POR ENCIMA DE LOS REINOS DEL MUNDO

“POR ENCIMA DE LOS REINOS DEL MUNDO”

(Adiciones a las adiciones sobre la Guerra y la Paz)

Mario R. Montani

 

“¿Acaso la guerra no es la semilla y el origen de las más celebradas hazañas? Pero ¿hay algo más insensato que arrojarse, sean cuales sean los motivos, a una pelea de este tipo, si las partes en lucha siempre sacan más perjuicio que provecho? De los que caen, ni una palabra… Jóvenes sanos y fuertes es lo que necesitamos para la cuestión. Hombres llenos de valor y con nada de juicio…

Se dirá que las guerras las gana la capacidad y el criterio. Es verdad, si hablamos del general, que debe tener un talento militar, no filosófico. Por lo tanto, se sabe que tan famosas hazañas no las realizan las genialidades de los filósofos. Más bien son producto de parásitos, bribones, ladrones, sicarios, tramposos, deshonestos, estafadores y toda esa ralea humana”[1]

 

En mi anterior escrito sobre el tema de la guerra y la paz (Polifemo en su cueva, algunas reflexiones adicionales sobre la guerra y la paz, que a partir de ahora será mencionado como MRM 2004-PESC) me permití citar a Thomas More, filósofo y canciller de Inglaterra durante el reinado de Enrique VIII. Hoy he convocado en la introducción a su contemporáneo y amigo Erasmo de Rótterdam y la cita procede de la más conspicua obra de éste, Elogio de la Locura, cuyo título castellano desmerece tradicionalmente el objetivo del autor. Supongo que mi último comentario merece alguna aclaración histórico-literaria. Erasmo, nacido en Holanda como Geert Geertsz (Gerardo, hijo de Gerardo) tomó sus hábitos monacales en 1492, aunque más tarde el papa Julio II lo dispensó de sus votos. Se doctoró en teología en Turín y, después de enseñar en Cambridge y otras universidades, se radicó en Basilea. En 1509, durante una convalecencia, escribe la sátira Moriae encomium, que dedica a su amigo inglés. El título encierra un juego de palabras y una confusión. La palabra moria, que podría traducirse superficialmente como locura del latín, es en realidad de origen griego e identifica a una de las muchas variantes de locura que reconocían los antiguos: la estupidez (stultitia para los latinos). Al mismo tiempo moria estaba en el origen etimológico del apellido More, por lo que el título en cuestión podría interpretarse Encomio o alabanza de More como Encomio de la Estupidez. Por otra parte, la confusión radica en que la obra no se dedica a alabar la estupidez humana, sino que la Estupidez, como una deidad abstracta personificada, alaba, y encubiertamente critica, a aquellos que la adoran. Dentro de ese marco retórico debe entenderse la cita inicial. Erasmo fue perseguido por la Inquisición y sus obras prohibidas aunque no llegó a perder la cabeza como su amigo del otro lado del canal…

 

Acaban de conmemorarse cinco años del atentado en las Torres Gemelas de Nueva York. Se han sumado actos terroristas en Madrid, Londres y otros lugares del globo. También los escándalos de la cárcel de Abu Ghraib y los centros clandestinos de detención. La Estupidez de Erasmo estaría encantada con nuestro mundo…

 

Es mi intención en este artículo prestar el espacio a algunas voces de diferente extracción que no han sido suficientemente escuchadas, particularmente las de Santos de los Últimos Días (SUD) en los EEUU y otras regiones.

 

Para estas fechas las bajas oficiales de soldados norteamericanos en Irak superan los 20.000, más varios centenares pertenecientes a demás naciones de la coalición.

Por otra parte la organización Iraq Body Count, que contabiliza las bajas civiles iraquíes basándose en las noticias que pueden confirmarse en más de un diario, apunta un mínimo de 41.931 y un máximo de 46.613 dependiendo de las fuentes. La publicación médica británica Lancet estima que las bajas ya han superado los 100.000. Y nada parece señalar un fin del conflicto o una disminución de la violencia.

 

¿Cuál Terrorismo?

 

Ken Livingstone, el Alcalde de Londres declaró inmediatamente después de los atentados de Julio de 2005:

 

“Estos atentados probablemente no hubieran ocurrido si Occidente hubiese dejado a los países árabes en libertad de tomar sus propias decisiones al cabo de la Primera Guerra Mundial. Pienso que Occidente ha intervenido durante ochenta años en países mayoritariamente árabes a causa de nuestras necesidades de petróleo… Hemos sostenido a gobiernos muy poco recomendables y hemos derrocado a otros que no considerábamos simpáticos… Si al final de la Primera Guerra Mundial hubiésemos hecho aquello que habíamos prometido a los árabes, es decir, dejarlos en libertad de tener sus propios gobiernos y nos hubiésemos quedado al margen de sus asuntos, simplemente comprando su petróleo, pienso que esto no hubiese ocurrido”[2]

 

No existe una definición universalmente aceptada de lo que es terrorismo, ya que depende de la subjetividad del observador. Robert A. Rees:

 

“Si llamamos a lo que ocurrió el 11 de Septiembre “terrorismo”, como creo que debemos hacerlo, deberíamos incluir allí también lo que nuestro gobierno realizó para desestabilizar procesos democráticos en lugares como Chile, Guatemala, El Salvador y Nicaragua (donde fundamos el terrorismo de los Contras vendiéndole armas a Iran)

¿Qué hay del bombardeo a Dresden y el uso de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki? ¿Nuestro uso de napalm en Corea y Vietnam fue “terrorismo”? Tal como estamos dándonos cuenta por las tenues alianzas concertadas por el Presidente Bush, los “luchadores de la libertad” de un país son los “terroristas” para otro.” [3]

 

Aún extraño el espíritu amplio e inteligente de Neal Maxwell en nuestras Conferencias Generales, quien más de diez años antes de las Torres preveía:

 

“¿Deberá ser establecido, por el bien de la humanidad, el equivalente de la Pax Británica, un único estado político, al cual todas las otras naciones habrán cedido su soberanía y que tendrá por lo tanto un forzoso monopolio sobre las armas nucleares? No hay muchos de nosotros, los mortales, que confiarían en tal monopolio, sin importar cuáles fueran los beneficios, incluyendo una Pax Americana. Fue Churchill con su elocuencia el que marcó un tiempo de limitada posesión de armas nucleares, cuando había sólo dos naciones con este poder.” [4]

 

Durante la visita del Presidente Bush a Asia en febrero de 2002, consideró a Corea del Norte parte del “eje del mal” por su programa de armas nucleares y por vender mísiles a Irán y Pakistán. Al día siguiente en Pekín llamó a China “un amigo”, y apreció su apoyo a la guerra norteamericana contra el terrorismo, teniendo cabal conocimiento de que, al igual que los norcoreanos, los chinos estaban desarrollando su propio arsenal nuclear y vendiendo tecnología a Irán y Pakistán. Por supuesto, China estaba muy deseosa de ingresar al club anti-terrorismo para justificar sus acciones contra los tibetanos.[5] Bush no puede ser demasiado duro frente a aquellos que comercian con el “eje del mal” ya que su propio Vicepresidente, Dick Cheney, inmediatamente antes de asumir, era Director de Haliburton Industries, la cual, transgrediendo la ley federal, había estado vendiendo equipos y tecnología a Irán, Libia e Irak. [6]

Otro de los claros ejemplos de la inconsistencia estadounidense fue su sostenido apoyo a uno de los más notorios terroristas de Africa, Jonas Savimbi, el líder rebelde de Angola, quien “ha asesinado y torturado con un barbarismo que excede al de los Talibanes”. [7]  Según Nicolas Kristof: “la guerra civil angoleña por él liderada puede ser responsable de más de 500.000 muertes desde 1975. Pero es nuestro “señor de la guerra”, no del otro bando, por lo tanto somos tan ciegos a su brutalidad como los saudíes y pakistaníes lo son a los pecados de sus terroristas” [8]

Del mismo modo, cuando ciertos aliados (Turquía) invaden a sus vecinos (Chipre), el gobierno de EEUU mira hacia otra parte.

 

“En ningún otro lugar es nuestra inconsistencia sobre el terrorismo más evidente que en nuestras relaciones con Arabia Saudita, nuestro antiguo aliado en Medio Oriente y hogar de 15 de los 19 secuestradores del 11 de Septiembre. Aunque la familia real saudita ha creado condiciones económicas y sociales que favorecen el terrorismo, aunque organizaciones saudíes financian a terroristas islámicos, incluyendo Al Qaeda, por causa del petróleo Arabia Saudita es visto como nuestro socio en la guerra contra el terrorismo. El petróleo y las armas pueden también explicar porqué en agosto pasado el Presidente Bush, para desagrado de los agentes del FBI, suspendió las investigaciones que pesaban sobre los hermanos de Osama bin Laden, Omar y Abdulah, y sobre WAMY, una organización de caridad sospechada de financiar el terrorismo. Es irónico que nuestra presencia en Arabia Saudita fue uno de los factores que precipitó la antipatía de bin Laden y su deseo de destruirnos.

Mientras creamos que el terrorismo no tiene relación con nuestras políticas internacionales y continuemos con estrategias agresivas que inflamen a los terroristas (tales como nuestras desiguales políticas con Israel y Palestina) más estaremos fertilizando el terreno del cual el terrorismo crece.  Existen literalmente cientos de miles de jóvenes musulmanes para quienes no hay mayor honor que sacrificar sus vidas para vencer y destruir a los ‘terroristas’ norteamericanos. No hay espías o bombas suficientemente ‘inteligentes’ para detener a estos futuros mártires, como aprenderemos en los años por venir a menos que cambiemos nuestra estrategia.” [9]

 

El escritor argelino Mohamed Moulessehoul ha observado: “La guerra está perdida si Occidente entra en el juego de los fundamentalistas, el cual es la violencia, porque no puede asustarse a alguien que acepta con devoción la muerte” [10]

 

¿Cuál fundamentalismo?

 

John Le Carré, conocido autor de novelas de espionaje y él mismo ex agente de los servicios de inteligencia británicos:

 

“El extremismo militante no sólo se da en el islam, sino también en la extrema derecha de los movimientos cristianos y del sionismo. El señor Bush reitera que el estilo de vida estadounidense es el único que merece la pena vivir. Esto es, para mi, una declaración fundamentalista y la idea de que esa forma de vida es exportable me resulta obscena. No nos dejan sugerir que una forma de extremismo produce otra, pero ciertamente sí podemos decir que una forma de simplificación produce otra” [11]

 

“Una vez que aprobamos una guerra de cruzadas, una vez que nos vemos a nosotros mismos del lado de los ángeles, una vez que abrazamos un sistema de creencias teológico o ideológico que se define como la encarnación de la bondad y la luz, el asunto es sólo cómo llevaremos a cabo los asesinatos” [12]

 

Los iraquíes han visto a las sanciones impuestas por EEUU a su país por más de doce años como un arma deliberadamente empleada para matar un gran número de personas. Joy Gordon:

 

“Los Estados Unidos han impedido consistentemente a Irak satisfacer las más básicas necesidades humanitarias, utilizando sanciones como un arma mortal… Desde el comienzo del programa, se estima que 500.000 niños iraquíes por debajo de los cinco años han muerto como resultado de esas sanciones. Casi el triple del número de japoneses asesinados en los ataques norteamericanos con bombas atómicas” [13]

 

EEUU ha intentado echar toda la culpa sobre Saddam Hussein, pero la verdad es que medio millón de niños murieron por desnutrición, enfermedad o falta de medicina. No existe un contexto civilizado en el que gobierno alguno pueda justificar su castigo a un tirano de un modo que termine matando cientos de miles de niños.

 

Scott Atran, en el New York Times, ha mostrado claramente como, encuesta tras encuesta, la mayoría de los musulmanes está deseosa de aumentar la democracia, la libertad y las posibilidades de estudio, pero rechaza las acciones específicas de EEUU en sus territorios.

También que, “la información histórica muestra una fuerte correlación entre el hecho de que EEUU se involucre en situaciones internacionales y el aumento de los ataques terroristas en su contra” [14]

 

¿Cuál Moral?

 

En nuestra generación la verdadera posición cristiana con relación a la guerra está claramente establecida por una declaración en la que el Señor dice, “Por tanto,  debemos renunciar a la guerra y proclamar la paz… “ (DyC 98:116)

¿Cuál es la posición de la Iglesia con respecto a la guerra? Una declaración de la Primera Presidencia dada durante la Segunda Guerra Mundial es aún aplicable a nuestra época. Tal declaración dice: “ … la Iglesia está y debe estar en contra de la guerra. La Iglesia por si misma no puede apoyar la guerra a menos que el Señor establezca nuevos mandamientos. No puede ver a la guerra como el medio recto de resolver disputas internacionales: éstas deben y pueden resolverse – estando las naciones de acuerdo – mediante negociaciones pacíficas y ajustes[15]

 

Ya en anteriores escritos (ver Renunciando a la Guerra y Proclamando la Paz, algunas reflexiones sobre Guerra, Paz y Doctrina, a partir de ahora mencionado como MRM  2003- RGPP) he definido claramente la doctrina de la Iglesia con relación tanto a la guerra como a la obediencia que los SUD deben a los gobiernos civiles de los países que los cobijan. También he mencionado como dichas doctrinas parecen tornarse conflictivas cuando una de las naciones beligerantes pasa a ser los EEUU de América.

 

Independientemente de las doctrinas, aunque teóricamente derivadas de ellas, están las políticas institucionales. Doctrina y Política no son la misma cosa. Aunque las políticas emanan de la autoridad que debe preservar y aclarar la doctrina, lo cierto es que, la mayoría de las veces, surgen como respuesta a situaciones histórico-sociales específicas y/o geográfico-culturales muy definidas, y no es raro que se vean modificadas con el paso del tiempo. Como se dice dentro de la propia Iglesia: las políticas cambian, la doctrina no.

Se espera que un fiel SUD acepte y obedezca tanto las doctrinas como las políticas.

Ahora bien ¿Hasta que punto puede una política entrar en conflicto con la doctrina a la que debe reglamentar? ¿Cuál es el límite en el que las formas y los procedimientos pueden llegar a contradecir e incluso anular el espíritu de lo fundamental?

Permítaseme dar media vuelta de tuerca a la cuestión: en la reciente guerra en los Balcanes, todos hemos escuchado cómo el ejército de una de las etnias en conflicto procedía a la violación sistemática de las mujeres en las poblaciones que tomaba. No era por mera satisfacción física de los soldados o simbólico botín de vencedores. No. Era una acción de guerra planeada. Los hombres de esas poblaciones estaban muertos o participaban en algún frente de batalla como enemigos, pero las mujeres se quedaban en el lugar resistiendo y, sobre todo, conservando el control racial y cultural en esas zonas. Eso era lo inadmisible que requería una estrategia concreta. El conocimiento previo de las violaciones masivas fue lo único que logró el abandono de sus hogares por parte de mujeres y niños. La operación fue exitosa y militarmente justificable, con bajo costo de vidas humanas.

Pero mi tema no es el éxito o no de ciertas acciones tácticas sino las consecuencias que dichas acciones tienen sobre la moral individual de los participantes.

Imagino a un joven soldado SUD recibiendo la orden de participar en una “acción de guerra” similar a la llevada a cabo en los Balcanes. Me lo imagino también rechazando de plano esa posibilidad. Pero me cuestiono ¿en base a qué podría rechazarla?: “En mi hogar me enseñaron que está bien matar bajo ciertas condiciones, pero violar está mal bajo cualquier condición”? “Dios acepta las muertes pero no las violaciones”?

Pensemos un poco: si existe algo como una gradación moral de las faltas humanas, la más grave, sin lugar a dudas, es tomar la vida de otra persona. Según nuestra teología es un tipo de pecado no cubierto por el sacrificio expiatorio de Cristo. El trasgresor deberá cubrirlo personalmente. Otras faltas pueden llegar a perdonarse con el debido proceso de arrepentimiento.

Si la “obediencia debida” (y en esto los argentinos tenemos mucha experiencia) libera nuestras responsabilidades morales individuales porque algún otro las está asumiendo por nosotros, eso será válido no sólo para las muertes sino también para las mutilaciones, las torturas, las violaciones y cualquier otra aberración que se considere justificada como acción de guerra. Si abro la puerta para que entre el perro grande es muy posible que detrás también pasen los más chicos. El tema es si debo abrir la puerta o no.

 

Aún escapa a mi razonamiento porqué puede estar mal votar a un candidato cuya plataforma incluye la posibilidad de liberalización del aborto (siendo que el uso de tal liberalización será siempre una opción moral individual que puedo escoger o no), pero está bien votar a otro que llevará, sin opción, a esposos, hermanos e hijos a pasar por las mayores experiencias de brutalidad y desintegración moral inherentes a la guerra con la promesa de que saldrán de ellas oliendo a rosas pues el patriotismo todo lo justifica.

 

¿Cuál pacifismo?

 

Los miembros de la Iglesia debemos tener otras alternativas. Eugene England:

 

“La teología SUD ofrece una guía para mejores conductas. Creo que su mensaje fundamental es que el ‘pacifismo efectivo’ – aún desarme unilateral si se lo acompaña de importantes esfuerzos para extender ayuda inteligente, creativa, realista pero amorosa a otras naciones – es la solución ideal, la única que puede hacer que nuestros enemigos no sean más nuestros enemigos” [16]

 

Ya en la década de 1940, el Presidente J. Reuben Clark pensaba algo parecido:

 

“La fuerza moral es mucho más potente que la fuerza física en las relaciones internacionales. Estoy convencido de que América debe retornar a la promoción de ajustes pacíficos en las disputas internacionales” [17]

 

En “A force more powerful: a century of non violent conflict” Ackerman y DuVall se dedican a analizar instancias en que la no violencia ayudó a derrocar regímenes represivos o enfrentar al terrorismo de estado. Incluyen: las campañas de Gandhi en contra del imperialismo en Africa e India, la resistencia holandesa a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los levantamientos populares en El Salvador, Chile y Argentina, la campaña contra el apartheid en Sud Africa, el movimiento Solidaridad en Polonia, el movimiento contra Ferdinando Marcos en Filipinas, la revolución de los Derechos Civiles liderada por Martín Luther King en los Estados Unidos, la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. Gene Sharp, teórico de la no violencia ha afirmado: “La acción no violenta es posible, y es capaz de desarrollar un gran poder aún en contra de dictadores crueles y regímenes militares, ya que ataca la característica más vulnerable de todas las instituciones jerárquicas y gobiernos: su dependencia en los gobernados” [18]

 

Nuevamente Robert A. Rees, en Dialogue: a journal of mormon thought :

 

“Durante la Pascua que sucedió a los ataques terroristas del 11 de Septiembre, asistí a los servicios en la iglesia de St. John the Divine en New York. Fue una ocasión refrescante en medio de la violencia de nuestros bombardeos sobre Afganistán y frente a un sentimiento nacional de venganza y castigo. Una de las escrituras para la lectura del día era de la primer epístola de Pedro, con su admonición: ‘no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo. El que quiere amar la vida y ver días buenos… busque la paz, y sígala … Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.’ (1 Pedro 3:9-18)

El ministro que nos dirigió la palabra ese día, 5 de mayo de 2002, era el Reverendo Michael Lapsley, Director del Instituto de Curación de las Memorias de Sud Africa. El había sido víctima del terrorismo de estado: ciertas revistas religiosas enviadas por el gobierno de Sud Africa contenían una bomba que le voló ambas manos. Nos habló de su trayecto desde víctima a victorioso a través de Cristo, quien le ayudó a transformar la violencia perpetrada contra él y sus iniciales sentimientos de venganza en algo redentor – un ministerio a los sufrientes. Había venido a New York a consolar a aquellos que habían perdido seres queridos en el ataque al World Trade Center. El Reverendo Lapsley, advertido de los extendidos sentimientos de venganza, aconsejó que, aunque tales sentimientos eran naturales, ellos terminarían destruyéndonos si les dábamos cabida, no nuestros enemigos. Dijo: ‘La mayor venganza que los Estados Unidos podrá cobrar de Al Qaeda será crear una diferente clase de América – una que termine con la pena de muerte, que se ocupe de los pobres y desvalidos, y acabe con el odio racial’. Agregó, ‘Norteamérica puede transformarse en un líder por sus valores morales, no por su poder militar. Pueden tener poder, pero mientras haya gente con hambre, no tendrán seguridad’. El servicio en St. John the Divine finalizó con una oración, parte de la cual continúa resonando en mi pecho: ‘Eterno Dios, Padre Celestial… Envíanos ahora al mundo en paz, y permítenos la fortaleza y el coraje para amarte y servirte con alegría y resolución, a través de Cristo, nuestro Señor’” [19]

 

Cuál Sión?

 

Comentando la Sección 98 que nos desafía a ‘renunciar a la guerra’, Hugh Nibley ha dicho: “Renunciar es una palabra fuerte: no se supone que debemos intentar ganar la paz por medio de una guerra, o meramente convocar a una tregua, sino renunciar a la propia guerra, desdeñarla como política posible mientras proclamamos la paz sin reservas” [20]

 

El establecimiento de Sión (lugar de paz y recogimiento) ha sido un anhelo del pueblo de Dios durante todas las épocas. En esta última dispensación se han definido algunas de sus características:

 

“Y se llamará la Nueva Jerusalén, una tierra de paz, una ciudad de refugio, un lugar de seguridad para los santos del Dios Altísimo; y la gloria del Señor estará allí, y el terror del Señor también estará allí, de tal manera que los inicuos no llegarán a ella, y se llamará Sión.

Y acontecerá entre los inicuos, que todo hombre que no tome la espada contra su prójimo tendrá que huir a Sión para hallar seguridad

Y se recogerán en ella de todas las naciones debajo del cielo; y será el único pueblo que no estará en guerra el uno contra el otro” (DyC 45: 66-69)

 

Parece obvio mencionar que si es nuestro deseo ayudar a ‘establecer Sión’ deberemos realizar algunos cambios en nuestras actitudes personales y nuestras políticas con relación a la guerra. Por ahora Sión se llama Canadá, que es adonde los miembros de la Iglesia norteamericanos deben huir cuando deciden ‘no tomar la espada contra su prójimo’.

 

Con relación al constante enfrentamiento entre Sión y Babilonia como centros de paz y violencia respectivamente no puedo evitar algunas citas selectas de Hugh Nibley:

 

“Cuando todo lo accidental e incidental sea quitado, ¿qué permanece que sea la quintaesencia de Sión? Los edificios, paredes, calles y portales – aún los de oro y jaspe – no hacen Sión; tampoco las multitudes con ropaje resplandeciente. Sión no es una producción de Cecil B. DeMille; los bienes no desarrollan la obra, sin importar cuán espléndidos sean. ¿Qué es lo que hace a Sión? Dios nos ha dado la definición perfecta: Sión son los puros de corazón – los puros de corazón, no meramente los puros de apariencia.

No es una sociedad o religión de formas y observancias, de gestos píos y preciosos manierismos. Es estrictamente una condición del corazón. Por sobre todo, Sión es pura, lo cual significa  ‘sin ninguna impureza, sin mezcla’. Es todo Sión y ninguna otra cosa. No se logra cuando un corazón es puro, o cuando dos o tres son puros, porque es ‘todos los puros’ – es una sociedad, una comunidad, un medio ambiente en el cual nada impuro puede entrar…  [21]

 

“No es siquiera gente pura en un medio ambiente sucio o gente pura con algunos pocos impuros entre ellos; son los perfectamente puros en un ambiente perfectamente puro.

Babilonia y Sión no pueden mezclarse en grado alguno. Una Sión que hace concesiones no es más Sión.

El ‘principio de Mahan’ (Nibley hace aquí una referencia a la figura de Caín en La Perla de Gran Precio) es un franco reconocimiento de que la economía del mundo está basada en el intercambio de vida por propiedad. Esto es más evidente, por supuesto, en tiempos de guerra. El gran negocio en el mundo de hoy es la venta, de todos para todos, de armas mortales, llevando la ventaja las maquinarias de asesinar más eficientes. No hace mucho eran las drogas, pero es lo mismo en una escala descendiente de responsabilidades en la que nadie está libre de culpa: el que dispara, el soldado de fortuna, el traficante de armas, el que las manufactura, saqueando especies completas por materias primas, destruyendo vida tanto al procesarlas como al obtenerlas y distribuirlas. El terrible proceso de esta industria acorta y empobrece la vida en cada nivel, desde el trabajo esclavo hasta el envenenamiento del agua y el aire. Esta es la economía del mundo, ya que Satanás es ‘el príncipe de este mundo’. [22]

 

Para poder reconciliar los caminos de Babilonia con los de Sión, ha sido necesario dar un rodeo a las inconvenientes barreras de la conciencia y las escrituras mediante el uso del verdadero y probado artilugio de la retórica, definida por Platón como el arte de hacer que las cosas verdaderas parezcan falsas y las falsas verdaderas, mediante el uso de las palabras. Este arte invalorable, desde tiempos de Caín, ha investido a los modos de Babilonia con cierto aire de altos propósitos, sólida virtud e impecable respetabilidad. [23]

 

Todo retórico sabe que sus armas más efectivas son los rótulos. Puede demoler a la oposición con simples y devastadores rótulos tales como comunismo, socialismo, o ateismo, papismo, militarismo o mormonismo, así como dar a los peores crímenes de sus clientes un brillo religioso con nobles rótulos como integridad, honestidad a la antigua, perseverancia o libre empresa competitiva. ‘Puedes salirte con la tuya en lo que quieras con sólo agitar la bandera’ me dijo una vez un socio de mi padre. El llamaba a eso patriotismo. [24]

 

“El cabello largo, las barbas, los collares, el LSD y el rock, Big Sur y Woodstock vienen y van, pero Babilonia está siempre allí: rica, respetable, inamovible, con sus paredes de granito y bóvedas de acero, sus portales de bronce, sus adornos de ónix y pisos de mármol (todo tomado de los antiguos templos, ya que estos son nuestros templos modernos) y sus vidrios a prueba de balas, los sorprendentes símbolos de total seguridad. Manteniendo sus orgías decentemente privadas, nos presenta a todos una fachada apropiadamente inalterable.” [25]

 

“Durante toda mi vida he evitado estos temas problemáticos y altamente impopulares – quizás hasta ofensivos. Pero no puedo hacerlo más porque en mi ancianidad me he volcado a las Escrituras y allí mi reacia atención fue forzada a ver que, desde los tiempos de Adán hasta el presente día, Sión se ha enfrentado contra Babilonia, y el nombre del juego ha sido siempre el dinero, ‘poder y ganancia’” [26]

 

“Si persistimos en revertir las palabras del Salvador, ‘quien tome la espada por la espada perecerá’ para leer perversamente ‘quien no tome la espada por la espada perecerá’ mereceremos lo que nos ocurra” [27]

 

¿Cuál Jesucristo?

 

Cristo estaba en contra de las soluciones violentas. Muchos de sus contemporáneos hubiesen deseado verlo empuñando su espada contra los romanos. El discurso típico del patriotismo antes que nada lo hubiera justificado. Su tierra había sido invadida, sus libertades restringidas, sus propiedades y familias amenazadas. Estos son motivos más que aceptables para la moderna teoría de la guerra justa. Como lo demuestran las genealogías de los evangelios, Jesús de Nazaret pertenecía al linaje de los reyes de Judá. No sólo podría haberse involucrado en una guerra sino que tenía el derecho legal de hacerlo. Sin embargo no lo hizo. Algunas de sus enseñanzas:

 

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, hace bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5: 44-45)

 

“Bienaventurados los pacificadores porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9)

 

“Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.

Entonces Jesús le dijo: vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles (Mato 26: 51-53)

 

El poseer una fuerza que decidimos magnánimamente no usar multiplica infinitamente el poder de esa fuerza. Esa es una verdad que los dirigentes políticos del mundo aún no han aprendido. Ya se quejaba de ello William Shakespere en Medida a medida:

 

O, it is excellent to have a giant’s strength;

but it is tyrannous to use it like a giant (2.2).  [28]

 

Walter Winks ha sugerido:

 

“Jesús claramente rechazó la opción militar como una manera de reparar las aflicciones judías. Rehusó liderar tropas en una guerra contra Roma, o defender su propia causa por medios violentos. Soportó la cruz antes que ser infiel a sus formas no violentas… Jesús descubrió una manera de oponerse a la maldad sin volverse malo en el proceso” [29]

 

Por supuesto, están quienes prefieren la imagen de Jesús echando a los mercaderes del Templo en ‘justa indignación’ o citan Mateo 10:34 (“no he venido para traer paz, sino espada”) como justificación para la guerra. Pero la verdad es que, tomada en contexto, la frase se refiere a las disensiones que, aún dentro de una misma familia, provocaría el aceptar o no sus enseñanzas. Como Pablo lo explicó en Hebreos 4:12 esa espada es el propio evangelio.

En anteriores escritos quedó clara que, como lo expresara el Presidente David O. McKay, la sola idea de la guerra es irreconciliable con el evangelio de Cristo. [30]

 

¿Cuáles Profetas?

 

José Smith. Es interesante notar lo que dice la introducción a la Sección 98 de Doctrina y Convenios, a la cual nos hemos referido reiteradamente:

 

“Esta revelación vino como consecuencia de la persecución de que eran objeto los santos en Misuri. No era sino natural que, después de haber padecido físicamente y también tras haber perdido sus propiedades se hubieran sentido inclinados hacia la represalia y la venganza. Por tanto el Señor dio esta revelación.”

 

Es decir, que el mandato de renunciar a la guerra y proclamar la paz no vino en una circunstancia ideal ni exenta de sentimientos hostiles, sin embargo esa fue la voluntad de Dios.

 

Brigham Young. La relación de los pioneros mormones con los indios Utes había sido amigable por más de siete años, hasta que un colono de Springville intentó defender a una mujer india de la paliza que le propinaba su esposo. El incidente, al que se fueron sumando participantes de ambos bandos, culminó en una escaramuzo y un indio herido que, con el correr de los días, falleció. El jefe de los Utes, Walkara (Walker para los pioneros) inició una guerra de venganza.

Esta era una situación de defensa propia. Las familias, el ganado y las tierras estaban en peligro. ¿Qué hizo Brigham Young? Escribió una carta. Su contenido es interesante:

 

Julio 25 de 1853

Capitán Walker:

 

Te envío algo de tabaco para que fumes en las montañas cuando te sientas solitario. Actúas como un tonto al pelarte con tus mejores amigos, los únicos que tienes en el mundo. Cualquier otro intentaría matarte de tener la oportunidad. Si tienes hambre envía algún indio amistoso a nuestras poblaciones y te daremos carne de ganado y harina. Si tienes miedo del tabaco que te envío, dalo a probar primero a alguno de tus prisioneros y sabrás que es bueno. Cuando nuevamente estés de humor agradable me gustaría verte. ¿No deberías avergonzarte? Sabes que siempre he sido tu mejor amigo.

Brigham Young [31]

 

Un año más tarde se firmó un tratado de paz y las cosas volvieron a normalizarse, pero las cartas continuaron y el Jefe Walkara apreciaba esta distinción del hombre blanco. Al punto que, al morir, fue enterrado con una carta del Presidente Young en sus manos, la que nunca alcanzó a leer. Ahora bien ¿qué expresaban esas cartas? Comprensión, promesas de perdón, amistad ¿qué no expresaban? Odio, enojo, amenazas y orgullo. Como siempre, en los textos y acciones leemos tanto lo que se dice como lo que no se dice. Con respecto a otros Presidentes de la Iglesia me he referido ampliamente en mis anteriores ensayos.

 

¿Cuáles mormones?

 

“Es muy posible que a los Santos que no viven en EEUU les sea mucho más fácil separar el rol de Estados Unidos como la ‘cuna de la restauración’ del de ‘portador permanente de visiones políticas moralmente superiores’” [32]

 

Los norteamericanos representan el 5% de la población mundial. Por otra parte los miembros de la Iglesia que viven en EEUU son sólo el 1.8 % del total de sus habitantes. Además no me cabe duda de que no todos son Republicanos y de que abarcan un amplio espectro de pensamiento político y social.

Simultáneamente, de los 13.000.000 de miembros de la Iglesia en el mundo, el 58% vive fuera del ‘gigante del norte’. De modo que, cuando escuchamos hablar de que los mormones apoyan esto o creen esto otro, ¿de qué estamos hablando? o, ¿de quiénes estamos hablando?

 

Una muy reciente encuesta[33] entre miembros de la Iglesia norteamericanos da interesantes resultados.

Al preguntárseles si sentían que los líderes SUD apoyaban la guerra, el 67% dijo que no (contra el 11% que dijo que sí). Ante la pregunta de si las escrituras SUD apoyaban la guerra, 52% dijo que no (contra un 15% que sí). En respuesta a si sentían que la guerra conduciría a mejorar la obra misional en Medio Oriente, 52% dijo que no (contra un 18.5% que sí). Las respuestas indicaron que los participantes no parecen creer que sus opiniones vengan directamente de las escrituras o de sus líderes en la Iglesia.

¿De dónde vienen entonces?

Tengo ante mi el mapa electoral norteamericano del 2004 [34]. Es muy fácil observar que, salvo los estados del Pacífico y algunos del noreste todos votaron por el partido Republicano. Pero, con la excepción de Nuevo México, el mapa reproduce casi exactamente al de las elecciones del 2000, cuando no existían ni 11 de Septiembre, ni Afganistán, ni Irak.

De modo que creo que paulatinamente deberemos ir cambiando el esquema de “ideas religiosas que apoyan la guerra” por el de “tradiciones culturales regionales con ideas preconcebidas sobre el mundo y las relaciones internacionales” que buscan apoyo en una lectura parcial y tendenciosa de conceptos religiosos.

Enfrentados a frases de carácter pacifista de David O. McKay, Spencer W. Kimball o Hugh Nibley, los participantes en la encuesta, además de no distinguir en su mayoría a quienes correspondían dichas frases, las consideraron ‘liberales’ o ‘excesivamente idealistas’. Es decir que, para el norteamericano promedio del centro y sur del país, el cristianismo enseñado en las Escrituras es ‘demasiado liberal’ y prefieren el ‘home-made’.

Es obvio que una buena proporción de estadounidenses arrastra un pesado bagaje cultural proveniente de su medio que, en circunstancias específicas, afecta aún a sus creencias religiosas.

El portavoz de la Iglesia, Dale Bills ha debido repetir por enésima vez: “En asuntos de gobierno y política la Iglesia se mantiene institucionalmente neutral. A los Santos de los Ultimos Días se les enseña a apoyar a sus gobernantes locales y nacionales, pero la Iglesia no apoya candidatos, partidos o plataformas”  [35]

 

Orson Scott Card, el popular novelista SUD, ganador de los premios Hugo y Nebula ha observado:

 

“Aquellos que realmente han vivido en un barrio Mormón – y especialmente aquellos que han intentado dirigir a un grupo de mormones en cualquier clase de actividad – todos pueden afirmar la siguiente verdad: es posible que sean el grupo más cabeza dura y de opiniones más independientes que jamás se haya reunido en una comunidad religiosa” [36]

 

Los miembros de la Iglesia que habitan los valles de Utah apenas superan el 30% de los que viven en EEUU, y sólo representan el 13% de todos lo que hay en el mundo. Con la actual propagación mundial del evangelio deberemos comenzar a verlos como una de las muchas sub-culturas que forman los Santos en el globo, honrándolos por sus logros histórico-sociales y religiosos pero no necesariamente imitándolos o apoyándolos en aspectos políticos que no tienen asidero doctrinal.

 

“De modo que fabricamos mitos para apoyar nuestras actitudes a favor de la guerra. Esto se hizo evidente en una reciente conversación con una hermana en mi barrio. Me dijo que la razón por la que creía que algunas guerras estaban justificadas era que uno de los Apóstoles había dicho que la guerra de Vietnam se había librado para que Vietnam se abriera a la predicación del evangelio. Quedé anonadado por el hecho de que alguien pudiera creer que Dios permitió (o causó!) 58.000 muertes americanas y más de un millón de bajas vietnamitas para que el evangelio pudiera introducirse en Vietnam (En 2003 había un total de 100 miembros en dos ramas de habla inglesa en Hanoi y Ho Chi Minh, a las que asistían casi exclusivamente familias expatriadas)… Con tales sentimientos deconstruimos la arquitectura moral del mundo y disminuimos en lugar de incrementar las posibilidades de que el evangelio vaya a todas las naciones, pues cuando relacionamos a Dios con la violencia y utilizamos el evangelio para justificar la guerra, erosionamos la frágil fe por la que el mensaje de Cristo puede sobrevivir en un mundo crecientemente hostil.

Los Santos de los Ultimos Días deberíamos establecer un ejemplo para otros renunciando a la violencia, incluyendo nuestra celebración de la cultura de las armas. El hecho de que Utah tenga una de las más altas tenencias de armas per capita de la nación y una de las más permisivas leyes de portación (incluyendo el permiso para llevarlas a las escuelas e iglesias) sugiere que como pueblo estamos bastante lejos de la Sión idealizada en nuestra imaginería cultural. Un indicador de la violencia que producen las armas en los EEUU es que anualmente mueren por su causa diez veces el número de personas que murieron en el World Trade Center. Como lo expresara un ministro, nos hemos transformado en terroristas para nuestra propia gente…” [37]

 

¿Cuál Paz? ¿cuáles corazones?

 

Generalmente definimos la paz en términos de lo que no es en vez de resaltar lo que sí es: Paz es la ausencia de Guerra. Los sicólogos prefieren definirla como la “presencia de cualidades, valores y formas de acercamiento en las relaciones humanas que construyen una mayor armonía” [38]

 

Hemos sido enseñados que no será necesario esperar al Milenio para limitar el poder de Satanás. Que cada uno de nosotros puede adelantar el Milenio en su experiencia individual impidiendo la influencia maligna en su vida. Esto, sin duda, requerirá una oposición activa a las formas y métodos satánicos, incluyendo la guerra. Para ello, deberá producirse un cambio profundo en nuestros corazones:

“Si el deseo de paz es tan universal y profundo, entonces, ¿porqué tantos políticos terminan violándolo? El requerimiento ‘renunciad a la guerra y proclamad la paz’ (DyC 98:16) es obviamente simple… La desesperación no es inspiración. Los requerimientos que deben ser compartidos por todas las naciones a fin de lograr esa clase de paz son nada menos que impresionantes.

Pero, se dirá rápidamente, ¿no pueden aquellos con fe religiosa cooperar plenamente con los agnósticos y los ateos para la supervivencia mutua? Parecería que sí. Entonces ¿por qué no sucede? ¿Creemos realmente que media docena de líderes pueden frustrar una preocupación tan profunda y universal? Incluye un ‘problema de comunicación’, pero es mucho más…

…si el diagnóstico de 1945 de las Naciones Unidas es correcto, y la guerra comienza en los corazones y mentes de los hombres ¿cuán esperanzados podemos estar por el futuro si más y más familias están fallando y nuestros sistemas educacionales están demasiado a menudo vacíos de contenido moral?… La pobreza y la conspiración se combinan para crear más terroristas por año de lo que nosotros podemos producir pacificadores en una generación. A este respecto, todavía tenemos que sondear las profundidades de estos versículos con todas sus implicaciones sobre la avaricia y la envidia:

“Pero no se ha dispuesto que un hombre posea más que otro; por consiguiente el mundo yace en pecado” (DyC 49:20)

“No codiciarás… cosa alguna de tu prójimo” (Deuteronomio 5:21)

Santiago lo sintetizó bien:

‘¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis, matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís’ (Santiago 4:1-2)

De esta manera, la verdadera paz está ligada a la rectitud humana, irrevocablemente… [39]

 

 

También hemos aprendido que los principios del Evangelio deben armonizar entre sí, como engranajes bien aceitados. Cuando centramos nuestra atención en forma desproporcionada en uno sólo de ellos, todo el conjunto se ve afectado. El amor a la patria, un sentimiento noble y bueno de por sí, sacado de contexto y agigantado llega a nublar nuestra visión de ese conjunto imprescindible.

 

 

En suma, entonces, el poder de nuestra fe no está limitado por la historia, ni por la nacionalidad ni por la cultura; no es la propiedad particular de ningún pueblo ni de ninguna edad. Como José Smith lo indicó: “Está por encima de los reinos del mundo” (History of the Church 5:526)  [40]

 

 

 

 

MRM 2006-PERM


[1] Erasmo de Rótterdam, Elogio de la Locura, Buenos Aires, Gradifico SRL, 2004, pag. 35

[2]  Le Monde, Paris 23-07-2005

[3]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought

[4]  Neal A. Maxwell, Discursos no Pronunciados, 1991, Deseret Book Sudamérica, Bs. Aires, pag. 30

[5]  David E. Sanger, “China is Treated More Gently than North Korea for Same Sin,” New York Times, 21 February 2002, A8.

[6]  Carola Hoyos, “A Discreet Way of Doing Business with Iraq,” London Financial Times, 3 November 2000. Ver también Bob Herbert, “Dancing with the Devil,” New York Times, 22 May 2003, A 31. Herbert  señala además la ironía de que Haliburton sea premiada con billones de dólares por administrar el petróleo irakí y reparar los daños de los bombardeos norteamericanos.

[7]  Chris Hedges, War: A Force that Gives Us Meaning  (New York: Public Affairs, 2002), 24.

[8]  Nicolas D. Kristoff, “Our Own Terrorist,” New York Times, 5 March 2002, A23.

[9]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought

[10]  Alan Riding, “Losing Pseudonym, Gaining Notoriety,” New York Times, 21 February 2002, B3

[11]  John Le Carré “El engaño político llega a niveles inaceptables” Entrevista a El País, Madrid 24-07-05

[12]  Hedges, War, 9.

[13]  Joy Gordon, “Cool War: Economic Sanctions as a Weapon of Mass Destruction,” Harper’s (Noviembre  2002): 43. Gordon  observa, “Lo que deberíamos aprender de nuestras reacciones con respecto al 11 de Septiembre es que la destrucción masiva de inocentes es algo difícil de olvidar y de perdonar. Siendo esto así, entonces la destrucción de Irak, ya sea con sanciones o con bombas, difícilmente nos traerá la seguridad por cuya preservación hemos ido tan lejos.. (49)

[14] Scott Atran, “Who Wants to Be a Martyr?” New York Times, 5 May 2003, A27.

[15]  Harold B. Lee, From the Valley of Despair to the Mountain Peaks of Hope, The New Era,  August 1971, pags. 4-5

[16]  Eugene England, “Can Nations Love Their Enemies?”, Dialogues With Myself (Midvale, Utah: Orion Books, 1984), 148.

[17]  Edwin Brown, y Christopher L. Blakesley. “Clark, Law and International Order.” BYU Studies 13 (Spring 1973) p. 298

 

[18]  Gene Sharp, “The Role of Power in Nonviolent Struggle,” Monograph Series, no. 3 (The Albert Einstein Institution, 1990), 18, citado en Ackerman and DuVall, A Force More Powerful, 9.

[19]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, pag. 11

 

 

[20]  Hugh Nibley, “Renounce War!” BYU Daily Universe, 26 March 1971, citado en Gordon C. Thomasson, War, Conscription, Conscience and Mormonism (Santa Barbara, Calif.: Mormon Heritage, 1972), 24-25.

[21] Hugh Nibley, Of All Things! Classic Quotations from Hugh Nibley, 2nd ed., rev. and expanded, compiled and edited by Gary P. Gillum, p.206

[22]  Hugh Nibley, “Law of Consecration,” CWHN 9:436-37

[23]  Hugh Nibley, “What Is Zion?” CWHN 9:45

[24] Hugh Nibley, Of All Things! Classic Quotations from Hugh Nibley, 2nd ed., rev. and expanded, compiled and edited by Gary P. Gillum, p.208

[25]  Hugh Nibley, “What Is Zion?” CWHN 9:54-55

[26]  Hugh Nibley, “What Is Zion?” CWHN 9:58

[27]  Hugh Nibley, “Renounce War, or, A Substitute for Victory,” citado en Boyd Jay Peterson, Hugh Nibley: A Consecrated Life (Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2002), 216-217.

[28]  Oh, es excelente tener la fuerza de un gigante

pero es tiránico usarla como él lo haría.

[29] Walter Wink, The Powers That Be: Theology for a New Millennium (New York: Double-day, 1998),    69.

[30]  MRM 2004-PESC, pag 11-12

[31]  Harvey H. Cluff, Journal 1836-1868

[32]  Marc A. Schindler  Is There Such a Thing as a “Moral War”? Marc Schindler vive en Gloucester, Ontario, Canada, con su esposa, Kathleen, y cuatro hijos. Se ha graduado en 1977 en la Universidad de Calgary. Se ha presentado tanto a la Legislatura de Ontario como al Parlamento por el Partido Libertario.

 

[33]  mormonwarsurvey.wordpress.com/2006/06/30/perceptions-of-war-in-mormon-culture/ – 52k –

[34]  Libro del año 2005, Barsa Planeta, Kentucky, 2005, pag. 287.

[35]  Salt Lake Tribune, 20/01/2006

[36]  Card, Orson Scott. “Hey, Who Are You Calling a Cult?” (Link)

[37]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought.

[38]  Steve Handwerker, n.d., “Peace Initiatives: A Preventive Approach,” http://www.aaets.org/arts/art81.htm.

 

[39]  Neal A. Maxwell, Discursos no Pronunciados, 1991, Deseret Book Sudamérica, Bs. Aires, pag. 31-36

[40]  Howard W. Hunter, Liahona, enero de 1992, pag. 21

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