“A NINGUN HOMBRE LLAME COMUN O INMUNDO”

“A NINGUN HOMBRE LLAME COMUN O INMUNDO”

Por Mario R. Montani

Querido amigo: He recibido finalmente tus interesantes comentarios y me alegra descubrir una mente inquisitiva y un espíritu sensible detrás de esas reflexiones.

Comparto la inquietud por el exceso de intelectualidad en la vida de muchos individuos, pero añado una preocupación equivalente por la ausencia total de algo de intelectualidad en la vida de muchos otros. Como lo expresó muy risueñamente Isaac Asimov: “Los que creen saberlo todo son una verdadera molestia para aquellos que lo sabemos todo”.

Entrando en el tema que nos atañe quisiera puntualizar varios hechos:

1)      Los propósitos de mi escrito original “Sobre la preexistencia de los grados de gloria y otras inexactitudes doctrinales” fueron:

a)      Denunciar lo erróneo de una teoría que fue enseñada en una clase de la Escuela Dominical a 6 o 7 jóvenes, incluyendo a un familiar cercano. Dicha “corriente de pensamiento” fue expuesta una y otra vez como falsa por las Autoridades Generales e incluía, entre otros, el concepto de que la raza negra representaba en la Tierra a aquellos que habían estado en el reino Telestial en la vida premortal. Hubiese preferido que un Presidente de la Escuela Dominical, una autoridad del Sacerdocio o algún otro padre preocupado por lo que sus hijos aprenden hiciese la corrección, pero, ante la ausencia total de comentarios, y no porque me considere el paladín de las causas perdidas, creí necesario llamar la atención sobre el tema.

b)      Advertir sobre la existencia de otra “corriente” para la cual, a pesar de la doctrina claramente establecida en 1978, aquellos de raza negra han tenido restricciones espirituales serias e insiste en enseñar los pasajes que parecían apoyar la política previa a la fecha mencionada, aunque las Autoridades han aconsejado no hacerlo. Para darte un ejemplo reciente, tuvimos en la clase del Sacerdocio del pasado verano a un hermano de afuera, ex Obispo, con buena preparación secular, y, por su abundante conversación, conocedor de los modos y formas dentro de la Iglesia. Como parte de una exposición espontánea (no solicitada) el “espíritu” lo levantó de su silla y comenzó a explicarnos lo agradecidos que debíamos estar por vivir en un país con libertad religiosa y, mientras pellizcaba suavemente el dorso de sus manos, “por tener piel blanca y no tener restricciones para poseer el Sacerdocio”. Ahora bien, a este buen hermano o se le borró una parte del disco rígido o ha pasado los últimos 30 años leyendo los manuales administrativos de la Iglesia pero nada más. Me parece ya preocupante que dicha corriente exista en los EEUU donde hay una larga tradición de racismo. Me resulta inadmisible que exista entre nosotros. En la ocasión que te menciono a ninguno de los presentes se les movió ni un pelo de la ceja por lo que escuchaba y algunos asentían con la cabeza admirados por el canal de comunicación directa que el Señor había abierto para iluminar nuestra clase.

c)      Compartir lo que yo creo acerca de la política anterior a 1978. A nadie intento convencer ni convertir a lo que yo creo, pero no puedo evitar tener una muy clara convicción al respecto. Es posible que sea dentro de este último punto donde se encuentran algunas de tus principales objeciones, por lo que no volveré sobre los puntos a) y b) que, creo, están bastante claros.

2)      Tengo un testimonio insoslayable de que el Presidente de la Iglesia es un Profeta de Dios. Lo honro y lo sostengo en tal calidad. Pero sí evito las elucubraciones voluntaristas y ampliatorias que a veces se escuchan desde el púlpito tales como: “el Profeta tiene contacto diario con Jesucristo” o “a cada segundo estamos recibiendo revelación”. No encuentro ni en las escrituras ni en la doctrina oficial de la Iglesia nada que apoye tales afirmaciones. Me basta con saber que Jesucristo está a la cabeza de la Iglesia y que si tiene algo que comunicarnos lo hará por el canal adecuado y con la frecuencia que considere necesaria, no la que nosotros queramos asignarle. Creo también (y nuevamente es mi creencia) que el plan del Señor para con sus hijos es de la menor intervención divina posible.  Mientras haya un hombre que pueda hacer algo no vendrá un ángel a hacerlo, mientras haya escrituras no vendrá una voz de los cielos a repetirlas, mientras haya sabiduría, los hombres de Dios deberán razonar y luego buscar confirmación a su razonamiento mediante el Espíritu y no esperar una extraordinaria manifestación.

3)      Si hay líderes del pasado por los que siento una profunda admiración son precisamente el Pte. Kimball y el Pte. McKay. Esa admiración está basada no sólo en lo que hicieron por la Iglesia y todo el género humano sino particularmente por la claridad y amplitud de su pensamiento. Creo que estaban a años luz de distancia del resto de nosotros. El término ‘norteamericano’ no tiene para mi un carácter peyorativo per se. De hecho, admiro al pueblo norteamericano a pesar de algunos de sus gobernantes. El señalar ciertos defectos de su cultura no implica incapacidad de reconocer sus virtudes. Los profetas de todas las épocas han estado inmersos en su propio medio socio- cultural y han transmitido los mensajes del Señor con los patrones, modos y estructuras de esa cultura. Isaías es inevitablemente judío en sus símiles como Pablo es fariseo romanizado en sus discursos, del mismo modo Mormón arrastra las formas judeo-egipcias de los nefitas y José Smith las de un colono americano del siglo XIX. El Señor pulirá esas raíces al máximo de manera que sus expresiones sean paradigmas de esas culturas, pero difícilmente las trascenderán. Los profetas de todas las épocas han creído lo mismo que sus contemporáneos sobre montones de cosas, aún aquellas que con el tiempo se han demostrado equivocadas. Dios ilumina sus mentes con relación a aspectos específicos de su plan tanto espirituales como temporales, pero no con relación a todos los planos en los que hay verdades existentes. Si fuese de otro modo, todos los adelantos científicos y tecnológicos de los últimos 200 años tendrían que haber llegado a través del Profeta viviente, y sabemos que no fue así.

Doctrina o Política

 

Creo que la base del tema es la disyuntiva que planteo en ese subtítulo.

Sin excepción, hasta ahora, he salido de mis investigaciones con un testimonio fortalecido y una comprensión mayor que la que tenía antes de iniciarlas. Pero reconozco que ese es mi método. Parafraseando a alguien mucho más inteligente que yo: lo que he logrado entender me ayuda a confiar en el Señor para lo que aún no he logrado entender. A otros individuos puede resultarles difícil la confrontación de ideas y piensan que no es posible entender y creer al mismo tiempo, por lo tanto no se los recomiendo. No creo que ese sea tu caso.

Comenzaré diciéndote que fui misionero por más de un año en zonas de Uruguay que limitaban con Brasil, de modo que el tema de la gente de color y mulata era bastante común en nuestra predicación. La política en aquellos años era la siguiente: Si encontrábamos alguien de piel negra no le hablábamos ni le hacíamos las preguntas de oro. Si alguien de raza negra nos atendía al golpear la puerta le dejábamos un mensaje inspirador pero jamás dábamos ni concertábamos charlas porque tenían “the problem”. Para que enseñáramos a un negro debía venir él mismo en nuestra búsqueda y asistir a la Iglesia por un período inimaginable para un blanco y entonces, tal vez, le daríamos charlas. Esto aunque fuese mujer y no tuviese el menor reclamo sobre el Sacerdocio. Yo conocía lo que entonces consideraba la doctrina de la Iglesia al respecto, pero la aplicación práctica de esos asuntos me resultaba sumamente desagradable. Debo confesarte que mi espíritu también se sintió ofendido en varias ocasiones, pues recordaba la comisión del Salvador de predicar el Evangelio a toda criatura y la seguridad que da el Libro de Mormón de que Dios no hace acepción de personas y que el blanco y el negro, el libre y el esclavo son iguales para El. Veía una brecha difícil de llenar entre ambas posiciones, pero en aquel entonces no se me hubiera ocurrido desobedecer o discutir lo que era una regla. Jamás la vi escrita en un manual de misioneros, jamás la escuché en una conferencia, pero todos sabíamos que esa era la ley y que ese era “the problem”.

En una ocasión, a punto de bautizar a un padre con tres hijas adolescentes, mi compañero creyó ver, en una foto familiar, que la madre de las chicas (de quien el padre estaba separado) tenía rasgos negroides. Esto fue suficiente para detener el bautismo, viajar en dos ocasiones a otra ciudad, encontrar a la madre y, con una excusa infantil, analizar su aspecto. Para mi compañero sus antepasados podrían haber sido mulatos, para mi era igual a cualquier vecina de la vuelta de mi casa. Pero claro, yo era un simple sudamericano y mis ojos no habían sido entrenados socialmente para detectar “the problem”. Afortunadamente para entonces yo era el compañero mayor y asumí la responsabilidad en la decisión de bautizarlos.

No encuentro en todo el Nuevo Testamento la mención de restricciones sobre el Sacerdocio. Pero sí el mandato de Cristo de predicar a “toda criatura” (salvo que seamos tan selectivos que decidamos que una tercera parte de la población del mundo no merece llamarse siquiera criatura). Tampoco aparece el tema en los rollos del Mar Muerto o en cartas de los primeros cristianos aunque el contacto con Africa del Norte era permanente a través del Mediterráneo y había comunidades cristianas en esa zona. En cambio encuentro a Pedro, Presidente de la Iglesia antigua diciendo: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mi me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:27). También a Felipe bautizando a un etíope (Hechos 8:26-40) sin hacerle advertencias sobre el Sacerdocio o cuántas veces debería asistir a las reuniones.

En 1829, cuando el Sacerdocio es restaurado, no hay ninguna restricción para la gente de color. En toda la Doctrina y Convenios no encontrarás una sola revelación o mención del tema, aunque hay varias que reglamentan el Sacerdocio, y muchas otras que universalizan el Evangelio. Por ejemplo: “ y toda carne es mía, y no hago acepción de personas” (DyC 38:16). Tampoco aparece ninguna referencia a la prohibición en los extensos escritos de José Smith que no forman parte de las obras canónicas. Sin embargo la Iglesia Restaurada se organizó en una sociedad donde existían negros y el tema de la esclavitud y los derechos se trataba regularmente. Era, además, un lugar común en esa sociedad la suposición de que tanto el color como la esclavitud eran un castigo divino

Sí aparece una mención en las Enseñanzas de José a no bautizar u ordenar esclavos sin la autorización previa de sus amos. (ver también DyC 134:12). En 1832 el Profeta recibe la revelación (DyC 87) sobre la guerra y la sublevación en Carolina del Sur.

Tan temprano como en 1830 hay registro de bautismo de gente de color sin que se mencione ningún impedimento sobre el Sacerdocio. En 1832 se bautiza Elijah Abel; el 3 de marzo de 1836 es ordenado Elder, en diciembre del mismo año es avanzado al grado de Setenta, sirviendo misiones en Ohio, New York y Canadá. La ordenación fue efectuada por Zebedee Coltrin. En esa misma época recibe lavamientos y unciones en el Templo de Kirtland. En 1839 es llamado al Quórum de Setentas de Nauvoo. En 1843 Elijah participa en al menos dos bautismos por los muertos y luego sale a cumplir una nueva misión. En esta ocasión el Apóstol Heber C. Kimball lo envía a trabajar entre los de su propia raza, sin ninguna otra restricción. Por ese entonces los censos indican 22 negros viviendo en Nauvoo, entre esclavos y libres.

En 1844 Walker Lewis, otro miembro negro es ordenado Elder, probablemente por William Smith, hermano del Profeta, y en noviembre del mismo año Wilford Woodruff visita la región y anota que un hermano de color, el cual era Elder, estaba presente  y levantó la mano para sostener a las Autoridades, sin mencionar que la existencia de tal Elder fuese contraria a la doctrina o prácticas de la Iglesia.

En junio de 1844 el Profeta José es asesinado sin que en su vida hubiese declarado o comentado restricción alguna sobre el Sacerdocio a la raza negra.

Resumen: Desde la restauración a la muerte de José Smith (14 años) nadie supo que hubiese un interdicto que impidiese el Sacerdocio a los negros, cuando simultáneamente fue el período en que mayor cantidad de revelaciones se recibieron, en que la Iglesia se organizó como institución y se establecieron la mayor parte de sus leyes y doctrinas.

En abril de 1845 Orson Hyde declara por primera vez la posibilidad de que la maldición de servidumbre de la raza negra provenga de acciones preexistentes (Speech Delivered Before the High Priest Quórum in Nauvoo, hallable en Utah State Historical Society). Pero en Octubre del año siguiente el mismo Hyde ordena a William McCary, otro negro que se había bautizado tiempo atrás, acto que parece indicar que la maldición de servidumbre no incluía una maldición con respecto al Sacerdocio.

26 de Marzo de 1847, Brigham Young, respondiendo sobre ciertas actitudes equivocadas de William McCary declara: “no tiene nada que ver con la sangre, porque de una sangre ha hecho Dios a toda carne, tenemos que arrepentirnos para reconquistar lo que hemos perdido. Uno de nuestros mejores Elderes es Walker Lewis, un Africano”.

Para el otoño de 1847 McCary continúa con actividades apóstatas, incluyendo la seducción de varias mujeres para establecer su propia forma de poligamia, y es finalmente excomulgado. Muy poco tiempo después Brigham Young declara que los negros no son elegibles para ciertas ordenanzas del templo. Cuánto tuvo que ver tal decisión con los anteriores hechos es aún materia de discusión.

En Febrero de 1849 B. Young menciona que los negros no pueden tener el Sacerdocio y recién en 1852 (22 años después de la organización de la Iglesia) se produce la primer declaración pública en la legislatura del Territorio sobre el tema. Para ese entonces 12 esclavistas mormones poseían unos 70 esclavos negros en Deseret, entre ellos un Apóstol, Charles C. Rich, lo cual era totalmente legal pero éticamente cuestionable. Recién después de la Guerra Civil se abolirá la esclavitud en Utah.

En 1853 B. Young niega a Elijah Abel la posibilidad de recibir sus investiduras.

En 1879 (49 años después de la organización de la Iglesia) Zebedee Coltrin y Abraham Smoot (aún propietario de 2 esclavos) declaran que, alrededor de 1938, escucharon en Far West al Profeta José declarar que ninguna persona que tuviese una gota de sangre negra podría tener el Sacerdocio. (No me parece la manera normal en la que las revelaciones llegan a la Iglesia).

En 1880 el Quórum de los Doce vuelve a negar las investiduras a Elijah Abel, pero aún en 1883 sigue registrado como un Setenta. Para 1884 es enviado a una misión y muere poco después de regresar.

El 27 de Noviembre de 1900 Enoch Abel, hijo de Elijah Abel es ordenado Elder (La fotocopia de su ordenación ha sido publicada por Modern Microfilms)

En 1902 a una fiel hermana negra bautizada en la época de José Smith, Jane Manning James, se le concede una investidura especial en el templo.

29 de Septiembre de 1935, Elijah Abel, nieto de su homónimo es ordenado Elder.

25 de Enero de 1940 El Apóstol J. Ruben Clark, Jr (otro de mis ídolos) recomienda la creación de un sub-comité del Consejo de los Doce para crear una regla o considerar si la existencia de sangre negra priva al hombre del derecho a poseer el Sacerdocio (“Council Meeting” 25 Jan 1940, George Albert Smith Papers, LDS Church Archives).

En 1949 la Primera Presidencia declara: “La actitud de la Iglesia con referencia a los Negros permanece como siempre ha sido. No es un asunto de declaración o política sino de directo mandamiento del Señor, en el cual se basa la doctrina de la Iglesia desde los días de su organización, con respecto a que los Negros pueden ser miembros de la Iglesia pero no pueden recibir el sacerdocio en el presente”. (Ninguna revelación específica es citada y el ‘desde del día de su organización’ hay que entenderlo como 22 años más tarde.)

El New York Times del 7 de Junio de 1963 cita al Apóstol Hugh B.Brown diciendo que la Iglesia estaba considerando la posibilidad de admitir negros en el sacerdocio. En 1969, Hugh B. Brown, integrante de la Primera Presidencia propone que la política de la Iglesia sea revertida. El cambio fue aprobado por el Quórum de los Doce y la Primera Presidencia estando ausentes el Presidente McKay (por su avanzada edad) y Harold B. Lee  (por estar de viaje en una asignación). Al regresar, el Presidente Lee solicitó una nueva votación y esta vez la moción no prosperó. El Presidente Brown escribió en sus memorias: “Un serio problema que nos ha enfrentado, especialmente durante las últimas décadas, ha sido nuestra negación del sacerdocio a los Negros. Personalmente, dudo si podremos mantenernos o sostenernos en la posición que hemos adoptado, pero que no tiene justificación en las escrituras hasta donde yo sepa. El Presidente dice que sólo puede venir por revelación. Si eso es verdad, entonces el cambio vendrá en el debido curso. Me parece que si hubiéramos admitido al Negro en la Iglesia como un miembro completo habríamos tenido más problemas con el gobierno del que tuvimos… En otras palabras, fue una política, no necesariamente una doctrina” (1988.  Edwin B. Firmate, editor.  The Memoirs of Hugh B. Brown.  Salt Lake City:  Signature Books.  P. 129.)

Ahora bien, querido amigo, si un Apóstol e integrante de la Primera Presidencia tenía sus dudas de que se tratase de una doctrina, ¿por qué no puedo tenerlas yo, un despreciable ciudadano de segunda en los confines del Imperio?

Bruce McConkie (después de recibida  la revelación de 1978): “Hay declaraciones de los Hermanos en nuestra literatura que hemos interpretado como que los negros no recibirían el sacerdocio en la mortalidad. Yo he dicho lo mismo y ahora la gente me escribe diciendo: ‘ Usted dijo tal y cual cosa y ahora estamos haciendo esto y esto otro’. Todo lo que puedo decir es que es tiempo de arrepentirse, ponerse en línea y creer en un profeta moderno y viviente. Olviden todo lo que yo haya dicho, o lo que el Presidente Brigham Young o George Q. Cannon o cualquiera que haya dicho en el pasado algo que es contrario a la presente revelación. Hablamos con un entendimiento limitado y sin la luz y conocimiento que ahora han venido al mundo … Hemos recibido un flujo adicional de inteligencia y luz sobre este asunto en particular, y ello borra toda la oscuridad y puntos de vista y pensamientos del pasado. Ellos ya no importan más. No produce ni una partícula de diferencia lo que cualquiera haya dicho sobre el asunto de los negros antes del 1 de Junio de este año.” . (All Are Alike Unto God, A SYMPOSIUM ON THE BOOK OF MORMON, The Second Annual Church Educational System Religious Educator’s Symposium, August 17-19, 1978)

El 28 de Septiembre de 2002 el Elder Russell Ballard dedicó un monumento a Elijah Abel. Dejo la interpretación de esos hechos históricos a tu voluntad. Solamente contestaré algunas de tus preguntas

“¿Que tiene más validez: los libros canónicos o la palabra del profeta viviente?”. Esa pregunta encierra una falsa dicotomía y las usamos bastante en la Iglesia cuando queremos resaltar la importancia de algo en detrimento de otros aspectos que son igualmente importantes. Esa pregunta no puede responderse in abstracto. Deberíamos saber sobre qué estamos hablando: doctrina, políticas, sugerencias, consejos, opiniones personales… Si me pedís una respuesta que involucre la doctrina te la diré muy claramente: Las palabras del Profeta viviente no tienen más validez que los libros canónicos en asuntos de doctrina. Las palabras del Profeta viviente deberán estar en condiciones de ser incluidas en los libros canónicos para tener la misma validez. Si el Profeta o cualquier Autoridad dice algo que contradice la doctrina conocida tendrá que ser presentado a la Iglesia como una nueva revelación y, después de ser aprobada e incorporada a un libro canónico, pasará a ser la doctrina de la Iglesia. Esto ocurrió en el tema de la Poligamia. Teníamos una revelación que la ordenaba. Fue necesaria una revelación que la discontinuara. No hay contradicción. Esa es la nueva doctrina. Pero no ocurre lo mismo con el tema de los negros. La revelación de 1978 establece una doctrina, pero no discontinúa una doctrina anterior pues jamás fue sometida al voto una revelación que dijese que los negros no podían tener el sacerdocio. Por lo tanto lo que existía era una política.

Creo que el no tener claros estos conceptos provoca bastantes problemas. Aun escucho de vez en cuando las discusiones sobre el discurso del Pte. Hinckley al inicio de las acciones de guerra en Afganistán e Irak. Hay quienes creen que habló a favor de la guerra, otros que habló en contra, otros que habló nada más que a los norteamericanos, otros que habló a todo el mundo, otros que habló como Profeta del Señor y otros como ciudadano de un país en guerra. Pero ¿cuáles eran las características de su discurso, era una revelación, un consejo, una opinión? El que él diga: ‘los miembros de la Iglesia pueden hacer esto o esto otro. Yo haré esto’, ¿hace que debamos encolumnarnos detrás de su decisión en bloque? ¿Está diciendo lo que Dios quiere que hagamos o está presentando dos buenas opciones que podemos escoger? Si la opción es: ‘los miembros de la Iglesia pueden ser Demócratas o Republicanos. Yo soy Republicano’, intuyo que tu razonamiento te llevaría a ser republicano también. Pero si es así, la segunda parte de la frase niega la posibilidad de la primera.

Con respecto a tu pregunta ¿a quién debo hacer caso: al Profeta del Señor o a un argentino que se atreve a razonar? Mi respuesta es también muy clara: debes obedecer al Profeta del Señor. Porque él ha sido elegido para guiarnos y porque yo no soy ni infalible ni desprovisto de serias imperfecciones y además no se me ha llamado para ese propósito. Pero nuevamente aquí veo aparecer falsas antinomias. 1) Si leíste atentamente mi artículo te darás cuenta que creo que durante la administración del Presidente Kimball por primera vez tuvimos una doctrina sobre este tema y me alegro profundamente de que así sea ¿cómo podría criticarlo o desacreditarlo por eso? 2) El que creas que alguien deba elegir entre él o yo nunca estuvo en mi mente, ni en la del Profeta ni en la del Señor, creo que sólo en la tuya…

El Elder Marion D. Hanks (Autoridad General Emérita) “Todos teníamos una sensación de incomodidad por la política continuada que mantenía a gente buena y honorable lejos de las bendiciones de sus posibilidades. Por treinta y nueve años fui una Autoridad General y tuve que encontrar formas de responder a lo que era una realidad problemática de que existiese esa maravillosa y digna gente a la que no se le permitía poseer el sacerdocio. Uno no puede responder preguntas acerca de esto por años, sabiendo que el Señor “estima a toda carne por igual” (1 Nefi 17:35) y no desear que haya un cambio”

Tu comparación con el pueblo de Israel bajo la dirección de Moisés me pareció brillante y atinada. La comparto plenamente. Ahora bien, el uso de ‘los tiempos del Señor’ para ese caso en particular me parece, si no objetable, al menos discutible. La salida de Egipto, el deseo de establecer una nación con poseedores del Sacerdocio Mayor, el primer juego de tablas, eso sí estaba marcando el ‘tiempo del Señor’, el ‘ya’ de asumir responsabilidades. La negativa a aceptar el Sacerdocio, el segundo juego de tablas, los 40 años en el desierto marcan ‘el tiempo de Israel’ al que aparentemente vos llamarías ‘el nuevo tiempo del Señor’. Pero esto me recuerda una reflexión de Saint Exupery en El Principito. Cuando el protagonista llega a un asteroide, lo encuentra habitado sólo por un rey que le dice: ‘Te ordeno que te sientes!’, y él responde: ‘no quiero sentarme’. Entonces el rey replica: ‘Pues te ordeno que no te sientes!’. Porque (nos aclara el autor) lo importante para un rey es ser obedecido… Creo que la relación de Dios con sus hijos da para más que eso.

Brigham Young enseñó en sus mensajes que María de Betania y María de Magdala fueron esposas de Jesús. ¿Por qué no lo enseñamos en nuestras clases hoy, si cada palabra que sale de la boca de un profeta viviente es la voz del Señor? Tal vez lo que enseñó sea verdad, pero no tenemos cómo confirmarlo a través de la Doctrina Oficial de la Iglesia. No hay en las Escrituras nada que lo apoye, entonces no lo enseñamos.

También enseñó en múltiples ocasiones (como para descartar la posibilidad de una mala transcripción) que Dios el Padre es Adán y que Adán fue el padre de Cristo en la carne. Nuestros mejores teólogos aún discuten que quiso decir con eso. Pero como no tenemos ninguna escritura que lo confirme y sí varias que lo niegan, no lo enseñamos. Pero hay una cosa peor que llegar a enseñar esa doctrina en la Iglesia, y es enseñar que Brigham Young nunca lo dijo, porque estaríamos enseñando una mentira aunque tuviésemos el maquiavélico ‘buen propósito’ de evitar confusión.

He tratado de incluir en mi presente texto casi únicamente Autoridades Generales, ya que otras referencias no parecen gozar de tu aprobación. Te diré que soy bastante cuidadoso con la elección de mis fuentes. Eugene England fue un profesor universitario cuya fidelidad a la Iglesia está fuera de discusión. Le fueron negadas cátedras en la Universidad de Utah (intensamente atea o agnóstica en su cuerpo de profesores), que con su currículum tenía aseguradas, por el hecho de ser miembro activo de la Iglesia. Cuando él habla de ‘nuestro racismo’ está hablando de la población blanca norteamericana y de un alto porcentaje de miembros de la Iglesia allí incluidos. No de las Autoridades, no de vos o de mi y ciertamente no de él. England fue uno de los pocos profesores blancos en Utah que participó activamente en las campañas y protestas para que los negros pudiesen usar el mismo sistema de colectivos y tener acceso a la enseñanza, mientras el resto de los blancos, incluyendo a muchos miembros, miraban para otro lado porque ‘algo habrán hecho, y si no fue aquí habrá sido en la preexistencia’.

Independientemente de los asuntos doctrinales o políticos está el planteo humano. Creemos que si hay algo bueno, o de buena reputación o digno de alabanza, lo apoyamos. El tema de los derechos de la gente de color en los EEUU merecía el apoyo de los miembros de la Iglesia por constituirse en un asunto de justicia social básico. Sin embargo no lo tuvo de forma extensiva porque la política religiosa vigente sirvió como freno. Pero ¿qué tiene que ver no poder poseer el Sacerdocio con no poder estudiar o no poder usar un colectivo?.

La política no fue tan simple como: “Uds. son bienvenidos, sólo que no pueden tener el Sacerdocio”. Fue más bien: “Uds. no pueden casarse con nosotros a) porque no pueden entrar al Templo b) porque sus hijos no van a tener el Sacerdocio y eso amenazaría la supervivencia de la Iglesia. Por tanto son bienvenidos limitadamente y siempre que ni Uds. ni sus hijos intenten mezclarse con nosotros”. Lo cual constituía un andamiaje ideológico perfecto para mantener la segregación.

Así como hubo un grupo de miembros norteamericanos que reaccionó muy mal con la nueva revelación (y si ya no están con nosotros, me alegro), una gran mayoría reaccionó positivamente, pero aún dentro de ese grupo la pregunta más repetida fue: ‘que bien, pero eso no significa que pueden casarse con nosotros ¿verdad?’ … y creo que el problema sigue estando allí… el único problema que en realidad siempre existió.

Cuando leo la historia de la Iglesia en Africa tengo toda la impresión de que el Señor se las ingenió para organizar Su Iglesia sin la participación de La Iglesia, hasta que nos pusimos a tono. Resumiendo nuevamente: no creo que fuese necesario esperar al 2002 para hacerle un monumento a Elijah Abel. Su trabajo desinteresado por la Iglesia sin tener a su lado más que al Señor lo ameritaban para que ese reconocimiento hubiese llegado por lo menos 100 años antes.

Mi conocimiento y certezas sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre el Profeta José y sus sucesores vienen de primera mano. No se basan en lo que leo ni en lo que especulo ni en lo que me cuentan. Como durante todas las dispensaciones anteriores un testimonio viene como un don de Dios a través del Espíritu. Ese conocimiento es tan importante que no puedo imaginar nada que intente ocupar su lugar.

Pero generalmente hay dos actitudes: a) suprimir, modificar o negar cualquier información que  no se adapte o que no pueda explicar mediante mi testimonio, b) mantener claro y limpio mi testimonio, porque sé de donde proviene, a pesar de la mucha información que no puedo entender totalmente pero tampoco negar, y confiar en que podré entender más en el futuro. Si alguien necesita usar el primer método, yo lo acepto. Personalmente, me quedo con el segundo. Me parece más inteligente, más productivo, más respetuoso de nuestros albedríos.

Bien, creo que me he extendido un poco, más aún, demasiado. El debate no está cerrado pero tampoco tiene sentido prolongarlo.

Siento una gran admiración por tu empuje, por tus certezas y por tus defensas.

Con aprecio. Tu amigo

Mario R. Montani

3 comentarios el ““A NINGUN HOMBRE LLAME COMUN O INMUNDO”

  1. maria fe garbin dice:

    ANTES DE LEER ESTE ARTÍCULO ADMIRABA Y REALMENTE ME DELEITABA EN ESTA PÁGINA, EN TODOS SUS ARTÍCULOS E INVESTIGACIONES; POR EJEMPLO ME ENCANTO EL ARTICULO DE ¨NINGÚN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA¨ RECOMENDABA ESTA PÁGINA A MIS AMIGOS Y CONOCIDOS SUD… PERO EN ESTO QUE ACABO DE LEER SENTÍ OFENDIDO AL ESPÍRITU, AL PUNTO QUE TUVE QUE ABANDONAR LA LECTURA. ESTE ARTÍCULO EN VEZ DE ACLARAR EL TEMA (COSA YA HECHA POR LAS AUTORIDADES ECLESIÁSTICAS PERTINENTES Y LIDERES DE LA IGLESIA) INTENTA ABRIR UNA LLAGA DONDE LA HERIDA YA CERRÓ ¿HERMANOS NO SE DAN CUENTA DE LA TRASCENDENCIA QUE PUEDE LLEGAR A TENER ESTO EN UN MIEMBRO DE LA IGLESIA QUE NO TIENE UN VERDADERO TESTIMONIO DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO? MUCHAS COSAS QUE LEI EN ESTE ARTÍCULO ME PARECEN APOSTASÍA. PORFAVOR SI QUIERA ANTES DE PUBLICAR ARTÍCULOS COMO ESTE, LES SUPLICO POR FAVOR OREN AL RESPECTO Y PREGUNTEN AL SEÑOR PARA QUE EL ESPÍRITU SANTO LES CONFIRME SI REALMENTE ES CORRECTO Y QUE SI ESTO ENGRANDECE EL ALMA. RECUERDEN QUE DIOS NOS JUZGARÁ DE TODA PALABRA OCIOSA, Y MÁS AÚN CUANDO TIENE TRASCENDENCIA MASIVA POR LA WEB…

    • mormosofia dice:

      Estimada María Fe:
      Me alegró mucho recibir sus comentarios porque ése es uno de los propósitos de este blog: que podamos disentir y no sólo estar de acuerdo con lo que en él se escribe. Insisto en que el tener diversas visiones de un mismo asunto no significa estar en contra uno del otro. Creo más bien que es enriquecedor y útil. Lamento que la sensibilidad de su espíritu no le haya permitido llegar al final del artículo, porque allí se hubiera encontrado con los siguientes párrafos que me tomo la libertad de transcribirle:
      “Mi conocimiento y certezas sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre el Profeta José y sus sucesores vienen de primera mano. No se basan en lo que leo ni en lo que especulo ni en lo que me cuentan. Como durante todas las dispensaciones anteriores un testimonio viene como un don de Dios a través del Espíritu. Ese conocimiento es tan importante que no puedo imaginar nada que intente ocupar su lugar.
      Pero generalmente hay dos actitudes: a) suprimir, modificar o negar cualquier información que no se adapte o que no pueda explicar mediante mi testimonio, b) mantener claro y limpio mi testimonio, porque sé de donde proviene, a pesar de la mucha información que no puedo entender totalmente pero tampoco negar, y confiar en que podré entender más en el futuro. Si alguien necesita usar el primer método, yo lo acepto. Personalmente, me quedo con el segundo. Me parece más inteligente, más productivo, más respetuoso de nuestros albedríos.”
      Es posible que nuestras aparentes diferencias sean sólo un asunto metodológico. Personalmente, no considero ocioso intentar dar respuesta a temas conflictivos que de todos modos se tratan en la web (generalmente de modo despectivo y contencioso) dentro de un marco que dé lugar al análisis y la comprensión. Si se atreviera a incursionar en el reciente artículo “Sí, pero esa es otra historia” vería que allí la propia Iglesia está diciendo: “Una iglesia que no puede explicar su propio pasado es una iglesia que no puede explicarse a sí misma”, en un claro cambio de acercamiento a temas conflictivos y hasta ahora vedados.
      Con la esperanza de que continúe siendo nuestra lectora, al menos en los ámbitos que le parecieron interesantes, y también nuestra más férrea crítica, cuando así lo considere, le saludo muy cordialmente.
      Su hermano
      Mario R. Montani

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