
De modo que el muestreo me parece suficiente, ya que incluye no sólo Utah, sino también Idaho, California, Cincinnati, Virginia. Y me dice algo: un alto porcentaje de los miembros de la Iglesia norteamericanos, sin importar donde vivieran, eran racistas. Estas historias no son excepciones a la regla. Son lo que comúnmente ocurría. Lo excepcional era que, en esas condiciones, hubiese miembros de color en nuestras congregaciones. No sólo eran rechazados o mantenidos aparte por los miembros blancos sino que los de su propia raza los despreciaban por unirse a una iglesia que los humillaba de ese modo. No encuentro relación posible entre esos hechos y la siguiente declaración del Libro de Mormón (que me ha ayudado a titular el presente artículo):

“Y he aquí, os reuniréis con frecuencia; y a nadie le prohibiréis estar con vosotros cuando os reunáis, sino pemitidles que se alleguen a vosotros, y no los vedéis”. 3 Nefi 18:22

La Institución:

Entiendo claramente que la mayoría de esas actitudes negativas corrieron por cuenta de miembros en forma individual. La Iglesia, como institución, jamás aprobó actitudes segregacionistas. Al mismo tiempo debe haber habido miembros que actuaron mucho más compasiva y cristianamente que en los ejemplos anteriores y otro gran grupo que simplemente no sabía qué hacer ante esas situaciones.

Para traer un poco de equilibrio a la discusión señalaré pasos concretos que la institución ha dado a través del tiempo:

1) El Profeta Joseph Smith abogó por los derechos de la gete de colar, en un período en el que era muy poco popular mantener esas ideas. Rechazó la noción, por entonces ampliamente aceptada, de que los negros eran ‘naturalmente inferiores’ a los blancos. Estaba consciente de que la aparente ignorancia de la raza se debía a que eran mantenidos de ese modo por los supuestamente ‘superiores blancos’. Sus actitudes pueden resumirse en un incidente ocurrido mientras era Alcalde de Nauvoo, en 1842, mucho antes del fin de la esclavitud:

“Mientras actuaba como alcalde de la ciudad, un hombre de color llamado Anthony fue arrestado por vender licor un domingo, lo que era contrario a la ley. Se defendió diciendo que el motivo por el que lo hacía era para juntar el dinero para comprar la libertad de su querido hijo que aún permanecía como esclavo en un estado sureño. Había logrado comprar su propia libertad y la de su esposa y ahora deseaba traer a su pequeño hijo al nuevo hogar. Joseph le dijo, ‘lo siento, Anthony, pero la ley debe ser cumplida y debemos imponerte una multa’. Al día siguiente el Hermano Joseph le entregó a Anthony un fino caballo, diciéndole que lo vendiera y utilizara el dinero para traer al pequeño (Young Women’s Journal, p.538)

2) Los mormones como pueblo tendieron a reflejar las actitudes raciales de la mayoría de los blancos norteamericanos de su época, la cual era ser moderadamente racistas. No había odio hacia la gente de color, pero sí la creencia de que eran inferiores, pues esto es lo que se les enseñaba, aún en las universidades, hasta la década de 1950. No había racistas radicales entre los miembros, como integrantes del Ku Klux Klan, por ejemplo. En la década de 1920, cuando el Klan tenía más de 5 millones de adherentes (el equivalente a 15 millones con la población actual) la Iglesia tomó posiciones claramente antagónicas lo que provocó que el Klan la llamara “su mayor enemiga” y los misioneros fueran perseguidos y maltratados en los estados del Sur.

3) David O. McKay, en 1954: “No existe ahora, ni nunca ha habido una doctrina en esta Iglesia de que los negros estén bajo condenación divina. No hay doctrina de ningún tipo en la iglesia con respecto al negro. Creemos tener un precedente en las escrituras para impedir el sacerdocio a los negros. Es una práctica, no una doctrina, y la práctica algún día será cambiada. Eso es todo lo que hay” (Sterling M. McMurrin affidavit, March 6, 1979. See David O. McKay and the Rise of Modern Mormonism by Greg Prince and William Robert Wright. Citada por el Genesis Group.)

4) A partir de 1971, la creación del Genesis Group, que aglutinaba a los miembros de color en EEUU. Nunca fue una unidad segregada, sino que sus integrantes continuaban asistiendo a donde les correspondiera geográficamente pero una vez al mes y complementariamente se reunían para compartir sus testimonios, experiencias y bagaje cultural. La presidencia de ese grupo, que hasta su muerte ostentó Ruffin Bridgeforth, es un llamamiento de la Iglesia. El entonces Apóstol Gordon B. Hinckley apartó al hermano Bridgeforth en tal calidad. Después de 1978 Bridgeforth condenó públicamente las enseñanzas previas a la nueva revelación como “doctrina falsa” y las denominó “herejías abominables” tanto en conferencias de prensa como en discursos internos. No es de mi conocimiento que alguna vez haya sido reprendido o llamado al orden por dichas expresiones, más aún, el hecho de que permaneciese en su llamamiento (ahora con el sacerdocio) hasta su muerte, me indica que no fue así.

El actual presidente del Grupo, Darius Gray, ha disertado en BYU como parte de la Black History Month Lecture, que se repite anualmente cada mes de Febrero, y que es promovida por la BYU Multicultural Student Services. Algunos de los conceptos vertidos en tal exposición incluyeron que la raza es un llamamiento, no una maldición y que jamás hubo una revelación que instituyera la prohibición. Declaró también que si los negros son descendientes de Cam, él no tendría problemas en aceptarlo, ya que según la Biblia,  Melquisedec también lo era, y la genealogía de José, padre adoptivo de Jesús, parece incluir dicha ascendencia. “Si el Salvador no tenía problemas con eso, yo tampoco”, concluyó. Tampoco conozco que haya sido desautorizado por sus dichos.

4) Spencer W. Kimball, en 1972: “El prejuicio racial es del diablo. El prejuicio racial proviene de la ignorancia. No hay lugar para él en el Evangelio de Jesucristo (Teachings of Spencer W. Kimball, p 237)

5) La Iglesia brinda apoyo a publicaciones de SUD de color tales como Ebony Rose y UpLift. Debido a las muchas iniciativas promovidas por la Iglesia (investigación histórica y genealógica, preservación de raíces culturales, ayudas humanitarias en zonas específicas, etc.) las organizaciones nacionales afro-americanas han honrado tanto al Presidente Hinckley como a Darius Gray

6) En Ensign de Septiembre del 2000, bajo la firma de Alexander Morrison, se declaraba: “Desafortunadamente, el racismo – esa aborrecible y moralmente destructiva teoría que proclama la superioridad de un individuo sobre otro por razones de raza, color, etnia o bagaje cultural – permanece como uno de los pecados que afecta a las sociedades en el mundo entero. Siendo la causa de batallas y conflictos en el orbe, el racismo es una ofensa contra Dios y una herramienta en las manos del diablo. En comunión con otros cristianos, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días lamenta las acciones y declaraciones de individuos que han sido insensibles al dolor sufrido por las víctimas del racismo y piden perdón divino para aquellos culpables de este grave pecado. El pecado del racismo será eliminado únicamente cuando cada ser humano trate a los demás con la dignidad y el respeto que merecen como amados hijos de nuestro Padre Celestial. Me siento agradecido de que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días se haya mantenido desde sus inicios en fuerte oposición al racismo en cualquiera de sus malignas manifestaciones.”

Creo firmemente que la Iglesia nunca fue racista o segregacionista. Creo también que la política de prohibición del sacerdocio a los negros (establecida por el Señor, o no, que es otra parte de nuestra discusión) fue usada como una herramienta racista y segregacionista por un alto porcentaje de miembros norteamericanos. (En algunas unidades los miembros de color se quejaban de que se les permitía participar del sacramento pero no pasar las bandejas de la santa cena, aunque las mujeres blancas, que tampoco tenían el sacerdocio, sí podían hacerlo. Uno de los tantos ejemplos que muestra que, aunque la Iglesia no aconsejara tales conductas, el sustrato racista de la sociedad promedio norteamericano se abriera paso, desde el inconsciente colectivo, y produjera estas manifestaciones.)

Ahora bien, hay otras actitudes de la Institución que aún no logro comprender. Por ejemplo, el no predicar en barrios negros. Independientemente de las persecuciones que eso pudiese provocar o del enojo de los blancos SUD, el bautismo es una ordenanza esencial para la salvación, y la Iglesia la encargada de hacerlo accesible a toda la humanidad. ‘Porque no te puedo dar el sacerdocio mejor tampoco te llevo el Evangelio’ suena más bien como ‘porque no te puedo dar la frutilla del postre tampoco te voy a dar la entrada y el plato fuerte’. No encuentro justificación doctrinal para eso. Sí encuentro justificación social e histórica, pero de eso a vos no te gusta hablar.

Tampoco encuentro justificación para la promoción de obras no oficiales, como las de Joseph Fielding Smith, en las que se declaraba que los negros no obtendrían el sacerdocio jamás en esta vida, sino hasta después del Milenio (que hoy se nos aconsejan olvidar) y se hayan soslayado las de otros, John A. Widtsoe, por ejemplo (tan Apóstol como el anterior) pero que opinaba completamente distinto.

Creo también que la Institución deberá hacer mayores esfuerzos por erradicar los discursos sutilmente racistas que sobreviven. La teoría de los negros como descendientes de Caín, que compartían todas las iglesias cristianas protestantes norteamericanas en los siglos XVIII y XIX, hoy es solamente compartida por otra Institución: el Klu Klux Klan.

Me parecieron iluminadoras las palabras de Darron Smith, disertante en Sociología en el Utah Valley State College y la Universidad de Brigham Young. Completa  su doctorado en la Universidad de Utah en educación, cultura y sociedad. (Lo siguiente corresponde a The persistence of racialized discourse in mormonism, Sunstone, Marzo 2003, pag. 31):

“Los proyectos diseñados para involucrar totalmente a los santos afro-americanos encontrarán dificultades, creo, hasta que cada uno de nosotros reconozca cuan persistente y penetrante es el racismo en la sociedad norteamericana. Está virtualmente presente en cada faceta de la vida, incluyendo el trabajo de las organizaciones religiosas. Si bien la prohibición del sacerdocio fue quitada en 1978, el discurso que construyó lo que significa ser negro continúa intacto hasta el día de hoy. Bajo la dirección del Presidente Spencer W. Kimball, la Primera Presidencia y los Doce removieron la política que impedía a los negros poseer el sacerdocio pero hicieron muy poco por discontinuar los múltiples discursos que habían llegado a producir esa política en primer lugar. Por lo tanto hay miembros de la Iglesia que todavía continúan citando y enseñando en cada nivel de la educación religiosa el discurso racial de que los negros son descendientes de Cain, que merecieron menores privilegios terrenales por ser “meros espectadores” en la Guerra de los Cielos, y que, dejando de lado factores científicos y climáticos, hay una relación entre el color de la piel y la rectitud.

Un completo abandono de estos discursos requeriría la rearticulación de la historia de la Iglesia y la comprensión de cómo el pasado se interrelaciona con la historia racial secular. Más aún, será necesario que un mayor número de voces negras sean escuchadas en los ambientes académicos y de liderismo, donde, con sensibilidad y sin la amenaza de censura o sanciones, puedan explicar los modos en los que la ya difunta prohibición continúa aún creando una posición de inferioridad para los afro-americanos en los espacios de la Iglesia.”

A mi sólo me resta decir ‘amén y amén’ a esas palabras, pero sigo teniendo dudas con respecto a cuántos miembros norteamericanos lo están entendiendo.

La Revelación:

He leído en detalle el discurso que Brigham Young ofreció como Gobernador, ante la legislatura del estado en Febrero de 1852. Es extenso, con ciertas ambigüedades en la puntuación, que tienen que ver con la trascripción de los escribas del Congreso y fue la primera ocasión en que se refirió públicamente al tema de los negros y el sacerdocio. Está disponible en internet y puede leerse. Mi apreciación personal es que se trata de un discurso político, en el cual intenta dar forma al consenso generalizado de que los negros no debían tener acceso a cargos públicos y busca para ello motivaciones religiosas. También es bueno saber que cuando Utah fue invitada a formar parte de los EEUU se le dio la opción de ingresar como estado esclavista o no. Lo hizo como estado esclavista (lo cual es otra muestra de cuál era el consenso general). Recién con la guerra de Secesión se alió a la Unión. Pero para saber eso hay que leer historia… y es algo que los Santos no hacemos…

Con relación a los detalles de la revelación de 1978 es interesante señalar que entre los empleados del MTC y las Oficinas de la Iglesia de aquella época existe el consenso, por sus charlas con las Autoridades involucradas, de que fue un proceso que algunos denominaron ‘revelación negativa’, es decir que la Primera Presidencia y los Doce tomaron una decisión, la plantearon al Señor, y ante la ausencia de ninguna señal en contra, cambiaron la política

Te aclaro que no tengo ninguna objeción con respecto al método, pues me parece una de las formas válidas de inspiración y revelación. Finalmente es lo que se nos sugiere que hagamos en nuestras oraciones personales.

La siguiente entrevista al Elder Le Grand Richards (Apóstol y autor de Una Obra Maravillosa y un Prodigio),  por Wesley Walters y Chris Vlachos el 16 de Agosto de 1978, en el Edificio de las Oficinas de la Iglesia, Salt Lake City, es esclarecedora:

Walters: Sobre esta revelación del sacerdocio a los negros, he escuchado toda clase de historias: que Cristo apareció a los Apóstoles; que Joseph Smith apareció; y luego oí otra historia de que Spencer Kimball había tenido una preocupación sobre el tema por cierto tiempo, y simplemente la compartió con los Apóstoles, y decidieron que era el momento correcto para moverse en esa dirección. ¿alguna de esas historias es verdad, o lo son todas ellas?

Richards: Bien, la última de ellas es bastante acertada, y podría decirle qué la provocó en cierto modo. En Brasil, existe tanta sangre de origen negro entre la población que es difícil conseguir líderes que no la tengan. Acabamos de construir un templo allí. Será dedicado en octubre. Toda esta gente de ascendencia negra ha estado recaudando dinero para construir ese templo. Si no cambiamos, entonces ellos no podrían siquiera usarlo. Bien, el Hermano Kimball se preocupó por esto, y oró muchísimo al respecto. Nos pidió a cada uno de los doce que orásemos – y así lo hicimos – para que el Señor le diese la inspiración para saber cual era Su voluntad. Entonces nos invitó a cada uno a su oficina – individualmente, porque, usted sabe, cuando uno está en un grupo, uno no siempre puede expresar todo lo que está en su corazón. Uno es parte del grupo ¿verdad? – de modo que nos entrevistó a cada uno, personalmente, para ver como nos sentíamos al respecto, y nos pidió que orásemos sobre el particular. Además nos pidió a cada uno que le acercásemos todas las referencias que tuviéramos tanto a favor como en contra de la propuesta. Como verá, él pensaba favorablemente en cuanto a dar el sacerdocio a la gente de color. Entonces tuvimos una reunión, como la tenemos semanalmente en el templo, y lo discutimos como grupo, y tuvimos un círculo de oración al cierre de dicha reunión. El (el Presidente Kimball) condujo la oración, pidiendo que el Señor nos diese la inspiración que necesitábamos para hacer lo que fuese aceptable para El y para bendecir a Sus hijos.

Y el jueves siguiente – nos reunimos cada jueves – la Presidencia llegó con este pequeño documento escrito para hacer el anuncio – para ver como nos sentiríamos al respecto – y lo presentaron por escrito. Bien, algunos de entre los Doce sugirieron ciertos cambios en el anuncio, y en esa reunión todos votamos a favor de él – los Doce y la Primera Presidencia. Un miembro de los Doce, Mark Peterson, se encontraba en América del Sur, pero el Hermano Benson, nuestro presidente, había hecho los arreglos para localizarlo por teléfono, y allí mismo, mientras estábamos en la reunión, el Hermano Kimball habló con el Hermano Peterson, le leyó el artículo, y él (Peterson) lo aprobó.

Walters: ¿No hubo un documento especial como una “revelación”, que él había escrito?

Richards: Lo discutimos en nuestra reunión. ¿Qué más debería decirse aparte del anuncio? Y decidimos que era suficiente. Que nada más necesitaba ser dicho.”

La fe de los santos brasileños, que tantas veces se ha mencionado como factor desencadenante, me parece un tema paradójico. No dudo que las decenas de miles de miembros de color en Brasil y otras naciones americanas tengan fe. Tampoco de la fidelidad de los ya cientos de miles en Africa. Lo que digo es que por más de un siglo habían tenido la fe de varios cientos o quizás miles de hermanos negros norteamericanos para mirarla muy de cerca y no parecen haberla reconocido. La fe se ve mejor desde lejos…

Otro detalle curioso tiene que ver con la forma en que se decidió anunciar la nueva revelación. Una de las mayores quejas de los miembros (que estaban contentos con el cambio) fue que se enteraron por la televisión o la radio o por algún vecino que ni era miembro y hubieran preferido saberlo por sus líderes locales. Los diarios ‘gentiles’ fueron muy ‘vociferantes’ con sus grandes titulares, pero la noticia en el Church News fue muy corta y en las páginas interiores. En la tapa, un desfile y la referencia a algunos discursos anteriores del Pte. Kimball acerca de la conveniencia de casarse dentro del propio grupo socio-cultural ¿¿¿???

Si fue una estrategia para enfrentar a los miembros reticentes con un hecho ya acabado no me parece mal. Pero para que una revelación tenga validez doctrinal debe ser aprobada en una Conferencia General, lo cual no ocurrió hasta meses después ¿Significa que anunciamos al mundo que teníamos una revelación que aún no tenía la aprobación del cuerpo de la Iglesia? ¿O significa que, como la Declaración Oficial II discontinuaba una política que nunca fue sostenida por los miembros, tampoco necesitaba de su aprobación?

Bien, a la espera de tus agudos comentarios, te saludo cariñosamente

Mario R. Montani

Un comentario el ““PERMITIDLES QUE SE ALLEGUEN A VOSOTROS…”

  1. Javier dice:

    Que puedo decir, en mi fuero muy interno creo que la restricción vino de parte de Dios por razones totalmente desconocidas, sin absoluta luz para mi en este aspecto. Pienso que la práctica social de esta restricción fue consagrada por el racismo.

    Me llama la atención que la Iglesia hasta la fecha omite (no se si adrede) pronunciarse abiertamente a esta prohibición como una revelación o un error (que a final de cuentas esta ambigüedad creada por el silencio tan elocuente de lo no dicho, me parece encierra muy en el fondo una convicción de ser lo primero). Ya antes había reparado que la práctica nunca pasó por una asamblea solemne, sin embargo creo que por algo el Señor lo permitió. Creo en la Declaración Oficial 2 hasta donde sea inspirada correctamente (hasta donde realmente provenga del Señor)… en fin me encantó el artículo.

    El mormonismo tan apasionante en su historia y visión del mundo… pero el evangelio restaurado tan maravilloso como siempre…

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