DE LA PREEXISTENCIA DE LOS GRADOS DE GLORIA…

Doctrina

            Raza Negra

De la preexistencia de los grados de gloria, de la raza negra y otras inexactitudes doctrinales.

Por Mario R. Montani

Querido amigo: Como ha ocurrido en otras ocasiones, tus inquietudes me invitan a escribir una carta que (ya lo sé desde el inicio) terminará siendo más larga de lo que originalmente me propongo. La semana pasada, en una clase de la Escuela Dominical, te fueron enseñados estos principios que aparecen en el título como si fueran la doctrina de la Iglesia. Debido a que guardaba las esperanzas de que, como Institución y como Pueblo, ya no repitiésemos algunos errores del pasado, el tema me tomó con la guardia baja. De modo que me he puesto a desempolvar algunos viejos libros y anotaciones de mi misión así como material que poseía y ya no recordaba. Agradezco la oportunidad que me brindas de organizar un poco mis ideas sobre el asunto, y guardar esas notas dispersas en el compendio siguiente:

Los canales de la preexistencia

La teoría que se expuso en tu clase me resulta bien conocida. Fue establecida por Alvin R. Dyer, Asistente del Consejo de los Doce (un llamamiento que ha dejado de existir con la organización de los diferentes Quorumes de Setentas), en la década de 1960. Para quien desee una fuente original de sus enseñanzas puedo citar “The Challenge”, Deseret Book Company, Salt Lake City, 1968 pgs. 145-150. Ese libro está disponible en mi biblioteca aunque no debiera estarlo, porque en 1973, estando en mi misión, recibimos la sugerencia (y todos sabemos que para cualquier misionero una sugerencia es una orden) de quemar todos los ejemplares. Como resulta obvio yo no lo hice con el mío por estar convencido de que las ideas erróneas, al igual que las brujas, se combaten con la verdad y no con el fuego. Días atrás, el Elder Jorge Abad me confirmaba que en su misión, algunos años antes, recibieron la misma sugerencia.

En esa obra y otros discursos, el Elder Dyer establecía como un hecho que antes de venir a la tierra vivíamos en tres niveles diferentes de dignidad y progreso, los cuales determinaban las condiciones y linajes con los cuales llegábamos a esta vida. Estos tres niveles, equivalentes a los futuros reinos celestial, terrestre y telestial, estaban representados en nuestro mundo por la descendencia de Sem, Cam y Jafet, quienes fueron preservados del diluvio con ese propósito. Los descendientes de Cam, la raza negra, era el canal por el que llegaban los espíritus menos favorecidos, con el agravante de serles negado el poseer el sacerdocio. Las buenas acciones y la obediencia a la ley permitía que en esta vida pudiera cambiarse de nivel y recibir el reino adecuado en el más allá. La teoría era atrayente, establecía contactos con otras doctrinas existentes y daba coherencia a muchas de las opiniones y políticas que la Iglesia aplicaba en esa época, pero tenía sólo un pequeño problema: NO ERA VERDADERA.

Hace unos 20 años atrás, un joven misionero que trabajaba en nuestro barrio, me trajo la misma inquietud sobre este asunto y me detalló cómo había afectado al resto de sus compañeros. Le expliqué lo que sabía al respecto, leímos algún material y quedó satisfecho. Pero fue reconfortante leer una carta de su padre algunas semanas más tarde (aún conservo la copia que me dejó) que en uno de sus párrafos decía:

“ABSOLUTA Y TOTAL MENTIRA. NO ES DOCTRINA SUD. En un discurso dado alrededor de 1960 Alvin R. Dyer – por esa época un presidente de misión o quizás un Asistente al Consejo de los Doce – propuso esa idea. Desde entonces se ha estado denunciando como falsa una y otra vez. No es doctrina verdadera. Estaba simplemente especulando y estaba errado. Pero ha seguido dando vueltas por las misiones para siempre”.

Este padre del joven misionero restauró mi confianza en la capacidad de razonar y aprender de los miembros de la Iglesia y en que la solución no está en una caja de fósforos. También me puso en contacto (y le estaré eternamente agradecido por ello) con los escritos de Eugene England, un profesor de literatura de BYU, cuya obra he admirado desde entonces.

Entre el racismo y la revelación.

Pero cuando uno analiza el tema un poco más profundamente comienza a preguntarse ¿Por qué una Autoridad General dijo eso? ¿Por qué le permitieron publicar el libro en primer lugar? Y comienza a descubrir que el Elder Dyer sólo dio un paso más allá unificando algunas ideas que habían circulado por la Iglesia desde décadas atrás.

A continuación algunas citas de Autoridades de diferentes épocas. Se hace difícil leerlas en este nuevo siglo, pero sería peor negar que fueron dichas:

“Los descendientes de Cain… son negros, rústicos, feos, desagradables y de hábitos bajos, salvajes y aparentemente privados de casi cualquier don de inteligencia que en general se ha conferido a la humanidad”….

“¿Debo decirles cuál es la ley de Dios con respecto a la raza africana? Si el hombre blanco que pertenece al linaje escogido mezcla su sangre con la simiente de Cain, la penalidad bajo la ley de Dios es la muerte en el acto. Esto siempre será así.” (Brigham Young, citado en Richard Ostling & Joan K. Ostling, Mormon America, San Francisco, Harper Collins, 2000, pag. 100-101)

“¿Hay alguna razón para pensar que los mismos principios de premios y castigos no se aplicaron a nosotros en nuestros hechos del mundo pre-existente como se aplicarán en el más allá? ¿Existe alguna razón para que el tipo de nacimiento que recibimos en esta vida no sea un reflejo de nuestra dignidad o falta de ella en la vida pre-existente?. Debemos aceptar la justicia de Dios. El es justo con todos. El no respeta a personas. El nos dará de acuerdo a lo que merezcamos. Con eso en mente ¿podemos explicar de algún otro modo el nacimiento de hijos de Dios en la oscura Africa, o en la inundada China, o entre las hambrientas multitudes de la India, mientras que un resto de nosotros nacemos aquí en los Estados Unidos?”.

“… No debemos contraer matrimonios interraciales con negros. Hay 50 millones de negros en los Estados Unidos. Si lograran una absorción completa con la raza blanca, piensen lo que eso haría. Con 50 millones de negros casados con nosotros ¿dónde quedaría el sacerdocio? ¿Quién podría tenerlo, en toda América? Piensen lo que eso haría a la obra de la Iglesia…” (Mark E. Peterson, “Race Problems as they affect the Church”)

“Cain, Cam y toda la raza negra han sido malditos con una piel negra, la marca de Cain, de modo que puedan ser identificados como una casta aparte, un pueblo con el que los otros descendientes de Adán no deben casarse” (Bruce McConkie, Mormon Doctrine)

Los que así se expresaban eran un Presidente de la Iglesia del siglo XIX y dos Apóstoles del siglo XX, todos ellos en funciones cuando emitieron sus opiniones. Por más explicaciones semidoctrinales que intentemos, se hace difícil defender esas declaraciones de la acusación de racismo que su lectura provoca.

Entonces ¿cómo debemos leer esos comentarios? ¿la posición jerárquica de estos hermanos nos obliga a aceptarlos como doctrina?

Para poder responder de alguna manera a esas preguntas deberemos primero analizar brevemente otros asuntos.

¿Qué es doctrina y qué no lo es?

A veces hemos recordado juntos la frase de Richard Bach: “Hay una prueba para saber si tu misión en la vida se ha cumplido: si estás vivo, no se ha cumplido”. Permitiéndome parafrasearla digo: “Hay una prueba para saber si algo es doctrina o no: si no está en las escrituras, no lo es”. La única doctrina de transmisión oral es la que se aprende dentro del Templo. El resto está donde debe estar: en los Libros Canónicos.

Pero, alguien dirá, ¿y lo que se enseña en las Conferencias Generales no es doctrina? Sí lo es en el sentido de que se enseña lo que ya aparece en las Escrituras, su aplicación práctica o adaptación a nuevas situaciones y nuevas épocas, pero no lo es en el sentido de que agregue algo a las Escrituras. Para expandir el Canon una enseñanza debe ser propuesta como Revelación por la Primera Presidencia de la Iglesia y sostenida como tal por el cuerpo de la Iglesia. Mientras eso no ocurra, no es doctrina oficial de la Iglesia.

“No debe enseñarse que cada palabra hablada por las Autoridades Generales es inspirada, o que son movilizados por el Espíritu Santo en todo lo que escriben” (Harold B. Lee, Stand Ye in Holy Places, Salt Lake City, Deseret Book Company, 1974, pag. 162)

“Proclamar que todo lo enseñado en Conferencias Generales es doctrina oficial, hace que el lugar en donde algo se dice en vez de lo que se dice sea tomado como medida de la verdad. Ni tampoco algo es doctrina simplemente porque fue dicho por alguien que ocupa una posición u oficio en particular. La verdad no es un oficio o posición al que alguien sea ordenado” (Joseph Fielding McConkie, Answers: Straightforward Answers to Tough Gospel Questions, Salt Lake City, Deseret Book Company, 1998, pag. 213-214)

“Las declaraciones hechas por líderes pueden ser útiles y verdaderas, pero cuando se expresan fuera de los parámetros proféticos establecidos, no representan la doctrina oficial o posición de la Iglesia” (Brent L. Top & Larry E. Dahl, Follow the Living Prophets, Salt Lake City, Bookcraft, 1993, pag. 118)

“Hay muchos temas sobre los que las escrituras no son claras y acerca de los cuales la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente. En tales asuntos, uno puede hallar diferencias de opinión entre líderes y miembros de la Iglesia. Hasta que la verdad de esos asuntos sea dada a conocer por revelación, hay espacio para diferentes niveles de comprensión e interpretación en los temas no resueltos” (Daniel H. Ludlow, ed, Enciclopedia of Mormonism, New York, Macmillan, 1992, Tomo I, pag. 395)

Cuándo un Profeta habla como tal y cuándo no.

“… tuve de visita a un hermano y una hermana de Michigan, que pensaban que ‘un profeta es siempre profeta’. Pero yo les dije que un profeta era profeta solamente cuando obraba como tal” (José Smith, Enseñanzas, pag. 341)

Si bien los Católicos Romanos aceptan la Infalibilidad Papal en materia de doctrina y algunos Protestantes creen en la infalibilidad de la Biblia, los Santos de los Ultimos Días no creemos que los Profetas, pasados o presentes, sean infalibles.

“Somos capaces de errar… muchos creen que un hombre en mi posición debe ser perfecto: eso no es así” (Brigham Young, JD 10:212)

“No creemos en la infalibilidad del hombre. Cuando Dios revela algo, eso es verdad, y la verdad es infalible. Ningún Presidente ha reclamado para sí infalibilidad” (Charles Penrose, de la Primera Presidencia, Improvement Era, Sept. 1912: 1045)

La Biblia en ningún momento sugiere que los Profetas fuesen infalibles. Santiago enseñó que Elías había estado sujeto a las mismas pasiones que nosotros (Santiago 5:17). Jeremías proclamó que el Señor lo había engañado y que no volvería a predicar en su nombre (Jeremías 20: 7,9). Jonás se enojó con Dios porque no destruyó la ciudad de Nínive en vez de alegrarse porque sus habitantes se arrepintieron. Pedro y Pablo tenían sus diferencias de opinión (Gálatas 2:11-14). José Smith parecía opinar distinto que Brigham Young en el tema de los negros: “Si cambiaran de situación con los blancos, serían como ellos. Tienen almas y merecen la salvación. Si uno va a Cincinnati o cualquier otra ciudad, y ve a un negro bien educado, que tiene su propio coche, allí está mirando a un individuo que se ha elevado por la fuerza de su propia inteligencia a su alto estado de respetabilidad. Los esclavos que se hallan en Washington son más educados que muchos de los hombres que ocupan puestos de importancia, y los jóvenes negros alcanzarán mayor cultura que aquellos a quienes sirven de mozos” (Enseñanzas, pag. 330)

Además de eso, los Profetas no surgen aislados de su medio. Sus ideas, sus palabras, sus imágenes, reflejarán siempre el entorno social al que pertenecen. Cuando no están recibiendo una revelación del Señor, lo más probable es que crean lo que sus contemporáneos creen en relación a infinidad de asuntos. Muchas veces, esas creencias generalizadas demuestran ser incorrectas con el paso del tiempo. Por ejemplo, cuando Thomas Jefferson hizo su importante declaración de que todos los hombres son creados iguales, no estaba ni por un momento en su mente incluir en esa igualdad a las mujeres ni a los negros. Pero cuando nosotros la leemos, más de 200 años después, tendemos a creer que sí.

“La inspiración no implica la suspensión de las facultades naturales… no los convierte en máquinas, los conserva hombres. Por tanto a veces hallamos que su conocimiento no es mayor que el de sus contemporáneos” (J.R. Dummelow, ed. One Volume Bible Commentary, New York, Macmillan, 1936, cxxxv)

Pero entonces ¿cuál es la doctrina oficial de la Iglesia sobre estos temas?

La doctrina oficial de la Iglesia se encuentra en la Declaración Oficial 2 de Doctrina y Convenios, fechada en junio de 1978 y aprobada en septiembre del mismo año: …”se puede conferir el sacerdocio a todos los varones que sean miembros dignos de la Iglesia sin tomar en consideración ni su raza ni su color”.

Pero antes de eso ¿cuál era la doctrina? Antes de eso no había doctrina. Había una cierta conexión de pasajes de las escrituras que, con un poco de ayuda ideológica, parecían decir algo. Había muchas declaraciones de los líderes y había una política definida basada en la teología así armada. Pero eso no es doctrina, y mucho menos doctrina oficial.

“Esta es una teología que se fue desarrollando  – desde Orson Pratt a B.H. Roberts y de éste a Joseph Fielding Smith – como una tentativa no oficial de racionalizar la política oficial de negar el sacerdocio a los negros. Pero dicha teología gradualmente llegó a ser tan universalmente aceptada, a pesar de su inconsistencia con las creencias mormonas centrales y con las propias escrituras, que muy fácilmente tomó un estatus dogmático casi oficial cuando se incorporó en la edición de 1958 de Mormon Doctrine por Bruce McConkie (una obra no oficial pero muy popular y utilizada en la Iglesia). (England, Eugene “The Mormon Cross”, Dialogue, Spring 1973)

¿Pero qué dicen las escrituras? Están allí para ser leídas:

“Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra y de tu presencia me esconderé… y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará… Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara” (Génesis 4: 13-15)

La naturaleza de esa señal puesta sobre Caín no es conocida, como tampoco que fuese a ser transmitida a sus descendientes. En los versículos equivalentes de Moisés 5, en la Perla de Gran Precio no se aclara y en la revisión de la Biblia, José Smith dejó el pasaje sin modificar. Si el Señor deseaba que conociésemos las características de esa marca para advertirnos en contra de ella, sin duda dejó pasar tres buenas oportunidades. De modo que la piel negra y la nariz ancha como marca de Caín no tienen hasta allí cabida en la doctrina oficial de la Iglesia.

Los otros pasajes relacionados con el tema en Abraham 1 no dicen que Egyptus fuese de raza negra o que fuese descendiente de Caín, sólo que su nombre en caldeo quería decir aquello que está prohibido. Si queremos llenar los huecos que faltan con enseñanzas para-doctrinales podemos hacerlo. Yo mismo lo he hecho gran parte de mi vida. En ningún lugar de las escrituras dice  tampoco que Caín recibiese alguna restricción con respecto al sacerdocio, aunque me parece más que lógico que así fuera. La marca, (sea lo que fuese) fue colocada para proteger su vida, no para evitar que alguien formara una familia y tuviese progenie con él.

Si debo creer lo que dice Moisés 7:8 relatando una visión de Enoc, ni Egyptus ni su hijo Canaán fueron negros, porque recién en la siguiente generación aparece esta maldición y aparentemente muy ligada al gran calor de la región que habitaba su descendencia

“porque he aquí, el Señor maldecirá la tierra con mucho calor, y su esterilidad continuará para siempre; y vino un color obscuro sobre todos los hijos de Canaán, de modo que fueron despreciados entre toda gente”

Pero según la Biblia, Cam tuvo otros hijos varones además de Canaán sobre los que no parecen caer ni la maldición del color oscuro ni la prohibición del sacerdocio (Génesis 10: 6 menciona a Cus, Mizraim y Fut). De hecho Moisés tomó como esposa a una descendiente de Cus (Números 12:1) ¿Sería posible que el gran líder de Israel, tan cuidadoso al desposarse con Séfora, de pura casta sacerdotal, haya luego tomado una esposa portadora de la maldición de Caín? ¿O habrá tenido Cam otras compañeras además de Egyptus? Como vemos, toda respuesta es posible si llenamos los huecos con información que no proviene de las propias escrituras.

La maldición de Canaán parece tener más bien origen en los hecho poco claros narrados en el capítulo 9 de Génesis, sobre los cuales existen también diversas e interesantes especulaciones, ninguna de ellas oficial.

Algunas semanas después de que fue dada la revelación que permitía otorgar el Sacerdocio a los varones negros,  el Elder McConkie declaró que en el pasado la Iglesia, incluyéndose a sí mismo, no había entendido las escrituras plenamente, al asumir que había una diferencia para Dios entre las razas. Dijo “Olviden todo lo que yo haya dicho o escrito que sea contrario a la presente revelación. Hablé con un entendimiento limitado” (Charge to Religious Educators p. 152)

En realidad el Elder McConkie, quizás el especialista doctrinal más prominente de su momento, se presentó como chivo expiatorio por las ideas aparecidas en Mormon Doctrine y otras publicaciones y valientemente pidió que se olvidara todo lo que él hubiese dicho o escrito al respecto. Pero, ¡un momento!, aún con la brillantez que lo caracterizaba, Bruce McConkie no elucubró una sola de las ideas que aparecen en Mormon Doctrine. El fue el gran organizador y compilador de las ideas teológicas de su suegro, Joseph Fielding Smith, de modo que, olvidemos también lo que él escribió al respecto, y lo que escribieron B.H. Roberts y Mark E. Petersen y Orson Pratt y Brigham Young al respecto. Porque el Señor ha hablado y una nueva luz ha sido dada.

En la conferencia de prensa que siguió al anuncio oficial de la revelación sobre el sacerdocio le fue preguntado al Pte. Kimball porqué dicha revelación había venido en esta época, y él admitió francamente que había venido porque las condiciones y la gente habían cambiado. “Es un mundo diferente al que teníamos 20 o 25 años atrás. El mundo esta listo para esto”. Por mi experiencia he aprendido que cuando un norteamericano habla de “el mundo”, habla del mundo como él lo entiende, es decir los Estados Unidos de América. ¿Qué había pasado en ese mundo en los 20 años anteriores? Se me ocurren algunas cosas: Martín Luther King, su lucha y su asesinato, los hermanos Kennedy, sus luchas por los derechos civiles y sus respectivos asesinatos (aunque tal vez esos dos lo merecieran porque eran Demócratas y además Católicos) y un escritor afro-americano de nombre Alex Hailey que parecía tener más del espíritu de Elías que muchos miembros de la Iglesia.

Me permito intercalar alguna ideas de mi apreciado mentor, Eugene England:

“Durante los ’60 y ’70 vivía con gran dolor y a veces humillación, como estudiante graduado y como profesor, tratando de contribuir al movimiento de los derechos civiles, mientras que al mismo tiempo tenía que defender la negación de la Iglesia a otorgar el sacerdocio y las bendiciones del templo a los negros. Estaba convencido, confirmado por mis tempranas experiencias espirituales con lo que yo creo que era el espíritu de Cristo, que ‘todos son iguales ante Dios’ y que era equivocado discriminar de cualquier modo por la raza, y sin embargo creía por el mismo espíritu que los líderes de la Iglesia eran dirigidos por Dios. Llegué a la conclusión de que Dios no estaba conforme con la política vigente pero, como ha hecho a menudo con su pueblo escogido, nos estaba permitiendo vivir una ley inferior por un tiempo. Creí que este acomodamiento por parte del Señor se debía a nuestro racismo, no a que hubiese algo malo con los negros, y que así continuaría hasta que pudiésemos tratar de vivir la ley mayor de total igualdad de un modo que fuese una bendición genuina para los negros mismos, y no meramente una fuente de mayor prejuicio y división en la Iglesia como seguramente lo sería si tratábamos de vivirla entonces, dado nuestro racismo.” (Eugene England, On living the Gospel, 1998)

Creo que los miembros de la Iglesia, en general, no hemos entendido totalmente lo que ocurrió en 1978. El Señor habló con voz fuerte. Hemos aceptado que los hermanos de color ahora pueden tener el sacerdocio pero no comprendemos bien que eso cambió su eternidad y la eternidad de todos sus antepasados (incluyendo los supuestamente malditos). Hemos creído que aceptábamos la nueva revelación, pero en realidad seguimos atados al antiguo esquema teológico que nos fue enseñado en nuestra juventud. Debo decir enfáticamente que ambos son incompatibles. Por más que intentemos remendar aquí y estirar allá, son incompatibles.

Renee Olson es una hermana de color quien, como el Pablo de la antigüedad, perseguía a los santos modernos por sus creencias racistas. Conoció a un joven blanco, quien le ayudó a entender los principios del evangelio; se convirtió, se bautizó y terminó casándose con su amigo, quien, como ella lo dice con cierta ironía, afortunadamente nunca había leído la frase de Brigham Young. Hoy es una asesora de FAIR, una organización de apoyo para los apologistas mormones, en los casos de acusaciones de discriminación racial.

En su disertación Dispelling the Black Myth, nos dice:

“Quisiera comentar alguno de los mitos que rodean a la Iglesia Mormona. Estoy segura que todos hemos oído que los negros no peleamos valientemente en la pre-existencia (yo misma llegué a enseñarlo). También he escuchado que debido a que Cam, el hijo de Noé se casó con Egyptus, una negra fuera del linaje aprobado, su posteridad no pudo tener el sacerdocio. Otra versión dice que Egyptus intentó establecer una línea matriarcal en vez de honrar al hombre como patriarca y por ese error se le negó el sacerdocio a sus descendientes. También existe el mito de que los negros no son tan superiores intelectualmente. Todavía hay muchas viejas tradiciones y mitos que se enseñan en los hogares de los miembros de la Iglesia durante las noches de hogar. Y aunque muchos de ustedes probablemente me dirán que no tienen problemas con el racismo o con las personas de otras culturas, pregúntense sobre sus sentimientos si un hijo o hija llega a casa a contarles que se ha enamorado de alguien de descendencia Afro-americana o China o de cualquier otra cultura que Uds. encuentran menos que deseable. ¿Aún sigue todo bien?”

Algunos problemas adicionales con la antigua teología

1)      “Esa teología niega la expiación universal de Cristo al decir a los negros que hicieron algo malo en la preexistencia o que son inferiores espiritualmente por un pretérito acto de maldad pero sin brindarles la posibilidad de saber qué es lo que hicieron mal ni tampoco la de arrepentirse por ello” – Stuart Pace en Student Review de BYU, pag. 12.

2)      La sangre negra se ha dispersado por todo el mundo en una amplia gama de proporciones, regiones y períodos históricos. En lugares como EEUU y Brasil no era raro que cuando un converso comenzaba a trazar su línea genealógica descubriera antepasados de color. Generalmente dejaba de investigar…

3)      ¿Cuál era la proporción de sangre negra que determinaba el mantenimiento de la maldición? ¿Un 10%, un 30%, un 80%? ¿Significaba que si alguien llegaba al 50% podía al menos obtener el Sacerdocio Aarónico? Si el tener una sola gota de sangre negra condenaba, ¿el tener una gota de sangre blanca redimía? Si 50 millones de negros en USA eran un problema, la solución estaba en mezclarlos con los 250 millones de blancos  restantes y en dos o tres generaciones no habría más negros y habríamos quitado la maldición. En el ínterin, el sacerdocio podría haber quedado seguro en manos de los hermanos lamanitas, a quienes alabamos mucho pero no damos demasiada participación.

Como verás, ya empiezo a acercarme a límites de locura insospechados al iniciar la carta, por lo que será mejor ir terminando.

Pero, para resumir el tema, creo que esto es lo que ha ocurrido: No tuvimos una doctrina en este asunto, sí una política definida basada en el preconcepto de la sociedad promedio americana del siglo XIX. No eran los únicos. Te señalo la siguiente copla popular tomada del Martín Fierro:

A los blancos hizo Dios

A los mulatos San Pedro

Y a los negros hizo el Diablo,

Para tizón del Infierno.

De modo que en nuestras pampas también tuvimos teólogos.

La política vigente necesitaba un andamio intelectual y se lo proporcionó una mezcla de escrituras y filosofías de los hombres, hasta que el Señor estableció Su Doctrina. Me parece que ambas posiciones son irreconciliables y que para aceptar una se debe abandonar la otra. Creo también que en ninguna clase, púlpito u hogar mormón debería enseñarse algo que no sólo no forma parte de la doctrina de la Iglesia sino que va en contra de ella.

Me despido con esta reconfortante cita del Libro de Mormón:

“… y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles” (2 Nefi 26:33)

Con cariño,

 

Mario R. Montani

 

 

 

14 comentarios el “DE LA PREEXISTENCIA DE LOS GRADOS DE GLORIA…

  1. Martha dice:

    Despues de mucha explicaciòn, aùn, no creo que haya podido demostrar que lo que dice el Hno.Alvin R. Dyer sea falsa, como asi lo afirmas. que no sea doctrina oficial si esta demostrado pero que sea falsa me gustaria saber de argumentos.

    • mormosofia dice:

      Querida Martha: Creo que el tuyo es un buen punto de análisis. Es posible que la respuesta definitiva la tengamos recién en una charla del otro lado del velo (ja-ja). También me parece positiva tu apertura al considerar que no todas las verdades están dentro de la doctrina oficial y que muchas probables verdades (incluyendo las que se mandan quemar) han sido maltratadas y caído en desgracia en ciertos círculos. Como lo he expresado en algún lugar, creo que toda la teología es bastante especulativa y que lo verdaderamente importante de la religión pasa por otro lado. Que las opiniones de Bruce McConkie y Joseph Fielding Smith, que por casi 50 años rigieran nuestra discusión doctrinal, sean hoy dejadas completamente de lado, parece una clara demostración de ello.
      Gracias por contactarme y Felices Fiestas…

      M. Montani

      PD: El motivo que originó el artículo (hace ya unos 10 años) fue que el tema se enseñó en una clase y no debemos enseñar allí cosas que no sean doctrina oficial. Estoy de acuerdo contigo en que era una teoría plausible. Como el 6 de abril, nacimiento de Cristo. Plausible y probable pero no Doctrina.

    • Javier Fuentes dice:

      Exacto yo opino lo mismo y donde cita a bruce R mcconkie nunca dijo eso en su discurso acepto que el evangelio iba a ser abierto como en su momento solo lo era para los judíos después se abrió a los gentiles y ahora se había abierto la restricción

  2. sandro dice:

    Hno Montani, es un placer inmenso leer sus artículos. He sido (y creo que todavía soy) uno de los que ha estudiado lo que el Hno Dyer escribió en su momento y lo ha creido puesto que en muchos aspectos concordaba con ciertos puntos de las Escrituras (algo similar a lo enseñado por el Hno Skousen en sus discursos). Lo escrito por usted me hace sentir la inmensa obligación de volver sobre mis pasos y comenzar a releer todo e incluir todo lo que usted ha expuesto magistralmente en este artículo. Gracias por el trabajo que se toma para escribir y publicar todo esto. La luz se allega a la luz y la verdad no daña a nadie (José Smith). Le envío un cordial saludo y un caluroso abrazo. Atte Sandro Alberto Gutiérrez (Bs As Argentina)

    • mormosofia dice:

      Estimado Sandro:

      Gracias por sus estimulantes palabras. El blog siempre estará disponible para compartir ideas, polemizar o reflexionar… creo que eso es bueno para todos.
      Un cariño y bienvenido…
      M. Montani

  3. edwing o. Puyol dice:

    gracias por las aclaraciones doctrinales y aclaraciones filosoficas y de opiniones de autoridades generales, ….creo que lo que escribio el elder Alvin r. Dyer….deben tomar cierto grado de cautela….y no como doctrilna convincente y oficial…..como dijo el apostol pablo: escudriñadlo todo….aceptad lo bueno y desechad lo malo….como dijo una vez el pte. boyd k. packer. de los doce: tenemos el derecho de especular la doctrina…..pero no debemos enseñarla en las clases , ni en el pulpito….como doctrina oficial…..solo guardarla para nosotros mismos…… Enseñar lo que estan en los libros canonicos de la iglesia…..gracias…por sus comentarios aclaratorios….

  4. freddy cola dice:

    amigo montani,me gusto su enfoque sobre el tema racismo/otros,lo encuentro racional.encontre su pagina de chiripa buscando otras reflexiones…

  5. juan pablo dice:

    Hno montani que buena explicacion estudie mucho los escritos del elder dyer concuerdo en varias cosas, que opina sobre sobre los escritos de cleon skousen y por ultimo el escrito de los papiros del mar muerto.
    Mi correo bersuit171@gmail.com

  6. David Reyes dice:

    Concuerdo que hay mucha especulación respecto a las doctrinas sobre la raza negra, yo en lo personal me considero ignorante al respecto. Similares situaciones existían en la iglesia durante la presidencia de Pedro, hasta que “entendió” que Dios no hace acepción de personas.
    Hay preguntas que quedan para el otro lado del velo como: Entonces ¿La diferencia de razas es pura adaptación genética al medio ambiente? ¿Qué quiso decir el Señor en Abraham 3:18 y 19?
    etc etc etc.
    Buen artículo.

  7. Margarita dice:

    Hno. Montani, gracias por su comentario y por la aclaración de este tema racial, soy mormona y soy de raza negra, anteriormente había escuchado que en los inicios de la iglesia en ésta dispensación el sacerdocio no le era conferido a los negros, nunca entendí porqué, ni cual era su fundamento, pero siempre tuve claro en mi corazón que todos somo hijos de Dios, que él no discrimina ni ve el color de nuestra piel, sino nuestro corazón. Gracias a usted ahora entiendo un poco más.

    • mormosofia dice:

      Querida Margarita: Gracias por comunicarse y me alegra haberle sido de utilidad. Que el Señor la bendiga y que tenga muy felices fiestas en esta época del año. Sinceramente suyo.
      Mario Montani

  8. bob dice:

    Leí el discurso de Alvin Dyer hace 44 años. Todavía me resulta difícil arrojarlo al fuego, ya que dentro de todo, tiene buenos argumentos (ahora considerados especulativos), como para entender porqué el Señor no predicó a los gentiles, porqué ellos no aceptaron nunca de manera abierta y generalizada el Evangelio, porqué son politeístas muchos de ellos, la forma en que sus argumentos se relacionan con la bendición patriarcal, en donde se declara nuestro “linaje” (que para mí es una declaración de lo que fuimos y de lo que aun podemos ser), etc. Si bien nunca he sido idólatra, (hasta el punto de no importarme qué famoso pase a mi lado, así sea una autoridad general), siempre me he preocupado por reflexionar en las enseñanzas de apóstoles y profetas. Toda mi vida he creído que, sin importar nuestro llamamiento, todavía éramos simples humanos propensos a cometer errores, y que dependíamos de la misericordia de Dios para todo. Yo creo que las escrituras nos dan una suerte de punto elevado de referencia para poder continuar en este camino de Cristo. Ellas me dan en lo personal, los grandes conceptos que me hacen seguir adelante, aun en medio de una declaración como la de Mc Conkie diciendo: “olviden todo lo que dije”

  9. Carmen dice:

    Muy buenas tardes Sr. Montani:

    Por suerte que he leído esta respuesta antes de mi discurso para este domingo que versaba sobre las divisiones del género humano del Presidente Dyer. Me había convencido mucho, sin embargo, la teoría de un juicio al salir de la preexistencia por el que se nos preordena aquí en el mundo terrenal en algún orden más “agraciado” o menos, sin ser yo racista, ni tener por qué ser ese orden, atendiendo al color de piel, sino por ejemplo, sí a personas que , definitivamente , alcanzan mayor progreso y conocimiento espiritual, son más responsables en sus llamamientos, viven de una manera u otra, nacen o no discapacitadas o mermadas de alguna manera o por circunstancias difíciles de explicar etc. No es entonces eso así? No digo nada en cuanto a dignos de sacerdocio, entiendo bien 2 Nefi 26:33. Gracias por su respuesta. carmenclareslopez@gmail.com tfno 0034 619487948

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