NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA

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“NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA”

Algunos apuntes sobre las raíces egipcias del Libro de Mormón así como sugerencias metodológicas para el tratamiento de las evidencias halladas.

por Mario R. Montani

“Para ser conocida, la verdad debe ser declarada, y cuanto más clara y completa sea la declaración, mayor oportunidad tendrá el Espíritu Santo de testificar a las almas de los hombres que la obra es verdadera”

B.H. Roberts, New Witnesses for God, 1909, Salt Lake City, Deseret Book, Vol. 2, vi-vii

INTRODUCCIÓN (El estado de las cosas)

Se cuenta en Las Mil y Una Noches que un joven que habitaba en la ciudad de las ciencias, deseoso de aprender siempre más, oyó el relato de un mercader según el cual, en cierto lejano país, vivía el hombre más santo y sabio de todo el Islam, ejerciendo el ancestral oficio de herrero. Sin pensarlo dos veces tomó alforja y báculo y, con su anhelo de conocimiento a cuestas, partió en busca del afamado maestro.

Después de cuarenta días y cuarenta noches de fatigas y penurias consiguió llegar a la ciudad del sabio. Siguiendo las indicaciones de los transeúntes localizó la tienda del herrero y, luego de besarle el borde de la vestimenta en señal de respeto, se puso a su servicio.

– ¿Qué deseas, hijo mío? – preguntó el herrero.

– Aprender ciencia! – contestó el joven.

– Entonces toma la cuerda del fuelle de la fragua y tira …

Aunque le pareció una extraña respuesta, al ver que los demás discípulos cumplían cada uno con su tarea decidió hacer lo mismo… Así sucedió al día siguiente, desde la madrugada hasta la puesta del sol, y al siguiente… y al siguiente… hasta que transcurrieron cinco años y ni una palabra de ciencia había salido de los labios del maestro.

Un día, sin poder soportarlo más, se atrevió tímidamente a abrir la boca:

– Maestro!

– ¿Qué quieres?

– ¡Ciencia!

– ¡Tira de la cuerda!

…Así pasaron otros cinco años… Hasta que una noche, cuando terminaba las tareas del día y se disponía a soltar la cuerda del fuelle de la fragua, el anciano maestro puso la mano sobre su hombro y le habló diciendo:

–  Hijo mío, ya puedes tornar a tu tierra, a tu parentela y tus amigos con el corazón pleno de toda la ciencia del mundo y de la vida. La has adquirido al adquirir la divina virtud de la paciencia!

Habiendo dicho esto le despidió con el beso de la paz. Y el discípulo regresó iluminado a su tierra donde vivió feliz y vio claro todos los días de su vida…

Si la obtención y aplicación del conocimiento ha sido siempre una “larga y continua paciencia”, no debemos llegar a pensar que los miembros de la Iglesia están exceptuados de los afanes del joven discípulo del relato. El profesionalismo y la autoridad en ciencia se logran al tener un dominio completo sobre el paradigma que rige cada campo de investigación. Un experto debe lograr convertir esos paradigmas en herramientas de trabajo y utilizarlas de forma rápida, habilidosa y casi inconsciente para resolver los problemas dentro de su área.

Hacia 1907 B.H. Roberts, a la sazón integrante del Primer Consejo de los Setenta, polemizaba con el crítico Theodore Schroeder en un debate sobre el origen del Libro de Mormón. Roberts publicaría tres tomos de la obra New Witnesses for God (1895-1911) en los que establecía la diferencia entre “evidencia interna” (aquella que surgía del estudio y análisis del propio texto) y “evidencia externa” (la provista por las Ciencias Naturales, la Arqueología, la Historia y otros textos) estableciendo un fundamento sobre el que construirían los que vendrían más adelante.

Para 1912, el Reverendo Franklin S. Spalding, iniciaba su ataque en contra de las traducciones de Joseph Smith, comenzando por el Libro de Abraham y recurriendo a diferentes egiptólogos de la época para que diesen su opinión. Resultado del informe: la Perla de Gran Precio era un fraude!… El propio B.H. Roberts llegó a confesar candorosamente que el método utilizado por Spalding era legítimo y aparentemente irreprochable.

Con el paso de las décadas se supo que las intenciones del Reverendo no habían sido tan limpias como parecían en un primer momento. Diversos allegados a su trabajo confirmaron que Spalding recelaba de la alta organización y actividad de la Iglesia, que su plan maestro consistía en lograr la deserción de la membresía intelectual de la misma y que para ello no dudó en dejar fuera del informe las opiniones de egiptólogos que no apoyaban su visión. De hecho, en aquella ocasión, la defensa de los principios de imparcialidad y el rechazo a la metodología utilizada corrió por cuenta de investigadores no mormones. No había entre las filas de miembros quien estuviera capacitado para hacerlo.

Sin embargo, un joven que asistía por aquel entonces a la LDS High School de Salt Lake City, tomó nota de que debía prepararse para defender las sagradas escrituras que había visto bajo ataque: su nombre Sidney B. Sperry.

Después de graduarse en Matemáticas y Química en la Universidad de Utah, Sidney decidió realizar una Maestría en Lenguaje y Literatura del Antiguo Testamento en la Universidad de Chicago (1926) y, mientras servía como director del Instituto de la Universidad de Idaho, concluyó su doctorado en Lenguas Bíblicas, convirtiéndose en el primer Santo de los Ultimos Días en alcanzar esa distinción (1931). A continuación, y sin soltar la cuerda del fuelle, viajó a Palestina a estudiar en la American School of Oriental Research en Jerusalén. Su experiencia lo transformó en un académico brillante y maduro.

Para 1940 declaraba:

“La gran literatura debe tener un gran tema o asunto. Un tema trivial y común, sin importar cuan bellamente tratado, difícilmente califica para los requerimientos de la gran literatura, porque su visión de la vida es demasiado estrecha y limitada. Su contenido se agota fácilmente y no nos brinda el constante estímulo de un nuevo descubrimiento con cada lectura repetida.

Para que pueda ser llamada gran literatura, una pieza dada deberá estar hermosamente expresada. Su dicción e imágenes deben estar cerca de la perfección. Si tiene esas cualidades tendrá probabilidades de sobrevivir.

La gran literatura tiene la facultad de poner en actividad al ser completo del hombre. Cuanto mayor sea el espectro de cualquier literatura – es decir, cuanto mayor sea el número, variedad, color y complejidad de los impulsos que haga surgir en el hombre – mayor será su calidad”. [1]

El Dr. Sperry desarrolló ampliamente la idea de que El Libro de Mormón no es sólo un texto doctrinal, sino también una obra maestra de la literatura. En su clásico Our Book of Mormon identificó y ejemplificó 16 géneros literarios distintos en la estructura del texto. Fue el primero en denominar a 3 Nefi el “evangelio americano” y  “salmo de Nefi” al pasaje de 2 Nefi 4: 28-34.[2]

Mientras el “affaire” Spalding se desarrollaba, otra mente brillante, Hugh W. Nibley,  daba sus primeros pasos en Pórtland, Oregon. …  Nacido el 27 de marzo de 1910, a los 17 años partía a cumplir una misión en Alemania, lo que le permitiría dominar el idioma en que la mayoría de los estudios clásicos eran escritos por esa época. Con 34 años, y un doctorado en Historia Antigua de la Universidad de California en Berkeley,  participaba del desembarco en Normandía como oficial de inteligencia. Ese día, en la castigada playa Utah, con una copia del Libro de Mormón en su bolsillo, obtuvo un potente testimonio adicional de esta obra. Como lo ha expresado John W. Welch: “Desde ese momento en la playa Hugh Nibley nunca volvió a ser el mismo. Tampoco los estudios académicos sobre el Libro de Mormón” [3]

Este verdadero “hombre del Renacimiento” con sus inagotables conocimientos de árabe, griego, egiptología e historia podía reconstruir la trama cultural y social de hombres como Lehi y Nefi y leer entre líneas los antiguos textos

De entre sus aproximadamente 200 publicaciones sobre diversos temas, hay al menos tres obras monumentales que analizan el Libro de Mormón: Lehi in the Desert and the World of the Jaredites (1952), An approach to the Book of Mormon (1957), Since Cumorah (1967). En ellas ha dejado claro cuan cómodamente se encuentran las personalidades del Libro de Mormón en el marco del mundo antiguo, y las coincidencias formales, lingüísticas y religiosas con otras obras del pasado.

Afortunadamente, las clases magistrales del Dr. Nibley en la Universidad de Brigham Young, así como centenares de artículos publicadas, permitieron que otros se iniciaran en el paciente sendero de la ciencia.

Nombres como Richard Lloyd Anderson, John W. Welch, John L. Sorensen, Royal Skousen, John A. Tvedtnes y John Gee, entre muchos otros, aparecen regularmente en el Journal of Book of Mormon Studies y otras publicaciones de FARMS (Fundación para la Investigación Antigua y Estudios Mormones)

Cuando en abril de 1986, el Presidente Benson declaró que la Iglesia había descuidado su libro principal de Escrituras y que “el Señor (había) revelado la necesidad de dar un renovado énfasis al Libro de Mormón”, bendijo a los santos con una mayor comprensión del libro.

Los catedráticos, junto con el resto de los miembros, respondieron. Tan sólo a modo de  ejemplo, la publicación de estudios serios sobre el Libro de Mormón aumentó un 50% a finales del decenio de 1970 y se disparó hasta un 230% en la década de 1980. Ese aumento continúa.[4]

No es de extrañar que en el Trinity Journal (la más importante publicación Evangelista) del otoño de 1998, en un extenso artículo con el también extenso título de “Erudición Mormona, Apologistas, y Negligencia Evangélica: ¿Perdiendo la Batalla y Sin Saberlo?”, pueda leerse:

“El mito de que los SUD entrenados en áreas como teología y lenguajes bíblicos invariablemente abandonan sus creencias en la historicidad del Libro de Mormón y en la estatura profética de Joseph Smith debe ser dejado de lado por aquellos Evangelistas que deseen ser responsables. Dichos mitos han estado basados en la ignorancia y en lecturas parciales.

Los académicos SUD han respondido tan eficazmente a las críticas a sus creencias que ningún libro con la perspectiva evangélica está a la altura para interponérseles. La sofisticación y erudición de los apologistas SUD ha crecido considerablemente mientras que las respuestas evangélicas no lo han hecho. Los estudiosos SUD con visión erudita y rigurosa han provisto una robusta defensa de la fe mormona, lo cual amerita la seria atención de la comunidad evangélica…

… Por ejemplo, el equipo internacional de editores de los Rollos del Mar Muerto incluye cuatro académicos SUD y tanto FARMS como la Universidad de Brigham Young auspician conferencias internacionales sobre los Rollos. La investigación mormona de los Rollos es prontamente aceptada por la mayor parte de la comunidad científica y los estudiosos mormones son crecientemente llamados a colaborar, contribuir o editar libros con eruditos no SUD…” [5]

Si bien el artículo en cuestión es más bien una sugerencia a los eruditos evangélicos para que comiencen el largo camino a la casa del herrero, es posible advertir que, en el siglo transcurrido entre el Reverendo Spalding y nosotros, algo ha pasado.

INTRATEXTUAL, EXTRATEXTUAL, INTERTEXTUAL, PARATEXTUAL

Nunca habrá un cúmulo tal de evidencias que pueda concedernos el testimonio de la veracidad del Libro de Mormón. Por una sencilla razón: el testimonio es un don otorgado por Dios, a través del Espíritu, a quien esté dispuesto a cumplir con los pasos que El ha dispuesto a ese efecto. Entonces … ¿para qué perder el tiempo buscando evidencias? … Se me ocurren al menos dos razones: 1) Para aquellos que ya poseen un testimonio es causa de regocijo y estímulo el comprobar intelectualmente lo que ya saben por otra vía. 2) Para los que no lo poseen aún, el estudio intensivo y detallado puede ser un marco adecuado para que inicien el proceso por el cual una revelación personal venga a sus vidas.

Quizás habría una tercera razón sugerida por Hugh Nibley: el ámbito de la crítica religiosa es como un campeonato deportivo; si no enfrentamos al contrincante perdemos por falta de presentación. Y el evangelio de Jesucristo merece más que eso.

De modo que el presente texto no tiene por objetivo convencer a nadie, sino que adquiere validez únicamente dentro de los límites de los dos o tres motivos antes mencionados.

Denominaremos intratextual a la evidencia que surge de las propias páginas del Libro de Mormón. Por ejemplo: en las lenguas semíticas (tanto egipcio como hebreo) existe una construcción denominada ‘acusativo cognado’. Acusativo suele ser el equivalente de lo que llamamos en nuestra gramática objeto directo. Cognado tiene el valor semántico de pariente, y de allí proviene el castellano ‘cuñado’. Esa construcción consiste en el uso de un verbo seguido inmediatamente por un sustantivo derivado de la misma raíz, a menudo para dar énfasis. A pesar de no ser una construcción deseable ni en castellano ni en inglés (idioma de la traducción original), sí aparece en las páginas del Libro de Mormón.

“He aquí, he soñado un sueño, en el que… (1 Nefi 3:2)

“… he soñado un sueño o, en otras palabras, he visto una visión. (1 Nefi 8:2)

“…aunque maldecidos con severa maldición… (Jacob 3:3)

Hay otros ejemplos que los traductores han destruido para que se adaptasen mejor al castellano:
“WORK all manner of fine WORK” Mosiah 11:10

(“elaboraran (obraran) toda clase de obras finas”)
“and he did JUDGE righteous JUDGMENTS” Mosiah 29:43

(y juzgó con justicia (rectos juicios)

Estas “palabras emparentadas” son particularmente evadidas en castellano e inglés pero intencionalmente buscadas en los idiomas semíticos. Podría por lo tanto ser una EVIDENCIA INTRATEXTUAL de la proveniencia antigua y hebrea del texto original.

Por otro lado, denominaremos evidencia extratextual a la aportada por elementos y conocimientos exteriores a la obra analizada.

En 1907, en la Tumba 55 del Valle de los Reyes, cerca de Luxor, Egipto, se encontraron láminas de oro con inscripciones y, entre otros artefactos, una cimitarra.[6] El descubrimiento fue datado como del período Amarna (entre 1351 – 1333 A.C.) Este hallazgo es importante al menos por dos razones: 1) Muestra que los egipcios utilizaban finas láminas de oro para sus inscripciones desde mucho antes que el 600 A.C., y 2) Prueba que la cimitarra estaba ya en uso en ese mismo período, contradiciendo un ataque de los críticos que aseguraban que la mención de ese arma en el Libro de Mormón era un anacronismo histórico pues la misma se había desarrollado en Turquía en la época de Mahoma (600 D.C)

Por tanto, se constituye en un buen ejemplo de EVIDENCIA EXTRATEXTUAL de la coherencia del Libro de Mormón con respecto a las costumbres y artefactos de la región y época de donde declara venir.

Analicemos un tercer ejemplo. Deuteronomio 12 declara que los sacrificios rituales en Israel debían realizarse únicamente en el templo de Jerusalén. Nuevamente los críticos arremetían con el siguiente argumento: ‘si Lehi era realmente un judío obediente de la ley mosaica ¿por qué realizaba sacrificios en medio del desierto, en franca contradicción con lo declarado en Deuteronomio?’ Por varias décadas los apologistas mormones consideraron la posibilidad de que, siendo Lehi un poseedor del sacerdocio de Melquisedec, estaba autorizado para  hacerlos, a la manera de los antiguos patriarcas.

Con el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto y sus lentas traducciones y ediciones, una nueva luz surgió. En el conocido como Rollo del Templo aparece en dos ocasiones la frase ‘a tres días de viaje del Templo’ como aparente límite para el cumplimiento de ciertas ordenanzas:

“No sacrificaréis un buey limpio o cordero o macho cabrío en todas vuestras ciudades, cerca de mi templo dentro de una distancia de tres días de viaje; no, sino que dentro de mi templo los sacrificaréis, como una ofrenda ardiente u ofrenda de paz, y comeréis y os regocijaréis ante mi en el lugar sobre el cual escogeré poner mi nombre” [7]

El investigador Aharon Shemesh, sugiere que el límite de tres días incluía todo el territorio de Israel, pero no tenía alcance fuera de él.[8] De otro manera, nunca se habrían autorizado otros templos judíos donde se realizaban sacrificios como el de Onías, en Egipto.

De modo que, cuando leemos en el Libro de Mormón:

“Y aconteció que después de haber viajado tres días por el desierto, asentó su tienda en un valle situado a la orilla de un río de agua. Y sucedió que erigió un altar de piedras y presentó una ofrenda al Señor, y dio gracias al Señor nuestro Dios” 1 Nefi 2: 6-7

Nefi no nos está dando únicamente la referencia temporal de que habían pasado tres días desde su partida de Jerusalén. Nos está diciendo también: ‘mi padre era tan fiel cumplidor de la Ley que esperó a estar a la distancia establecida para presentar una ofrenda al Señor’.

De este modo, con la presencia efectiva de un texto en otro, nos encontramos con un ejemplo de EVIDENCIA INTERTEXTUAL a favor de la alta obediencia de Lehi a sus compromisos religiosos. El Libro de 1 Nefi y el Rollo del Templo entablan un diálogo entre ellos que ilumina nuestro saber.

En el siglo X de nuestra era existió un erudito musulmán llamado Muhammad ibn-Ibrahim ath-Tha’labi quien se dedicó a recoger leyendas orales y de otras fuentes sobre muchos personajes bíblicos. Entre ellas una sobre el ropaje de José, la cual él reconocía “no haber encontrado en ningún otro lugar”, y que relataba cómo la túnica había sido hecha pedazos, cómo una parte fue preservada y el significado que eso tenía. Esa tradición, de la cual Muhammad no pudo encontrar confirmación,  tiene una clara réplica en Alma 46:23-25:

“… sí, somos un resto de la posteridad de José, cuya túnica sus hermanos hicieron pedazos… Sí recordemos la palabras de Jacob, antes de su muerte, pues ha aquí, vio que parte del resto de la túnica de José se había conservado y no se había deteriorado. Y dijo: Así como este resto de la ropa de mi hijo se ha conservado, así preservará Dios un resto de la posteridad de mi hijo…”

Nuevamente, el análisis intertextual viene a apoyar las declaraciones del Libro de Mormón. En ocasiones las evidencias son complejas y no tan fácilmente identificables. El descubrimiento de documentos antiguos es un hecho arqueológico (extratextual) y sin embargo el contenido de los documentos establece un nexo intertextual con la obra con la que los comparamos. En estos casos la intertextualidad puede considerarse una subdivisión de la extratextualidad.

En 2 Nefi 5: 7-16 leemos:

“Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón, salvo que no se construyó de tantos materiales preciosos, pues no se hallaban en esa tierra, por tanto, no se pudo edificar como el templo de Salomón. Pero la manera de su construcción fue semejante a la del templo de Salomón ; y su obra fue sumamente hermosa”.

Aquí las objeciones presentadas eran varias: 1) ¿Por qué judíos fieles construirían un templo en contra de lo establecido en Deuteronomio? 2) Aunque hubiesen querido hacerlo ¿dónde habrían conseguido los materiales, la gente, el tiempo y los fondos suficientes para semejante emprendimiento? 3) ¿Dónde estaban los restos de esos templos?

Hoy conocemos antiguos documentos que revelan que una colonia judía habitando en Elefantina, en el Alto Egipto (cerca de la actual Aswan), construyó un templo, con el consentimiento escrito del sumo sacerdote de Jerusalén, en el siglo V A.C. [9] Curiosamente, esos documentos mencionan también a una mujer de nombre Sariah, (que con esa grafía no es bíblico pero sí aparece en el Libro de Mormón).

Por otro lado, el francés Jacques de Mahieu desenterró los restos del denominado Tupao Cué (“antiguo templo”, en guaraní), cerca de Tacuatí, Paraguay. Sus medidas generales son las mismas del Templo de Salomón, su puerta principal tiene iguales dimensiones, ubicación y orientación que la de ese templo. Otro descubrimiento similar se produjo en Chavín de Huantar, Perú. [10]

Las tres objeciones quedan contestadas por una mezcla de evidencias extra e intertextuales. La construcción de templos fuera de Jerusalén (y a considerable distancia) era una práctica aceptada y constatada en la época en que Lehi se dirigía a la Tierra Prometida. Los restos hallados en América dan fe de que fueron construidos con iguales dimensiones, distribución y orientación aunque con elementos más simples, tal como lo indica 2 Nefi.

Con esto no queremos decir que Tupao Cué o Chavin de Huantar sean el templo mencionado en el Libro de Mormón. Sino que era absolutamente posible que fuese construido y que alguien conocía los detalles para hacerlo.

Por otro lado, a partir de esta apreciación, el pasaje de 2 Nefi se constituye en una evidencia intratextual del origen de los restos hallados, a los que la ciencia aún no ha podido dar explicación satisfactoria.

Finalmente, encontramos en El Libro de Mormón elementos que no son parte del texto en sí. El relato de la obtención de las planchas por Joseph Smith, Jr., si bien una evidencia de la divinidad de la obra, es paratextual. El testimonio de los testigos, una evidencia externa de su veracidad y el cumplimiento de una promesa que se halla en el texto, es paratextual. La división en capítulos y versículos, muy útil para el estudio, no es parte del texto sino del paratexto, y puede no coincidir siempre con las estructuras internas del relato. Sucede algo similar con la cronología tentativa que aparece al pie. Es una ayuda para ubicarnos en la línea del tiempo y no una declaración de certeza histórica que implicaría la aceptación de todos los cambios que se produjeron en la manera de calcular el calendario en el mundo antiguo. Cuando en 3 Nefi 1:1 se nos dice que habían pasado 600 años desde la partida de Jerusalén ¿de qué tipo de años está hablando Nefi, hijo de Helamán? ¿de los años gregorianos de 365,24 días que rigen la vida occidental desde 1582 D.C y que él no conocía, del calendario judío que es lunisolar, con 354 días, y que compensa las diferencias cada 19 años o de algún antecesor del sistema maya que es uno de los más perfectos en el devenir de la historia? No tenemos aún una respuesta adecuada para estas preguntas por lo que la prudencia indica mantener una actitud flexible a la hora de datar un hecho.

Con el paso del tiempo se han acumulado también, en sucesivas ediciones, algunas diferencias léxicas y/o sintácticas que tuvieron que ver básicamente con un adecuamiento a las reglas de la gramática inglesa. Pero recientemente se ha puesto de relieve que lo que parecía un “mal inglés” es en realidad un “muy buen hebreo o egipcio” por lo que Royal Skousen con el apoyo de FARMS trabaja en un proyecto de edición crítica que incluiría las variaciones entre los manuscritos originales, la copia del editor, la edición de 1830 y otras ediciones con el objeto de compararlas más eficazmente.

Esas diferencias acumuladas, si bien textuales para nuestras actuales ediciones, son en realidad paratextuales con relación al manuscrito original, y abren todo un interesante campo de estudio.

COTEXTUAL, CONTEXTUAL, HIPOTEXTUAL, HIPERTEXTUAL

Cuando leemos en Mosiah 2:17 la declaración:

“Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes sólo estáis al servicio de vuestro Dios.”

nos encontramos con una frase textual que se encuentra inserta en una forma discursiva más extensa (el discurso del rey Benjamín, Cap. 2 al 5) que a su vez se halla incluida en el Libro de Mosíah. Tanto el discurso como el Libro forman el COTEXTO del pasaje anterior. El cotexto se ha definido a veces como el “contexto verbal o textual” de una unidad determinada. La unidad en cuestión no puede ser comprendida totalmente si no es analizada dentro de su cotexto.

Por otro lado, existe el CONTEXTO, es decir, la situación real o “contexto situacional” en el que se produjo el discurso. Algunas de las características del contexto en el ejemplo del rey Benjamín aparecen al comenzar el Capítulo 2 y en el Capítulo 6 y tienen que ver con la gran reunión a la que es convocado el pueblo, en la que muchos estudiosos ven marcadas relaciones con la Fiesta de los Tabernáculos del pueblo hebreo y otras festividades estacionales semíticas.

El contexto puede dividirse para su estudio en contexto natural o entorno, contexto social y contexto individual los cuales van encajados sucesivamente por ese orden uno dentro del otro.

También, en determinados casos, podrían darse enfoques diastráticos (que tengan en cuenta el habla de los diferentes estratos sociales), diatrópicos (las diferencias que se producen en el lenguaje por la expansión geográfica), diafásicos (a través de las diferentes fases y usos del lenguaje: vulgar, cotidiano, culto, literario, religioso, legal, etc) y diacrónicos (las diferencias acumuladas por el paso del tiempo). Todas estas áreas han sido relativamente inexploradas en el texto del Libro de Mormón, y si bien tal exploración se vuelve dificultosa por el hecho de que los escritos reflejan, en general, el pensamiento y las formas de la clase dirigente, más el agravante de estar reunificados en el relato de una sola voz (Mormón), aún hay indicios como para efectuar el trabajo.

En el relato de Zeniff, el colonizador, algunos capítulos más adelante del discurso de Benjamín, leemos:

“Y empezamos a cultivar la tierra, sí, con toda clase de semillas, con semillas de maíz, de trigo y de cebada, con neas y con sheum, y con semillas de toda clase de frutas…” (Mosiah 9:9)

Por más que nos esforcemos, no lograremos hallar en el COTEXTO de Mosíah o en todo el Libro de Mormón una indicación del significado de “sheum”. Pero si nos trasladamos al CONTEXTO que nos plantea el Libro, es decir, el de una colonia antigua de origen hebreo, con ramificaciones culturales entre sus contemporáneos del Mediterráneo y la Mesopotamia, descubriremos que “sheum” significa cebada y, en ocasiones, otros granos, en Acadio. Por tanto, Zeniff nos está diciendo que sembraron otra variedad de cebada o bien agrupa bajo ese nombre a otros granos. El vocablo carece de sentido en el contexto estadounidense del siglo XIX pero posee mucho significado en el contexto de una cultura y lenguaje desaparecidos hace milenios. Ciertamente no sería lógico cambiar caprichosamente de contexto una y otra vez para intentar que el texto nos de respuestas que ya hemos predefinido.

Retomando el concepto de intertextualidad o transtextualidad, que se define como todo lo que pone a un texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos, llamaremos  hipertextualidad a toda relación que une a un texto B (HIPERTEXTO) con un texto anterior A (HIPOTEXTO). Estas relaciones pueden incluir, la cita, la alusión, la paráfrasis, etc. El gran hipotexto del Libro de Mormón lo constituyen sin duda las Planchas de Bronce de Labán. Dichas planchas…

“… contenían los cinco libros de Moisés, los cuales relataban la historia de la creación del mundo, y también de Adán y Eva, nuestros primeros padres; y asimismo la historia de los judíos desde su principio, aun hasta el comienzo del reinado de Sedequías, rey de Judá; y también las profecías de los santos profetas desde el principio, hasta comenzar el reinado de Sedequías, y muchas profecías declaradas por boca de Jeremías…” (1 Nefi 5: 11-13)

Lehi también halló en ellas:

“… la genealogía de sus padres, por lo que supo que descendía de José, sí, aquel José que era hijo de Jacob, que fue vendido para Egipto y preservado por la mano del Señor… Y Labán también era descendiente de José, por lo que él y sus padres habían llevado los anales”. (1 Nefi 5: 14-16)

Eran por tanto un registro histórico-religioso, que incluía además la genealogía familiar y fue no sólo el modelo de las planchas de oro mayores y menores, sino también la fuente de muchas de las citas y referencias que se mencionan a lo largo del contenido. Por ejemplo, las abundantes citas de Isaías. En un sentido las planchas de bronce eran equiparables a nuestro Antiguo Testamento.

“El libro que ves es una historia de los judíos, el cual contiene los convenios que el Señor ha hecho con la casa de Israel; y también contiene muchas de las profecías de los santos profetas; y es una narración semejante a los grabados sobre las planchas de bronce, aunque menos en número” (1 Nefi 11:23)

La diferencia numérica se explicaría por la falta de algunos registros como los de Zenoc, Neum y Zenós (1 Nefi 19: 10), que también formaban parte de ese hipotexto pero no tenemos como constatarlos por faltar en el Antiguo Testamento.

El descubrimiento del Libro de Enoc en 1888 permitió verificar que algunas citas provenían de él (p. Ej. Helamán 13:33) y que varios autores del Nuevo Testamento lo mencionaban en abundancia, “a la antigua”, es decir, sin aclarar que se trataba de una cita, ya que los conceptos de originalidad y autoría diferían mucho de los nuestros.

Otro hipotexto a tener en cuenta es el de las tradiciones orales judías (considerando el absurdo de asignar un valor textual a la oralidad). Cuando Nefi reprende a sus hermanos en el primer viaje de regreso a Jerusalén, les dice:

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés, porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo” (1 Nefi 4:2)

Es interesante recordar que aún no tenían consigo las planchas de bronce, pues, de hecho, iban en su busca, sin embargo los detalles de la saga mosaica estaban claros en las mentes tanto del emisor como de los receptores. La repetida aparición del esquema o patrón del Exodo en el Libro de Mormón también ha sido ampliamente estudiada.

BENDITO EL PUEBLO MIO, EGIPTO… (Isaías 19:25)

Veamos dos comentarios recientes de publicaciones anti-mormonas. El primero de Mormon Claims Answered:

“1 Nefi 1:1-4 declara que Lehi, un devoto judío de Jerusalén, guardaba un registro sagrado en lenguaje egipcio. Pero en el año 600 A.C. los judíos eran enemigos de los Egipcios. El rey Josías había muerto en batalla luchando contra Egipto alrededor del 608 A.C., y Judá pagaba tributo a Egipto después de ello (2 Crónicas 35:20-27, 36:1-4). Dado que el hebreo era el lenguaje sagrado y el Señor estaba en ese momento “contra Egipto” (Jeremías 46: 1-2), ningún devoto judío escribiría en Egipcio”.[11]

El segundo de Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism:

“El Mormonismo nunca ha explicado como judíos temerosos de Dios  del 400 D.C. alegaban conocer el Egipcio, ni porqué habrían escrito enteramente sus registros sagrados en el lenguaje de sus enemigos paganos e idólatras (p. 284) ¿Qué posibilidades hay de que estos Nefitas, supuestamente Judíos hubiesen usado la lengua Egipcia para registrar sus sagradas escrituras? La fuerte antipatía que sentían hacia los Egipcios y su cultura hace muy difícil de aceptar esto. Cuando los modernos Judíos copian sus escrituras utilizan Hebreo, no Egipcio o Arabe, el lenguaje de sus enemigos (pp. 294-95). No existe tal lenguaje (como Egipcio reformado) y los egiptólogos lo declaran inequívocamente (p. 294)”. [12]

Hagamos explícitas algunas de las objeciones presentes en estos textos:

1- Los judíos no usarían el lenguaje de sus enemigos para textos sagrados debido a la antipatía y larga rivalidad que mantenían con ellos. La verdad es que partes del Antiguo Testamento (Capítulos 2 al 5 de Daniel y capítulos 4 al 6 de Esdras) fueron escritos en arameo o caldeo, el idioma utilizado en Babilonia. No hace falta recordar que esta ciudad y sus habitantes eran sinónimo de la maldad para los judíos y que estuvieron sometidos casi permanentemente a sus ataques e imposiciones. Sin embargo judíos fieles registraron parte de sus escrituras en este supuestamente “odiado” idioma de paganos e idólatras. Recientemente, se ha descifrado una versión del Salmo 20 en arameo, pero escrito con caracteres de egipcio demótico.[13]  En la época de Cristo, muchos judíos leían versiones del Antiguo Testamento en griego, y de hecho, buena parte del Nuevo Testamento fue escrito en esa misma lengua. Pero los griegos habían sido tradicionalmente enemigos de los judíos por varias generaciones (1 Macabeos 1: 7-64). El Salvador mismo es registrado hablando en arameo.

Si la propuesta inicial fuese cierta, los pueblos dominados por el Imperio Romano hubieran abandonado el uso del latín con la caída de ese poderío. Todos sabemos que no fue así. Lo que los lingüistas reconocen desde hace mucho tiempo es que los sistemas de escritura tienden a trascender las enemistades históricas y a seguir un camino independiente.

2- Los egipcios eran enemigos de los judíos al menos en la época en que Lehi comienza su relato. Esta afirmación no parece coincidir con la realidad histórica. Palestina estuvo siempre en el medio de las ambiciones expansionistas de Asiria (luego Babilonia) por un lado y Egipto por el otro. En las diferentes ocasiones en que los judíos estuvieron bajo uno u otro dominio, los egipcios fueron siempre amos más benevolentes, contentándose con cobrar impuestos pero dejando la administración de los asuntos internos en manos de los propios conquistados. No así los asirio-babilonios que provocaron grandes destrucciones y desarraigos. De modo que, para la mayoría de los hebreos, la elección de Egipto como mal menor era obvia.

La alianza judeo-egipcia frente a Babilonia parece un hecho ante estos indicios:

– Judá participó en acciones militares egipcias contra Babilonia en el 613 A.C. según las propias crónicas babilonias.

– Tropas judías eran empleadas por los egipcios como lo demuestran las colonias militares judías en Elefantina.

– Personal militar de Judá estaba presente en la derrota de Egipto por las fuerzas de Nabucodonosor en 605 A.C. según lo registra Josefo. [14]

– Egipto contrató mercenarios griegos (hoplitas) para proteger esa zona de Palestina y el apoyo logístico de esas tropas era provisto por Judá, en calidad de aliado.[15]

El motivo por el cual el profeta Jeremías se oponía a la alianza se basaba justamente en que, al realizarla, los judíos ponían su confianza en un poder humano y no en Jehová.

3- No existe tal cosa como egipcio reformado. Es interesante lo que el propio Mormón escribió al respecto:

“Y he aquí, hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar.

Y si nuestras planchas hubiesen sido suficientemente amplias, habríamos escrito en hebreo; pero también hemos alterado el hebreo; y si hubiésemos podido escribir en hebreo, he aquí, no habríais tenido ninguna imperfección en nuestros anales.

Pero el Señor sabe las cosas que hemos escrito, y también que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua; y por motivo de que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua, por lo tanto, él ha preparado los medios para su interpretación.” (Mormón 9:32-34)

Del pasaje anterior es posible concluir: a) que el nombre de egipcio reformado era de uso interno en la civilización nefita. No lo publicaron en ningún catálogo de idiomas antiguos o extraños para que los actuales arqueólogos pudieran identificarlo como tal. b) que habían acudido a esa variedad de grafolecto por una causa técnica: la falta de espacio en las planchas. De otro modo hubiesen escrito preferentemente en hebreo (la elección de un grafolecto específico estará siempre condicionada por las circunstancias culturales y los medios disponibles) y c) que estaban conscientes tanto de las alteraciones ocurridas por la selección del idioma combinado como por las acumuladas con el paso de un milenio, ya que Mormón reconoce que el lenguaje escrito “fue alterado conforme a nuestra manera de hablar”. Es un hecho constatable lingüísticamente que la variedad hablada por Mormón en 400 D.C no podría ser la misma que la hablada por Lehi en 600 A.C. Sí es posible que la variedad textual haya permanecido menos alterada por el ‘anclaje’ o punto de referencia que la escritura misma supone.

Para simplificar lo antedicho, debemos estar conscientes de que cuando escribimos “Pekín” o “Bei-jin”, “Confucio” o “Kung-fu-tse”, independientemente de cuánto nos acerquemos a la pronunciación original, estamos escribiéndolo en chino reformado. Es decir, que estamos traduciendo los signos de escritura chinos a nuestro alfabeto occidental. Cuando escribimos Tschaikovsky, Borodin, Rachmaninoff o el nombre de cualquier otro compositor ruso, lo estamos haciendo en ruso reformado, puesto que intentamos reproducir en nuestras letras latinas (con mayor o menor suerte) lo que originalmente está escrito en alfabeto cirílico. Esto, que realizamos cotidianamente, tiene un nombre técnico; se denomina transliteración (la representación de signos pertenecientes a un sistema de escritura mediante los signos de otro).

Es muy posible que si preguntásemos a un egiptólogo eminente si conoce el egipcio reformado nos diga que no. Pero si preguntáramos si conoce transliteraciones del antiguo egipcio a otros sistemas, incluyendo el antiguo hebreo, indudablemente nos contestará que sí. A los científicos también hay que hablarles en el idioma que comprenden.

Con respecto a la afirmación de que a los modernos Judíos no se les ocurriría copiar sus escritos en egipcio o árabe sólo podemos declarar falta de conocimiento. El egipcio es una lengua muerta desde hace centurias, por lo que mal podrían hacerse traducciones a ella en la actualidad. Con respecto al árabe, la primera de las varias traducciones del Antiguo Testamento fue hecha por Sa’adya el Ga’or, director de la escuela rabínica en Sura, Babilonia, alrededor del 900 D.C. [16] Afortunadamente no llegó a leer los folletos modernos que le prohibían hacer tal cosa.

El historiador griego Heródoto declaró hace ya milenios que Egipto era el don del Nilo. Sería bueno recordar que también fue y es el don de Dios, ya que se trata de una tierra que El ha utilizado para sus propósitos a través de todos los tiempos (incluyendo la protección de su pueblo escogido y de su Hijo Unigénito). Así lo entendió Isaías al profetizar:

“En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad” (Isaías 19: 24-25)

Por otro lado, y específicamente relacionado con estos apuntes, el lenguaje de Egipto así como sus gentes y costumbres forman una de las fibras imprescindibles para la comprensión del extenso tapiz que es el Libro de Mormón. [17]

Deberíamos repasar también algunos hechos conocidos por todos los lectores de la Biblia. José, el que fue vendido en Egipto, ayudó a preparar las circunstancias para que toda la casa de su padre, Jacob, encontrase la salvación temporal del hambre en la tierra del Nilo. El Génesis nos cuenta:

“Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro… y lo puso sobre toda la tierra de Egipto… Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat (Aseneth) hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto”. (Gen. 41:42-45)

De modo que aquí tenemos a uno de los padres fundadores de las Doce Tribus de Israel funcionando como un alto ejecutivo gubernamental en la corte de Faraón, y teniendo hijos (Manases y Efraín) con una esposa egipcia. Por tanto los descendientes de la tribu de José, por cualquiera de sus dos vertientes, eran egipcios en un 50%. Existe un texto hebreo del siglo I a.C. conocido como la Historia de Joseph y Aseneth (basado en tradiciones orales mucho más antiguas) que relata la conversión de Aseneth y su iniciación mística antes de desposarse con José. Este material debería recibir una mayor atención por parte de los estudiosos miembros de la Iglesia, ya que la riqueza de su contenido es invalorable y los paralelos con las creencias mormonas muy notables.

Los hebreos, según el relato bíblico, vivieron en Egipto por unos 400 años. ¿Podemos mensurar el impacto social y cultural de ese período de convivencia? Para tomar una idea, es equivalente a la duración histórica del Reino de Judá y mayor que la existencia independiente del Reino de Israel. ¿Nos puede parecer extraño que en particular los descendientes de José, una vez cogobernante de Egipto, casado con una egipcia, hayan estimulado tradiciones culturales y formas de escritura que mantuviesen vivo el orgullo y las memorias familiares? ¿Suena descabellado que Labán, un descendiente de José por los lomos de Manases, mantuviese registros personales en una variante del idioma de sus ancestros? ¿Es inconcebible que Lehi, otro descendiente de José, pretendiera hacer lo mismo?

Es cierto que una parte del período mencionado fue en calidad de esclavos de los egipcios por causa de Faraones “que no conocieron a José”, pero cuando llegó el momento de la liberación, nació un niño que fue criado y protegido por la hija de Faraón, quien le puso por nombre Moisés. ¿No habrá sido este Príncipe de Egipto enseñado en las artes y ciencias de su época? ¿No habrá participado del “idioma de los egipcios” a través de su madre adoptiva así como de la “ciencia de los judíos” por vía de su madre natural que funcionó como nodriza?

No sería posible contar la historia de Israel sin José, su salvador y sin Moisés, su liberador. Sin embargo, ambos fueron Príncipes de Egipto en algún momento de sus vidas. Creo que eso también merece nuestra reflexión.

“HISTORIA VERO EST TESTIS TEMPORE… NUNTIA VETUSTATIS”

Los puntos analizados anteriormente nos han puesto frente a la necesidad de precisar si la relación cultural entre Egipto e Israel era posible, plausible y probable para el contexto dado.

Si, como lo pensó Cicerón en De Oratore, la Historia es verdaderamente prueba y testigo de los tiempos y heraldo de la antigüedad, veamos qué tiene para decirnos. Una advertencia adecuada para el correcto acercamiento es que debemos permitir que los antiguos (fuertemente influidos por las formas y tradiciones orales) nos comuniquen sus propias categorías y no intentar imponerles  nuestras propias clasificaciones. Un peligro latente para el lector de textos antiguos es encontrar fáciles paralelos con el mundo moderno y su experiencia personal, mientras que los paralelos deben establecerse con la sociedad y época de donde el texto proviene.

Debemos recordar, por ejemplo, que para esas civilizaciones, los hechos históricos repiten eventos míticos que supuestamente restaurarán la perfecta y original condición de las cosas.

Donald B. Redford es Profesor de Estudios sobre el Cercano Oriente en la Universidad de Toronto. Sus investigaciones demuestran que Israel, encontrándose tan cerca de la costa del Mediterráneo y de los territorios de Africa del Norte se hallaba dentro de la penumbra cultural egipcia y no podía evitar recibir consciente o inconscientemente tales influencias lingüísticas y léxicas.[18] También que hubiese sido muy extraño que Israel y Judá, durante la Edad de Hierro, transcurriesen sus relativamente cortas vidas como estados independientes totalmente aisladas de la influencia irradiada por la más importante nación-estado de la región (Las dos capitales, Jerusalem y Samaria, se encontraban a sólo 440 y 470 Km de Memfis, respectivamente).[19]

Considera además la posibilidad de una conexión fenicia (es decir la aceptación de estilos e influencia egipcia a través del comercio marítimo fenicio con el Nilo). Durante la Edad de Hierro II, Judá y particularmente Israel mantuvieron mucho contacto con ciudades fenicias, lo cual puede constatarse tanto en la arquitectura como en las letras. [20]

El establecimiento del reino de David y Salomón debió contar con modelos de estructura a seguir. Las ciudades estado de los cananeos eran muy simples y pequeñas, de modo que ese modelo fue Egipto. Por tanto, debió haber escribas egipcios en la corte de Jerusalén en capacidad de asesores y consejeros.

Las ciudades fenicias como Byblos poseían egipcios entre sus empleados, lo cual daba prestigio y cierta categoría a la ciudad. En el Relato de Wenamun, tanto un mayordomo, Penamun  como un cantante, Tanno, son egipcios desempeñándose en cortes cananeas. [21]

En noviembre de 1997, en San Franciso, en la reunión anual de la Academia Americana de Religión (AAR) y de la Sociedad de Literatura Bíblica (SBL), el catedrático (no SUD) Nili S. Fox disertó sobre el desarrollo de los numerales hieráticos egipcios usados en textos hebreos por los israelitas entre los siglos noveno y séptimo A.C., haciendo notar que los escribas israelitas estaban muy familiarizados con el sistema de escritura egipcio y que existía una historia de vínculos entre Egipto y Judá e Israel mucho más larga de lo que se pensaba previamente.[22]

 

BREVE CRONOLOGÍA

 

722 a.C.    El Reino de Israel desaparece. Samaria cae frente a Sargon II, rey de Asiria.

705 a.C.    Senaquerib, nuevo rey de Asiria, pone sitio a Jerusalén. Ezequías, rey de Judá, con el consejo de Isaías prepara la ciudad para el sitio y finalmente son liberados.

701 a.C.    Senaquerib vuelve a sitiar Jerusalén y esta vez logra someterla. Del propio registro de su victoria puede leerse:“Ezequías, el judío, temeroso, pidió ayuda a los reyes de Egipto y sus arqueros, a los carros y caballería del rey de Etiopía, un ejército imposible de contar… después de un oráculo favorable dado por Asur, mi señor, les presenté batalla y los derroté en la llanura de Eltekeh. En cuanto a Ezequías, quien no se sometió a mi yugo, puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes y a innumerables villas de su vecindad… Me llevé a 200.150 de su pueblo, jóvenes y viejos, varones y mujeres, caballos, mules, asnos, camellos, ganado grande y pequeño imposible de contar, y lo consideré botín. A él lo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en su jaula.”..[23]

697 a.C.    Manasés, hijo de Ezequías asume el trono de Judá. Hace lo malo ante Dios. Sigue como tributario de Asiria. Por esta época finaliza Isaías su ministerio. Según Josefo durante el reinado de Manases fueron asesinados muchos profetas (Antigüedades de los Judíos, libro 10 cap. 3)

670 a.C.    Asaradón, sucesor de Senaquerib, ataca y conquista Egipto. Asiria se transforma en el mayor imperio conocido y Nínive, su capital, en la ciudad más grande del mundo. Su sucesor, Assurbanipal, construyó la mayor biblioteca de su época (más de 22.000 tablas de arcilla).

650 a.C.    Aproximadamente en esta época nace Lehi, un descendiente de la tribu de José habitando en Jerusalén.

642 a.C.    Amon sucede a su padre Manases en el trono de Judá. Es asesinado por sus siervos.

639 a.C.    Comienza el reinado justo de Josías.

622 a.C.    Se descubre el libro de la Ley durante una renovación del Templo. Importantes reformas religiosas. Jeremías, Sofonías y Nahum predican al pueblo.

620 a.C.    Probable nacimiento de Nefi, hijo de Lehi.

612 a.C.    Los caldeos unidos a los medos toman Nínive bajo la dirección de Nabopolasar. Fin del imperio asirio. Comienzo del neobabilónico con capital en Babilonia. Egipto recupera su libertad.

609 a.C.    El rey Josías muere enfrentando a tropas egipcias en un confuso episodio. Su sucesor, Joacim, comienza a perseguir a Jeremías, quien predice la destrucción de Jerusalén y la cautividad en Babilonia.

605 a.C.    Nabucodonosor vence a los egipcios en Carquemis. Joacim se rebela. Jerusalén es saqueada y varios miles deportados (entre ellos Daniel y Ezequiel). Probable prédica de Habacuc en Judá. Joaquín, hijo de Joacim, lo sucede en el trono

601 a.C.    Después de tres años de tributar a Babilonia Joaquín se rebela. El faraón Neco lo apoya con un ejército que vence a Nabucodonosor.

598 a.C.    Los neobabilonios  ponen sitio a Jerusalén. Colocan a un nuevo rey “títere”, el tío de Joaquín, Matanías, cuyo nombre es cambiado a Sedequías (Sedecías). Lehi y otros profetas ministran al pueblo. Finalmente Lehi y su familia parten hacia el desierto.

588 a.C.    Destrucción de Jerusalén. Sedequías es cegado y llevado a Babilonia. Los egipcios envían un ejército en ayuda pero sólo logran distraer a los babilonios temporalmente. El remanente judío que no fue deportado termina huyendo a Egipto.

Tal cual lo señala el anterior esquema diacrónico, el pueblo judío siempre tuvo a Egipto como referente. Su calidad pudo variar entre la penumbra cultural, la alianza o el imperio dominante, pero las preferencias frente a los asirio-babilonios eran claras.

Según Hogarth, Egipto ejercía tres grados de imperio: el primero, la fuerza bruta; el segundo, el temor a una reconquista que una pequeña guarnición y el prestigio del conquistador mantenían vivo, y tercero, nada más una esfera de influencia exclusiva, sin presencia militar, de la que se esperaba el pago de tributos y que solía ser intermitente.

Aunque, para el período que nos ocupa, Egipto comenzaba a declinar en su grandeza, la influencia cultural (única que finalmente nos preocupa para el presente trabajo) aún permeaba la civilización hebrea tal como lo venía haciendo desde siglos atrás.

“LA CIENCIA DE LOS JUDIOS Y EL IDIOMA DE LOS EGIPCIOS”

Habiendo utilizado algunas referencias históricas para demostrar que la relación judeo-egipcia existió de manera fluida y que era por lo tanto más que probable para el período y entorno considerado, deberemos ahora plantearnos qué vestigios de esa relación es posible rastrear en el Libro de Mormón a pesar de los procesos de selección, condensación y traducción por los que  pasaron los anales.

En el primer capítulo del Libro de Mosíah, cuando ya han transcurrido más de cuatro siglos de la partida de Jerusalén, se nos explica que Mosíah, Helorum y Helamán, los hijos del rey Benjamín:

“fueron instruidos en todo el idioma de sus padres, a fin de que así llegaran a ser hombres de entendimiento; y que supiesen concerniente a las profecías que habían sido declaradas por boca de sus padres, las cuales les fueron entregadas por la mano del Señor (v.2)

Y también los instruyó con respecto a los anales que estaban grabados en las planchas de bronce… (v.3)

… porque (nuestro padre Lehi) habiendo sido instruido en el idioma de los egipcios, él pudo leer estos grabados y enseñarlos a sus hijos, para que así éstos los enseñaran a sus hijos, y de este modo cumplieran los mandamientos de Dios, aun hasta el tiempo actual.” (v.4)

En estos pasajes obtenemos información muy importante: 1) La confirmación de que Lehí había recibido instrucción en egipcio, lo cual estaba sólo sugerido en la introducción de 1 Nefi. 2) Que las planchas de bronce estaban escritas en egipcio o alguna de sus transliteraciones. 3) Que aparentemente éstas fueron el modelo a seguir en la constitución del resto de las planchas tanto en la forma como el grafolecto, aunque no en el material.

La referencia a “todo el idioma” pareciera incluir mucho más que el simple aprendizaje de la lengua oral materna. Es, sin duda, una mención a la escritura y a todos los modos y formas culturales que la acompañaban. El “todo” podría indicar también que estos príncipes recibían una instrucción superior a la normal, la cual consistiría sólo en “algo”. Esta idea se fortalece cuando analizamos que el objeto de su aprendizaje era a) ser hombres de entendimiento y b) saber concerniente a las profecías. Pero ya Nefi nos había advertido que esto último no podía lograrse “salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos” pues “no hay ningún otro pueblo que entienda como ellos las cosas de los profetas”. (2 Nefi 25:5) Tanto “las maneras” como “las cosas” parecen referirse a algo más que el idioma en que fueron escritas. Se aplicaría más bien a modos, estructuras, claves de interpretación, símiles y entornos culturales.

Coincidencias Onomásticas

Los nombres tienden a ser las palabras más arcaicas, fuera de uso e intraducibles de todo idioma. En ocasiones no sólo identifican a un individuo sino también a su habitat, su lugar de origen o su función social .[24]Que el propio nombre de Nefi es de origen egipcio puede constatarse en la aparición de la misma raíz en otros como Nefertiti o Nefertari. Una de las etimologías propuestas para su origen es NFR. Como sabemos, los semitas poseían un alfabeto consonántico, es decir que no escribían las vocales sino que éstas se agregaban en la lectura. Por lo tanto, hay cierta imprecisión con respecto a las vocales utilizadas, las cuales deben deducirse de los usos en idiomas derivados del egipcio o de la similitud con palabras que puedan ser constatadas científicamente. Para la época de Lehi dicha raíz se pronunciaba “nefe” o “nefi” (NEH-fee), ya que la R final había caído hacía tiempo mientras que las vocales adecuadas surgen de las transliteraciones de la palabra al copto y al arameo. [25]

El significado en egipcio es “bueno” en su función adjetiva y como sustantivo denota “bondad”. Si ese es el origen etimológico del nombre del primer escritor del actual Libro de Mormón, entonces hay alguna evidencia interna de su origen egipcio. Volviendo a 1 Nefi 1:1 (tan citado pero aún deparándonos sorpresas):

“Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre; y habiendo conocido muchas aflicciones durante el curso de mi vida, siendo no obstante, altamente favorecido del Señor todos mis días; sí, habiendo logrado un conocimiento grande de la bondad y los misterios de Dios, escribo, por tanto, la historia de los hechos de mi vida”.

Este juego de palabras con el nombre de Nefi hace que el pasaje cobre un nuevo significado, se revista de belleza poética y nos permita vislumbrar el grado de antigüedad y complejidad textual que estamos enfrentando.

Cuando Helamán instruye a sus hijos Nefi y Lehi, a quienes ha nombrado así en memoria de sus antepasados, les dice claramente:

“He aquí, os he dado los nombres de nuestros primeros padres que salieron de la tierra de Jerusalén; y he hecho esto para que cuando recordéis vuestros nombres los recordéis a ellos; y cuando os acordéis de ellos, recordéis sus obras; y cuando recordéis sus obras, sepáis por qué se dice y también se escribe, que eran buenos.

Por lo tanto, hijos míos, quisiera que hicieseis lo que es bueno, a fin de que se diga, y también se escriba, de vosotros, así como se ha dicho y escrito de ellos” (Helamán 5:6-7)

Estos versículos, que constituyen una variedad de quiasmo al que se llega por un paralelismo de climax o escalera, tienen su centro en el concepto “bueno”, el cual, no casualmente, repite el nombre de Nefi. [26]

Otros nombres propios que muestran una marcada influencia egipcia son los siguientes [27](se ha mantenido la grafía del Libro de Mormón en inglés, cuya pronunciación se acerca más al original semítico):

LIBRO DE MORMON

 

ANTIGUO EGIPTO

AHA, un oficial militar nefita hijo de Zoram. AHA, uno de los primeros Faraones. Su nombre significa “guerrero”.
AMINADAB, misionero nefita en la época de los jueces. AMANATHABI, comandante de una ciudad cananita bajo dominio egipcio.
AMMON, uno de los nombres más comunes en el Libro de Mormón AMMON, uno de los nombres más comunes en el Imperio Egipcio. Corresponde al gran dios universal.
CAMENI-HAH, Un general nefita. KHAMUNI-RA, Un nombre personal del período Amarna.
CEZORAM, Juez principal de los nefitas. CHIZIRI, Gobernador egipcio de una ciudad siria.
GIDDONAH, Un Sumo Sacerdote que juzgó a Korihor y también el padre de Amulek. DJI-DW-NA, El nombre egipcio de Sidon.
GIDDIANHI, Jefe de los ladrones. DJHWTI-ANKHI, Nombre egipcio con el significado de “Thoth es mi vida”.
GIDGIDDONI y GIDGIDDONAH, Dos Generales nefitas. DJED-DJHWT-IW-F y DJED-DJHWTI-IW-S, nombres propios egipcios con el significado de “Thoth ha dicho: él vivirá” y “Thoth ha dicho: ella vivirá” respectivamente. Según este patrón los nombres nefitas significarían “Thoth ha dicho: viviré” y “Thoth ha dicho: viviremos” respectivamente.
HEM, hermano de Ammon. HEM, significa “siervo”, en particular de Ammon, como en el título Hem tp n ‘Imn, “jefe de los siervos de Ammon” otorgado al sumo sacerdote de Tebas.
HELAMAN, uno de los grandes profetas nefitas. HER-AMON, “en la presencia de Amon” como en el nombre propio egipcio Heri-i-her-imn. La “l” semita se escribe a menudo “r” en egipcio pues no posee la “l” y viceversa.
HIMNI, uno de los hijos del rey Mosiah. HMN, uno de los nombres del dios halcón egipcio, símbolo del emperador.
KORIHOR, un agitador político que fue capturado por el pueblo de Ammon. KHERIHOR (también escrito Khurhor) sumo sacerdote de Ammon que capturó el trono de Egipto en Tebas alrededor del 1085 A.C.
MATHONI, uno de los discípulos nefitas. MAITENA, MATTENOS, dos jueces de Tyro, los que en diferentes momentos se autoprocla-maron reyes, posiblemente bajo los auspicios de Egipto.
MORIANTON, nombre tanto de una ciudad nefita como de su fundador. MERIATON y MERIAMON, nombres de príncipes egipcios que significan “Amado por Aton” y “Amado por Amon” respectivamente.
PAANCHI, hijo de Pahoran y pretendiente del asiento judicial. PAANCHI, hijo de Kherihor. Gobernador del sur que conquistó todo Egipto y fue sumo sacerdote de Amon en Tebas.
PAHORAN, juez superior de los Nefitas. Tuvo un hijo del mismo nombre. PA-HER-AN, Embajador de Egipto en Palestina, donde su nombre aparece “reformado” como Pahura. En egipcio, la forma Pa-her-y significa “el Sirio” o Asiático.
PACUMENI, hijo de Pahoran. PAKAMEN, nombre propio egipcio que significa “ciego”. También se presenta como Pamenches (Pachomios en griego), comandante del sur y sacerdote de Horus.
PACHUS, líder revolucionario que usurpó el trono. PA-KS y PACH-QS, nombre propio egipcio. Compárese con Pa-ches-i, “él es alabado”.
SAM, hermano de Nefi. Una forma egipcia de Sem. SAM TAWI, en egipcio “unificador de los territorios”, título asumido por el hermano de Nehri al asumir el trono.
SEEZORAM y ZEEZROM, un juez malvado y un abogado respectivamente. ZOSER, ZESER, gobernante de la Tercera Dinastía.
ZEMNA-RI-HAH, Jefe de los ladrones. ZMN-HA-RE, nombre propio. Presenta los mismos elementos constitutivos que la versión nefita pero en diferente orden, una práctica común entre los egipcios.
ZENIFF, dirigente de una colonia nefita. ZNB, SNB, elemento muy común en los nombres propios egipcios. Por ejemplo: Senep-ta.
ZENOCH, un antiguo profeta hebreo, según los registros nefitas. ZENEKH, nombre propio egipcio. Dios serpiente.

El nombre Mormon podría haberse formado por la combinación de dos antiguas palabras egipcias: mor (amor) y mon (establecido por siempre). Si tal fuese el caso, significaría “amor establecido por siempre”, lo cual lo acerca a la declaración de Pablo, probablemente tomada de fuentes más antiguas, de que “el amor nunca deja de ser”. Una prueba adicional que fortalece esta interpretación semántica está dada por los caracteres copiados por Frederick G. Williams, segundo Consejero del Profeta, de los símbolos que Joseph Smith le declaró que representaban el nombre de Mormón en las planchas de oro. Son los siguientes

Los jeroglíficos egipcios para las partículas mor y mon serían:

Tomando en cuenta que el ‘egipcio reformado’ era una simplificación del egipcio, y no particularmente del jeroglífico sino de las ya economizadas variantes hierática o demótica, las similitudes no dejan de ser llamativas. [28]

Mosiah, el gobernante y profeta americano, también pareciera poseer un nombre formado por la raíz hebrea Yah (simplificación poética de Yahweh, el Señor) y el egipcio mos (ha nacido), por lo que se constituiría en una designación de carácter profético.[29]

No estamos considerando la gran cantidad de nombres de origen exclusivamente hebreo que surgen en las páginas del Libro de Mormón, muchos de ellos no bíblicos, ya que excederían los propósitos del presente estudio, baste decir que, de los 337 nombres propios que aparecen, 149 son comunes a la Biblia y el Libro de Mormón mientras que 188 son exclusivos del Libro de Mormón. De estos últimos 142 son de origen Lehita-Mulekita, 41 Jareditas y sólo 5 comunes a ambos grupos. [30]  El onomasticón Jaredita no se contempla aquí pues su antigüedad es mayor que la de Egipto y no se relaciona con esa civilización si bien sus raíces parecen indicar una proveniencia protosemítica.

El caso de Sam, hermano de Nefi, es un buen ejemplo de los vaivenes de la investigación. Por más de un siglo dicho nombre fue objeto de ridiculización pues era un claro “anacronismo”, ya que “todos saben” que Sam es la abreviatura anglosajona de Samuel y “nadie” en la antigüedad hubiera usado esa moderna versión. Hoy “todos saben” que Sam es una forma árabe y egipcia de Sem  [31]

Coincidencias Toponímicas

Las similitudes se extienden también a ciudades y regiones geográficas. Por ejemplo, Ammoni-hah tiene su correlativo en Ammuni-ra, príncipe de Beirut bajo la tutela egipcia.

Gimgim-no podría ser la ciudad de Gimgim si lo comparamos con la bíblica No-Amon (ciudad de Amon).

Manti, que da nombre tanto a una ciudad, un territorio y una colina en el Libro de Mormón, es la forma semítica de un nombre propio egipcio (por ejemplo: Manti-mankhi, príncipe del Alto Egipto que vivió alrededor del 650 A.C.) el cual, a su vez, proviene del uso tardío del apelativo Month o Montu. A este dios se había dedicado la ciudad de Hermonthis.

Dicha ciudad, Iunu-Montu para los egipcios, Hermontis para los griegos, Ermont para los coptos, aparece en el Libro de Mormón como Hermounts, un desierto al norte y al oeste de Zarahemla poblado por animales salvajes.

La raíz arábica NHM tiene el significado de suspirar o lamentar y siempre se expresa en la tercera persona, acompañando a alguien. Por tanto no debe extrañarnos la aparición de Nahom a la muerte de Ismael, aunque en el Libro de Mormón no aclare su semántica:

“Y aconteció que murió Ismael, y fue enterrado en el lugar llamado Nahom. Y sucedió que las hijas de Ismael se lamentaron sobremanera a causa de la muerte de su padre…(1 Nefi 16: 34-35)

El pasaje es llamativo también por otros dos motivos: 1) en el Medio Oriente la función de lloro y lamento ante la muerte es una prerrogativa femenina y en ese aspecto existe una total coherencia entre el texto y las costumbres del desierto al decir que “las hijas de Ismael se lamentaron”. 2) Existe en la Península Arábica una región tribal aún conocida como Nehem. Es el único lugar que ha preservado la raíz NHM (la cual se pronuncia en todas sus variantes: Nahm, Nehem, Nihm, etc) y se encuentra a unas veinticinco millas al noreste de Sana’a, capital de Yemen. El lugar aparece en mapas que llegan al año 600 d.C. Pero el actual Nehem incluye un área tradicional de entierros, algunas de cuyas tumbas datan de tiempos neolíticos. Esto confirmaría la expresión “fue enterrado en el lugar llamado Nahom”, que nos transmite una idea de existencia previa y función ritual, así como explicaría la ausencia de “al que llamaron Nahom”, que sí ocurre en otros pasajes equivalentes. Además, el valle de Jawf, donde Nehem se halla enclavada, es el sitio en el que la antigua ruta del incienso se aparta del Mar Rojo y se dirige al Este, al igual que lo hace la colonia de Lehi en ese punto.

Otras coincidencias léxicas

Liahona es un vocablo hebreo con terminación egipcia.

L es una preposición hebrea que significa ‘a’, y a veces se usa para expresar el posesivo, Iah es una forma abreviada de ‘Jehová’, y algo común en los nombres hebreos. On es el nombre hebreo del egipcio ‘ciudad del Sol’ … L-iah-on significa literalmente, entonces, ‘a Dios es luz’, o, ‘de Dios es la luz. Es decir, Dios da luz, tal como la da el sol. La a final nos recuerda que la forma egipcia del nombre hebreo On es Annu, y ésa parece ser la forma que usó Lehi…(El) dio a la esfera de metal un nombre conmemorativo de una de las grandes experiencias de su vida… Y, además, fue un nombre que nadie sino un hebreo devoto influido por la cultura egipcia hubiera pensado”. [32]

Irreantum, las “muchas agues” mencionadas en 1 Nefi 17:5 parece relacionarse con Iaru, el nombre que los egipcios daban al Mar Rojo. Los grandes cuerpos de agua se denominaban Iny-t. J.R. Towers, Journ. Near Eastern Studies, 18, 1959, pages 150-3.).

Coincidencias Estructurales y estilísticas

Sboyet

El sboyet (enseñanza en egipcio) es una forma de composición en la que un sabio (padre, rey, o superior) dirige un discurso que incluye un cierto rasgo de sabiduría, a un subordinado (hijo, súbdito, aprendiz, etc). Por lo tanto el sboyet  será siempre un monólogo, didáctico y preceptivo. La fórmula es “si (tu eres…) mejor es … que (en vez de)” [33]

Es interesante observar que Lehi utiliza la forma preceptiva del sboyet cuando establece comparaciones entre Lamán, Lemuel y el medio que los rodea en el capítulo 2 de 1 Nefi.:

A Lamán: “¡Oh, si fueras semejante a este río, fluyendo continuamente en la fuente de toda rectitud!” (vers. 9)

A Lemuel: “¡Oh, si fueras tú semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor!” (vers.10)

El pasaje es indudablemente monológico (no nos es dado escuchar respuestas de la otra parte), didáctico (es una ocasión de enseñanza), preceptivo (hay reprensión y señalamiento de la pauta correcta), formulaico (si en vez de … fueras como…) y con una clara relación de superior a subordinado (padre a hijos). Los mismos rasgos reaparecen en la despedida de Lehi (2 Nefi cap 1 al 3). Sin duda, parte del enojo de Lamán y Lemuel con su hermano menor estribaba en el hecho de que se permitía utilizar con ellos formas preceptivas sin que la relación formal superior-inferior estuviese cumplimentada. El hombre ideal (silencioso, paciente, obediente), el castigo como herramienta pedagógica y el oído como receptor de la instrucción se encuentran tanto en Egipto como en Israel.[34]

 Estructuras formulaicas

Anteriormente (ver mi ensayo “Con toda la claridad de la palabra, relaciones de tensión entre oralidad y escritura en el Libro de Mormón”) he señalado la aparición de fórmulas mnemónicas relacionadas con la oralidad, particularmente la secuencia oro, plata y otros objetos preciosos.

“Y sucedió que descendimos a la tierra de nuestra herencia y recogimos nuestro oro, y nuestra plata y todos nuestros objetos preciosos(I Nefi 3:22)

“…a cambio de las cuales le entregaríamos nuestro oro, y nuestra plata, y todas nuestras cosas preciosas... (1 Nefi 3:24)

Es curioso que dicha secuencia aparece reiteradamente en textos egipcios como la Estela del supervisor del tesoro Iyjerneferet:

70:16 … supervisor de las dos casas del oro, supervisor de las dos casas de la plata y supervisor del tesoro Iyjerneferet, señor venerable…

71:5  … he construido para él la capilla portátil, ‘la que ensalza la belleza de aquel que está al frente de los occidentales’ con oro, plata, lapislázuli, bronce, madera noble y madera ‘meru’.

Paralelismo invertido (quiasmo)

El típico esquema AB-BA forma parte de la literatura egipcia. En los Textos de las Pirámides (Texto 219) se lee:

Cuando tu partes, este Rey Unas parte;

Cuando el Rey Unas parte, tu partes.

Con diversos grados de complejidad el mismo esquema aparece repetidamente en el Libro de Mormón. Por ejemplo, Alma 13:2-3

Para recibir la redención

Fueron ordenados

Habiendo sido llamados y preparados

Por causa de su fe excepcional

Escoger el bien o el mal

Habiendo escogido el bien

Ejercido una fe sumamente grande

Son llamados por un santo llamamiento

Sí, con ese santo llamamiento

Con una redención preparatoria

Duplicación

Frases que repiten el mismo concepto, de diferente modo, duplicándolo, como en el Diálogo del desesperado con su alma, de Egipto

A quién hablaré hoy?

Los hermanos son malos

Y no es posible querer a los amigos de hoy

Y el texto de 1 Nefi 1:15

porque su alma se regocijaba

y todo su corazón estaba enchido

Repetición

Comparemos las egipcias Lamentaciones de Isis (Pag. 57)

Ven a tu casa,

Ven a tu casa de Heliopolis,

Ven a tu casa, pues tus enemigos no están más.

Oh! Hermoso ejecutante del sistro, ven a tu casa

Con  Alma 48: 11-13

Y era Moroni

Un hombre fuerte y poderoso,

Un hombre de un entendimiento perfecto;

Sí, un hombre que no se deleitaba en derramar sangre;

Un hombre cuya alma se regocijaba en la libertad e independencia …

Sí, un hombre cuyo corazón se henchía de agradecimiento a su Dios …;

Un hombre que trabajaba en gran manera por el bienestar … de su pueblo.

Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo

Es de observar el ‘sí’ enfático que se repite intercaladamente. El anterior, además de constituirse en un buen ejemplo de repetición es un ejemplo también de elipsis, ya que el sujeto y el verbo están elididos (‘era Moroni’) en todas las oraciones y cláusulas salvo en la última de la serie en la que sólo el verbo reaparece. Este tipo de elisión de sujeto y verbo se encuentra en los “Textos de las Pirámides” y en el “Himno de Victoria de Thutmosis III”:

Yo he venido

 para hacer que tu pisotees a los grandes de Djahi,

                              Para que ellos se tiendan bajo tus pies, a lo largo y lo ancho de tus países,

                              Para que ellos vean a Tu Majestad como Señor del rayo solar.

El ejemplo de Alma 48 también nos enfrenta con otro aspecto de la poesía egipcia: su cantidad de versos coincidía con los números que consideraban sagrados, particularmente el 7. ¿Es un resabio de esas influencias estilísticas que sean precisamente 7 los rasgos de virtud que se le asignan al Capitán Moroni en el pasaje antedicho?

¿Lo son también las 7 preguntas retóricas consecutivas de Alma 5: 53-55?

¿Podéis resistir estas palabras?

Sí, ¿podéis desechar estas cosas …?

Sí, ¿podéis inflaros con el orgullo…?

Sí, ¿persistiréis aún en usar ropas costosas…?

Sí, ¿persistiréis en suponer que unos sois mejores que otros?

Sí, ¿persistiréis en perseguir a vuestros hermanos…?

Sí. ¿persistiréis en volver vuestras espaldas al pobre…?

Por todo lo expuesto anteriormente es que el profundo análisis intratextual e intertextual del Libro de Mormón parece un procedimiento rico en hallazgos y altamente productivo como para continuar trabajando en él. En el presente esbozo sólo se ha intentado indicar algunos de los senderos que deberán transitarse. Todos conducen a la casa del herrero de las Mil y una Noches

Mario R. Montani

MRM/NOPCNL 2008


[1]   Sperry, Sidney, The Spirit of the Old Testament, Salt Lake City, LDS Department of Education, 1940, p. 52

[2]   Ramussen, Ellis T. , Sidney B. Sperry: Student of the Book of Mormon,

[3]   Welch, John W., “Hugh Nibley and the Book of Mormon”, Ensign, Abril 1985, pag. 50

[4]   Peterson, Daniel C. “Mas evidencias para el Libro de Mormón”, Liahona Septiembre 2000 pag. 28-35

[5]   Mosser, Carl & Owen, Paul, “Mormon Scholarship, Apologetics, and Evangelical Neglect: Losing the Battle and Not     Knowing?”, Trinity Journal, fall 1998, 179-205

[6]   Forbes, Dennis “Cairo Museum in Possession of a Quantity of Gold Foil Which Once Partially Lined the Lid of the Coffin from KV55,” KMT: A Modern Journal of Ancient Egypt 12 (summer 2001): 19-25.

[7]   Rollo del Templo, 11QT 52:13-16.

[8]   Shemesh, Aharon,”‘Three-Days’ Journey from the Temple’: The Use of this Expression in the Temple Scroll,” Dead Sea Discoveries 6/2 (1999): 126-38; también, “A New Reading of Temple Scroll 52:13-16. Does this Scroll Permit Sacrifices Outside the Land of Israel?” Proceedings of the International Congress, Fifty Years of the Discovery of the Dead Sea Scrolls, ed. Lawrence H. Schiffman, Emanuel Tov, y James C. Vanderkam (Jerusalem: Israel Exploration Society, 2000), 400-410.

[9]   Papiro P13495, en arameo, actualmente en  el Staatliche Museen, Berlin, Ver Peterson, Daniel C. , 1 Nefi 1-7.

[10]   Charalambou, Demetrio, Corresponsal para América Latina de Imago Mundi, en Suplemento Ideas- Imágenes Nro.147 de La Nueva Provincia.

[11]   Cowan, Marvin W., Mormon Claims Answered, Salt Lake City, Utah Lighthouse Ministry, 1997, Cap. 4.

[12]   Ankerberg, John  & Weldon, John , Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism, Eugene; OR Harvest House, 1992 p. 294-295.

[13]   Nims,Charles F.  y Steiner, Richard C., “A Paganized Version of Psalm 20:2-6 from the Aramaic Text in Demobc Script,” Journal of the American Oriental Society 103 (1983): 261-74; Richard C. Steiner, “The Aramaic Text in Demotic Script: The Liturgy of a New Year’s Festival Imported from Bethel to Syene by Exiles from Rash,” Journal of the American Orientnal Society 111/2 (1991): 362-63

[14]   Josefo, Contra Apion I, 136-137.

[15]   McGuire, Ben, Did Lehi Use Egyptian? Examining Jewish-Egyptian Relations in the Seventh Century B.C., FAIR on line, 2000, pag. 4-5.

[16]   Buttrick,George A., ed., The Interpreter’s Dictionary of the Bible [IDB], 4 vols. y suplemento, Nashville: Abingdon, 1962-1976, 4:758

[17]   Romney, Richard M. “Lands of Pharaohs”, Tambuli Oct. 1990, pag. 35.

[18]   Redford, Donald B., “Egypt, Canaan, and Israel in Ancient Times”, Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1992, pag. 386.

[19]   Idem anterior, pag. 365.

[20]   Idem anterior, pag. 366

[21]   Gardiner, A.H., Late Egyptian Stories, Bruselas, 1931, pag. 60-70. Otros músicos egipcios en Canaan aparecen en H. Hickman, “Le metier de musicien au temps des pharaons, Paris, 1954, 286-87.

[22]   Ver Insights Feb. 1998, publicación de FARMS.

[23]   ANET 287-288 citado en Pritchard, James B.. The Ancient Near East, Princeton, New Jersey, Princeton University Press, 1958, pag. 199-200.

[24]   Ensign, Mar. 1978, p. 76

[25]   Gee, John, “A Note on the Name Nephi,” Journal of Book of Mormon Studies 1/1 (1992): 189-91; y “Four Suggestions on the Origin of the Name Nephi,” in Pressing Forward with the Book of Mormon, ed. John W. Welch y  Melvin J. Thorne (Provo, Utah: FARMS, 1999), 1-5.

[26]   Bowen, Matthew L., Internal Textual Evidence for the Egyptian Origin of Nephi’s Name, Insights 2002 Vol. 11, FARMS, Provo, Utah.

[27]   Nibley, Hugh, Collected Works, Vol.5, Part.1, Ch.2 y Reynolds, George, A Dictionary of the B. of Mormon, SLC, Utah, 1929.

[28]   Urrutia, Benjamin, “The Name Connection,” New Era, June 1983, 39

[29]   Urrutia, Benjamin, idem anterior.

[30]   Hoskisson, Paul Y. “Una introducción a la importancia de una metodología para el estudio de los nombres propios del Libro de Mormón.” En By study and also by Faith, ed. J. Lundquist y S. Ricks, Vol.2, pp. 126-35. , 1990 Salt Lake City.

[31]   Reifenberg, A. Palest. Explor. Fund Quart. 1943, p.102, S.E. Cook, P.E.F.O. 1907, p.68. S.K.R., Glanville, “The Letters of Ahmose of Peniate,” Journ. of Egypt. Arch. Vol.14, p.304 linea 10. Y: H.E. Winlock, “The llth Egyptian Dynasty” Journ. of Near East Studies, II, 1943, p.266.

[32]   Reynolds, George y Sjodahl, Janne M., Commentary on the Book of Mormon, Philip C. Reynolds, editor, Salt Lake City, Deseret Book Co. 7 tomos, 1955-1961,  4: 178-179

33 -Donald B. Redford “Egypt, Canaan and Israel in ancient Times (Profesor de Estudios sobre Cercano Oriente de la Universidad de Toronto) 1992, Princeton University Press, princeton, New Jersey, p. 392

[34]   Whybray, Wisdom, 59-61; 65-67

Un comentario el “NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA

  1. lualcaro dice:

    Extraordinario articulo… mis felicitaciones y agradecimientos hno. Montani.

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